Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 3 de marzo de 2012

Senderismo-Ornitonología: Monfragüe - FIO 2012

  Este año he retomado mi cita anual con Monfragüe y con la FIO (Feria Internacional de Ornitología) después de mi ausencia el pasado año.

  Llegué a Villareal de San Carlos sobre las 9:30, bajo un ligera niebla en la que me vi inmerso desde que salí de Torrejón el Rubio. Tuve que dejar el coche en el aparcamiento que hay a las afueras del pueblo, prácticamente vacío a esa hora; no sé si es que el que está dentro del pueblo está reservado para gente que participa de una u otra manera en el evento, o para otros fines, pero lo cierto es que no me dejaron entrar. Tampoco es que esto suponga ningún inconveniente, total para un kilómetro arriba o abajo que más da, e incluso creo que la última vez también me tocó aparcar por aquí.

  Dejo el coche, cojo la mochila y la cámara de fotos y me voy al pueblo, pasando antes por la parte alta, la “zona de ópticas”, o lo que es lo mismo, la zona donde se asientan las carpas de las distintas empresas que muestran, exponen y venden desde todo tipo de prismáticos hasta los objetivos y material asociado (trípodes, rótulas, telescopios, zoom, etc), además de libros, sobre todo de aves, tanto en español como en inglés. A esta hora la mayoría están aún cerradas, tan sólo un par de ellas están “levantando el telón”, así que como es temprano aún, bajo hacia el pueblo (a penas 200 metros), dejando antes el merendero a la derecha y una gran carpa (la de todos los años) a la izquierda, donde están los stand de las distintas comunidades autónomas, incluida la de Extremadura como es natural, para dar y mostrar información turística en relación únicamente al mundo de la ornitología, además de los de distintas asociaciones como SEO o ANSER (que para eso es la de mi zona, la de la Serena) y donde uno puede encontrar libros de pájaros tanto para iniciados como para expertos, y con un 10% de descuento, que es el que si no me equivoco, suelen aplicar durante la feria. Es en esta carpa es donde también tienen, en su parte centrar y al fondo, la exposición para el concurso fotográfico de FIO, fotos que han sido seleccionadas entre un gran número y de entre las que saldrán las premiadas.

  Esta carpa aún está cerrada, no abren hasta las 11, así que voy a lo mío, o sea, al bar de siempre y podría decir que al único (aunque en estos días que dura la feria abren algún que otro chiringuito), antes de que sea más tarde, acabe llegando más gente y sea imposible pedir un café.

  En el bar ya hay bastante gente pero aún se pude pedir y desayunar a gusto y no tardan mucho en atenderte, más adelante o en las horas de la comida y el café, es más complicado, está abarrotado y no se está a gusto, o por lo menos, por lo que pude comprobar en años anteriores.

  Terminado el desayuno, sobre las 10:20 me voy al centro de recepción, para pedir información sobre las diferentes actividades que se organizan. Días atrás había estado dándole un vistazo por internet a la programación, y había seleccionado un par de ellas, una para la mañana y otra para la tarde, aunque lo que realmente quería saber es donde había que apuntarse a estas actividades, y me comentaron que en la carpa grande, de la que antes he hablado (porque un poquito por debajo de la única calle que tiene el pueblo, está otra carpa grande, donde entre otras cosas, hacen actividades para los niños, relacionadas con el mundo de la naturaleza y la ornitología), pero tendría que esperar porque no habrían hasta las 11, como ya he dicho antes.

  Otros años siempre he ido por mi cuenta, o sea, he llegado temprano, más incluso que este año, desayunaba, y después me iba directamente a hacer alguna de las rutas dentro de los tres únicos itinerarios marcados en el parque y fuera de los cuales uno no puede salirse. Cuando hacía la ruta roja o amarilla, al principio siempre paraba en el taller de anillamiento de aves, en el huerto del Ojaranzo (llamado a sí por el enorme almez u ojaranzo que hay allí, declarado árbol singular por la Junta de Extremadura), siguiendo después la ruta a mi bola, parándome a mi antojo, observando lo que me gusta, e intentando ver cualquier tipo de ave, que siempre al ir sólo y sin ruido, es más fácil de poder ver. Comía siempre en la ruta, en algunos de los miradores o arriba, en el mismo torreón del castillo, y después, al regreso a Villareal de San Carlos por la tarde, es cuando visitaba lo que es la feria en sí, con la masificación del sábado por la tarde, que es cuando creo hay más afluencia.

