Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

1 abr 2026

Senderismo Extremadura: Circular desde El Gasco con subida al Pico Tiendas y Sierra de la Corredera (Las Hurdes, Cácereces)

Ruta circular por las Hurdes con un desnivel importante que podría incrementarse un poco más si se realizan pequeños desvíos de ida y vuelta para subir al pico Sombrerero (1.576 m) o al pico Corredera (1.456 m), algo que yo no hice, aunque después de ver el recorrido más en detalle me arrepiento, porque podría haber disfrutado de unas buenas vistas de la cuenca del río Hurdano, por la que estuve transitando el día anterior, pero en este caso sería desde otra perspectiva… en fin, lo anotaré para otra ocasión.

Este recorrido circular con subida al pico Tiendas (1.590 m), tiene su inicio y fin en la alquería de El Gasco, con parte de la ruta que transcurre por la Sierra de la Corredera, por la otra vertiente a la que veía el día anterior en los primeros kilómetros de la ruta al salir de la alquería de Huetre.

Dejo el coche en una terraza-parking de El Gasco, que además sirve de mirador para disfrutar de los pequeños bancales-huertas junto al río Malvellido, que a primera hora de la mañana se encuentra en completa umbría, con algunos cerezos florecidos que ponen la nota de color, observando también el corto tramo de senda junto al río que lleva hacia el Chorro de la Meancera, una senda  totalmente adecentada que facilita una accesibilidad casi plena para todos. 

Asomándome a este balcón-mirador, antes de ponerme en marcha, regresan a mi memoria recuerdos de la primera vez que estuve aquí, cuando realizaba un ruta cicloturista de una semana entre Las Hurdes y la Sierra de Gata, allá por mediados de un mes de Diciembre de 2001 (¡puff!!, ¡¡casi veinticinco años ya!!, casi ná!!), en unos días de frío intenso... Recuerdo estar en el mismo punto en el que ahora me encontraba, contemplando las mismas vistas, dejando amarrada a “Bucéfalo”, que es como apodaba a mi bici/compañera de aquella época, para disponerme a realizar este corto sendero que junto al río lleva hasta el “Chorro de la Meancera” y que en ese día me lo encontré congelado, un chorro de puro hielo en lugar de agua… sin duda, otra visión diferente de este famoso chorro…

Me pongo en marcha, apenas unos pocos metros en bajada hasta el río Malvellido, y tras cruzarlo por un pequeño puente giro hacia la derecha, siguiendo las señalizaciones del Lombo de las Viñas (hacia la izquierda la senda que lleva al Chorro de la Meancera).


El río Malvellido.

Prácticamente cruzar el río y ya comienza la subida, en un recorrido que a diferencia del de ayer, consiste  en una primera parte con subida progresiva, con algún tramo de descanso, en el que partiendo de los 750 m. el punto más bajo al cruzar el río Malvellido, se llega hasta alcanzar los 1.590 m en el vértice geodésico del pico Tiendas; y una segunda parte en bajada desde este pico hasta El Gasco, con una zona intermedia, prácticamente llana, recorrida por un largo tramo de pista.

Como he comentado, solo es cuestión de cruzar el río y comenzar a subir por una antigua senda, con tramos de mucha piedra suelta o con tramos empedrados de pizarra en los que se camina mejor. Una senda que gana altura rápidamente, al igual que el día anterior al salir de Huetre, con cortos tramos de zig-zag en los que prácticamente en en cada curva que se pasa se van viendo las casas de El Gasco que cada vez quedan más y más abajo, al tiempo que se van teniendo unas vistas más extensas y amplias de todo el angosto valle por el transita el río Malvellido y sus alquerías, el mismo valle que esta mañana había  remontando en coche entre Nuñomoral y El Gasco. Las vistas son tan extensas, que en un día con una atmósfera tan clara como el que estaba teniendo,  se puede divisar claramente la Sierra de Gredos, más cuando hay un claro contraste en sus cimas al estar éstas aún cubiertas de nieve.

