Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Senderismo: Sierra de Aracena (Alájar-Peña Arias Montano-Castaño del Robledo-Galaroza-Fuenteheridos)

Aunque algo tarde, creo esta nueva entrada para dejar constancia de una ruta senderista que realicé el mes pasado por la Sierra de Aracena, con los ASTOLL. Una muy buena ruta, una de las mejores rutas que se pueden realizar y sobre todo en otoño, al menos para mi, desde el puesto de vista del entorno natural, porque prácticamente todo el recorrido, unos 17 km, transita por bosques de castaños y robles melojos, al margen de bosque de ribera junto a los ríos, además y como a mi me gusta, por caminos estrechos, caminos flanqueados por vetustas paredes de piedra cubiertas de musgo, senderos estrechos cubiertos de un manto de hojarasca ocre con su característico sonido al pisarla, auténticos túneles de vegetación que hacen que en muchos tramos de la ruta, a pesar de que el día lucía un sol radiante, fuéramos completamente a la sombra, y además, una ruta apta para todo tipo de público porque en cuanto a dificultad física podríamos calificarla de baja, si además le añadimos que es época de recogida de castañas y que puedes ir recolectándolas por el camino, y sin olvidar que es también época de setas y que esta zona es propicia para ellas... ¿qué más se puede pedir?... pues si, se puede pedir aún algo más, como hacer la ruta un mes más tarde para ver el bosque con una mirada diferente, verlo bajo la otoñada y si es después de una época de lluvias mejor, porque a pesar de la zona que es, siempre la recordaba muchos más húmeda de lo que estaba, de hecho, apenas vimos rastro de setas, ni buenas ni malas ni regulares.

 Transitando por los senderos rodeados de castaños y robles...


Si bien es cierto que no fuimos en plena otoñada, al menos coincidimos con la feria del jamón en Aracena, y unido al día espectacular en cuanto a sol y temperatura, hizo que el ambiente que se respiraba fuera grandioso, no sólo en Aracena, sino en cualquiera de los otros pueblos por los que pasábamos, mucho sevillano, que les coge cerca, pero también muchos pacenses, porque al igual que nosotros, otro grupo senderista y bastante numeroso, como los de Almendralejo, también andaban por allí, aunque ellos hacían la ruta circular, mientras que nosotros hacíamos una ruta en línea, prácticamente coincidíamos, excepto el último tramo que es el que cierra el círculo.

La ruta, una de las clásicas: “Alájar - Peña Arias Montano - Castaño de Robledo – Galaroza – Fuenteheridos”, aunque hay muchas por este P.N. de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, unas como ésta, donde todo el recorrido transita por bosques de robledales y castaños, otras por zonas de dehesas, otras que mezclan ambos, y en todas, bonitos pueblos que conservan ese aroma serrano en sus construcciones, buen sitio para pasar un fin de semana, y sino que se lo pregunten a los sevillanos...

 Bosques, ríos y una vegetación exuberante es lo que podemos encontrarnos durante todo el trazado de esta ruta.

No voy a hablar mucho de la ruta a pesar de que es una de las mejores en cuanto a la práctica del senderismo para estar en contacto con la naturaleza, aunque como siempre digo, desde mi punto de vista, y la razón de ello es porque ya he estado por aquí en bastantes ocasiones, tanto con la bici de montaña en compañía de mi grupo de Sevilla, los “Toros Bikers”, con los que tan buenos momentos he compartido y tanto me han enseñado, como de senderismo con mi amigo Nando, ahora en Austria, demasiado alejado de esta zona y este clima, al que sin duda echa de menos... aunque claro, de todo eso hace ya mucho tiempo, quizás doce o trece años de la última vez que estuve por esta zona haciendo una ruta con la bici de montaña, con un trazado similar al de esta ruta, dejando los coches en Aracena y siguiendo por caminos y senderos por Linares de la Sierra, Alájar, la Peña, Castaño del Robledo, Galaroza, Valdelarco, los Marines y de nuevo Aracena, o haciendo alguna variante por Santa Ana y Jabugo, aunque menos tiempo aún, unos cuatro o cinco años, que estuve haciendo una ruta cicloturista, por carretera, en plena época navideña por esta Sierra de Aracena y por la cuenca minera onubense, e incluso el año pasado también estuve de senderismo por esta sierra, pero justo en el extremo más occidental, en Encinasola, ya junto a la frontera portuguesa....

