Una ruta muy, pero que muy interesante, con la que he disfrutado mucho de principio a fin en la que se aúnan naturaleza, entornos naturales y maravillosas vistas, sierras y valles encajonados por los que se retuerce el río Hurdano, bosques de pinos, bosque de encinas centenarias, brezales que en esta época primaveral tiñen las laderas de la sierra de tonos rosados y blancos, arroyos con sus saltos de agua, zonas bajas del valle más próximas al río, al abrigo de los vientos, donde surgen los pequeños bancales mimados por la mano del hombre, con pequeños huertos o cultivos de olivos o cerezos en clara contraposición con las zonas altas de la sierra, más agrestes, sin apenas vegetación, expuestas a los caprichos del clima, a los agentes meteorológicos que la moldean formando aristas y barrancos que se precipitan hacia el río Hurdano, sierras escabrosas, inhóspitas… en las que quizás en otros tiempos tan solo los lugareños, pastores con sus cabras, o piconeros, intentarían obtener algún recurso de ellas a costa de grandes sacrificios y penalidades… hoy en cambio, la naturaleza se adueña de todo, engullendo viejas sendas que han dejado de ser transitadas, aunque por suerte, algunas de ellas vuelven a abrirse para la práctica del senderismo como uno de los motores dinamizadores, entre otros, de este enclave natural, aislado y solitario, pero que realmente es lo que le da valor, donde las alquerías hurdanas, cada vez más despobladas, y sus vecinos, viven en armonía con el entorno, adaptándose a él sin esquilmarlo, sin destruirlo, sin deformarlo… dentro de estas alquerías el tiempo parece que se detiene, no hay prisas, no hay bullicio, se respira tranquilidad y paz en el día a día…
La ruta planteada intenta realizar un recorrido circular con inicio y fin en la alquería de Huetre, perteneciente a Casares de las Hurdes, pasando por hitos como el “Charco de la Serpiente”, la presa de “Majá Robledo” o el “Chorro del Ceño”, y aunque se pueden realizar alternativas que transiten gran parte por cómodas pistas o caminos, o distintas combinaciones de ruta circular que pasen por alguno o varios de estos puntos, o que incluyan la subida la “mirador de la Pregonera”, yo me decanté por una ruta circular que sube hacia la sierra, que transcurre a media ladera por ella, transitando por vetustas y retorcidas sendas, con algunos tramos recuperados y puestos en valor, pero con otros tramos cortos en los que la senda se desvanece al adueñarse de ella las jaras y los brezales… una ruta con cierta exigencia física, ya que a los 17 km de recorrido hay que sumarle los más de 1.000 metros desnivel positivo que hay que superar y otros tantos de desnivel negativo, con zonas se subida constantes durante varios kilómetros y otras, con cortas y bruscas subidas y bajadas, o por senda irregular donde la línea recta solo es una quimera; el recorrido propuesto no visita el “mirador de la Pregonera” y sin embargo, la ruta sube a más altura y podemos divisar mejores vistas que desde el propio mirador, que quedará por debajo durante buena parte del recorrido, pudiéndolo ver perfectamente desde las alturas. La ruta tiene también el aliciente de cruzar varias cursos de agua, tanto del río Hurdano como de alguno de sus arroyos, de ver caer chorros de agua, de caminar por brezales, pinares, encinares, bosques y vegetación de ribera… y si a todo ello le unimos un día de primavera, luminoso, radiante, con una agradable temperatura durante el día y algo de fresco a primera hora de la mañana, en donde la naturaleza muestra sus mejores galas con una floración a tope que contribuye además, a ver mariposas e insectos durante todo el recorrido, o a ver narcisos junto a la senda o junto al río y arroyos, aderezándolo todo con el hilo musical de fondo del trinar de los pájaros… y por supuesto, disfrurando de magníficas panorámicas, llegando incluso a ver al fondo, la Sierra de Gredos cubierta aún en sus partes más altas de un inmaculado manto blanco… así que todo un poco contribuyó a tener una ruta y un día pleno, de los que te “llenan” de los que quedan en grabados en la memoria con el paso del tiempo… quizás el único “PERO” de la ruta, al menos para mi gusto, es el tramo de unos tres kilómetros de amplia e insulsa pista, prácticamente llana, desde antes de llegar a la presa de “Majá Robledo” y hasta el desvío al “Chorro del Ceño”, por lo demás, una ruta muy completa, tanto en la distancia a recorrer, como en el desnivel a superar o por el tipo de recorrido, casi siempre por sendas antiguas utilizadas antaño por los lugareños en el día a día para ganarse la vida, sendas que transcurren por las laderas de las sierras, donde en las zonas de más pendiente tienen que reforzar un lado de la senda con paredes elaboradas con lajas de pizarra, con la técnica de la piedra seca, para mantenerla estable o ensancharla…
Tras un corto desplazamiento hacia la zona donde comenzaría la ruta y ya que iba bien de tiempo y tenía todo el día por delante, paré a tomar café en Casares de las Hurdes y de paso, comprar el pan para el bocata, para después encaminarme hacia la alquería de Huetre, tras pasar por la de Heras y dejar a un lado Casarrubia que está prácticamente pegada a la de Huetre (todas alquerías pertenecientes a Casares de la Hurdes)