Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Otoño Mágico (I) - Ruta Senderista por los Bosques del Ambroz.

 [Para ver las fotos de toda la ruta, Pincha AQUÍ

  El viernes salí con el grupo ASTOLL en bus desde Llerena, sobre las cinco de la tarde, camino del Valle del Ambroz, y más concretamente, a Hervás, donde nos alojaríamos, ya que era el punto de inicio de las dos rutas que había programado la asociación para el fin de semana. El autobús al completo, como suele ser habitual en las excursiones de fines de semana que organiza ASTOLL.

  Llegamos a Hervás pasadas las 9 de la noche, y nos alojamos en la Platea, que es como creo que se llamaba este alojamiento que recrea un antiguo corral de comedias, con un amplio patio central y una plataforma en un extremo, que haría las funciones de escenario. Todo el patio se encuentra rodeado de pequeños apartamentos, repartidos en tres pisos o galerías; en total creo que son unos 15 apartamentos, cada uno de ellos dedicado a un escritor del siglo de oro español. En las galerías de arriba, a un lado quedan los apartamentos y al otro el patio, y mirando hacia abajo se tendría una vista privilegiada de cualquier representación que pudiera realizarse sobre dicho “corral de comedias”; más tarde, mientras tomábamos unas cervezas antes de cenar, le comentaríamos a una de las camareras del bar de este alojamiento, si se ha llegado a realizar alguna representación, pero nos comenta que de momento no, aunque con ese fin se hizo.

  Los apartamentos son pequeños, coquetos y completitos: la cocina con todos sus aperos, incluidos nevera y microondas, cuarto de baño, una habitación de matrimonio, otra habitación con dos camas y cuarto de baño interior, y salón con sofá que podía transformarse en dos pequeñas camas, al menos este es el apartamento que me tocó a mí compartir con la familia Boceta, y con Enrique y su mujer, aunque supongo que habrá otros más pequeños.

  Como suele ser habitual, la cena es libre, cada cual que se lo monta como quiera, y habiendo tanta gente es inevitable y hasta aconsejable, diría yo, que se acaban formando pequeños grupos: unos van de tapeo, otros optan por una cena más típica en bares o restaurantes y otros, como nosotros, esta primera noche nos quedaríamos en nuestro pequeño apartamento para cenar allí, aunque a mí me daba igual, pero el amigo Enrique había traído cena para preparar, y si cenábamos fuera se iba a estropear, así que como he dicho, esta noche lo haríamos así y mañana sábado saldríamos a dar una vuelta y cenar en plan tapeo.

  El sábado habíamos quedado a las 8:30 para coger el bus que nos llevaría hasta el pequeño pueblo de Garganta, después de pasar por Baños de Montemayor. Garganta era el punto inicial de esta ruta, “Los Bosques del Ambroz”, una ruta que en el próximo fin de semana se haría masivamente, con cerca del millar de personas, organizada dentro de la programación del “Otoño mágico” en el Valle del Ambroz.

  El día amaneció gris, triste, y con un mucho viento, aunque en principio la previsiones eran de tiempo revuelto pero sin lluvias, que es lo que al final tuvimos, o sea, nubes y claros, con fuerte viento, aunque una vez adentrados en la ruta, al transitar ésta entre bosques de castaños, apenas notamos los efectos del dios Eolo.

  La ruta comienza saliendo de Garganta, en subida, por un sendero que nos lleva hasta la carretera local que viene ascendiendo desde Hervás y que conduce a Candelario, una carretera conocida de sobra por mi, y es inevitable que a mi cabeza vengan los recuerdos de esa ruta cicloturista que hice hace ya unos años (por la Sierras de Béjar, las Hurdes, las Batuecas y la Sierra de Francia), en la compañía de Alejandro y Edu, en unas navidades con un frío espantoso, y en la que después de coronar este puerto, una vez dejada la localidad de Garganta a la izquierda, llegamos a Candelario con apenas 2 grados de temperatura, y posteriormente, nos estaría nevando durante toda la ascensión a la plataforma del Calvitero, en lo que sin duda sería una de la etapas y rutas cicloturistas que más se quedan grabadas en la memoria, y en la que al igual que hoy, partimos de Hervás con un fuerte y desagradable viento.

