Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 23 de junio de 2013

Ruta Circular por Gredos (I): Nalperal de Tormes - Garganta del Pinar - Cinco Lagunas - Laguna Grande.

[Podéis las fotos del ruta en este enlace, y las fotos del herpetario registrado en éste]  
[Pincha en 'Más información' para leer el artículo completo y ver un pequeño vídeo de esta ruta]

  Después de casi cuatro horas de viaje y previo paso por Cáceres, llegamos a Navalperal de Tormes, y en concreto al aparcamiento habilitado junto al río Tormes, donde había bastantes coches, no sabíamos si eran de pescadores o de gente que había subido a la Laguna Grande o a las Cinco Lagunas, porque de ser éste último caso, tendríamos que dormir fuera del refugio-chozo de la Barranca, aunque tampoco importaba mucho puesto que llevábamos las tiendas de campaña, ya que al día siguiente era seguro que no íbamos a poder dormir en el refugio, porque desde una semana o diez días antes ya no había plaza, y eso que debe tener cerca de setenta; la respuesta al por qué de tanta demanda la tendríamos al día siguiente, si bien es cierto que en esta época es cuando está más saturado...

  Llegamos al aparcamiento sobre las 8:15 de la tarde, pero los vascos: JuanMi y Encarni, se habían entretenido tomando una cervecita dentro del pueblo, en Navalperal, así que les llamamos para decirles que ya estábamos allí, y a los cinco minutos ya estábamos todos juntos.

  Los preparativos de las mochilas, repartirnos el tema de la comida y salir zumbando a las 8:40 de la tarde en busca del refugio de la Barranca, hasta donde tendríamos casi dos horas y media, en las que se nos haría de noche, y si bien es cierto que había luna llena, ésta tardaría mucho en aparecer por encima de las montañas, así que al caer la tarde mientras remontábamos la Garganta del Pinar, tenderíamos que hacer uso de los frontales...

 
  Junto al aparcamiento se encuentra el Puente de la Cadenas, junto al río Tormes, un lugar frondoso, lleno de las sombras que da el bosque de ribera, con muchas flores por doquier nada más empezar y con un agua cristalina que corre alegremente y que invita a un remojón, sobre todo por las altas temperaturas que estábamos teniendo.

  Al final del puente, una fuente frente a nosotros donde repostar agua. Aquí giramos a la derecha, comenzando la marcha primero con un corto repecho al que le sigue una pequeña bajada hasta el otro puente, al que llaman el “Puente de las Ranas”, cuyas aguas son la mezcla de las aguas procedentes de la Garganta de Gredos y de la Garganta del Pinar, las dos gargantas que recorremos en esta ruta.

  Al salir del puente giramos a la izquierda, subiendo suavemente por un camino abierto en un principio, pero que poco a poco se irá convirtiendo en un sendero, donde primero aparecerán los floridos piornos y después seguiremos andando entre sombras de árboles y pequeños helechos propios de un bosque de ribera, donde además de sauces y alisos, encontramos también al roble melojo, en esta prima parte, la parte baja, donde seguimos paralelos al río, cuyas aguas bajan raudas a nuestra izquierda, y cuya presencia y sonido, junto a las sombras de los árboles producen una sensación de frescor que mitiga las cálidas temperaturas, si bien es cierto que a esta hora el calor ya no es tanto.

  Pasamos algún que otro arroyo y pronto llegamos al desvío señalizado: a la izquierda se va hacia la Laguna Grande, en pleno Circo de Gredos, y hacia la derecha, hacia las Cinco Lagunas, en el circo del mismo nombre. Por un lado hay una señalización con tablas viejas, con unos horarios estimados, y por otro unas placas más nuevas donde los tiempos estimados, y siempre a modo referencia, son un poco mayores...

  Giramos a la derecha, porque nuestro propósito es remontar la Garganta del Pinar y bajar por la de Gredos.

  Seguimos andamos por un senderos con recorrido agradable, frondosidad y verdor por doquier, además de muchas flores, y con las aguas de la Garganta del Pinar que ahora corren a nuestra derecha.

