Segovia desde la Veracruz, con la alcazaba de fondo.
Las andanzas de un lobo estepario extremeño.
Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...
"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)
El fin de semana del 17 al 19 de Julio, estuve con un grupo de amigos en el P.N. de la Sierra de Guadarrama para realizar un par de rutas por la sierra madrileña, y en mi caso concretamente, era ya la tercera ocasión en la que iba por allí. La primera fue en el 2004, en bici, dentro de la ruta “La Diagonal Ibérica: Cabo de Gata – Santiago de Compostela”, en la que entré en esta zona por Manzanares el Real, recorriendo un tramo de la Sierra de la Pedriza, y posteriormente el tramo de calzada romana y subida al puerto de la Fuenfría, para desde allí bajar a Segovia; la segunda vez que estuve por esta zona fue hace dos años, para realizar la 'Circular de Peñalara', con el grupo ASTOLL.
Para esta ocasión, alquilamos una furgoneta en la que fuimos un grupo de nueve. Salimos el viernes por la tarde, y sobre las 9:30 llegamos al refugio de montaña que se encuentra en la carretera que sale desde Rascafria, en la subida al puerto de la Morcuera, uno de los varios puertos de montaña por los que pasaremos durante este fin de semana y que nos son conocidos a muchos por subirse con asiduidad en la “Vuelta a España”.
En el refugio nos esperaban los vascos: JuanMi y Encarni, que ya hacia un buen rato que habían llegado hasta aquí con su propia furgoneta.
El albergue estaba vacío, solo nuestro grupo, once en total. En lugar de quedarnos todos en la misma habitación, nos dividimos en dos grupos, con el fin de evitar los posibles “conciertos de viento” durante la noche... que para eso había espacio de sobra.
JuanMi ya había encendido el 'grupo' que daría luz al refugio, así que como ya iba siendo la hora, rápidamente descargamos las provisiones y comenzamos a preparar la cena entre cerveza y cerveza, aunque como siempre, del tema de la cena, logística, comida y bebida, se encarga nuestro 'master cheff' particular, el señor Boceta, que en esta ocasión contó con la ayuda inestimable de otro cocinillas, el señor Luis, mientras los demás nos limitamos a poner/quitar la mesa y a la limpieza y fregado de platos...
La hora de la cena es uno de los mejores momentos, y más en un refugio como éste, acogedor y para nosotros sólos,donde no faltan la cerveza y el buen vino, con la tertulia entre amigos, algunos nos vemos solo en las salidas de estos fines de semana a la sierra, tres o cuatro al año.
No nos alargamos mucho, estábamos cansado del viaje, cuatro horas y media, la verdad es que son muchos kilómetros para llegar aquí, y en menos tiempo y distancia podemos disfrutar de otros entornos, pero se trataba de que algunos de los del grupo conocieran esta zona, y por otro lado, quedar en un punto intermedio con los vascos, que siempre son los que más kilómetros hacen.
El sábado nos levantamos temprano, la idea era desayunar y vuelta para atrás, una media hora, para estar en el puerto de Navacerrada sobre las nueve de la mañana, donde desembarcaríamos casi todo el grupo, a excepción de JuanMi y Ángel, los conductores de las dos furgonetas, ya que pretendíamos dejar una en uno de los parkings de Manzanares el Real, en la subida a la sierra y volver atrás para dejar la otra en el parking del Puerto de Navacerrada, que a esta hora ya estaba a rebosar de coches, al igual que el Puerto de Cotos, y es que esto de tener esta sierra tan cerquita de Madrid es lo que tiene, que está abarrotada de gente.
Teníamos que esperar en el Puerto de Navacerrada a que regresaran los otros dos compañeros de dejar la furgoneta, y no tuvimos más remedio que refugiarnos en uno de los bares para tomar algo caliente porque a pesar de la fecha en la que estábamos, hacía bastante frío y la sensación era aún mucho mayor debido al aire gélido que soplaba, sólo hay que decir que el personal llegaba hasta aquí ataviados con ropa más propia de invierno que de la época estival en la que ya estábamos casi inmersos: forros polares, chaquetas, guantes, gorros....
En el bar mucha gente, casi todos venidos para hacer alguna actividad en la sierra, buen ambiente, aunque fuera del bar el viento, la niebla y el frío no auguraban, en principio, un día pletórico de ruta para poder disfrutar de la sierra, aunque por suerte, con el paso de las horas el día fue mejorando.
Cuando llegan los otros dos compañeros, sin perder más tiempo, nos disponemos a iniciar la ruta, fácil en cuanto a dificultad física y técnica.
Nos ponemos en marcha, buscando la única dificultad del día, la subida a la Bola del Mundo, pasando entre el puesto de la Cruz Roja y el edificio de la Mutualidad General Deportiva, para seguir por un camino después de cruzar una valla con recodo, quedando a nuestra izquierda una ancha pista.
Continuamos en suave subida, protegidos a nuestra izquierda del viento y con buenas vistas a nuestra derecha, siempre que la niebla nos deja verla.