  Cruzamos la carretera y seguimos subiendo un poco más por un camino hasta llegar a un pequeño collado. Desde aquí ya todo es bajada hasta Hervás, unos 8 ó 9 km, punto intermedio de la ruta y destino final para el que quisiera retirarse, puesto que allí es donde nos alojábamos.


  Desde este pequeño collado, el camino, que desde aquí como he dicho antes es en descenso, se estrecha más, estando flanqueado por paredes de piedras, y el firme que hasta ahora era de tierra, a partir de aquí es empedrado, enlosado, con piedras redondeadas, desgastadas.


  Poco a poco nos vamos adentrando en una zona más frondosa, cubierta de arboleda a ambos lados, donde se pierden las referencias puesto que no se puede divisar más que la zona boscosa donde nos adentramos, al tiempo que el camino cada vez se va haciendo más y más estrecho, hasta convertirse en un sendereo empedrado que desemboca en una especie de pradera precedida por una cancela. Un gran espacio abierto, una llanura desde donde se tienen buenas vistas de las sierras de la otra cara del valle, del lado opuesto al que nos encontramos, con los picos del Pinajarro, el Calvitero y la Muela.

  Una pradera, una llanura antes de seguir descendiendo, que contrasta con el pequeño tramo de zona boscosa que hemos dejado atrás, y con el gran bosque en el que nos adentraremos posteriormente, y que ya no abandonaríamos hasta que llegáramos a los alrededores de Hervás.


  En este llano, en esta pradera, en este espacio abierto, zona de vacas a juzgar por las muchas boñigas que encontramos, tan sólo algunos árboles desvestidos de cualquier manto de vegetación, sólo su tronco muerto y sus ramas inhiestas unas, retorcidas otras, levantadas hacia el cielo, contrastando su negra piel sobre un fondo con un cielo gris, que parecen expresar un llanto desgarrador, un sufrimiento...



  Junto a una casa-ermita que queda a nuestra izquierda, una cancela cutre formada por un viejo somier oxidado, hace la frontera entre esta pradera, este espacio abierto, y el resto de la ruta, que a partir de aquí, como he comentado antes, se adentra de lleno en los bosques de castaños del Ambroz, por caminos y senderos empedrados, enlosados, bajo una alfombra ocre de hojarasca, envueltos en muchos tramos dentro de un túnel de vegetación, una joya, un paraíso para los senderistas sobre todo en esta época del año, en los que en las zonas que quedan abiertas a nuestra izquierda, hacia el valle, a modo de ventana, se pueden divisar la explosión de colores, las diferentes tonalidades de ocres, verdes, pardos y rojizos que bien parecen salidos de la paleta de un pintor; cada revuelta del camino, cada ventana que se abre a nuestra izquierda, parece un punto obligado para detenerse, para deleitarse con el paisaje y para hacer las típicas fotos, así que no es de extrañar que me quedara de los últimos del grupo.







  No éramos nosotros el único grupo haciendo senderismo por esta zona, nos encontramos con otros dos grupos más, aunque creo que el nuestro era el más numeroso, y es que en esta época del año y en fin de semana, esta zona es ideal para practicar senderismo y deleitarse con las vistas, es más, creo que es el próximo fin de semana cuando estaba prevista la ruta organizada, o mejor dicho, la macroruta, con el mismo recorrido que el que estábamos haciendo nosotros hoy, y al que puede asistir en torno al millar de personas, lo que desde mi punto de vista desvirtúa toda la magia que envuelve a este recorrido.

  Un tramo de bajada por un sendero desemboca en un cruce con un camino más ancho, y hacia la izquierda, está el grupo esperando a los 5 ó 6 rezagados, como el que esto escribe, porque en lugar de seguir el camino recto hay que girar hacia la derecha por un sendero en bajada, aunque la verdad es que el camino está bien señalizado.


  Como aún faltaban dos o tres personas más por llegar, el grupo que llevaba ya un tiempo esperando siguió camino adelante, y junto a otros dos, me quedé esperando en el cruce para que los que los que aún quedaban por llegar no se equivocaran en el camino a seguir.

  Una vez que llegaron los compañeros que faltaban, emprendemos la baja por este sendero en el que al principio aparecen tramos enlosados, para después seguir por firme de tierra pasando por zonas más húmedas.