  Suavemente vamos ganando altura, con un recorrido entretenido, pero al ir ganando altura, el bosque y la vegetación de ribera van desapareciendo al tiempo que el horizonte se hace más visible al ir desapareciendo el bosque que lo tapa, entrando poco a poco en territorio de piornos, retamos y brezos.

  Pronto aparece frente a nosotros, al fondo, las primeras vistas del Cabeza Nevada o Mogote del Cervunal, aunque todavía nos queda mucho para llegar hasta él, y es que el objetivo inicialmente previsto para el día de hoy es llegar al refugio de la Barranca, que según nuestras cuentas debe encontrarse a la caída de este pico, por su parte derecha, próximo a las aguas de la garganta.

El Cabeza Nevada al fondo, el pico más alto de los que se ven...

  Avanzamos siempre por senderos, con buenas vistas siempre al fondo, sobre todo desde que empezamos a ver los alrededores del Circo de las Cinco Lagunas, vestidos aún con jirones de un manto blanco que realizan su figura, y es que por suerte para nosotros, aún queda algo de nieve, algo que siempre parece más gratificante para la vista.


  Sin prisa pero sin pausa, sin hacer descansos, para que no se nos echara la noche encima más de lo esperado, vamos ganando altura suavemente, casi sin querer, por el sendero que transita a media ladera de la sierra, mientras las aguas de la garganta que corren entre piedras y cuyo agradable hilo musical llevaremos hasta las Cinco Lagunas, quedan encajonadas entre ésta y la sierra que se levanta a nuestra derecha; el cauce va en algunos tramos más alejado de notros, en el fondo de la garganta, y en otras ocasiones, cuando llegamos a una zona de perfil más suave, de praderas, cerca de las cuales se encuentra el refugio de la Barranca, corren a nuestro lado...

  Si son bonitas y agradables las vistas que tenemos al fondo cada vez que levantamos la cabeza, no lo dejan de ser menos las que dejamos atrás, al girar sobre nosotros en alguna que otra ocasión, mientras nos damos un respiro, tomamos algo de aire, o cuando simplemente aprovechamos cualquier manantial improvisado para beber un poco este agua pura y fresca, observando parte del recorrido que llevamos realizado y la altura que poco a poco, en un agradable y entretenido paseo, vamos ganando...

  Se hace la sombra y la oscuridad en la garganta, pero al fondo, los alrededores del Circo de las Cinco Lagunas, siguen aún bañados por los últimos rayos de sol, y la nieve que aún conservan, realza aún mas el contraste entre la sombra y oscuridad en la que va quedando envuelta la garganta que estamos remontando y la luz desbordante al principio y más cándida y amarillenta después, de los picos más altos...

  El perfil se suaviza, entramos en una zona de praderas, con algunos borreguiles, las aguas siguen su curso a nuestra derecha, a nuestra vera, mientras vemos algunas vacas y terneros... es tiempo de encender nuestros frontales. En este punto, Ángel ya se ha adelantado, impacientado un poco porque no acababa de aparecer el refugio.

  Completamente de noche, y para el caso como si fuera noche cerrada, pues aunque era luna llena ésta aún no había hecho acto de presencia por encima de las paredes rocosas que envuelven a esta garganta, llegamos al refugio-chozo de la Barranca, sobre las once de la noche, donde ya nos esperaba Ángel, quien nos dijo que sólo había una persona dentro, así que podríamos dormir allí sin necesidad de montar la tienda de campaña.

  Toca cambiarse de ropa y abrigarse, incluso se agradece el forro polar ¡¡quién lo diría unas horas antes!!. Al poco comenzamos con los preparativos para una hermosa cena, porque aunque suene algo cursi, la verdad es que una velada en plena naturaleza, a los pies del Circo de las Cinco Lagunas, en plena garganta, con el ronroneo de las frías aguas del deshielo que no paran ni de día ni de noche, con el señor Ángel Boceta convertido en nuestro “masterchef” particular, y con el lujo de incluso permitirnos tomar unas latas de cervezas que hemos subido, e incluso de echar unos tragos de vino, rodeado de una buena y agradable compañía que comparte aficiones, sensaciones y que sabe valorar estos momentos, hace que todo esto merezca la pena...¡¡esto no tiene precio!!....

