Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

2 dic. 2018

Senderismo Portugal (Sierra de la Estrella): Ruta del Jabalí (circular de 14 km).

Para nuestro segundo día en la Sierra de la Estrella (Portugal) la ruta a realizar no estaba asignada definitivamente, había que elegir entre hacer una ruta circular en la que se podían ver y visitar un conjunto de seis lagunas de origen glaciar y de diferentes tamaños (entre la que estaba la célebre, sobre todo de un tiempo a esta parte, Covão dos Conchos) o la ruta del Jabalí, también circular, rodeando el monte junto a Manteigas, con la visita al Pozo del Infierno y la posibilidad, en función de cómo se fuéramos de tiempo, de incluir otro recorrido circular pequeñito por esta zona de apenas tres kilómetros. A nivel visual, la segunda opción es más atractiva, porque prácticamente todo el recorrido es por bosques revestidos con el clásico manto otoñal de estas fechas

El problema de este segundo día, domingo, es que tocaba la vuelta a casa, y eso suponía cuatro horas y media de coche (y en mi caso algo más todavía), así que la ruta no debería ser muy larga con el fin de poder regresar a la casa rural donde nos alojábamos, ducharnos, recoger todo e irnos a comer a uno de los restaurantes de Manteigas, antes de emprender el largo regreso. Con estas premisas, descartamos la ruta circular por las lagunas puesto que suponía un desplazamiento de hora y media entre la ida y la vuelta, con lo que al final nos decidimos por la ruta del Jabalí, que salía desde la propia localidad de Manteigas y para no perder el tiempo que perdimos el día anterior para llegar desde nos alojábamos al inicio de la ruta, en esta ocasión decidios ir en coche.

Los coches los dejamos en la zona del barrio de San Antonio, cerca del hotel Berne, y unos metros más arriba de éste ya encontramos un panel informativo sobre la ruta a realizar.

Salimos de Manteigas por una calle empedrada y en fuerte subida hasta llegar a un cruce de caminos, donde nosotros tendríamos que seguir por la izquierda, ya que por la derecha es por donde regresaríamos para cerrar esta ruta circular.

Una vez que giramos a la izquierda la subida se suaviza y el recorrido es muy cómodo, por pista forestal, con el monte que tenemos que bordear a nuestra derecha, mientras que a nuestra izquierda tenemos unas buenas vistas de Manteigas, de la que nos separa el río Zêzere; en la falda de la sierra, las casas blancas de esta localidad aparecen bañadas por el sol, mientras nosotros caminamos totalmente en umbría, en un recorrido llano o incluso en ligero descenso, acompañados en todo momento por castaños, abetos y fresnos (estos más en los alrededores de los cauces de pequeños arroyos/torrenteras que van a parar al Zêzere).

Aunque el recorrido es cómodo y con buenas vistas en un principio, al girar a la derecha para seguir bordeando el monte frente a Manteigas todo cambia, y desde este punto y hasta llegar al Pozo del Infierno todo el trazado será en subida continuada, al principio siguiendo por pista amplia, donde continuaremos viendo el bosque a la derecha, pero a nuestra izquierda lo que iremos viendo será un valle cada vez más encajonado entre sierras, en una zona más abrupta, profunda, cubierta de arboleda, es la Ribera del Leandres antes de desembocar en el Zêzere.

Al llegar a un cruce, volvemos a girar a la derecha, abandonado la amplia pista para seguir por un camino donde desde mi punto de vista se inicia la parte más bonita de la ruta, adentrándonos poco a poco en el interior del bosque, en el corazón del “Mata de Carvalhais” (bosque de robles), en lugar de ir bordeándolo, como hasta ahora.

 Tramo de camino (Foto del compañero: Manolo Rodriguez)

Pasamos por una casa que queda a nuestra izquierda, junto al camino, en la que por encima de la puerta, sobre unos azulejos, se lee “Matas Nacionais”; se trata de la casa utilizada por la “Guardia Forestal de Carvalhais”.

Debido a la degradación a que había llegado la cobertura vegetal y los problemas de erosión del Condado de Manteigas, el Ayuntamiento, en sesión de 13 de octubre de 1888, decidió ceder para forestación los baldíos que todavía tenían a los Servicios Forestales, desarrollando estos un papel clave en la forestación de esta zona. Sin embargo, esta medida encontró fuerte resistencia por parte de los pastores ya que estos utilizaban los baldíos principalmente como pasto, llegando incluso en un determinado momento, a ser necesaria la intervención de una fuerza militar”.

A nuestra izquierda la Ribera de Leandres cada vez más encajonada, cada vez más profunda, aunque la masa forestal nos impide ver la mayor parte del tiempo sus partes más bajas, y es que al ser una zona de valles y sierras escarpadas, abruptas, el agua se precipita con fuerza horadando el terrero y haciendo que el vértice de la “V”que forma el valle sea mas profundo con el paso del tiempo.