Así que supongo que es por esto por lo que no voy a hablar en demasía de esta ruta. Distinto sería si hubiera sido la primera vez que la hiciera o estuviera por esa zona, pero como no es así, no tengo esa capacidad de asombro o de sorpresa o al menos no tanta como alguien que no esté acostumbrado a rutas de este tipo y la haga por primera vez y sobre todo bajo una otoñada... De cualquier forma me sirvió para recordar, para añorar otros tiempos, para disfrutar del entorno y de buenos amigos a los que algunos llevaba sin ver desde el mes de mayo cuando estuvimos haciendo una circular por Peñalara, y para recrearme, junto a ellos, con la gastronomía lugareña, degustando unos exquisitos platos de setas acompañados de unas cervezas bien merecidas después de la ruta...

 Mercadillo otoñal en Fuenteheridos
Balcón florido en Fuenteheridos

Haciendo esta ruta he tenido sentimientos de nostalgia y “morriña”, recordando viejos tiempos, cuando venía por aquí en invierno, y ya va casi para veinte años, ¡uff que mayor se va haciendo uno!, con mi amigo Nando, en nuestra época venteañera, cuando por aquella época no existía o no pegaba tan fuerte eso del senderismo, o mejor dicho, cuando el senderismo era salir al campo, perderse en el monte, en la sierra, como aquella célebre frase entre el mundo de los geólogos que dice que “para un geólogo, la vida es una excursión al campo”. Eso lo que hacíamos nosotros, ir a la sierra, al monte, al bosque, perdernos... cuando eso del senderismo no era una moda sino un sentimiento, una razón de ser, cuando entonces no existía el famoso GPS o era algo prohibitivo, cuando no teníamos tanta información como hoy en día con internet, ahora que cualquiera puede consultar cualquier cosa en su móvil on-line, en directo, cuando nos orientábamos con uno de los típicos mapas del ejército escala 1:50000 y una brújula a lo sumo, cuando eso del 'gore-tex' sonaba aún muy 'pro', muy élite, cuando no estaba el “Decathlon” para vestirte de arriba a bajo e ir de punta en blanco, luciendo modelito, con lo último en zapatillas o camisetas térmicas, que en ocasiones más que salir al campo parece que uno está asistiendo a un desfile de la pasarela Cibeles, cuando la mochililla que llevábamos era la misma con la que íbamos en bici a la universidad, que lo mismo servía para un roto que para un “descosío”, cuando no existían los teléfonos móviles de hoy que más que teléfonos parecen ordenadores y lo mismo te hacen fotos que te graban vídeos, que te llevan la ruta marcada en GPS o te dicen las calorías que vas gastando y la velocidad que llevas, cuando en el mejor de los casos, tenías móvil pero la cobertura se iba al internarnos en la sierra, cuando todo lo más que tenías por cámara de fotos era alguna cámara desechable que comprábamos a media el día antes (seguro que muchos no saben ni qué es eso o les suena a chino) para 20 o 30 fotos porque no había dinero para más, hasta que empecé a trabajar y compré mi primera reflex, pero aún así, el revelado costaba un pico, y uno siempre intentaba hacer un foto o un par de ellas, de algún sitio que te gustara, buscando que quedara lo mejor posible... hoy no, o todo da igual, todo vale, 'barra libre', sea con una cámara digital o con el móvil, el personal dispara a diestro y siniestro, da igual el encuadre, la luz, si sale cortado o de cuerpo entero, y así, en cualquier ruta es fácil que alguien te haga 100 o 200 fotos, muchas de ellas iguales unas a las otras, sin comentarios de ningún tipo que muestren lo que se está viendo o lo que es, o lo que intentas tu ver en el momento de la foto, y después lo suben al facebook o a cualquier otro sitio, y te atiborran de fotos que seguro ni siquiera se molestan ellos en ver antes, porque sino digo yo que harían una selección de las mejores y después las subirían, pero no, te suben 'a saco' todo, y claro, si eso lo multiplicas por cada uno de los que van a la ruta, te encuentras con tropecientas fotos, similares, buenas, malas o regulares, y en muchas lo que se observa es el afán de estar, de posar, de hacer una foto en cada árbol, en cada fuente, en cada puerta porticada, en cada arco, en cada piedra que resulte distinta y exponerla rápidamente para que todo el mundo sepa donde estoy y esperar de paso los comentarios y respuestas, en lugar de compartir y sentir el entorno, y claro, después de ver 15 o 20 fotos, al final te acabas aburriendo y ya pasas de seguir viéndolas, ¡total, va a ser más de lo mismo!.... como dicen algunos de los que están dando la vuelta al mundo y llevan muchos años viajando “hoy en día se conjuga el verbo viajar como estar, o mejor, como mostrarse en un lugar”, o como mejor comenta Álvaro Neil, el biciclown en una de sus reflexiones viajando en bici dando la vuelta al mundo: “Muchas veces he visto turistas llegar a un lugar, a una puesta de sol, o situarse ante unas imponentes ruinas y, antes de disfrutarlas, de tratar de abarcarlas con la mirada, las fotografían. Hay una urgencia por dejar testimonio de lo vivido más que por vivir, por contarlo en un blog a los amigos. A veces incluso antes de que ocurra algo. Se viaja para contarlo y se llega antes de salir”... ufff, totalmente de acuerdo.