  En la cena, por supuesto al aire libre, fuera del refugio para no molestar, tuvimos un invitado al que no esperábamos, se trataba del “señor raposo”, un zorro que debe estar ya acostumbrado al personal y que no se asustaba fácilmente, incluso llegamos a tenerlo a prácticamente un metro buscando algo trozo de pan o algo que pudiera llevarse a la boca, así que igual éste, junto con algunas cabras, se han vuelto algo perezosos, holgazanes, y pasan de buscarse la vida, tan sólo tienen que bajar al refugio, y esperar a que alguien le de algo de comida, a cambio de alguna que otra foto, aunque en la noche, cuando se alejaba unos metros, al “señor raposo” sólo se le veían sus ojos iluminados cual linternas al reflejar la luz de nuestros frontales...

  Sobre la una de la noche nos metimos en los sacos, dentro del refugio, justitos de espacio, y donde la luz de algunos cirios y velas dispuestos en el interior, lo dotaban de un aire un tanto acogedor, cálido, placentero.

  Las pocas horas que estuvimos durmiendo me sentaron bien, aunque al dar alguna vuelta de tarde en tarde, escuchaba el concierto de viento por parte de alguno de los 'animalitos' que estábamos allí en el interior, pero debería ser el cansancio y la falta de sueño, porque la verdad es que no me importó mucho a la hora de conciliar el sueño...

  A las 7:30 de la mañana del sábado, comenzamos a removernos. Salimos fuera del refugio para comenzar con nuestras “abluciones” particulares en las frías aguas de la garganta, por donde corren entre piedras redondeadas, aunque nada que ver con lo que se podría esperar de un circo glaciar, puesto que el Circo de las Cinco Lagunas quedó prisionero, encajonado, a más altura, a la izquierda de la garganta, dejando tan sólo una zona de desagüe donde las aguas procedentes de las cinco lagunas bajan hasta unirse a las de la Garganta del Pinar, en la zona conocida como la “Hoya de las Berzas”.

  Ha amanecido más que de sobra, aunque los alrededores del refugio aún quedan a la sombra y todavía hace fresco, apetece de momento, a las 7:30, la manga larga...

Alrededores del Refugio de la Barranca. La ruta sigue subiendo por el cerro que aparece a la izquierda, detrás del refugio...

Iniciando los preparativos para el desayuno en el Refugio-Chozo de la Barranca.

  Un buen desayuno antes de comenzar a reajustar nuestras mochilas y de iniciar la marcha, y si anoche tuvimos la visita del “señor raposo”, esta mañana hemos tenido la visita de dos señoritas, dos cabras, ejemplares representativos de la “Capra pyrenaica victoriae”, del que a lo largo del recorrido de esta mañana, tendremos oportunidad de ver en bastantes ocasiones, y poco asustadizas, ¡carne de cañón!.


  Durante el recorrido de ayer tarde iba con la idea de intentar fotografiar algún lagarto verdinegro o algún ocelado, pero no fue un momento propicio al caer pronto la tarde y bajar la temperatura, y esta mañana tampoco esperaba encontrármelos al sol en las rocas, ya que tan temprano, con la fresca, no creo que vayan a salir, a parte de que en este lado izquierdo por el que vamos, aún hay sombra, y cuando avance más la mañana ya estaremos a más altura, y no se yo si entre la Cimera y la Portilla del Rey, por encima ya de los 2.000 metros iba a tener oportunidad de encontrármelos...

  A las 9:40 nos ponemos en marcha, siguiendo por detrás del refugio, y nada más empezar, la primera en la frente, toca subir el cerro que hay justo detrás, entre zig-zag, para ir calentando motores e ir engrasando las bielas...

  El recorrido esta mañana se hace más agradable que el de ayer tarde, casi apoteósico diría yo, porque cada vez tenemos más cerca el Circo de las Cinco Lagunas, frente a nosotros, con la portilla que lleva su nombre siempre al fondo, siempre a la vista, cubierta de nieve, y con las aguas bajando con poderío, rabiosas, raudas, veloces, por todos lados, abriéndose paso entre las moles de granito, en cascadas, con el fondo nevado de algunos picos al fondo, puro espectáculo en las inmediaciones de la laguna de Majalaescoba.