Seguía haciendo frío pero en movimiento era más llevadero, al menos hasta llegar a la Cuerda de las Cabrillas, donde se hace un giro brusco a la izquierda, momento en el que nos encontramos a merced del viento, sin protección alguna, así que entre la baja temperatura y a Eolo que le dió por soplar esta mañana, hicieron que la sensación térmica de frío cayera en picado...
A partir de aquí el camino se transforma en senda pedregosa y la pendiente es más pronunciada, encontrándonos con un goteo incesante de gente, unos bajando otros subiendo y otros muchos supongo que preparándose para la carrera de montaña de Peñalara a primeros de Julio, una gozada ver a esta gente subiendo y bajando como gamos por estas cuestas, con un pantalón corto y apenas una camiseta térmica, mientras el resto va con ropa de puro invierno...
No tardamos mucho en llegar a la pista de hormigón que viene desde el puerto y sube hasta la Bola de Mundo y que se ha hecho célebre, entre otras cosas, por la ascensión de este puerto en la 'Vuelta a España', con un hormigón rugoso, que unido a las fuertes rampas y a toda la 'tralla' que ya llevan los ciclistas antes de empezar a subir, la convierten en una subida muy dura.
Desde que cogemos el tramo de hormigón, ya es todo seguir por él hasta la Bola de Mundo, deteniéndonos en alguna ocasión en la que la niebla que inundaba las partes más altas de la sierra, nos da un respiro y nos deja ver parte de las bonitas y amplias vistas que se tienen desde arriba, pero sólo es una ilusión, rápidamente el viento arrastra y expande de nuevo la niebla y la visión panorámica se desvanece.
Vistas durante la subida a la Bola del Mundo, en un momento en el que la niebla abrió una "ventana".
Arriba, en la Bola del Mundo, poco que hacer y mirar, por la dichosa niebla, así que rodeamos las infraestructuras con las enormes antenas que hay arriba, y por la parte de atrás iniciamos el descenso, muy suave, en un corto tramo, hasta llegar a la zona del Ventisquero de la Condesa, donde se encuentra el nacimiento del río Manzanares. Una zona fácil de identificar por una pequeña caseta poco integrada en el entorno, para mi gusto, y un nevero por encima de ella, con un muro construido para retener durante más tiempo la nieve, aunque toda visión aparece y desaparece en función de lo juguetona que se encuentre la niebla...
Justo unos metros por debajo del Ventisquero de la Condesa, al volver la vista atrás, en un respiro que nos da la niebla, podemos ver el nevero protegido por un muro para que aguante más, y las antenas de la Bola del Mundo a la izquierda.
Tampoco hicimos mucha parada aquí, como he dicho, la niebla estaba aún asentada en las partes más altas, mientras mirando hacia bajo, al fondo, parece atisbarse entre los jirones de niebla, más livianos, el trayecto que tenemos por delante hasta el embalse.
Por debajo del Ventisquero de la Condesa, ya podemos ver el hilito de agua del incipiente Manzanares cuyo discurrir por la cuenca podemos ver, y paralelo a él, la Vereda de los Mesones, por el que continuará nuestro recorrido junto al Manzanares durante unos 14 km. En la foto Javier y Granada, aún con ropa "invernal".. algo más por debajo, el resto del grupo.
Bajamos por una senda con una pendiente un poco más pronunciada en un primer tramo, después se suaviza al llegar a unas praderas, caminando entre una alfombra verde por la que discurre un hilo de agua, un incipiente Manzanares, producto del deshielo, y que poco a poco iremos viendo, puesto que desde aquí todo nuestro recorrido transita paralelo a él, acompañándolo hasta su fin, como va engordando, resultado de la unión, en esta zona de la Cuenca alta del Manzanares, tanto por la derecha como por la izquierda, de multitud de arroyos más o menos pequeños que discurren por este manto verde.
Al ir perdiendo altura, la temperatura se suaviza y la niebla va desapareciendo, regalándonos buenas panorámicas, al tiempo que el manto, la alfombra verde regada de agua por doquier, se encuentra plagada de piornos florecidos, superponiendo y resaltando el amarillo oro sobre el verde pradera, dotando a la zona de un colorido especial, si bien es cierto que después de un tiempo bajando, lo que al principio resultaban unas vistas coloridas y llamativas, me acaban resultando algo monótonas, y tenía ganas de cambiar de paisaje, aunque de vez en cuando al mirar hacia atrás, sobre las praderas verdes y amarillas, allá arriba, aparece el Vestisquero de la Condesa y las antenas de la Bola del Mundo a la izquierda, entre una niebla más débil que va desapareciendo, mientras nosotros, una vez perdida bastante altura, gozamos de un día radiante de sol y temperatura muy agradable.
La "Vereda de los Mesones" sigue siempre paralela a las aguas del Manzanares, mientras el amarillo de los floridos piornos resalta sobre el verde de las praderas.
Vamos perdiendo altura, y la ropa de invierno a la mochila. Ángel y Granada cruzando uno de los arroyos-afluentes del Manzanares, entre un mar de piorno en flor.