Este tramo de camino es cómodo, la subida se suaviza y el camino serpentea entre el bosque, por zonas frondosas donde el agua predomina, rodeados de una espesa masa forestal que a priori debería ser un terrero propicio para la micología, sin embargo, apenas alcanzamos a ver algunos ejemplares de Amanita muscaria o de la Agrocybe aegerita (seta de chopo), algo que parece raro, tanto por el tipo de bosque como por el otoño de lluvias que hubo, o a lo mejor es que hay muchos amantes de la micología por esta zona y no dan tregua...

Junto al camino, podemos encontrarnos con pequeños arroyos como éste...
 Amanita muscaria
 ¿Seta de chopo (Agrocybe aegerita)?

El cazador cazado (Foto: Manolo Rodriguez)

Este tramo de camino bonito, entretenido y ligeramente en subida, termina justo cuando tenemos que realizar un brusco giro, de nuevo a la derecha, dejando el camino e introduciéndonos en una senda estrecha, empinada, totalmente tapizada de hojarasca de colores ocres, flanqueadas en ocasiones por barreras de helechos que se adentran en la senda llegándola a ocultar, caminado en medio de un espeso bosque, adentrándonos en su corazón, haciendo que todo en conjunto convierta a este nuevo tramo de senda en una auténtica delicia.

Senda recubierta completamente por una alfobra de hojarasca de tonalidades ocres.

 Senda flanqueda por helechos que en ocasiones llegan a ocultarla.

El recorrido desde su inicio va de menos a más, tanto en esfuerzo físico como en vistosidad. La pista forestal inicial que bordeaba al bosque se fue convirtiendo en un simple camino por el que nos íbamos adentrando en éste, para después el camino convertirse en estrecha senda oculta en ocasiones por helechos y cubierta totalmente por una alfombra de colores otoñales que acaba desembocado en una estrecha carretera, que al cogerla a la izquierda, nos conduciría al hito principal de la ruta, al Pozo del Infierno, un lugar idílico, un bello monumento geológico envuelto en un bonito entorno en el que ya tuve la suerte de estar seis años atrás, cuando llegué a este lugar en unas vacaciones de Semana Santa a lomos de mi fiel “Bucéfalo” (o sea, mi bici de cicloturismo).

El Pozo del Infierno es una pequeña cascada, un salto de agua natural de aproximadamente diez metros, que en los duros inviernos puede llegar a helarse, rodeados de paisajes muy escarpados donde nacen líneas de agua como ésta del Pozo del Infierno o la del Ribera del Leandres. En las partes más altas de la cascada se encuentran rocas corneanas (originadas por el fenómeno que se produce cuando el magma caliente asciende atravesando las rocas ya existentes). Una escalera con estrechos peldaños esculpidos en roca que nace desde la misma estrecha carretera, seguida de un pequeño puente, nos acercarán aún más al salto de agua para poderlo disfrutarlo y sentirlo más de cerca, además de ser el sitio propicio para las típicas fotos.

 JuanMi sobe el pequeño puente que da acceso al charco donde cae la cascada.
 
 El grupo tomando un piscolabis junto a una de las mesas merenderos, con la pequeña cascada del Pozo del Infierno de fondo.

Pequeña cascada del Pozo del Infierno (Foto: Manolo Rodriguez)

En los alrededores, fuentes, algunas mesas merenderos y varios miradores, unos naturales y otros construidos para gozar tanto visual como emocionalmente de este entorno que permanece en umbría, algo que contribuye, junto a las bajas temperaturas propias de diciembre a que los cuerpos se quedan fríos rápidamente, y más después de subir el fuerte repecho por senda para llegar hasta aquí, así que un pequeño piscolabis y a continuar.


 En las dos fotos de arriba, merenderos a los que se accede por una escalera que baja desde la carretera hasta el cauce de la línea de agua del Pozo del Infierno, vistos desde uno de los miradores construidos para poder observar todo los alrededors en 360 grados.
 En una de las curvas que hace la carretera podemos disfrutar de otro de los miradores naturales a la Sierra de la Estrella, a su parte norte en este caso.

La idea era unir la ruta de Jabalí, con otro pequeño recorrido circular por el Pozo del Infierno, de apenas tres kilómetros, creando una ruta en forma de ocho, pero como no queríamos entretenernos mucho por el tema del viaje de vuelta a casa, que eran casi cuatro horas y media, decidimos continuar haciendo sólo la ruta del Jabalí, realizando finalmente un recorrido de 14 km, algo más de lo inicialmente previsto.

Desde el Pozo del Infierno retrocedemos unos metros hasta llegar al parking, y desde allí, junto a un panel informativo, cogemos un sendero en subida, de firme irregular, con mucha piedra suelta, que en con un trazado en zig-zag va ganando altura rápidamente, con unas magníficas panorámicas al volver la vista atrás mientras hacemos alguna breve parada para tomar un respiro, es un sendero de los que me gustan, de montaña.