Zona de cascadas previas a la laguna de Majalaescoba, al fondo los picos con algo de nieve aún, y los alrededores del circo de las cinco lagunas, cuya portilla es la que aparece en el centro de la foto, al fondo.

  Llegamos a la laguna de Majalaescoba, a 1.830 metros, desde donde tenemos unas de las mejores panorámicas, junto con las que se tienen también en la subida entre la laguna de la Cimera y la Portilla del Rey.

Laguna de Majalescoba.

  Bordeamos la laguna por la izquierda y seguimos avanzando por este mismo lado, aún entre sombras, dejando a un par de chavales que han vivaqueado esta noche en esta zona y que estaban inmersos, ya a esta hora de la mañana, en un debate sobre religión, así que mejor pasar de largo. También nos volvemos a encontrar con los dos pescadores que dejamos descansando en el refugio de la Barranca esta mañana, a la hora en que nosotros partíamos, porque si bien es cierto que nosotros salimos antes del refugio, ellos acabaron alcanzándonos al ir nosotros realizando paradas constantes para ver, fotografiar, grabar, escuchar y sentir estos compases iniciales; ellos vienen esta mañana desde el aparcamiento, cargados con una pequeña mochila y con sus cañas de pescar, con la idea de llegar hasta las cinco lagunas y disfrutar de su afición por la pesca y por la naturaleza, nada que ver con los pescadores, y sin menospreciar, de barriga prominente que ponen sus cañas, se sientan en su silla y se disponen a beber la cerveza fresquita que llevan en sus neveras, a la sombra del ala ancha de sus sombreros de paja, mientras que estos se pegan primero una señora caminata, en subida, de cuatro horas (al menos hasta la primera de las cinco lagunas), eso si, en plena naturaleza, alejados de ruidos, coches y gente, y después se disponen a practicar su otra afición, la pesca, y en este caso, la del único pez que pueden pescar en estas lagunas, ya que es el único que puede sobrevivir en estas frías aguas, sobre todo en invierno cuando llegan a estar las lagunas heladas; se trata del salvelino (Salvelinus fontinalis), introducido en la década de los 70 para repoblar de ríos y lagunas de alta montaña del Sistema Central; es un salmónido con características semejantes a la trucha común, como bien nos comentaron estos pescadores cuando estuvimos hablando con ellos en la Barranca, aunque de menor tamaño, y para su existencia necesita aguas frías y altos niveles de oxígeno, ahora bien, ¿habrá afectado esta repoblación con ejemplares no autóctonos, y considerados hoy en día como especie invasora, al ecosistema, al resto de pobladores de estas lagunas, al menos en los meses no invernales?... “and the answer my friend is blowing in the wind”... (que diría el amigo Bob Dylan), o en los naturalistas que realicen este estudio... lo desconozco, no he leído nada sobre esto...

  Hasta llegar a la zona de la “Hoya de las Berzas”, la caminata, al igual que ayer tarde, no entraña un gran esfuerzo, pero a partir de aquí sí que hay que esforzarse un poco más, al menos durante un pequeño tramo para trepar entre montones de rocas y salvar así la altura entre la parte baja de la Garganta del Pinar y la zona de desagüe de las Cinco Lagunas, que da acceso al circo que lleva su nombre, y donde ya nos encontramos con la primera de ellas, la “Bajera”, a 1.950 metros, donde realizamos la primera parada técnica del día para tomar unos frutos secos, algo de chocolate y beber agua, mientras contemplamos las montañas reflejadas en dicha laguna y dilucidamos por qué lado bordearla, aunque otros chavales que han venido por detrás, has seguido por la margen izquierda, que quizás sea la mejor, al menos ahora, porque hay una senda que no está cubierta por el agua y que bordea la laguna a ras de ésta, mientras que por el otro lado hay que cruzar la zona de desagüe y andar subiendo por las rocas, para después volver a bajar al final de la laguna.

Primeras vistas del Circo de las Cinco Lagunas y de la primera de las cinco lagunas, la "Bajera".

