Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

30 mar 2026

Senderismo: El Chorro de las Batuecas (Valle de las Batuevas, La Alberca, Salamanca)

Bonita y entretenida ruta por el valle encajonado del río Batuecas, lineal y de corto recorrido, unos 10 km en total, con inicio junto al monasterio del Santo Desierto de San José de Las Batuecas y fin en una pequeña poza o charco donde se produce una caída de agua desde una altura de doce metros, que será espectacular tras épocas de lluvias, de otro modo solo veremos caer un pequeño chorro de agua, aunque merece la pena llegar allí y sobre todo a la parte superior de este salto, desde donde se produce la caída, porque la vistas que se tienen de todo el entorno  son magníficas, un lugar donde se pierde la noción del tiempo absorto por la belleza de este entorno natural, por la tranquilidad y silencio roto, tan solo, por los pequeños saltos de agua que se abren paso entre la roca pulida antes de precipitarse en el salto final provocado por ese brusco y repentino cortado.

Aunque el recorrido como tal empieza junto al monasterio, desde hace años se habilitado un parking, bueno realmente dos, separados apenas por 300 metros, situados junto a la estrecha y serpenteante carretera y al río Batuecas en una zona muy encajona, boscosa y casi en permanente umbría, en el límite en Cáceres y Salamanca, entre el pueblo hurdano de Las Mestas y La Alberca salmantina, un maravilloso tramo de carretera para hacerlo en bici,  subiendo o bajando al o desde el Portillo de las Batuecas y doy fe de ello, porque ya había estado de cicloturismo en esta zona, en viaje de varios días, realizando este recorrido en ambos sentidos, siendo mi primera vez allá por el 2001... ¡uf, da vértigo al echar la vista atrás y ver lo rápido que pasa el tiempo, la vida!…

El "Pino de las Batuecas"... en la foto no se aprecia el gran porte de este árbol de 22 metros de altura.
 

Dejé el coche en el primer parking que me encuentro subiendo desde Las Mestas, y continuando por un estrecho sendero de tierra, siempre por zona boscosa, algo que será la tónica durante todo el recorrido, encajonado entre sierras y junto a la carretera. A partir del segundo parking han construido una zona de pasarela de madera, que convierte este corto tramo hasta el monasterio en un “sendero accesible” para todos, pudiéndose realizar también en silla de ruedas, en un tramo muy frondoso, donde  podemos ver el célebre “Pino de las Batuecas” (se trata de un ejemplar de pino albar -Pinus sylvestris- de más de 200 años y 22 m. de altura) o un merendero con fuente antes de llegar al entorno del monasterio, donde nos encontraremos con un muro que delimita el recinto rectangular en el cual se encuentra, con un austero pórtico por el que se accede al recinto interior, donde podremos adentrarnos para empaparnos del silencio y recogimiento de este lugar situado en medio de la nada, en un bello entorno natural, pero no hay visitas turísticas, no está abierto al público, al turismo, aunque este  monasterio regido por un puñado de de Padres Carmelitas Descalzos, es también una hospedería, austera y espartana, como no podía ser de otra forma, para todos los que buscan paz y absoluta tranquilidad a través de la oración y la contemplación.


El sendero hacia el “chorro” parte desde el propio monasterio, bordeándolo por su exterior, entre el muro que lo delimita que queda a la derecha y el río Batuecas a la izquierda, y cuando digo pegado es algo literal, tan solo una pequeña senda que es sus primeros metros está totalmente cubierta por las raíces de los árboles y que en época de más caudal queda completamente anegada.