  A partir de aquí me uno a Ángela y a Jose, aficionados a la micología, un mundo que me atrae mucho y del que gustaría introducirme de lleno, pero para ello lo mejor sería, aparte de leer mucho sobre ello, estar con alguien que realmente sepa del tema y poder estar a su lado 'absorbiendo' conocimientos, así que como ellos dos, poco o mucho, pero saben de este tema más que yo, intento ir a su lado y así empezamos a hacer parada cada dos por tres, cada vez que vemos una seta, disertando sobre si es tal o cual, lo que hace que nos vayamos retrasando mucho, muchísmo, pero vamos disfrutando, no hay prisas, aunque Ángela se impacienta de vez en cuando porque a lo mejor nos están esperando y nosotros vamos con excesiva “calma chicha”, pero con llegar sobre las dos o las tres, tenemos tiempo más que suficiente para comer y después coger el bus para hacer la visita a Granadilla.

  Pasamos por un par de ríos, pero sobre todo, el que merece una parada para hacer una foto, es el río del Valle, que cruzamos pasando por un bonito y bucólico puente de piedra, dentro de un bosque que parece sacado de un cuento de hadas.




  Seguimos camino, entre parada y parada cada vez que veíamos una seta, hasta llegar a las cercanías de Hervás. Poco a poco hemos ido saliendo del bosque en el que hemos estado inmersos y vamos accediendo a una zona más abierta donde aparecen ya las huertas y campos de labor, aprovechando la vega del río Ambroz, síntoma de la cercanía de una población.

  Después de dejar atrás la antigua vía de tren, ya completamente oxidada y envuelta en la maleza, es cuando se tienen unas bonitas vistas de Hervás, de su judería, de su casco antiguo que también merecen una parada para hacer la foto.

  Nos adentramos en Hervás cruzando otro bonito puente de piedra sobre las aguas del río Ambroz, que nos dejan frente a la calle que da acceso a la judería, a la parte más bonita de esta localidad, aunque nosotros seguimos hacia la derecha, bordeando al pueblo y siguiendo las indicaciones de la ruta. Jose, Ángela y yo, nos hemos quedado solitos, somos “los últimos de Filipina”.


  Después de un momento de incertidumbre en una de las glorietas de entrada a Hervás, damos de nuevo con las indicaciones y seguimos el trazado de la ruta que pasa justo por delante de la puerta del lugar donde nos alojábamos, aunque antes pasamos por la zona del mercadillo, donde ya vemos a otros compañeros, que no se si es que ya se quedan aquí y después van a Gargantilla en bus o siguen hacia delante, cosa que me extraña, porque se les ve muy entretenidos con los productos gastronómicos locales.

  Nosotros seguimos camino, dejando la Platea, que es donde nos alojamos, a la derecha, y seguimos la carretera que nos conduce a la salida del pueblo, pasando de nuevo bajo la antigua vía de ferrocarril, y siguiendo el trazado de la ruta, de nuevo por bosques de castaños y robles, sólo que ahora hay un tramo más aburrido, de unos 3 km, al ser por carretera local, aunque sin tráfico ninguno. Es en este tramo, donde se unen a nosotros Magdalena y Mercedes, que nos habían visto pasar cuando pasamos junto a la Platea, y habían salido a la busca y captura nuestra, así que los cinco definitivamente haríamos esta última parte del recorrido, y creo que finalmente también fuimos los últimos en llegar, porque el resto, los que se quedaron en Hervás, irían en bus.

  Acabamos dejando la carretera y cogiendo un camino a la izquierda, introduciéndonos en pleno bosque, y llegando hasta el pequeño puente que cruza la Garganta de Andrés, parada obligada para hacer alguna que otro foto, contemplar las vistas de esta garganta con sus aguas corriendo raudas y veloces entre el bosque de castaños, y de paso, recuperar fuerzas para emprender la subida que comienza, en lo que es la única dificultad física de la ruta, por decirlo de alguna manera. Es una subida suave, pero aquí algunos, por lo que escucharía después, ya estaban un poquito cansados, no se exactamente, pero hasta la zona de la garganta podríamos llevar unos 16 ó 17 km, y es aquí, casi al final, cuando comenzaba la subida, que se acaba haciendo agradable, al menos para mi, porque al margen de la pendiente, el camino se va convirtiendo en sendero y hasta se pueden llegar a tocar los castaños a la derecha e izquierda desde el propio sendero, hasta que de nuevo el sendero se va ensanchando y acaba por desembocar en un camino-pista, mucho más ancho y en mejor estado, que viene de más arriba (por donde iría la ruta de mañana).