Por todo esto, amigo Nando, si lees este artículo, decirte que va por tí, y por todo lo que hemos podido sentir y disfrutar juntos con lo poco o mucho que hemos podido realizar en aquella época, y también con lo que no hemos podido llevar acabo, con los planes que se quedaron sobre la mesa de alguna cafetería de Sevilla, en alguna que otra tarde de sábado tomando café, o con los viajes de otros conocidos que compartíamos y que nos ponían los dientes largos, con nuestras primeras incursiones invernales en la montaña, cuando disfrutábamos de la naturaleza, cuando nos sorprendíamos con cualquier cosa cual chiquillo al ver los reyes magos, como aquel día de invierno bajando del Mulhacén, antes de pasarlo tan mal días después ¿te acuerdas?, cuando de pronto no se nos ocurrió otra cosa que sentarnos sobre la nieve, con la boca abierta, viendo el espectáculo que teníamos ante nuestros ojos al ver las nubes y la niebla entrando y saliendo por la zona del refugio del Poqueira bajo las montañas nevadas, sin decir palabras,... "Y alli arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador", que diría Miguel de Unamuno cuando trepaba por las cumbres de Gredos. ... ¡Dios, aun tengo esos retazos de recuerdos en la memoria sin necesidad de cientos de fotos!... decía un alpinista francés, Maurice Herzog, “No es más quien más alto llega, sino aquel que influido por la belleza que le envuelve, más intensamente siente”.

Termino esta entrada en el blog, donde más que hablar de esta bonita y majestuosa ruta, me ha servido de reflexión y de pensar en voz alta, con una cita de Jean-Jacques Rousseau: "Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: La Naturaleza", lamentablemente, algunos se obcecan en no ver este libro, aunque lo tengan delante de sus ojos, porque buscan más la pose, el protagonismo, el decir aquí estoy yo, que el sentir, conocer, aprender, divulgar...


2 comentarios:

  1. Justo esa ruta Alajar-Fuenteheridos la hicimos tú y yo recuerdas?, creo que fue en verano.Magnificos recuerdos del pueblo semiabandonado Calabacino, que está al inicio de la ruta, al lado de Alajar, de los castanos, de las casas abandonadas construidas con lajas de pizarra,...Muchas gracias Manolo por recordarme.Un fuerte abrazo,Nando

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    1. Si Nando, la diferencia con esta ruta es que nosotros creo que pasamos a la vuelta por Calabacino, como bien indicas. Un abrazo.

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