Unos metros más adelante el espacio entre el río y el muro del monasterio se hace más ancho y aparece a la izquierda un vetusto y pequeño puente de piedra desde el que parte una estrecha senda que en pronunciada subida sube hasta el Mirador de San José en un recorrido de ida y vuelta, un desvío aconsejable porque desde las alturas donde se encuentra este mirador, junto a la senda, se disfrutan de unas vistas encomiables, no solo de todo el recinto del monasterio, sino también del valle, observando cómo justo a partir del recinto del monasterio el valle se encajona entre farallones rocosos y masas frondosas de verdes bosques, entre la Sierra de La Alberca al norte, y la Sierra de Las Mestas al sur. Un lugar privilegiado desde donde podemos ver por donde se adentra el recorrido que se dirige tanto a los abrigos con las pinturas rupestres como al “Chorro de las Batuecas”.

Arriba, la foto que conduce hacia el "mirador de San José"; las dos fotos de abajo, son vistas del monasterio y su entorno desde el mirador.

Este desvío al mirador, forma parte del inicio de otra ruta circular que se puede hacer en esta zona, como es la “Ruta de las ermitas”, de hecho, en este corto trayecto entre el río y el mirador, pasaremos por las ruinas de dos ermitas, además de por una refrescante fuente.

De nuevo en el inicio del desvío, entre el puente y el muro del monasterio, continuo con la senda que se adentra en el valle, paralela al río, en una zona de bosque de galería donde también se puede ver algún que otro Tejo (Taxus baccata), en un recorrido frondoso, refrescante no solo por las aguas del río sino también por la sombra de la abundante arboleda, y es que en este primer tramo, hasta llegar al abrigo con las pinturas rupestres del “Canchal de la Cabras Pintadas” está señalizado como un PR (PR-SA 10).


En este inicio de recorrido, caminando por la zona más baja del valle, junto al río, el sendero de tierra se convierte en ocasiones en estrecho sendero rocoso, en los tramos más próximos al río.  También se pueden ver restos de antiguos oficios y costumbres, buscando el aprovechamiento del bosque y el entorno, como carboneras o restos de cercados de piedra a modo de corrales, para el ganado.

Al transitar por esta parte más baja del valle, no tenemos noción del entorno por el que transitamos, no tenemos opción a amplias vistas o panorámicas de todo este valle o de sus alrededores, algo que cambiará con forme vallamos avanzando en el recorrido.

No tardo mucho en llegar al desvío de ida y vuelta hacia el “Canchal de la Cabras Pintadas”, un corto desvío en pronunciada subida para ver las pinturas rupestres de este abrigo. No puedo decir que me llevé una desilusión porque ya sabía el estado de deterioro en el que se encontraban, apenas se aprecia nada a simple vista, en algunos de los paneles importantes si pueden llegarse a ver algunas cabras pintadas, pero gracias a unos paneles informativos podemos  tener una idea de lo que llegó a ser este abrigo en relación al arte rupestre; el paso del tiempo ha provocado un deterioro considerable, por no hablar de los actos de vandalización de las pinturas, que llevó a poner rejas al menos en los tres abrigos principales de esta zona, que son los que están señalizados, para impedir el acceso directo a ellas y que algunos irresponsables las dañen más de lo que ya están.

Abrigo del "Canchal de las Cabras Pintadas".
 
Croquis de como debierón ser las pinturas de este abrigo [Fuente: Guía de Yacimientos Arquelógiocos de Castilla y León]

Más allá de las pinturas rupestres, merece mucho la pena subir hasta este punto  porque comenzamos realmente a tener una visión panorámica del valle encajonado, en ocasiones entre paredes rocosas que se levantan casi verticales, como queriendo huir de la oscuridad del fondo del valle en busca de la luz, por no hablar de los abruptos cortados que aparecen bajo nuestros pies.

Tras el momento de contemplación, deshago el camino andado para volver a la senda y continuar por ella, de nuevo paralelo al río, hasta llegar a otro desvío, donde se puede ir hacia otro de los abrigos rupestres, como es el del “Canchal de la Umbría del Cristo”, éste situado a la izquierda del río, en otro desvío de ida y vuelta y también en una corta pero pronunciada subida, o seguir la senda hacia la derecha, donde en subida se llega también al tercero de los abrigos señalizados con pinturas rupestres, y desde donde se continua con la senda hacia el “chorro”.