Durante todo este trayecto seguimos encontrándonos con gente que sube y baja practicando trail de montaña, poniendo a prueba sus rodillas a la par que su fondo físico.
No será hasta poco antes de llegar al primer puente, el “Puente de los Manchegos”, cuando cambia el paisaje, dejando atrás los casi cuatro kilómetros de vastas vistas que nos ofrecen las verdes praderas salpicadas en esta época del amarillo intenso de los piornos florecidos, para adentrarnos en un bosque de pinos, se nota que vamos perdiendo altura y comienzan los árboles y una vegetación más diversa.
Al mirar atrás, podemos ver más claramente el Ventisquero de la Condesa (nacimiento del río Manzanares). aunque las antenas de la Bola del Mundo, que quedarían a la izquierda, quedan ocultas por la niebla.
No cruzamos el río por el puente, sino que seguimos rectos durante unos metros por una amplia pista donde nos encontramos con algunos bikers, hasta coger un pequeño sendero a la derecha, señalizado con unos mojones de piedra, a la altura de un pino cuyo tronco tiene forma de 4 y que sirve de referencia.
Una vez que cogemos este sendero, siempre con las aguas del Manzanares a nuestra derecha, el paisaje cambia radicalmente, transitamos por un bosque espeso de pinos, con las laderas de las sierras más encajonadas, con el típico paisaje de la Sierra de la Pedriza en las alturas, con las piedras en formas de bolos u otras formas, jugando a equilibristas, rodeados de vegetación abundante, una zonas más húmedas que otras donde podemos encontrarnos con un mar de helechos, o con abundantes Digitalis purpurea, además del jaguarzo o incluso jaras a menos altura. Una delicia de sendero que se tuerce y retuerce entre la arboleda, a menudo entre sombras, y siempre en bajada, con la cantinela del agua del río que llevamos siempre a nuestra derecha, pasando por la zona de las Chorreras del Manzanares donde creo que hasta no hace mucho practicaban barranquismo hasta que lo prohibieron.
Al dejar atrás los 4 km de la cuenca alta del Manzanares, las praderas y los piornos en flor, por zonas abiertas, nos adentramos en un paisaje totalmente diferente. Zona de bosque de pinos, con sierras más encajonadas, vegetación más abundante y variada, tramos de umbría sobre un enorme manto de helechos, vereda que se tuerce y retuerce entre la arboleda, enormes bloques de piedra que dan nombre a esta Sierra de la Pedriza...
Fue faltando un par de kilómetros, o algo menos, para llegar al segundo puente, el “Puente del Retén”, cuando Javier tiene una caída al torcerse el pie, con un fuerte dolor en un primer momento, saltando las alarmas en el grupo, aunque como mucho, lo que en principio pensábamos es que tendría un fuerte esguince, así que tras vendarle el pie (que para eso llevamos enfermera), esperar un rato, y un chute de ibuprofeno, intenta seguir hacia delante con mucha paciencia y con dolor, aunque el “abuelo”, forjado en mil batallas, se hace fuerte y sigue con ayuda de sus bastones y el ánimo que le podemos dar, porque el problema es que este tramo es de sendero con firme muy irregular y en bajada, al menos hasta llegar al segundo puente.
Poco a poco, llegamos al segundo puente, aunque a estas alturas Ángel, Luis y el pequeño sherpa, ya han tirado hacia delante como alma que lleva el diablo para intentar subir con la furgoneta hasta el Puente del Francés, donde una amplia y cómoda pista lleva hasta el último parking, el "parking de las Machacaderas" al que se puede subir con coche desde Manzanares el Real, y por tanto ese nuestro objetivo, que Javier pudiera llegar hasta allí.
Como le había pasado el track a JuanMi, y en éste, la ruta acababa en el parking del Tranco (el primero desde Manzanares el Real y el último de los parkings en la bajada que estábamos haciendo nosotros), pensaba que la furgoneta la habían dejado precisamente allí y que todo se limitaría a que desde allí les dejaran pasar y subir por la pista hasta el Puente del Francés, pero el problema es que la furgoneta la habían dejando en el pueblo, en Manzanares el Real, en la misma carretera de subida al Puerto de Navacerrda, y desde el primer parking al que llegaríamos, el de las Machacaderas, hasta el último, el del Tranco, son casi tres km, y casi otros tantos desde este último a donde habían dejando la furgoneta, o sea, entre 5 y 6 km, y para más desgracia, el acceso de entrada y salida de los parking están limitado a unas horas por la mañana y a otras por la tarde, así que hasta las 18:30 no abrirían las barreras, no para subir al Puente del Francés, sino para poder acceder a cada unos de los parkings o para salir de ellos, aunque como he dicho, de esto nosotros no nos enteraríamos hasta que llegamos al área de las "Machacaderas".
Ente el tramo del puente del Retén y el del Francés, un bonito recorrido donde además de pinos ya nos encontramos también junto al cauce del río el típico bosque de galería, con fresnos y alisos y un sin fin de mariposas revoloteando por doquier, por no hablar que el sendero tiene un firme con mejor huella algo que agradecería Javier, que caminaba cojeando.