Sigo subiendo, y al igual que ayer, primero me encuentro con olivos, y más adelante con forme voy ganando altura, paso primero por zona de brezales, aunque a diferencia de ayer, hoy solo veo ‘brezo rubio’ (Erika australis), florecido, aportando la nota de color, para posteriormente introducirme un un pinar, en un tramo de vetusta senda, bonito, empedrado con alargadas lajas de pizarra, donde hago una parada para contemplar las vistas de la Sierra de la Corredera por cuya ladera transitaré más adelante y que en la otra vertiente, la que no puedo ver, es por la que precisamente estuve realizando la ruta en el día de ayer.

Dentro del pinar, en una senda alfombrada con las acículas de los pinos y completamente sombreada, me encuentro con un mirador, construido sobre plataforma y techo de madera, abierto por sus cuatro lados, con bancos para descansar y admirar las vistas del valle del río Malvellido… pero ¡hay un fallo!… los pinos que hay delante del mirador han crecido y no hay visión del valle, tan solo son claramente visible al fondo, las cimas nevadas de la Sierra de Gredos, que se encuentran ligeramente por encima de la línea de las copas de los árboles… así que solo hago una foto testimonial, antes de continuar.

Foto testimonial desde el mirador, dentro del pinar...
 
Poco después de dejar atrás el mirador, las visas son más claras... 

Unos metros más adelante después de dejar atrás el mirador, la senda parece que se difumina, se transita por espacio más ancho, de firme irregular con piedra suelta, que no se muy bien si un tramo de cortafuegos o un camino, para de nuevo convertirse en una estrecha senda que en un corto tramo llega a una zona de castaños. La senda se encuentra prácticamente engullida por brezos y jaras que tengo que estar apartando con las manos, aunque como digo, el tramo es corto y se tiene la referencia de la zona de los castaños.

En la zona del castañar se produce un claro contraste entre el gris de los desnudos troncos y ramas de los castaños, el ocre del manto de hojarasca que hay bajo sus pies y el verde circundante de pinos y brezos.

El castañar lo bordeo por la derecha, siguiendo junto al cauce de un arroyo seco, en un tramo donde el desnivel se acentúa un poco más tras el último tramo más suave desde que dejé atrás el mirador, hasta llegar a la pista del Pimpollar, amplia y cómoda. 

Hasta aquí un tramo de poco más de 2,5 km desde el inicio, con unos 500 metros de desnivel, que me ha resultado muy entretenido y bonito, por las magníficas y amplias panorámicas que se pueden disfrutar, encontrándome durante la subida con Narcissus coronatus y disfrutando del hilo musical de fondo con el trino de pájaros como el petirrojo (Erithacus rubecula), el carbonero garrapinos (Periparus ater), el ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica), el chochín (Troglodytes troglodytes) o el mirlo (Turdus merula), entre otros… una delicia, y todo en completa tranquilidad, sin ningún tipo de ruido externo, en un recorrido en el que al igual que ayer, no me encuentro absolutamente con nadie, ni senderistas, ni lugareños.

Al llegar a la pista, hay que girar a la derecha y continuar por ella durante un kilómetro, faldeando por la sierra, en un recorrido llano, con muchos brezos a ambos lados del camino-pista y donde me encuentro muchas mariposas ‘cejialbas’  (Callophrys rubi) también alguna que otra ‘mariposa de los muros’  (Pararge aegeria), una ‘arlequín’ (Zerynthia rumina) y una ‘chupaleches” (Iphiclides feisthamelii).

Mariposa ‘cejialba’  (Callophrys rubi)

Al llegar a un cruce donde veo en unas piscinas o balsas de agua supongo para extinción de incendios, giro a la izquierda para afrontar un corto tramo de 300 metros por un feo e insulso cortafuegos que me dejará en la cresta de la sierra tras un fuerte desnivel, de esos de “agacha el lomo”.

