Aunque publico esta entrada con retraso, lo cierto es que empecé a escribirla hace ya tiempo, pero por diversas circunstancias he ido retrasándome en su terminación y al final no logré tenerla publicada para el día del libro, que es como me hubiera gustado.
En esta entrada, creada para celebrar el día-semana del libro, toca comentar otro libro de cicloturismo y de nuevo vuelvo a la carga, al igual que el año pasado, con Salva Rodriguez, y su “viaje de cuento”, en esta ocasión dedicado a su recorrido en bici por Asia.
En este un libro que creo que se publicó las pasadas navidades, de nuevo Salva nos maravilla y nos deja con la boca abierta, porque sigue en la misma línea que en su recorrido por África, narrando las cosas que le suceden con ese don que tiene para escribir, de forma simple, amena, como si de un cuento se tratara, como si fuera algo que está al alcance de cualquiera, incluso cuando está en peligro su propia vida, pero sobre todo, con lo que más me identifico son con sus reflexiones de un viajero solitario, sus reflexiones o pensamientos de lobo estepario, que si bien es cierto que quizás a más de uno de los que hacemos algún viaje, buscando algo más que lo simplemente turístico, se nos ha pasado por la cabeza, no hemos sido capaces de plasmarlo y contarlo sobre el papel con la naturalidad con lo que él lo hace.
No conozco a Salva, a parte de leer sus dos libros, de intercambiar un par de correos con él, de ver algunos vídeos en youtube o de escuchar alguna que otra entrevista que le han hecho en algún programa de radio (las colocaré al final de este artículo para quien quiera escucharlas y así saber algo más sobre los tejemanejes de una vuelta al mundo en bici), pero tiene toda la pinta de ser un buen tipo, humilde y agradable en el trato, y la única pega que se le puede poner es esa tozudez en no compartir con todos nosotros sus aventuras y desventuras de su viaje en bicicleta alrededor del mundo, porque no fue sino después de recorrer África y Asia en bici, cuando en Japón por fin se decidió o le convencieron durante el camino, a partes iguales, para empezar a escribir, y así disponer también de una fuente de ingresos extra que le ayudara a continuar viajando, o quizás también contribuyera el destino, como en aquella ocasión en la que en un albergue o pequeña casa que le sirvió de refugio, se encontró al levantar la cabeza, con una frase escrita en la pared e iluminada por algún rayo de sol: “Storie only happen to those who are able to tell them” (Las historias solo suceden a quienes son capaces de contarlas).
Primero nos transmitió sus vivencias por África, donde ya nos dejó con un agradable sabor de boca, un buen y bonito libro de viajes, y después con este libro sobre Asia, con muchas más páginas pero escrito en la misma línea, suave, melodiosa, de cuento, y que no desmerece para nada al primero. Actualmente, Salva se encuentra en México, después de recorrer el continente americano de norte a sur, donde ya está manos a la obra escribiendo su tercer libro, América.
Pero entremos de lleno a comentar éste, al igual que el primero, magnífico libro sobre viajes y aventuras, donde además podemos disfrutar de toda una lección de geografía, de comportamientos sociales en los distintos países o zonas que recorre, de ecosistemas, de cómo dejar atrás ciertos clichés que se suponen a ciertos países o lugares, a determinada población, de sus reflexiones sencillas pero profundas, como no podían ser menos viniendo de un viajero de largo de recorrido, y de un sinfín de cosas que se puedan sacar de provecho desgranando este libro sobre Asia.
Al igual que el primero sobre África, comienza de menos a más, supongo que en el mismo camino que su estado de ánimo y su incertidumbre. Incertidumbre porque después de terminar su recorrido por África le asaltan las dudas: ¿regresar a casa o continuar viaje por Asia, y si opta por lo último, acometer definitivamente la vuelta al mundo?.