 Sendero en subida desde el Pozo del Infierno, de firme irregular, con un trazado en zig-zag que gana altura rápidamente, con unas magníficas panorámicas a nuestra espalda.

Conforme vamos ganando altura, la zona de arboleda va desapareciendo, la vamos dejando atrás, y al final del último y fuerte repecho llegamos a una especie de penillanura donde el bosque por el que hemos venido caminado desde el principio de la ruta queda más abajo, mientras nosotros continuamos caminando por senda entre zona de retamas y escobas, en un paraje muy abierto y salpicada de muchos bolos graníticos, un paisaje diferente, nada que ver con el habíamos traído hasta ahora, no estoy seguro, pero creo que a esta zona le llaman el “Valle del Agujero”.

 Último y fuerte repecho de la ruta, donde se dejan atrás los últimos árboles...

Nuestra compañera Ana, caminando por la senda envuelta en un mar de arbustos, de retamas y escobas.

Elcompañero Antonio sobre uno de los numerosos bolos graníticos que podemos encontrar en esta zona.

Salimos en perpendicular a una carretera estrecha con firme muy deteriorado; giramos a la derecha y seguimos por ella durante unos metros, para después girar a la izquierda y coger un antiguo camino que en larga y fuerte bajada, primero con firme de tierra y después por un bonito camino empedrado, nos va acercando de nuevo a Manteigas.

 Camino empedrado en la bajada a Manteigas (Foto: Manolo Rodrigez)

Ahora el proceso es al contrario que antes, o sea, conforme vamos perdiendo altura, vamos dejando atrás el paisaje abierto, desarbolada y lleno de bolos graníticos para ir introduciéndonos de nuevo en un espeso bosque, “Carvalhal de Quercos pirenaica (Rebollo)”, en medio del cual transita el camino empedrado, con vistas al Valle del Zêzere, el mismo que estuvimos recorriendo el día anterior.

 Bajo la niebla, el Valle del Zêzere.

Apenas a un kilómetro o kilómetro y medio antes de finalizar la ruta, pasamos de nuevo por otra casa, en este caso la Casa dos Serviços Florestais (Casa de los servicios Forestales), junto al Horto Florestal (vivero forestal de arbustos).

Durante el último tramo de bajada, disfrutamos de diferentes y bonitas vistas del pueblo blanco de Manteigas, aunque realmente toda la bajada resulta muy entretenida y bonita, al igual que la ruta de la que todos nos llevamos un grato recuerdo y en la que sólo nos ha faltado hacer el recorrido circular por el Pozo del Infierno para completar una estupenda ruta de senderismo (bien señalizada con el indicativo PR-2-MTG) por este espectacular bosque de Mateigas, donde además de encontrarnos principalmente con árboles como robles, y castaños, podemos ver otros como fresnos, sauces (más cercas de los cursos de agua) o como el abeto de Douglas, el abedul y el serbal que son especies algo más raras en Portugal.

 Ejemplo de uno de los tramos de bajada a Manteigas en la parte final del recorrido.

Manteigas, vista desde la bajada final.

Como apunte literario, buscando información de la ruta leí que parte de este recorrido fue el que realizó Horacio, un personaje de la novela neorealista de Ferreira e Castro, “La Lana y La Nieve”, cuando se “enfrentó a un largo camino a pie entre Manteigas y Covilhã en busca de una mejor vida, buscando un empleo en la industria tejedora para así poder comprar la casa de sus sueños. En esta novela Ferreira e Castro descibre los lugares por donde Horacio pasó, de una manera muy fiel a la realidad del patrimonio natural del pueblo de Manteigas, representando la fuerza del personaje en pleno escenario de la Segunda Guerra Mundial, en un contraste entre el mundo rural y el proletariado”.

Al llegar a la zona donde habíamos dejado los coches, una pequeña espera para el reagrupamiento. Una vez que estamos todos, volvemos de nuevo a la casa rural, donde tras la ducha y recogida del equipaje, tocaban unas cervecitas y unos piscolabis, antes de irnos al centro de Manteigas a comer en un restaurante que previamente habíamos reservado.

Lo peor de todo es el viaje de vuelta, que se hace muy laaarrrgoooooo y más para mi, que llegue a las once de la noche a casa, el último de todos en llegar... pero el fin de semana ha compensado con creces el largo desplazamiento, con dos rutas muy buenas, interesantes y vistosas, donde todo ha salido bien y donde de nuevo he podido disfrutar de la compañía de este grupo con el que hay tanto feeling... ¡lástima que sólo podamos hacer dos o tres escapadas de éstas al cabo del año!...

¡NOTA!: Todas las fotos que aparecen aquí y alguna más, a mayor resolución podéis venla en ESTE ENLACE.

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