Arriba en la cresta, es como si se hubieran dejado todas las ventanas y puertas abiertas, de repente un fuerte y frío viento me obliga a abrigarme rápidamente, sobretodo después del último esfuerzo realizado.

Arriba, giro a la derecha para seguir por la cresta de la sierra por franja de unos 40 metros de ancho, a modo de  cortafuegos,  sin ningún tipo de vegetación en un recorrido insulso con un fuerte viento frío y molesto, aunque las vistas desde allí arriba aún son mejores que durante la subida y es que además de las cimas blancas de la  Sierra de Gredos, algo más hacia el noroeste, aparece la cima donde se asienta el Santuario de la Peña de Francia, la Sierrla de la Corredera y toda la zona y alrededores donde se encuentra Nuñomoral, el embalse de Gabriel y Galán… todo eso a mi espalda, porque frente a mi, con forme voy avanzando, las vistas que tengo son las de algunos picos por los que más tardaré pasaré a pocos metros de ellos.

En este tramo de cresta me encuentro con peñas poblaciones de Narcissus rupicola alrededor de afloraciones pizarrosas, al refugio del fuerte viento que soplaba.


Narcissus rupicola

Por fin abandono este tramo de cresta insulso y aburrido para seguir por una senda que vuelve a empinarse,  bordeando uno de los picos que estaba viendo y en el que por su parte más alta, el trazado se difumina entre el matorral y las distintas derivaciones. Es en esta zona, algo  más vistosa y entretenida que el amplio tramo de cortafuego por el que he transitado en la cresta de la sierra, donde me encuentro con algunos Narcissus asturiensis y con una pareja de buitres leonados (Gyps fulvus) que si bien llevaba un rato viéndolos sobrevolar, ahora los tengo más cerca, incluso veo a uno de ellos posarse sobre una roca a escasos 200 metros de donde estaba, pero en cuanto se percata de mi presencia vuelve a levantar el vuelo.


Narcissus asturiensis

Desde ese punto ya veo cerca el Pico Tiendas y el tramo que me separa de él no tiene mucho desnivel, aunque antes hago otra parada para ver de cerca y hacer alguna que otra foto, una pequeña colonia de Narcissus rupicola que estaban espectaculares, muy bonitos.

Junto al vértice geodésico del Pico Tiendas, las vistas en 360 grados son magníficas, y es que a las que ya iba teniendo durante la subida y a las que no me cansaba de mirar en cada parada, ahora se le suman las que se pueden contemplar hacia el norte, una zona de claro contraste entre las sierras de las Hurdes, que si bien no son muy elevadas si resultan agrestes, salvajes, con sus valles encajonados entre los que serpentean ríos como el Hurdano o el Malvellido y la gran llanura salmantina, plana como la palma de la mano, donde se divisan varios pueblos, además de Ciudad Rodrigo, incluso más al norte y hacia el oeste, rompiendo la monotonía del llano, sobresale la Sierra de la Estrella, en Portugal y tal y como puedo apreciar con el zoom de la cámara, también se aprecia nieve en sus partes altas, al igual que en Gredos.

Vídeo con vistas en 360 grados desde el Pico Tiendas:

Las vistas son espectaculares por la amplitud que se tiene, y más en un día tan despejado, pero no era cuestión de estar mucho tiempo por allí arriba porque el viento frío seguía arreciando con fuerza, así que me dispuse a emprender el descenso, con el objetivo de llegar al pequeño refugio que ya había estado divisando antes, donde tenía pensado realizar la parada para comer el bocata.

