Llegamos a Llerena sobre el horario previsto, aparcamos y directos a la plaza, todavía de noche y con buena temperatura, lo que hacia suponer que al mediodía iba a hacer más bien calor.
En la puerta del Ayuntamiento, a esa hora se podían contar con los dedos de una mano el personal de la organización, pero poco a poco fueron llegando y cómo estábamos sin hacer nada empezamos a contribuir sacando las mesas y las sillas a donde el personal que fuera llegando para recoger su 'pulsera' de control tendría que dirigirse, en función de la letra de su apellido, para agilizar el proceso y repartir al personal entre las distintas mesas.
Como nosotros no teníamos asignada ninguna tarea y aún faltaban algunos de los que tenían que estar en la mesa por venir, nos ofrecimos a colaborar, porque ya empezaban a llegar los primeros senderistas, así Antonio y Enrique se sentaron en una mesa, y yo me senté con Basilio.
Poco después llegaron los que deberían estar en la mesa de Antonio y Enrique, así que ellos esperaron un rato y finalmente se fueron hacia la estación de autobuses.
El plazo para 'fichar' y recoger la documentación estaba previsto entre las 7:30 y las 9 de la mañana, para que la gente fuera viniendo escalonadamente y se fuera dirigiendo hacia la estación de autobuses, desde donde irían saliendo estos en dirección a la Mina de la Jayona (alrededor de media hora, o poco más) desde donde se iniciaba la ruta.
Yo me quedé en la mesa con el compañero hasta que vino su mujer, alrededor de las 8:30, y aunque no me importaba quedarme hasta el final, Basilio me recomendó que me fuera porque sino me iba a tocar subir la sierra, en los últimos kilómetros, con toda la calor, y además a él le había tocado este año ser el que cierra la marcha, lo que significa que saldría el último e iría al ritmo del último, cerrando filas, lo que significaba que podía acabar sobre las 4:30 o 5 de la tarde en el mejor de los casos...
Antes de coger el bus, me fui a un bar a desayunar, y allí estaba también Jesús de Quintana, desayunando, al que ya había visto antes cuando estaba en la mesa, al igual que a Isabel, su mujer y a otros de Quintana, que venían a hacer la ruta y que ya habían partido, aunque él estaba todavía en proceso de recuperación después de una operación y se limitaría a esperar pacientemente a que finalizara la marcha Isabel...
Me voy con él hacia la estación, y a las 9:05 creo que me parto desde el que creo que era el penúltimo autobús. Allí, en la estación, se encontraba Ángel, megáfono en mano, dando la bienvenida a todos los que montaban en el autobús, y dando unas normas básicas de comportamiento a tener en cuenta a lo larga de esta marcha.




































































































