 Anillamiento de aves, en el Huerto del Ojaranzo, en la foto un Pinzón (año 2009)
Anillamiento de aves, en el Huerto del Ojaranzo, en la foto un Mirlo (año 2009)

  En esta ocasión, al ver las actividades que se organizaban, me decidí por hacer algunas de ellas, para adentrarme en el mundo de la ornitología, con la idea que me expliquen cosas y poder saber mirar para descubrir las aves o para ir sabiendo un poco más y poder discernir cuál es una u otra, o peculiaridades sobre ellas. Así, por la mañana quería hacer la “ruta de senderismo e iniciación a la ornitología por el Cerro Gimio” (itinerario verde), que empezaba a las 11:30, y por la tarde hacer la de los miradores (recorrido en bus y parada en los distintos miradores, hasta llegar al de la “Portilla del Tiétar”), estas rutas estaban organizadas, llevan sus guías correspondientes y eran completamente gratuitas (excepto las actividades en 4x4, creo, y supongo que también las de a caballo, pero no estoy seguro). FEVAL, creo que es quien organiza la feria, contrata los servicios de las distintas empresas privadas (creo que son cuatro las que hay) que trabajan el sector turístico en cuanto a actividades en la naturaleza y dentro del parque, así como los servicios de bus en los casos necesarios, con lo que durante los días de la FIO, se tienen distintas actividades tanto por la mañana como por la tarde, y gratuitas, aprendiendo de todo lo que nos puedan aportar estos guías, que es mucho.

  En la ruta de la mañana en la que quería participar, como es a primera hora y todavía no ha llegado la avalancha de gente, que se espera para por la tarde, no creo que tenga problemas para entrar, y como aún no son las 11 y no han abierto la carpa, me voy de nuevo para la “zona de ópticas”, donde ahora ya están abiertas todas las carpas y mucho curioso rondando por ellas y probando los objetivos. Las carpas están abiertas por delante, su entrada, y por detrás, donde tienen puesta una batería de diferentes objetivos con sus trípodes, apuntando hacia el horizonte, con el fin de que el personal pueda mirar por ellos y decidirse por unos o por otros, en función de sus preferencias y del precio que esté dispuesto a pagar, aunque sobre todo lo que hay son curiosos, como es mi caso. El año pasado estuve buscando información sobre este tema con el fin de empezar a practicar fotodigiscoping, pero los precios aunque sólo sea para gente inexperta como mi caso, están fuera de mi alcance, o no, depende de lo que uno quiera, es decir, si a una persona le gusta y es un apasionado de este mundo, puede comprarse este tipo de material, igual que tengo amigos a los que por ejemplo le gusta la bici de montaña y emplean entre 1200 y 3000 euros en una bici, o al que le gusta la caza y tiene que comprar el fusil, la mira, pagar coto, licencias, munición, etc. El problema mío es que me gusta tocar muchos palos o lo que es lo mismo, ver muchas cosas, tener muchas aficiones y realmente no saber nada de nada de ninguna de ellas, porque no le dedico el tiempo necesario para profundizar realmente en alguna de ellas.

  Estuve mirando varios telescopios, y pregunté entre dos que me gustaban mucho por la nitidez de la lente y por el campo de visión, por el que sabía era más barato, y aún así, para el que quiera hacerse una idea, costaba 2100 euros, y era un promoción para la FIO que incluía el trípode de carbono, la rótula, el telescopio ZEIS 65 FL, ocular nuevo y la bolsa para el transporte, y parecía que sí podía ser una promoción y que no estaban engañándome, porque mirando en los de alrededor, éste era prácticamente el precio sin el pack, o sea, sin trípode ni rótula... En fin, ahora mismo, fuera de mi alcance, sobre todo por cuestión de prioridades.

  A las 11:10 me voy para la carpa de exposiciones, recojo algo de documentación sobre rutas ornitológicas por Extremadura, calendarios, marca páginas, veo las fotos que tienen expuestas para el concurso fotográfico, a cual más bonita, y la verdad es que hay algunas que me podría quedar mirándolas todo el día sin cansarme de ello, qué preciosidad, ¡uf, lo que me gustaría a mi estar al lado de uno de estos tíos para saber la técnica que utilizan y como son capaces de obtener estas pedazos de fotos!, además de tener mucha paciencia, claro está.