  Por toda esta zona de camino-sendero en subida, vamos mirando a uno y otro lado, intentado descubrir setas, de cualquier tipo, pero a pesar de ir por pleno bosque, no vemos gran cosa, supongo que no hay excesiva humedad todavía, o que hay que meterse más de lleno en el bosque.

  Como he comentado antes, el punto final de esta subida termina al llegar a una pista, que cogemos a nuestra derecha y que en bajada nos conducirá después de unos 4 km hasta la pequeña localidad de Gargantilla

  Es curiosamente por esta zona, de camino más ancho, más zona de paso, donde vemos más setas al borde del camino, y en bastantes ocasiones nos encontramos con la bonita “Amanita Muscaria” (la seta de los enanitos), un placer para la vista, por su colorido y porte, aunque no tanto para el cuerpo, ya que es tóxica y alucinógena. Ángela recolecta para su cesta particular, algún que otro “parasol” (Macrolepiota Procera), que parece ser que abundan por esta zona, porque después nos comentarían que Fernando también había recolectado bastantes y de los que supongo darían buena cuenta para la cena de esta noche, y además, por el camino también nos encontramos con un lugareño que llevaba una bolsa de las grades completamente llena de estos “parasoles”, en la zona previa a la llegada a Hervás.




  En una de las calles de Gargantilla, próxima a una pequeña plaza donde estaba el grupo, que había llegado cerca de una hora y media antes, o incluso más, hacemos la última parada para hacer unas fotos de viejos y vetustos balcones de madera, símbolo de la arquitectura tradicional de otros tiempos en estos pueblos de serranía y que va desapareciendo poco a poco con el inexpugnable paso de los años. Además de nosotros, también había más gente haciendo fotos, con unos pedazos de cámara e incluso con trípodes, y no eran de nuestro grupo... después nos enteraríamos que hoy había un maratón fotográfico por todo el Valle del Ambroz, así que el personal andaba a la busca y captura de la mejor foto.


  Ya en la pequeña plaza, sobre las 14:30, nos reunimos con el resto del grupo, o con parte de él, porque éste se había repartido entre dos o tres bares.

  Como el primer bar al que llegamos, nada más entrar en la plaza, era pequeño, parte del personal estaba fuera y ya prácticamente habían terminado de comer, pero ahora era nuestro turno, así que cervecitas y a comer de la comida que llevamos entre unos y otros, picando de aquí y de allá.

  A las cuatro de la tarde, después del café, montamos en el bus que nos esperaba a la entrada del pueblo y que nos llevaría hasta Granadilla, para poder realizar la visita turística de este bonita y abandonada aldea, a la que tenía ganas de ver, ya que la última vez que estuve por allí, en otra de la rutas cicloturistas que realizo en fechas navideñas (“La ruta de los tres valles: el Jerte, el Ambroz y la Vera”), con Edu y Alejandro, llegamos a escasos 10 minutos antes de que cerraran al mediodía, pero el “simpático” encargado que hay allí para abrir y cerrar las puertas, ni siquiera nos dio la oportunidad de poder hacernos una foto desde el interior, y como íbamos en bici, y hasta las cuatro de la tarde no volvían a abrir, no nos podíamos permitir ese lujo, y más cuando en esas fechas para las seis o poco más, ya esta oscureciendo.

  El autobús nos deja en el aparcamiento de Granadilla, a pocos metros de la puerta de entrada de esta localidad, donde se levanta su majestuosa torre cuya almena se ha convertido en un excelente mirador, y es que esta pequeña aldea se encuentra amurallada, y rodeada por las aguas del pantano Gabriel y Galán que la han convertido en una especie de isla, y se puede, como acabamos haciendo algunos, dar un paseo por encimas de sus murallas, pudiendo tener una visión panorámica tanto intramuros, pudiéndonos hacer una idea de como estaba conformada esta pequeña aldea, reconstruida hoy parcialmente, como extramuros, con las aguas del embalse que rodean las murallas, y con las Sierras de Francia a un lado y las de Béjar a otro.






  En el libro: “Extremadura en bici”, de Juan María Hoyas, comenta éste sobre Granadilla.