El principio de su recorrido comienza algo soso, como sin ganas, quizás por esa indecisión que he comentado ¿qué hacer?, ¿regresar a casa dejándose llevar por la nostalgia y la morriña o aventurarse por el Oriente Medio?, las ciudades de la Ruta de la Seda, las montañas de Asia Central, la India, el Tíbet, las montañas del sureste asiático, Japón... Para colmo, y además de estos dilemas mentales, a las primeras de cambio, tiene un serio percance donde apunto está de empotrarse con un camión cuando se empeña en intentar pasar el canal de Suéz por el túnel, a sabiendas de que está prohibido para bicicletas, pero algunas veces la 'imbecilidad' no tiene límites, y así, una vez más, su “buena estrella” o el “destino”, le da una nueva oportunidad, una nueva vida, por suerte para él y para nosotros que podemos seguir disfrutando de su viaje.
Pero lo cierto es que en la salida de Egipto por la península del Sinaí para llegar a Jordania, la única alegría que le da el viaje es una zona o área protegida del mar Rojo, donde se topa con un maravilloso y gigantesco arrecife de coral, pero ésta es una zona turística, y durante días tiene que lidiar con malandrines y timadores que van en busca del turista para exprimirlo, algo que le hastía sobremanera.
Decide atravesar Jordania y Siria, dos de sus países favoritos, donde ya ha estado en ocasiones anteriores, en línea recta, ¿por qué?, pues simplemente por necesidades del viaje, porque si quiere atravesar el Pamir y las montañas de Asia Central antes de que llegue el invierno, no puede andarse con rodeos por Oriente Medio, porque como él mismo dice, viajar en bicicleta tiene sus limitaciones, y una de ellas es la velocidad a la que te mueves. Así que en las páginas que dedica al recorrido por estos dos países, alterna sus dudas por un lado, y sus incertidumbre por otro, con los buenos momentos. Dudas, porque a pesar de ser libre para ir donde quiere y hacer lo que le apetezca, le asaltan con fuerza la morriña y la nostalgia de su tierra, sobre todo en su recorrido por estos dos países con un tipo de clima similar al de Andalucía y pedaleando entre olivos, frutales, amapolas, margaritas, adelfas, etc...; por otro lado está la incertidumbre de si regodearse más en ciertas lugares de estos países del Oriente Medio o andar con prisas para poder pasar las montañas de Asia Central, antes de que le pille de lleno del invierno, aunque más que incertidumbre es un cabreo consigo mismo por no poder disfrutar de sitios donde realmente le gustaría estar más tiempo debido a lo ya comentado; y por último, también nos describe su paso por bellos lugares y ciudades, como la zona del desierto de Ram, que según él sigue siendo el desierto de Lawrence de Arabia, y así, en Wadi Ram, pasa unos días donde cambia el pedaleo por la escalada: “Y Ram es un desierto sin fin, hay espacio suficiente para que escaladores, turistas, mochileros, y también ciclistas, disfrutemos de la belleza sin aglomeraciones; de hecho, llega a ser raro encontrarse con alguien una vez que estás dentro de algún cañón rocoso […] Wadi Ram, con sus decenas de verticales montañas de piedra surgiendo de la arena roja, sus laberínticos cañones, es sin duda uno de los lugares del mundo que dejan con la boca abierta a cualquiera. Allí me quedo una semana, cambiando pedales por arneses y prendado de las puestas de sol que enrojecen las montañas”. En cuanto a algunas de las ciudades o poblaciones de paso, destaca Hama, en Siria “Viajero, dejar esta ciudad para ir a otra, más que una proeza es una estupidez. Aún cuando las luces de Isfahan esperan por ti encendidas en algún día del horizonte, las norias de Hama anulan el deseo de partir […] Así pues viajero, si te detienes en Hama, endurece tu corazón para decir adiós y seguir tu camino […] Hama te atrapa. Lazos invisibles. La cárcel más segura es para quien ama sin razones. Cuando un hombre no puede justificar los motivos que le atan a una ciudad, a una mujer, a una partitura, está irremediablemente condenado. Ama porque no puede hacer otra cosa”.