  Dentro de la carpa, hay un stand de los “Guías de Monfragüe”, así que me apunto sin problemas para la ruta que quiero y espero como el resto del personal, en la afueras de la carpa, donde también están los distintos guías que emprenderán las diferentes actividades.

  Salimos con algo de retraso, más de las 11:45, bajamos hacia la carretea, la cruzamos, y allí mismo hay un panel informativo sobre la ruta a realizar, el itinerario verde, que creo que es el más pequeño de los tres (la ruta roja tendrá, si se hace entera, sobre 16 km, y para el que no lo sepa, es la que sube al castillo y pasa por famoso mirador del “Salto del Gitano”; la ruta amarilla tendrá, unos 8,5 o 9 km, y es la que va hasta el mirador de la Tajadilla, a lo largo del río Tiétar, y por último, la ruta verde que no llega a los 8 km y que es la que sube hasta el mirador de “Cerro Gimio”).

 Mapa con el recorrido del itinerario verde: Cerro Gimio.

Perfil del recorrido

  En el inicio de la ruta nos reagrupamos y el guía da unas reglas básicas de comportamiento, entre las que está, como es obvio, no hacer ruido si no queremos espantar a cualquier 'bicho', aunque con tanto gente, ver algo cercano será misión imposible.

  La ruta empieza con un camino ancho entre paredes de piedras, y así trascurre durante un kilómetro o poco más, quizás en el tramo más feo, puesto que esta zona está siendo repoblada de nuevo por alcornoques y encinas, después que se arrancaran los eucaliptos que había por aquí. Durante este trayecto, el guía va comentando cosas sobre el parque, el origen del nombre, y el por qué de los eucaliptos que en mala hora se llegaron a plantar en su día (por su puesto antes de ser parque), etc.

  Dejamos este camino y tomamos una senda a la derecha, en ligera y cómoda bajada, en la que al poco ya empezamos con las paradas, y es que se divisan en el horizonte, en vuelo, un par de buitres negros y un leonado, y más a la derecha un alimoche. Con los prismáticos son claramente visibles. El guía comienza la charla instructiva, explicándonos características, peculiaridades de los dos tipos de buitres, diferencias y cómo poder identificarlos en vuelo. También nos comenta cosas curiosas sobre los alimoches.

  Seguimos con la bajada, muy bonita, toda por sendero entre vegetación mediterránea, en la zona de la umbría, o lo que es lo mismo, el margen izquierdo del arroyo Malvecino. El guía va haciendo varias paradas en este corto tramo (de 2 o 3 km) para comentarnos el tipo de vegetación que estamos viendo, curiosidades y utilización de algunos tipos de arbustos tanto por parte del hombre como parte de algunas aves, como el caso del espino, que le sirve al alcaudón tanto para protegerse de posibles depredadores como para su propia despensa, puesto que empala en los tallos espinosos de este arbusto a sus presas (insectos, pequeñas aves y mamíferos) y esto les ayuda a despedazar la carne en trozos más chicos, volviendo cuando necesita a seguir sirviéndose de lo que sigue quedando.



  Otras de las paradas sirvió para escuchar el canto del herrerillo o del carbonero, aunque nos los viéramos, al menos en mi caso, pero para saber que estaban ahí, identificándolos por su canto o sonido.

  Con las explicaciones y con una paseo agradable, seguimos bajando hasta llegar al puente de madera sobre el arroyo Malvecino, aunque un poco antes se disfrutan de unas vistas muy buenas, con la Sierra de las Corchueras (donde se asienta el castillo) a la izquierda, y el Cerro Gimio, con su mirador, a la derecha; y en medio, como si hubieran abierto una brecha, el arroyo Malvecino que va a depositar sus aguas al río Tajo. Estas mismas vistas podremos disfrutarlas también desde arriba, desde otro punto de vista, desde la alturas, como más cercanas, y con mejor percepción también del mirador del “salto del Gitano”.



  Al pasar el puente, el guía nos comenta en qué parte del arroyo puede observarse a la nutria, aunque ahora con un grupo numeroso, de unas 25 personas (ruido, por muy callado que vayamos), y con la poca agua que transita por el arroyo, es misión imposible.