  “El embalse de Gabriel y Galán aniquiló el pueblo en 1965 sin que el agua llegara a rozar sus muros. Granadilla murió porque el megalómano proyecto le robó sus tierras, las mejores vegas de la comarca. Aislada en el estricto sentido de la palabra (el agua sumergió la carretera) allí quedó, su cerco amurallado intacto y su soberbio castillo, las casas caídas por los años y el abandono. Todo el término municipal, expropiado, fue repoblado de pinos y eucaliptos.

  La visión actual no es sórdida. Un convenio entre varios ministerios, a través del Programa de Pueblos Abandonados, acometió la restauración de muchas de las viviendas (algo que se viene llevando a cabo desde 1984), y todos los años chavales de los institutos pasan allí unos días echando una mano y recibiendo educación ambiental. En la actualidad el pueblo está siendo transferido a la Junta de Extremadura.

  Inicialmente se dispuso para los desheredados una “Tierra Prometida” llamada Alagón del Caudillo, pueblo de colonización recién construido en las tierras regadas por el nuevo embalse. Pero las parcelas cedidas por el Estado no dieron los frutos esperados y la diáspora continuó más lejos: Madrid, Barcelona y sobre todo Pamplona, lugar actual de residencia de un importante núcleo de granadillanos en el exilio.

  Esta localidad, fundada por los musulmanes en el s.IX, está declarada Conjunto Histórico-Artístico.”




  Terminamos la visita a las 6 de la tarde, con “mister simpatía”, o sea, la persona encargada de abrir, cerrar y vigilar aquello, prácticamente echándonos de allí, que bien parece que le va la vida en “echar” a la gente en cuanto se acerca la hora de cierre, y no digo que no deba hacerlo, que no le pagarán por hacer minutos de más, pero también digo que las cosas se pueden hacer de otra forma, más respetuosamente, más amable, con otro trato, porque te va a costar lo mismo, y sin embargo, la percepción del trato que se recibe es totalmente diferente haciendo las cosas de una u otra manera. No recuerdo si esta persona es la misma que otrora, hace ya unos años, como he comentado antes, también nos trató a nosotros tan desconsideradamente, y es que en aquella ocasión, no sabíamos que había hora de cierre, y si bien es cierto que llegamos 10 minutos antes de que cerraran, también eramos conscientes de que en 10 minutos no íbamos a poder realizar la visita, pero tan sólo le pedíamos que nos dejara entrar y hacernos unas fotos con nuestras burras (bicis) por allí, a la entrada, y con eso todos contentos, pero la respuesta fue puerta cerrada y candado al canto, y si quieres te esperas a las cuatro cuando abran otra vez, aunque como digo, lo que peor me supo no fue que nos dejaran entrar o no, sino las formas; habíamos hecho un desvío sólo para visitar Granadilla e íbamos en bici, que no en coche, y ahora teníamos de nuevo que deshacer el camino y total para nada. En parte puede que fuera la culpa nuestra por no estar informados de que aquello tuviera horas de visita, pero lo que está claro es que nos merecíamos ese trato despectivo, así que en aquella ocasión acabamos largándonos de allí echando sapos y culebras por la boca contra “mister simpatía”, que repito no sé si será el mismo, no me acuerdo, pero si no lo es al menos tiene las mismas maneras, las mismas formas, y no creo que fuera yo el único que se llevara esta impresión en el día de hoy, y eso que esta vez si he podido realizar la visita completa y de forma bastante distendida.

  Finalizada la visita, de nuevo montamos en el autobús que nos llevará hasta Hervás, hasta el alojamiento, y después de la ducha ,esta noche de sábado toca salir a tomar unas cervezas y tapear o cenar, y es que además, en esta época de otoño la localidad está animada, bastante ambiente, mucha gente en los bares y fuera de ellos porque la temperatura lo permite, y es que no sé exactamente si es la mancomunidad de esta zona, la que lleva a cabo un completo programa de actividades dentro de lo que llaman el “Otoño Mágico en el Valle del Ambroz”.

  Sobre las doce o doce y media de vuelta a nuestro apartamento particular, con los compañeros con los que había estado de cervezas y tapeo, aunque de haberlo sabido, hubiera empalmado con el concierto de blues que había uno de los bares, pero de esto me enteré a la mañana siguiente.

  En fin, que ha sido un día completito, una buena y bonita ruta senderista por los Bosques del Ambroz donde nos ha respetado la climatología, y con el broche final de la visita a Granadilla y la “ruta nocturna” por Hervás, muy ambientado, sobre todo en comparación con mi pueblo en esta época del año.

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