La Pandora o "Argynnis pandora".
La Doncella Ibérica o "Melitaea deione".
Al llegar al Puente del Francés, dejamos a éste a la izquierda, no lo cruzamos, y avanzamos unos metros por la amplia y cómoda pista buscando un buen lugar para comer y esperar a que la avanzadilla subiera con la furgoneta, algo que no teníamos claro todavía.
Antes de terminar de comer, Javier se pone en pie y dice que él va continuando hacia delante, despacito, por si en el peor de los casos a la furgoneta no la dejan a subir hasta arriba. Algunos compañeros intentan convencerlo de que se quedara allí y esperáramos todos a que llegara Ángel con la furgoneta, y si no pudiera ser, bajar todos juntos hasta el primer parking.
Al final Javier se fue hacia delante, despacito, a su ritmo, y minutos después fuimos detrás de él el resto de la tropa.
Este tramo de pista ancha y en buen estado, aunque agradecida los primero metros, después de un rato resulta aburrida e insulsa, tan solo las vistas de la Sierra de la Pedriza, de las curiosas formas que cogen las rocas y la zona a la que creo que llaman la "Charca Verde", a nuestra izquierda, rompen la monotonía mientras caminamos entre las sombras que proyectan los pinos sobre la pista.
Llegamos al parking, allí están Luis y el pequeño sherpa, y nos cuentan que Ángel se ha ido a buscar la furgoneta haciendo autostop, que ya ha llegado pero ocurre lo que he comentado antes, que el guardia de turno no abre la barrera hasta las 18:30, a pesar de comentarle lo del percance del compañero, pero ni aún así, ni por las buenas ni por las malas, así que nos tocó esperar casi dos horas en el bar del parking, tomando unas cervezas mientras Luis y el pequeño sherpa aprovechaban para comer, ya que las provisiones las llevábamos nosotros y no habían podido probar bocado hasta ahora.
Puntual, después de abrir las barreas llega Ángel, aún con el cabreo, por culpa del guarda que no le dejó subir.
Todos a la furgoneta y a Manzanares el Real, pasando por los otros parking como el de Cantocochino o el del Tranco, para dar una vuelta por su famoso castillo, aunque Javier no estaba para visitas, así que se sentó a tomar algo en un bar cercano mientras esperaba a que termináramos la visita.
El Castillo nuevo de Manzanares el Real, o Castillo de los Mendoza, es un palacio-fortaleza construido ente los siglos XV-XVI, de estilo gótico-isabelino, está considerado como el castillo mejor conservado de la Comunidad de Madrid y fue declarado Monumentos Histórico-Artístico en el año 1931. Es propiedad del Ducado del Infantado,si bien su administración y uso corresponde a la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid.
Parte del grupo en el patio interior porticado del Castillo de Manzanares el Real.
Desde allí, vuelta en la furgoneta hasta el Puerto de Navacerrada donde recogeríamos la otra furgoneta y desde donde iríamos directo hacia el refugio.
En el refugio, la temperatura sobre las 21:30 comienza a caer, así que encendemos la candela para calentar el salón mientras los cocinillas preparan la cena y el resto va duchándose.
Javier no se queja en exceso pero no puede mover mucho el pie, así que para la ruta de mañana, la 'Circular de Peñalara', será baja lamentablemente.
Después de la cena, algunos se van directos a la cama y otros seguimos de tertulia larga, al calor de la candela y entre vaso y vaso de vino, así que serían cerca de las dos cuando nos fuimos al saco.
El track de la ruta que hemos seguido lo tenéis AQUÍ.
Haz clic para ampliarlo...
Todas las fotos de esta ruta, en más resolución, las podéis ver AQUÍ.
Os dejo un pequeño vídeo de esta ruta, al menos de la parte en la que la niebla nos ha dejado disfrutar de las vistas:
Para el domingo día 19, dentro de nuestro periplo por la Sierra de Guadarrama de este fin de semana del 17 al 19, lo que teníamos previsto era la Circular de Peñalara, un clásico de esta sierra madrileña, una ruta que tanto Javier como yo ya conocíamos.
Nos levantamos sin excesivas prisas, porque habíamos quedado con el del refugio a las 9:30, para entrega de las llaves y la revisión correspondiente para comprobar que todo lo habíamos dejado al igual que nos lo encontramos.
Desayuno relajado, aunque Javier que ya estaba mal con el pie o el tobillo o la pierna después de la tonta caída de ayer, no había pegado ojo y había estado toda la noche con el cuerpo revuelto, igual por los chutes de ibuprofeno o vete a tu a saber...
Entregada las llaves, montamos en las furgonetas y directos al Puerto de Cotos, donde el parking a esa hora, sobre las diez, más bien tarde, ya estaba saturado de coches, al igual que ayer, y hoy además el tiempo estaba mucho mejor, hacía sol y la temperatura era muy agradable, al menos a esta altura, así que mucha mas gente que se anima a subir a la sierra.