  Nada más cruzar el puente de madera, tenemos a la derecha la primera variante para el regreso (evitando volver por el mismo sitio), por una pasarela paralela al río (me gusta más esta variante de poco más de un kilómetro, que la que hicimos nosotros finalmente, aunque también sea bonita).


  A partir de aquí comienza lo que es la subida a Cerro Gimio, y en los primeros canchales creo que algunos tienen la suerte de ver a un lagarto ocelado pequeño, porque yo estaba haciendo fotos por otro lado y no vi nada.

  La subida es por una especie de vereda sobre la propia roca, al menos durante el primer tramo de la subida, de unos 500 metros, el de mayor pendiente, aunque tampoco nada del otro mundo, y donde de nuevo hacemos un par de paradas, para ver algunos buitres volando y también un águila culebrera, aunque a ésta muy en la distancia, incapaz de distinguirla con los prismáticos, y tan sólo porque el guía nos lo dijo, que la reconoce por el vuelo que tiene, aunque yo sólo veía una mancha negra moviéndose, aleteando las alas... es lo que tiene ser novato y corto de vista.


  Cuando llegamos a un altiplano, donde se encuentra un panel informativo sobre el GR113 (el camino de Gran Recorrido que cruza a España de este a oeste, siguiendo el curso del rio Tajo, desde Albarracín hasta Cedillo, con el desglose de las dos etapas que atañen a Monfragüe) hacemos un reagrupamiento. Justo unos metros antes de llegar a esta zona, sale a la derecha la segunda variante del circuito para regresar a Villareal de San Carlos (ésta es la que acabaríamos cogiendo más tarde nosotros), y si sigue de frente, por camino señalizado, se llega hasta la localidad de Serradilla, en uno de los tramos del GR113 antes comentado.

  A partir de ahora se sigue subiendo por camino con mejor huella y con pendiente más suave, durante otros 500 metros o poco más, pudiendo divisar en este segundo tramo una pareja de cigüeñas negras en vuelo, en este caso bastantes visibles con los prismáticos, apreciándose perfectamente su característico color rojo en pico y patas. También nos encontramos con las grullas, migrando ya hacia el norte, con su clara formación en flecha, en V, y con su sonido inconfundible, en un bando bastante numeroso. En este tramo vemos otro buitre negro, que el pobre debe ser ya viejo porque le faltan muchas plumas; su plumaje está en muy mal estado, o eso, o es que se ha enfrascado en alguna pelea y ha acabado en mal estado.

  Por fin llegamos a la cima de Cerro Gimio, donde se encuentra su mirador y los restos de una atalaya romana del periodo republicano. No somos los únicos, allí se encuentra también un grupo de chavales sentados sobre la roca, en la cima, junto a sus guías, unos observando los alrededores con los prismáticos y otros aprovechando el descanso para tomar un tentempié.

  ¡Las vistas son la leche!. Similares a las que vimos desde abajo, pero ahora desde otro ángulo, desde arriba y mucho más cercana, como si tuviéramos un zoom, viéndose claramente la zona del salto del gitano y los buitres volando sobre el roquedal-buitrera que está frente a este mirador. Desde arriba, además de la desembocadura del arroyo Malvecino, también se ve la curva, el arco que forma el arroyo vecino, el de Barbaón antes de depositar sus aguas en el Tajo.



  Desde el propio mirador, el guía nos coloca el telescopio que ha transportado durante todo el recorrido, para que podamos ver mejor un nido de buitre negro, sobre la copa de un pino, aunque con los prismáticos también se observa bien, al igual que otro que hay en otro pino, unos metros más arriba, sólo que el primero tienen un buitre pequeño en el nido, y con el zoom del objetivo se ve mucho más definido ¡un buen puntazo!.

  Los buitres negros suelen nidificar en árboles, como los pinos, mientras que el leonado lo hace sobre roquedales.

  Desde arriba, cuando estábamos dentro del mirador, de nuevo aparecen en el cielo otro grupo de grullas, con su hilo musical particular, señal de que el invierno se acaba con su marcha hacia el norte de Europa.