Abrigo-cueva del "Canchal de la Umbíar del Cristo".  

 

Decido seguir el recorrido y dejar el desvío del “Canchal de la Umbría de Cristo” para la vuelta. Tras una corta subida, pasando por un antiguo corral con muros de piedra, una majá, se llega al “Canchal del Zarzalón”, a la derecha de la senda que se torna en esta zona más rocosa.

Este abrigo es el más pequeño de los tres señalizados pero con la misma dinámica: pinturas muy deterioradas, desgastas, vandalizadas y por consiguiente, abrigo enrejado, aunque de nuevo, con un panel informativo que nos muestra donde estaban y como eran estas pinturas en otro tiempo.

Vistas desde la zona del "Canchal del Zarzalón".

Desde aquí sin duda, comienza un tramo espectacular, con vistas que hacen que uno se detenga cada pocos metros para regodearse con la panorámicas, contemplado este majestuoso entorno, con la senda discurriendo por una especie de cornisa rocosa, entre paredes de pura roca a la derecha y cortados que se desploman hasta el río a la izquierda, y al otro lado, en una de las oquedades de una gran masa rocosa que se levanta sobre le río y el bosque, apare en la umbría, la enorme boca de la cueva en la que se encuentra, de nuevo precedida de una reja, el “Canchal de la Umbría del Cristo”.

Desde la zona del “Canchal del Zarzalón”, mirando hacia atrás...
 
Desde la zona del “Canchal del Zarzalón”, mirando hacia delante...

Desde el “Canchal del Zarzalón” o incluso creo que desde el desvío al “Canchal de las Cabras Pintadas”, ya no hay señalización de sendero como PR, aunque si hay algunas indicaciones como hitos de piedra, pero no hay pérdida, es solo seguir la senda y recreándonos desde arriba con las vistas… Mirando al frente y a la izquierda, ya aparecen las formaciones rocosas conocidas como “las catedrales”, a las que les siguen “las torres”,  verticales, a modo de torreones.

Caminando por la "cornisa".

Este pequeño tramo en el que se camina por una especie de cornisa o improvisado balcón natural, en el que si bien no tiene zonas expuestas o peligrosas, hay siempre que adoptar las oportunas precauciones, es una auténtica gozada, con unas panorámicas que uno quiere almacenar en la memoria, guardarlas en la mochila para no olvidarlas y tenerlas siempre presente.

Poco a poco la senda va perdiendo altura, al tiempo en que de nuevo se sumerge en zona boscosa, más en umbría, cruzando primero un arroyo cuyas aguas unos metros más abajo desembocan en el río Batuecas, al cual hay que cruzar también unos metros más adelante para proseguir con el recorrido desde la otra orilla. Es en este tramo entre el cruce del arroyo y el del río Batuecas, donde debemos obviar cualquier desvío a la derecha y seguir la senda paralela al río hasta que lo crucemos, saltando entre las piedras dispuestas para este fin, aunque en épocas de más caudal no quedará más remedio que cruzarlo descalzo o mojarse.

Nada más cruzar el río, entre arboleda, toca afrontar un corto pero duro repecho, hasta llegar arriba, donde en una de las curvas que hace la senda se encuentra el “mirador de las Catedrales”… no está señalizado, pero cuando se llega allí se sabe que uno está en el mirador, de nuevo con unas maravillosas y magníficas vistas.

 
Vistas desde el "mirador de las Catedrales".

Mientras se recupera el resuello tras el corto pero fatigoso repecho, podemos recrearnos con las vistas de “las Catedrales”, en frente, mientras que detrás quedarían “las torres”; a la izquierda, las vistas parciales del último tramo del recorrido realizado a media ladera por la cornisa; al fondo, mirando hacia el sur, los cerros de la Sierra de las Mestas, y en primer plano, el valle encajonado entre paredes rocosas y el bosque verde y frondoso.