Es un tramo corto, en el que se pierde altura rápidamente antes de llegar al collado donde se encuentra el coqueto y pequeño refugio, situado justo en el límite de provincias, entre Cáceres y Salamanca, aunque a medio camino, de nuevo otra parada, porque en la senda de bajada me encuentro en un espacio de unos seis metros cuadrados repleto de Narcissus bulbocodium, y con éste, ya son cuatro tipos de narcisos silvestres con los que me he encontrado en este recorrido: N. coronaturs, N. rupicola, N. asturiensis y por último N.  bulbocodium.


 
Narcissus bulbocodium

Cuando llego al refugio abro la puerta para curiosear por su interior, muy pequeñito, escueto, espartano… pero en buen estado para cumplir su función, aunque un poquito de limpieza no le vendría mal. 

En este “Collado del Aceituno”, donde se asienta este coqueto refugio, al menos viéndolo desde fuera, se encuentra el límite invisible entre provincias y allí es donde tomo asiento, junto al refugio, a la sombra, rodeado de una alfombra de florecillas amarillas estrelladas, la “estrella amarilla temprana” (Gagea bohemica), con vistas hacia el norte, a la gran llanura salmantina, hasta donde abarca la vista, aunque ligeramente hacia el noroeste, como he comentado antes, aparecen algunas elevaciones entre las que destaca la Sierra de la Estrella, distinguible por sus cimas espolvoreadas de nieve.

Vistas en 360 grados desde el refugio del Collado del Aceituno:

Unos cuarenta minutos estuve descansando mientras daba buena cuenta del bocata, junto al refugio y con unas buenas panorámicas, en un día despejado, con muy buena temperatura… un lujazo.

Tocaba ponerse en marcha de nuevo y prácticamente dejar el refugio a la espalda, cabe la posibilidad de subir al Pico Sombrerero (1.576 m.) que queda a la izquierda y a poca distancia, aunque no tomé el desvío para subir. Este pico, así como toda la cresta de la Sierra de la Corredera, por cuya ladera transitaré durante una buena parte de lo que me quedaba de ruta, constituye la divisoria entre la cuenca del río Hurdano, por la que estuve realizando la ruta ayer, y la cuenca del Malvellido, en la que me encontraba en ese momento.

Sigo hacia delante, en ligera bajada, entre la cresta de la sierra a la izquierda y una ancha pista a la derecha, más abajo, la “pista del Pimpollar”.

Vistas de la Sierra de Gredos en el tramo de bajada faldeando por la Sierra de la Corredera por camino engullido en parte por el matorral.

El camino se va cerrando hasta el punto de convertirse en dos estrechas sendas a ambos lados, quedando el resto engullido por el matorral, sobre todo brezos (Erika australis) donde de nuevo me encuentro con muchas mariposas “cejialbas” (Callophrys rubi). 

Aunque supuestamente el camino es cómodo, la marcha se ralentiza con tanta vegetación, aunque no hay problemas de orientación porque es caminar a media ladera, dejarse llevar, con la referencia de la pista más abajo, que es en donde más adelante desembocará el camino tras un leve giro hacia la derecha.

Hice lo más rápido que puede este tramo, sin tantas paradas como venía haciendo hasta llegar al refugio, además, el sol en esta zona pega de lleno y no hay nada de sombra durante este tramo, ni durante el siguiente por la pista, aunque al menos, como he comentado, la temperatura era agradable... pero no me veo caminando por aquí cuando comiencen a apretar las temperaturas en mayo.

Llego a la pista, ahora es cuestión de seguir por ella en un recorrido cómodo y llano durante casi cuatro kilómetros, en lo que para mi es la parte más aburrida y anodina de todo el recorrido… porque si bien es cierto que en un principio se agradece poder caminar cómodamente, sin esfuerzo y avanzar a buen rito, al cabo de un rato se convierte en un suplicio para mi, me resulta ‘cansina’, aburrida, sin alma, monótona y tan solo me consuelo en alguna que otra parada para ver el recorrido realizado desde que llegué a la pista del Pimpollar en el primer tramo de subida, tras dejar atrás la zona de castaños, la subida corta, pero exigente, por el contrafuegos, la zona de cresta por la sierra hasta llegar al pico Tiendas, la bajada hasta el Collado del Aceituno donde está el refugio y la consiguiente bajada suave hasta enlazar de nuevo con la pista del Pimpollar donde me encontraba.