  Nos hemos entretenido bastante en el recorrido, así que regresamos ahora sin hacer más paradas, hasta llegar al “Puente de Piedra”, por la alternativa antes comentada y con algo de urgencias, puesto que algunos de los que venían estaban apuntados para la actividad del recorrido en bus por los miradores a lo largo del Tiétar, y ésta salía sobre las 15:30, con lo que iban a andar muy justos de tiempo, a menos que hubiera retrasos, que no es de extrañar, puesto que nosotros hemos salido más tarde de lo previsto y nos hemos ido entreteniendo mucho, algo que agradezco porque he aprendido bastante cosas, porque no tengo prisas y por el recorrido me gusta.

  Pero a raíz de esto, pienso que podía haberme yo también apuntado para algunas de las actividades de por la tarde, cuando me inscribí para ésta, ya que a la tarde habrá muchísima más gente y puede que ya no tenga plazas. ¡Ha sido un fallo mío!. En fin ya veremos que pasa.

  El sendero hasta "Puente de Piedra", también es muy bonito, lleno de vegetación llegando a su punto culminante a la altura de este puente, donde la arboleda y vegetación es tan frondosa que los rayos de sol apenas son capaces de llegar hasta el suelo, y como guinda final, las vistas de esta reliquia del pasado, este "Puente de Piedra", testigo mudo del paso del tiempo, simple, elemental, de sencillez extrema, vetusto, ejemplo de construcciones de otros tiempos pero que conseguían cumplir su objetivo.


  Unos metros antes de esta zona, es donde se une la alternativa que mediante pasarelas transita más cerca del río, y que parte al inicio de la subida a Cerro Gimio, como ya comenté antes. Desde aquí un kilómetro por el margen de la solana del arroyo, de nuevo por senda, en pleno bosque, hasta llegar a cruzar el arroyo Malvecino por un puente de madera en una zona ideal para hacer una parada y comer, tranquila a esta hora, fresca, llena de sombra, rodeada de alisos y fresnos, con fuente, y con el ronroneo del agua que lleva el arroyo.

  A partir de este punto, sólo queda un kilómetro en ligera subida, por camino preparado, de cemento y piedra, que conduce al fin de la ruta, justo en el aparcamiento donde tengo el coche, y donde ya está esperando el autobús para la ruta de los miradores. Llegamos prácticamente a las 15:30, y lo que hago es irme rápidamente a la carpa para ver si puedo apuntarme a la siguiente ruta de los miradores, que pensaba que era para las 4 de la tarde, pero estaba confundido. La chica que llevaba las inscripciones para las actividades guiadas, me comenta que tengo dos posibilidades: a las cinco, para la siguiente actividad por los miradores ornitológicos a lo largo del curso del Tiétar o a las cuatro de la tarde para ir en bus a las distintas zonas de observación del embalse de Arrocampo, a las afueras del parque.

[Las fotos de este recorrido, tanto las que aparecen en esta entrada como algunas más, podéis verlas pinchando AQUÍ]

  Como suelen durar alrededor de las 3 horas, la de las cinco me viene peor, puesto que llegaría a las ocho, y tendría que regresar ya de noche, y el primer tramo es de muchas curvas y carretera estrecha, así que me decanto por la opción de Arrocampo, al que también tenía muchas ganas de visitar desde hace tiempo.

  Apenas tengo un cuarto de hora para comerme el bocata y una manzana en el merendero que está frente a la carpa. Este año me da la impresión que no hay tanta masificación, tanta aglomeración, el aparcamiento que otras veces estaba hasta la 'bandera', ahora tiene muchos huecos, y ya son las 15:45, y en la carpa tampoco hay mucha gente, y en los alrededores del bar no hay excesiva aglomeración.

  Termino el bocata y tengo el tiempo justo de tomar un café, pero en el bar tardan en servírmelo, puesto que no dan a basto llevando cafés al comedor, a la gente que está comiendo, así que cuando me lo sirven, como es en vaso de plástico, me lo llevo fuera del bar, no sea que se escape el grupo con el que iré, que partirá desde las afueras de la carpa, para dirigirnos después a la zona de aparcamiento y coger el bus.

  Tengo la suerte de salir del bar y ver a un grupo bajar, les pregunto y me dicen que sí, que son ellos los que van a Arrocampo, así que me uno a ellos mientras me voy bebiendo el café por el camino.

  Llegamos al aparcamiento y bus no está. El guía llama a su jefe, el jefe al conductor del bus, y éste dice que nadie le había avisado de que tuviera que estar allí para una nueva ruta, así que tenemos que esperar a que venga desde un camping cercano, pero al final, la actividad que estaba planificada para las 16 horas, comienza tres cuarto de horas después... y yo que había seleccionado esta actividad para no salir completamente de noche desde Villareal, y ahora resulta que si quería hacerla, no me iba a quedar más remedio que salir a una hora que no me gustaba nada.