Cogemos una pequeña mochila con agua y frutos secos, y dejamos a Javier en la furgoneta, dispuesto a intentar dormir un poco después de la mala noche que ha pasado, pero no sería la última baja, ya que a las primeras de cambio, al llegar al centro de visitantes, Encarni decide también quedarse, el tema de la alergia le ataca de pleno y lleva los ojos que prácticamente no puede ver, así que se vuelve hacía atrás, nos quedamos al final un grupo de nueve.
Hoy no parecía el mejor día, a la baja de Javier con la que ya contábamos anoche, se une la de Encarni “Dora la exploradora”, y para colmo, un cartel en el centro de visitantes avisa que el camino hacia la laguna de los pájaros, está cortado, y es el que teníamos pensado realizar a la inversa, dentro de nuestro recorrido circular, una vez que bajáramos del pico Peñalara por el risco de los claveles y el risco de los pájaros... Entro a preguntar y me informan que no está prohibido o cortado, pero que RECOMIENDAN encarecidamente que no se pase por allí porque el terreno está muy erosionado por el deshielo y con tanta cantidad de gente, y siendo ésta la parte más asequible que todo el mundo puede hacer, puede acabar erosionado-destrozado todo, así que dependiendo de los efectos que tenga esta recomendación entre el personal, para el año que viene seguirán “recomendando” o por el contrario, “prohibiendo” directamente el paso por esta zona.
La verdad es que lo interesante es hacer la ruta circular, que tiene un poquito de todo y es bonita a nivel general, y no tanto subir y bajar al pico Peñalara, pero en fin, eso es lo que había, así que había que improvisar, y para no acabar subiendo y bajando todo por el mismo sitio, y para que el resto del grupo se llevara una idea más general de esta zona que no fuera solo la subida y bajada a Peñalara, planteé subir al pico, llegar un poco más allá, hasta el risco de los claveles, para ver desde arriba la laguna del mismo nombre, regresar por el mismo sito y después, a medio camino, girar hacia el refugio de Zabala, y por la parte de atrás bajar hasta la laguna de Peñalara y desde aquí enlazar con el camino que viene desde la laguna de los pájaros hasta el centro de visitantes.
Nos ponemos en marcha, en un día claro, con sol pero con buena temperatura, fresquita, pero ideal para afrontar una subida que realizamos a buen ritmo, el personal anda en forma, y en esta ocasión creo que se me ha hecho más corta de lo que recordaba. Es una subida suave, sin excesiva pendiente, por camino, y al igual que ayer, nos encontramos con mucha gente practicando “carrera de montaña”, ya sea subiendo o bajando.
Es a partir de dejar a la derecha el desvío al refugio de Zabala, al ir ganando altura e ir desapareciendo la arboleda y la vegetación, cuando vamos teniendo unas muy buenas vistas de todo el entorno que nos rodea, a diferencia de ayer en la que la niebla a primera hora de la mañana impidió que viéramos nada. En esta subida podemos ver claramente la zona donde estuvimos ayer a primera hora, la “Bola del Mundo”, el puerto de Navacerrada, las pistas de esquí, además de la zona de los “Siete Picos”, incluso es tal la nitidez del día, que al fondo, hacia el oeste, podemos ver claramente las cimas aún nevadas de la Sierra de Gredos, buenas vistas, buenas panorámicas y ¡que diferencia de día con respecto ayer!.
Al culminar la primera parte de la subida, o sea, al llegar a la zona de la “Hermana menor”, nos encontramos un nevero a nuestra derecha, quizás con algo menos de nieve que cuando estuvimos por aquí hace dos años. Desde este punto, un tramo de llaneo que pasa por las “dos hermanas”, la menor y mayor, antes de afrontar el último repecho, y quizás lo más exigente físicamente de la subida, aunque es corto.
A la caída de la “Hermana mayor”, hacemos una parada para reagrupamiento, tomar unos frutos secos y algo de chocolate, y sobre todo para ponernos algo de ropa de abrigo porque desde que se terminó la primera parte de la subida al llegar a la “Hermana menor”, parecía como si de golpe hubieran abierto las puertas y ventanas y una corriente de aire gélido hubiera aparecido de la nada, no es de extrañar que la gente, de nuevo mucha gente, subiera con forros polares y chaquetas.Yo tan solo me pongo el chubasquero a modo de cortavientos, y estando en movimiento no necesito nada más, pero para estar parado si apetece algo más de abrigo...
Terminada esta pequeña parada, continuamos hacia delante, y tras unos metros de llaneo bordeando la “Hermana mayor” que queda a nuestra derecha, afrontamos el último repecho para llegar al vértice geodésico de la cima del pico Peñalara, el más alto de Madrid, con sus 2.428 m.; a nuestra izquierda por contra, se abre una gran llanura donde podemos ver Segovia y la Granja, que parecen estar a tiro de piedra, allá abajo, en una inmensa llanura...