El día, soleado y con buena temperatura, fue el ideal para disfrutar de este corto pero intenso y bonito recorrido, que apenas tiene dificultad física  y que puede ser ideal para hacerlo en familia, con niños.

Sigo hacia delante para afrontar el último kilómetro del recorrido, por senda que transcurre por zona con mucha vegetación y pegada al arroyo que se abre paso entre la piedra, formando pequeñas pozas, recubierta en algunos tramos por líquenes con la que adopta vistosos colores y tonalidades verdes y ocres.

En los últimos metros la senda se adentra de nuevo en una zona boscosa, cerrada, no se ve el “chorro” pero delata su cercanía el sonido del agua al caer sobre una pequeña poza-charco desde doce metros.

Por fin, entre la arboleda, un pequeño claro donde aparece la pared vertical por donde cae el chorro, nunca mejor dicho, desde unos 12 metros de altura… porque el arroyo en estos últimos días de marzo lleva poco caudal y para ver este paraje en todo su esplendor hay que venir en épocas de lluvias generosas… así que no me cogió de sorpresa ver un simple chorro de agua caer, pero la finalidad del recorrido no era meramente llegar hasta aquí para ver el salto de agua, sino el de disfrutar de todo este entorno natural.

El "Chorro de las Batuecas".
 

Tras hacer la típica foto, no para mucho tiempo allí y decido subir a la parte superior del salto, desde donde se desploma el agua, para hacer la pertinente parada para descansar y comer el bocata tranquilamente, mientras disfruto de unas maravillosas vistas de todo el valle y sus alrededores, en un silencio y tranquilidad total, con el hilo musical del ronroneo del agua al abrirse paso por el firme rocoso entre pequeños saltos de agua.


Una gozada disfrutar del tiempo que estuve por allí arriba, casi una hora. La vuelta, por el mismo sitio, la hago escudriñando más en los alrededores de la senda por la que voy y no mirando tanto hacia el horizonte, en busca de flora y “bichitos” que no acostumbre a ver por mi zona, pero la verdad es que en cuanto a flora no veo gran cosa en estos primeros días de la primavera más allá de algunos Narcissus bulbocodium en la parte superior del chorro de las Batuecas, o algunas violetas silvestres o algunas Vincapervincas (hierbas de la doncella o violeta de los hechiceros)… y aunque a la vuelta la temperatura había subido y vi muchas más mariposas en los alrededores de la senda que durante la mañana, eran más bien las que acostumbro a ver normalmente… tampoco me encuentro con ningún lagarto, algo que me hacía ilusión, aunque si muchas lagartijas del tipo Lagartija colilarga (Psammodromus algirus) o Lagartija noroccidental  (Podarcis guadarramae). Por último, acabé encontrándome con algunos ejemplares de Cabra montés (Capra pyrenaica victoriae) a poca distancia, aunque cuando se percataron de mi presencia salieron hacia arriba, monte a través.

Narcissus bulbocodium

 "Hierbas de la doncella" o "Violeta de los hechiceros" (alguna Vincapervinca... quizás Vinca major).
 
Violeta silvestre (Viola riviniana).
 
Limonera (Gonepteryx rhamni)

 
Manto bicolor (Lycaena phlaeas) 
 

En estas dos últimas fotos, la Lagartija colilarga (Psammodromus algirus).
 

En esas dos últimas fotos, la Lagartija noroccidental (Podarcis guadarramae).
  


Cabra montés (Capra pyrenaica victoriae)

Dentro de los tres días que iba a estar en esta Semana Santa entre tierras hurdanas y las Batuecas salmantinas, el alojamiento lo tenía en Pinofranqueado y como al terminar la ruta todavía tenía bastante tiempo de margen, me desplacé a Riomalo de Abajo para ver una vez más el meandro del Melero y aprovechar para tomar un café relajadamente mientras escribía unas notas en el diario. 

El track de referencia con este recorrido, sin el desplazamiento de ida y vuelta al mirador de San José (unos 800 metros en total) lo tenéis en ESTE ENLACE.

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