Parte del recorrido de la ruta que estaba realizando (arriba línea blanca, abajo línea amarilla) desde diferentes puntos. 

Llego al desvío para subir por un cortafuegos, en un corto y aparentemente no muy exigente recorrido, al pico Corredera (1.456 m.), donde por lo que he visto a posteriori, se deben  tener muy buenas vistas hacia la cuenca del río Hurdano y a toda la zona en general por la que estuve caminando en el día de ayer, incluidas  sus correspondientes alquerías, así que de nuevo y tras ver el recorrido a posteriori, ya en casa, me arrepiento de no subir y de seguir simplemente el track, más cuando tenía tiempo de sobra y el desvío de ida y vuelta era corto.

Unos metros más adelante es cuando por fin abandono la tiranía de la ancha, insulsa y aburrida pista (al menos, para mi gusto) y tomo una senda a la derecha, aunque me costó un poco dar con ella, porque el camino en esta zona se ensancha unos 20 metros para servir de cortafuegos y está delimitado por una zona boscosa donde no hay indicios del acceso a la senda, al menos visualmente, no está señalizada, así que tiro de track para dar con ella… y rápidamente, en un visto y no visto, paso de caminar por pista cómoda y sin apenas desnivel, con espacios abiertos y amplias panorámicas, a introducirme en una zona boscosa, con mucha vegetación de monte bajo que en el primer tramo acaba por semiocultar la senda, donde además, hay que esquivar algunos troncos caídos que la obstaculizan y siempre, y ya hasta llegar a El Gasco, en continua y a veces, pronunciada bajada.

Es un tramo éste de bajada pronunciada de unos 3 km que va progresivamente  y para mi gusto, junto con la primera parte del recorrido de esta ruta y las vistas que se disfurtan desde el Pico Tiendas o desde la zona del refugio, es de lo mejor de este recorrido, mientras que el largo e insulso, aunque cómodo, tramo de pista, es lo que menos me gustó.

Como he comentado, la primera parte de esta senda en bajada es íntegramente por el interior de una zona boscosa, que me gustó mucho recorrer y donde de nuevo me acompañó el trino de los pájaros. La senda sale del bosque para situarse en un amplio claro, donde se difumina por completo, en una zona donde se aprecian restos de un incendio y donde ya se tienen vistas más amplias que permiten orientarme, aunque tampoco hay mucha pérdida, solo es cuestión de seguir bajando.

En este claro me encuentro con numerosas mariposas como la ‘macaón’ (Papilio machaon), la “chupaleches” (Iphiclides feisthamelii) y alguanas Pieris.

Tras el tramo abierto donde la senda parece desaparecer, empalmo con una senda pedregosa, labrada por la mano del hombre, que en otros tiempos se utilizaría para acceder a zonas de cultivo, pequeños bancales hoy abandonados y donde ya se puede apreciar claramente a la izquierda, el núcleo urbano de La Fragosa, mientras que El Gasco, que  queda algo más a la derecha, aún no es visible.

Tras llegar a un desvío, giro a la derecha para dirigirme definitivamente hacia El Gasco a poca distancia, por zona siempre sombreada que desemboca que una zona abierta, junto a una antigua y abandonada era desde donde se divisan unos metros más abajo. las primeras casas de esta alquería y por debajo de ésta. la cuenca del Malvellido.

Antigua era

El Malvellido encajonado entre sierras.

Sin duda, otra ruta interesante, aunque con un tramo intermedio por pista que a mi particualrmente me resultó pesado y aburrido.

El track de referencia que he seguido para realizar esta ruta es el que está en  ESTE ENLACE

 

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