Vistas de la Granja y Segovia, entre otros, desde los alrededores de la subida a Peñalara
En general la subida al pico Peñalara es suave y por camino muy transitado, quizás algo más de piedra en el último repecho, pero está todo muy trillado, y al no ser complicada ni física ni técnicamente y tener el morbillo de que es la parte más alta de la comunidad de Madrid, hace que mucha gente suba y baje, aunque por el mismo camino; sin embargo, los que hacen la ruta circular es un grupo más reducido, no es tan masificado, y sólo hay un paso algo “diferente”, que no complicado, al menos en esta época, otra cosa es hacerlo con nieve o hielo; también es a partir de aquí, en la bajada desde el risco de los pájaros desde donde se disfrutan de unas bonitas panorámicas, aunque esta parte al final no la haríamos, ya que si no íbamos a poder realizar la circular, mejor hacer lo que habíamos improvisado, y llegar a una buena hora al parking, para después comer y emprender el regreso a casa cuanto antes, que eran cuatro horas de viaje lo que nos esperaba.
El Risco de los Pájaros desde Peñalara.
Arriba todos juntos, toca hacer lo que hace todo el mundo, la típica foto de grupo junto al vértice geodésico, con el fondo de la “Bola del Mundo” y los “Siete Picos”. Merodeamos un rato por los alrededores para ver las vistas que se pueden contemplar desde allá arriba y nos acercamos hasta el Risco de los Claveles, para desde allí ver la zona, abajo, de la laguna del mismo nombre, por la que hubiéramos pasado en caso de hacer la circular (que pasaría por la laguna de los pájaros, la de los claveles, las cinco lagunas, y si se quiere un pequeño desvío para ver la de Peñalara).
Foto de grupo en el pico Peñalara (2.428m.)
Zona de las cinco lagunas vista desde arriba, desde los alrededores de Peñalara.
Toca regresar, por el mismo sitio por donde habíamos subido, hasta llegar al desvío del refugio de Zabala, que es el que tomamos todos excepto JuanMi y el “pequeño sherpa”, que vienen enfrascados en una conversación y se lo saltan, y cuando los avisamos, el “pequeño sherpa” dice que él no está muy por la labor de hacer este tramo circular, que tiene algunas molestias en el pie y que quiere bajar por el mismo sitio, y JuanMi lo acompaña para que no vaya sólo, así que nos quedamos siete para hacer este último tramo circular, y hacer un poco más larga la ruta, y no hacerla tan insulsa subiendo y bajando por el mismo sitio.
El refugio de Zabala en el centro de la foto, visto desde arriba, desde la "Hermana menor".
El refugio por fuera es coqueto, y se encuentra prácticamente mimetizado, camuflado con el entorno, hasta el punto de que algunos cuando suben, desde el desvío ni siquiera se dan cuenta de su presencia, es como si fuera una roca más. Esta situado en una pequeña elevación, a los pies de la “Hermana menor”, rodeado de riachuelos por la parte de delante, mientras que en su parte trasera, a menos altura, se encuentra la laguna de Peñalara, que es a donde nos dirigimos tras merodear un rato por los alrededores del refugio.
Llegando a la Laguna de Peñalara
Desde la laguna y ya prácticamente hasta que regresemos al parking es cuando nos encontramos con más masificación, y si la subida a Peñalara es ya una romería, esto ya no tiene nombre, porque en esta zona se encuentra la gente que no viene expresamente a hacer senderismo o cualquier tipo de deporte en la sierra o la montaña, sino familias enteras que viene a pasar un día de campo, en la sierra, con sus particulares picnic, que ya iba siendo la hora, sentados en la hierba, junto a los arroyos, dando un paseito agradable por toda esta zona que es la más transitada, vamos lo que siempre hemos llamado “domingueros” (sin faltar al respeto, que todo el mundo tiene derecho a disfrutar de la naturaleza) así que no es de extrañar que recomienden no utilizar el camino de las laguna de los pájaros, porque si ya por el tema del deshielo hay bastante erosión del terreno, con el paso de tal marabunta de gente, se puede quedar toda esa zona impracticable... En mi opinión, y por lo que he visto en las ocasiones que he estado por aquí, creo que si esto es un Parque Nacional y con zonas de gran valor natural en cuanto a flora, anfibios, aves o al ecosistema en general, van a tener que limitar la entrada al parque, o al menos en ciertas épocas del año, para evitar tanta masificación, aunque serán los gestores del propio parque los que vayan viendo durante el transcurso de los años si éste se mantiene tal cual o si se ve afectado por la visita de tanta gente... De momento ya han empezado por “recomendar” no pasar por una determinada zona.
El camino entablado que baja de laguna de Peñalara, enlaza a la izquierda con la senda que sube suavemente por la zona de las lagunas, y a la derecha con la senda que lleva en ligera bajada hasta el parking, aunque antes también enlaza con el camino de subida por el que hemos ido esta mañana para subir al pico de Peñalara.
Por esta senda seguimos cruzándonos, pasadas ya las dos de la tarde, con mucha gente. Al estar a menor altura, la temperatura sube, y el viento aquí no se nota tanto al estar protegido por la arboleda. Es un sendero muy bonito y cómodo, con algunas fuentes, y buenas vistas.
