Un año más, ASTOLL vuelve a Guadalupe por navidad, en la que sin duda es una de las clásicas, y es que ya es tradición que la semana previa al sorteo de navidad, más o menos, vayamos a Guadalupe para hacer alternativamente una de las dos célebres rutas, o bien "Isabel la Católica", o bien "Alfonso Onceno", con alguna que otra excepcionalidad. Este año tocaba la ruta de "Isabel la Católica", ahora muy en auge, como todo lo que huele a la archiconocida reina Isabel, sobre todo últimamente gracias a la serie de televisión española, en lo que sin duda es un acierto.
El autobús partía de Llerena, pero esta es una de las rutas en la que puedo estar más relajado porque no tengo que pegarme el madrugón, ya que me recoge prácticamente en mi pueblo, y este año he tenido compañía, porque otros cinco compañeros de Azuaga decidieron también coger el autobús en Zalamea, y así ganar una hora tanto a la ida como a la vuelta.
En el bus, más gente que en los dos últimos años, unas 40 personas, aunque recogeríamos a otros tres por el camino, y en Cañamero se uniría alguno más, así que una ruta muy participativa.
Llegada a Cañamero (598 m. de altitud), desayuno como mandan los buenos cánones, y prestos a iniciar la ruta, en torno a las diez de la mañana, en un día que en lo meteorológico prometía ser radiante, con una temperatura excelente, ni frío ni calor, y con sol que nos acompañaría durante toda el trayecto.
Algunos de los miembros de ASTOLL que realizarón esta ruta, en el abrigo de "Cueva Chiquita".
La ruta es más bien corta, 13,7 km, así que como teníamos tiempo de sobra, así que antes de meternos de lleno en ella y antes de cruzar el río Ruecas, hicimos un pequeño desvío para ver las pinturas rupestres esquemáticas del abrigo de "Cueva Chiquita", situada en un bonito paraje, desde donde se tienen buenas vistas de este pequeño valle, con la muralla del embalse a la izquierda, y frente a nosotros, la senda en subida que parte desde la otra orilla del Ruecas y que sube progresivamente hasta llegar a la altura de la muralla del embalse del Cancho del Fresno, con una vegetación de ribera junto al río y de retamas y jaras en las laderas de estos cerros por donde sube la senda. Junto a la cueva, la foto de familia, con casi todo el personal, ya que de ahora en adelante, el grupo se dividiría en los clásicos grupetos propios de las rutas donde hay mucha gente y donde el nivel físico también es distinto, aunque en sitios puntuales se procedía al reagrupamiento.
Particularmente, esperé a que todos iniciaran la ruta, quedándome sólo en "Cueva Chiquita" para mirar en unas ocasiones, y para intentar localizar en otras, las pinturas esquemáticas, además de hacer algunas fotos del entorno y grabar algo en vídeo.
Algunas de las pinturas esquemática del abrigo de "Cueva Chiquita", pincha en la foto para verla en más detalle.
Este abrigo de "Cueva Chiquita" es también un lugar que encierra cierto misterio o magia, y de ahí su leyenda que escribo a continuación:
"En tiempos pasados, el abrigo sirvió de protección a los pastores de la zona y a su ganado, como si a la vez que se resguardaran de los elementos se pusieran también bajo la protección del propio lugar y de la magia que en él se respira y percibe. Testimonio de ello es el muro que lo cerraba y del que queda alguna muestra.
Uno de esos pastores, en su deambular tras el ganado por la fresca ribera del río Ruecas, recogió lo que a él le parecía una pequeña culebra de las muchas que habitas esas aguas. La subió al abrigo, la crió con leche de sus cabras y le puso por nombre -Chiquita-. Por las tardes, después del pastoreo entraba en la cueva llamándola y la chiquita acudía a su llamada sabedora que significa un buen hartón de leche fresca.
El señor de aquellos lugares se enredó en guerras con los señores vecionos, y el pastor fue llamado para engrosar las filas de su ejército. La guerra duró varios años y a sun fin, el pastor regresó a su valle y a la cueva; franqueó la entrada llamando a su amiga, pero he aquí que los años la habían transformado en lo que realmente era, un tremendo dragón, que convertido en devorador hombres y no reconociendo al pastor mas que como presa, se abalanzó sobre él y se lo comió.
Una mancha natural en la roca, en forma de dragón, ha sido tradicionalmente interpretada como la representación de éste".
La mancha natural en la roca, en forma de dragón, que ha sido tradicionalmente interpretada como la representación de éste en la leyenda asociada a este abrigo.
Para cuando salí de la cueva, el personal ya estaba casi terminando el tramo de senda en subida que lleva al embalse, sólo quedó Antonio "el pequeño saltamontes" esperándome, y con él y sus largas piernas, no tardamos en dar alcance a la cola del grupo, aligerando el paso una vez que llegamos a la pista que parte desde la muralla del embalse, completamente a la sombra de los pinos que se encuentran a nuestra derecha, mientras que a la izquierda teníamos el embalse, en donde se nota la falta de precipitaciones con respecto a otros años, y al fondo, las Villuercas.
Tramo de sendero en subida entre el río Ruecas y el embalse del Cancho del Fresno.
Ribera del río Ruecas.