  El guía va haciendo más ameno el recorrido de más de una hora por la carretera estrecha paralela al río Tiétar, por la zona de los miradores, explicando los orígenes del parque, los distintos miradores, anécdotas y muchas curiosidades porque tiempo hubo para ello. En el mirador de la Portilla del Tiétar, uno de los más visitados, está la zona donde anida el águila imperial y ayer por la tarde tuvieron algunos afortunados la oportunidad de ver, como fue el caso del matrimonio asturiano con los que estuve esta mañana en la visita a Cerro Gimio. En esta zona es también donde se encuentra el buho, que lo tienen localizado en una cueva. Así que aquí hacemos una breve parada pero sin bajar del bus, por ver si podíamos ver el águila imperial, pero no hubo suerte, y continuamos el viaje, sin más paradas, dejando el parque y entrando en el 'preparque', dejando la sierra y adentrándonos en fincas con muchos alcornoques. Esta zona de 'preparque' también está protegida, aunque en menor grado que el parque nacional que es el máximo nivel de protección.

  Llegamos a Arrocampo, hacemos la primera parada en un mirador junto a una laguna, done la tarde antes el guía nos comenta que había visto el águila pescadora posando sobre uno de los troncos que emergen de la laguna. También nos indica que en el margen derecho en por donde suele encontrarse la nutria. Pero nosotros en esta primera parada lo único que vemos es una garceta común, cercetas y tres patos cuchara volando (un macho con dos hembras), así que nos volvemos de nuevo al bus, y de camino a él tenemos la suerte de ver volando sobre nuestras cabezas el 'elanio azul', una preciosidad, y después lo vemos posándose sobre un árbol cercano a la laguna donde habíamos estado, solo que ahora el “mú joio” está a contraluz y no podemos apreciarlo bien.

  Montamos en el bus, y seguimos hacia la siguiente parada programada, pero antes volvemos a parar, porque el guía nos comenta que sobre un árbol seco a la izquierda de la carretera se encuentra otro 'elanio' posado sobre una de las ramas. Bajamos del bus, el personal comienza a colocar los trípodes con los telescopios sobre esta carretera que es más bien una vía de servicio, sin tráfico. Con lo prismáticos se ve muy bien, pero con el telescopio es fantástico. Pronto comienzan a acercarse a él dos urracas impertinentes que acaban por echarlo de allí para irse a otro sitio más tranquilo. ¡Qué puntazo!, dos 'elanios azules' en un cuarto de hora.

  Junto a un punto de información vuelve a parar el bus, en otras de las rutas ornitológicas numeradas. Andamos por un camino que lleva hasta un mirador-observatorio, pero antes de llegar a él paramos, para avistar el Calamón, la Poya de agua, la Garceta cangrejera y la sorpresa vino cuando posado en el poste de una alambrada, al fondo, vimos el Aguilucho Lagunero, perfectamente visible con los prismáticos, aunque con el objetivo del guía o con los de algunos de los compañeros de actividad, se podían apreciar detalles que con los prismáticos no alcanzaba a ver, como detalles de la cabeza y de las plumas.

  Regresamos al bus sobre las siete de la tarde, sin tiempo para más porque ya está oscureciendo. En el viaje de regreso intento dar una cabezada porque ahora me toca conducir durante algo más de un par de horas.

  Llegamos al aparcamiento de Villareal de San Carlos completamente de noche, a las ocho, y se encuentra prácticamente vacío.

  Por esta zona han debido de caer algunas gotas a juzgar por cómo está el coche.

  Salgo del aparcamiento y me uno a una caravana de siete u ocho coches que van delante de mi, y mejor así, porque en este tramo chungo hasta poco antes de Torrejón el Rubio, con tantas curvas y en una noche tan cerrada, al menos llevo las luces de guía de los coches que me preceden.

  Después de dos horas y cuarto, llego a casa a las 22:15, pero aún no acaba la jornada, porque después de la ducha y la cena, hay que preparar la mochila para mañana, para ir a La Zarza y hacer la ruta de las “Peñas Blancas”, otra de las rutas multitudinarias.

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