Llegamos al parking donde nos esperan el resto de compañeros y todos nos vamos a comer al bar-restaurante que está en el mismo puerto, frente al parking. La terraza está abarrotada de gente, al solito, aunque dentro, en el comedor, en la parte de arriba, hay pocas mesas cogidas, y eso que se está muy bien allí.
Sobre las tres, o poco más, empezaríamos a comer, y después del cafelito-postre correspondiente, toca lo peor y más duro del fin de semana, el viaje de regreso, unas cuatro horas de coche...
Al día siguiente nos enteraríamos con una mala noticia. El amigo Javier, al ir a urgencias por lo de la caída o torcedura del pie del sábado, y cuando todos pensábamos que seria algún esguince, resultó que tenía fracturado el peroné, así que operación al canto, placas, tornillos y reposo durante una temporada, que sin duda alguna será lo que peor sobrellevará. Un fuerte abrazo desde aquí, mucho ánimo y desear que para la próxima salida, en octubre o en otoño ya esté en plena forma.
Por último, para el que tenga interés, os dejo el track de la ruta circular completa que queríamos haber hecho y que no pudo ser por las recomendaciones del propio parque de no utilizar un tramo concreto. PINCHA AQUÍ para el ver el track, perfil y datos de la ruta.
Una de las rutas más
clásicas de la sierra madrileña, una circular por el macizo de
Peñalara, realizada en el sentido de las agujas del reloj,
saliendo desde el parking del Puerto de Cotos, visitando el
refugio de Zabala, y subiendo al pico de Peñalara,
el más alto de la comunidad de Madrid (2.428 m.) previo paso
por las “Dos Hermanas”, para seguir por el “Risco
de los Clavales” y bajar hasta la primera de las lagunas,
la “Laguna de los Pájaros”, para seguir después
pasando por el resto de las lagunas, ya en bajada, hasta completar el
círculo.
Nos habíamos alojado en
Segovia, así que a las ocho de la mañana había que estar
montados en el bus todos aquellos que quisieran hacer la ruta, previo
desayuno en los apartamentos donde estábamos, ya que estos
apartamentos para cuatros personas cada uno, era lo único que se
había podido conseguir en estas fechas y con tan poco tiempo, y como
el bar más cercano no lo abrían hasta las nueve de la mañana, pues
tocó llevar algo de provisiones para desayunar...
A las nueve ya estábamos
en el aparcamiento del Puerto de Cotos, así que tras cruzar
la carretera, el grupo se dispone a realizar la ruta, sobre las 9:15,
con fresquito a esta hora, sobre 5 o 6 grados.
En un principio la idea
original de Javier era la de realizar la ruta en sentido contrario a
las agujas del reloj, es decir, subir tranquilamente todo el grupo
por la zona de las lagunas hasta llegar a la “Laguna de los
Pájaros”, y desde este punto, cuando el personal viera por
donde había que seguir subiendo, el que no estuviera dispuesto se
podría dar la vuelta y bajar tranquilamente por donde había subido,
con la opción de acercarse a la Laguna
de Peñalara en el caso de que no nos hubiéramos
aproximado a ella al principio, pero una cosa son los planes y otra
cosa lo que al final acaba surgiendo.... Definitivamente ¡los
planes estás para no cumplirse!...
Fernando, Javier y yo nos
acercamos a la caseta de información del parque, para solicitar
información sobre el estado de la ruta, porque un par de semanas
antes cuando Javier estuvo por aquí, había algo de nieve, y el
personal que venía a la ruta iba en plan “senderismo”,
poco preparado para enfrentarse con nieve y roca; y ya de paso,
también aprovechó la ocasión para comentar que era el grupo de
Llerena para el que solicitó permiso para hacer esta travesía
días atrás, ya que lo normal es pedir permiso para hacerla, ya que
estamos en un parque natural y zonas protegidas, aunque muchos suben
a Peñalara de forma individual o en pequeñas cuadrillas sin
pedir permiso...
Como he comentado antes,
no íbamos a entrar todo el mundo en la caseta de información, así
que sólo entramos los tres que he comentado antes, mientras que al
personal se le dijo que tirara un poquito más hacia delante, pero
claro, con la idea de que pararan en la bifurcación, para elegir
seguir por la derecha, en dirección a la laguna de Peñalara,
en lugar de seguir por la izquierda, por donde se sube al pico de
Peñalara, pero a algunos del grupo en cuanto 'le sueltas
la cuerda' tiran hacia delante como alma que lleva el
diablo, a todo tren, sin más miramientos, así que para cuando
salimos del punto de información, no veíamos a nadie de nuestro
grupo, así que toca el primer calentón del día para intentar ir
cogiendo al personal.
El principio es por una
pista ancha, flaqueada por árboles que aportan sombra, pasando a
numerosos grupos pequeños de entre 2 y 6 personas, que van bien
abrigados y que también van a hacer la ruta o parte de ella, ya que
muchos sólo suben a Peñalara, o en el caso de los
“domingueros”, sin desmerecer, me refiero a los que vienen
en plan familia, con los niños, para dar una vuelta, lo hacen más
tarde y suelen ir hasta la zona de la laguna de Peñalara...
conclusión: “una ruta clásica + fin de semana + primavera =
mini-masificación”.
Cuando llegamos al punto
de bifurcación, donde se eligen en qué sentido realizar la ruta
circular, hemos cogido a parte del grupo pero el resto, va diseminado
más hacia delante, ya en plena subida, y los galgos del grupo ya han
tomado bastante ventaja.
¡Nada más empezar y ya
vamos contra-corriente!. Seguimos hacia delante intentando dar caza a
los primeros, que no paran. Seguimos cogiendo a otros del grupo pero
los primeros van bastante por delante, así que intentamos
localizarlos por teléfono, ya que no sabíamos si pararían o
seguirían hacia delante, al menos hasta llegar al desvío del
refugio, ya que no conocían la ruta. Después de varios intentos
podemos hablar con ellos y le decimos que esperen al resto del
personal.
Seguimos subiendo. La
pista amplia sólo transita entre el punto de información y la
caseta del depósito donde está la bifurcación para elegir el
sentido de la ruta, porque a partir de aquí ya subimos por un
camino, con rampas más o menos empinadas, y con piedras, pero en
general, algo insulso al principio puesto que tampoco se pueden
disfrutar de vistas amplias, y mientras se va subiendo, la vegetación
arbórea va despareciendo dejando paso a vegetación más típica de
alta montaña: matorrales y piornos.
Una vez alcanzada la
cabeza del grupo, se procede a la espera para reagruparnos todos y
comentar la situación, ya que esto no era lo inicialmente previsto,
pero después de este tramo de subida que ya ha realizado el
personal, tampoco es cuestión de deshacerlo, con la consiguiente
pérdida de tiempo, así que seguiríamos hacia delante, haríamos un
pequeño desvío de ida y vuelta para ver el refugio Zabala y
las vistas de la laguna de Peñalara desde la zona de dicho
refugio (esto estaba contemplado pero a la vuelta y para el que
quisiera) y seguiríamos subiendo hasta la “Hermana Menor”.
Hasta el desvío al
refugio Zabala, la gente va subiendo a cuenta gotas y mucha
diferencia entre unos y otros, algo normal, por otro lado, al ser un
grupo numeroso (más de veinticinco personas). Yo me quedo en el
desvío para indicarles a los últimos por donde tienen que ir y cual
es la idea de hacer este tramo de ida y vuelta, y me suelen preguntar
lo mismo ¿ya ha terminado la subida? o ¿falta mucho para terminar
la subida?...¡puuffff!, acabamos de empezar como quien dice y ya
estamos en este plan... por eso la idea de haber hecho la ruta en el
otro sentido que puede ser menos exigente o al menos con mejor huella
en el recorrido global.
Desde el refugio
Zabala ya se tienen unas buenas vistas, y desde su parte trasera
se puede ver, desde una especie de mirador, la Laguna de Peñalara,
algo más abajo, y el camino empedrado que parte de ella y enlaza con
la parte final del recorrido que queremos realizar (o la parte
inicial si hubiéramos optado por hacer la ruta en el otro sentido).
Laguna de Peñalara desde la parte trasera del refugio de Zabala.
Tras el pequeño descanso
y las fotos de rigor, toca deshacer el pequeño tramo de senda-camino
hasta coger de nuevo el camino que traíamos, en subida y con
piedrecitas, y cuanto más altura se va ganando, más vamos entrando
en el territorio de los piornos. Durante este tramo las vistas que
tenemos son más bien de la zona de las estaciones de esquí de
Navacerrada y Valdesquí, pero van quedando
difuminadas, porque por ese lado de la sierra se está levantando
niebla, y el cielo ya está totalmente cubierto...
El grupo se disgrega en
minigrupos diseminados a lo largo de la subida como cuentas de un
rosario, y como junto con otro compañero, fui de los últimos en
salir del refugio, progresivamente fuimos cogiendo y pasando a la
mayoría de estas “cuentas del rosario”, hasta que al
llegar a la zona de la “Hermana Menor”, ya vemos a
la gente de cabeza por delante, pero justo a la derecha, en una
mancha de nieve, parte del personal a los que habíamos cogido en la
subida, además de algunos de los que venían por detrás, se
salieron del camino atraídos por la nieve como las moscas al amiel,
como si de un imán se tratara, y eso que sólo se trataba de una
mancha, pero debe ser que “somos de secano”, y la nieve
atrae más que a un tonto un lápiz...
Amante del deporte y de la naturaleza, y sin más pretensiones que la disfrutar de ello, intentaré desde este blog escribir sobre las rutas que realizo, ya sean de senderismo, cicloturismo, trekkig de media montaña, etc. aunque también intentaré reflejar mis otras aficiones: naturaleza, música, teatro, fotografía, belenismo, ornitología, viajes...