  Terminado el descanso proseguimos la marcha, por la izquierda, por el senderito de apenas dos palmos de ancho, saludando de nuevo a los pescadores que habíamos visto antes y que ya están manos a la obra, y por cierto, según nos dijeron, sólo está permitido pescar (llevarse) un máximo de cuatro de estos peces, y siempre que alcancen unas determinadas dimensiones. La lástima es que cuando pasé junto a ellos aún no habían pescado ninguno para poder fotografiarlos.


  Al finalizar la laguna giramos a la derecha para seguir los hitos de piedra y bordear la siguiente laguna por la derecha, aunque JuanMi lo hizo por la izquierda siguiendo el track de la ruta que tenía guardado en su GPS.

  Esta segunda laguna es la más chica de todas, pero la que al menos para mi, tiene un nombre especial, la “Brincalobitos”, un nombre bonito, encantador, cariñoso, tierno, que parece sacado de un cuento.

  Al alcanzar la laguna mediana, para cuyo nombre, al igual que para la primera y para la última de estas lagunas, no se quebraron mucho la cabeza, giramos a la izquierda de nuevo, y por este lado seguiremos en subida, entre grandes moles de piedras (esto ya si tiene el aspecto de un circo glaciar), bordeando primero la cuarta de las lagunas, la “Galana”, y alcanzando la última y la más grade de ellas, la “Cimera”, a 2.090 metros, sobre las 12:30 del mediodía, aunque en lugar de llegar hasta ella, seguimos subiendo por nuestra izquierda, directos hasta la Portilla del Rey, en lo que constituye la parte más dura de toda la ruta, empleando casi una hora en su subida, con pequeñas paradas para tomar aire y contemplar las magníficas vistas panorámicas que se nos ofrecen al mirar atrás, con la Cimera bajo la portilla nevada de las Cinco Lagunas, y con las lagunas encarriladas una tras otras como cuentas de un collar, encajonadas, prisioneras de este estrecho circo glaciar que quedó sin salida...

Laguna de la "Cimera", bajo la Portilla de las Cinco Lagunas, vista desde la subida a la Portilla del Rey.

Panorámica de las cinco lagunas, con la portilla a la izquierda, tomada en la
subida a la Portilla del Rey.

  Es en este tramo de subida cuando comienzo a ver bastantes lagartijas carpetanas (Iberolacerta cyreni), algo que me anima bastante, y eso que estamos superando los 2.100 metros...

  Llegamos a la Portilla del Rey, a 2.362 metros y hacemos un breve descanso para aliviarnos de la subida y relajarnos con las maravillosas vistas a ambos lados: la zona de las cinco lagunas a nuestras espaldas y el Gargantón frente a nosotros, abajo;más al fondo, hacia el horizonte, el camino que baja desde el mirador de los Barrerones hasta la Laguna Grande, y entre estos, aunque no la vemos, la Garganta de Gredos por la que bajaremos mañana.

En la Portilla del Rey, con la Portilla de las Cinco Lagunas al fondo, en el centro de la foto.

  En el ratito que estuvimos descansando en la Portilla del Rey, además de ver alguna que otra cabra que parecía quererse unir a la expedición, también vi dos o tres mariposas revoleando sin parar, pequeñas, de color marrón oscuro, pero como estaban hiperactivas no paraban ni un momento, así que no pude ni hacerles fotos ni quedarme con más detalles de ellas, pero aquí. a más de 2.300 metros, no esperaba encontrármelas...

  Ahora toca una larga bajada, más larga de lo esperado, o al menos a mí se mi hizo larga, con algunos tramos de nieve, y en donde pude disfrutar de nuevo de la observación de un gran número de largartijas carpetanas, tanto machos como hembras, aunque fueron los primeros los que se prestaron más a las fotos...

  Llegamos a la parte baja, al Gargantón, donde ya habíamos estado otras veces, y allí buscamos un lugar junto a las frías aguas que bajaban, para descansar y comer, que ya iba siendo hora, sobre las dos y media de la tarde.

  Una comida que sentó de muerte y nunca mejor dicho, porque tras ella el personal quedó completamente K.O., fundido, rendido, muerto, tumbando al sol, con las botas quitadas y junto al relajante son del agua pura y cristalina que seguía su curso, Gargantón abajo, para unirse más tarde con las aguas de la otra garganta, la de Gredos.

El 'descanso del guerrero' en el Gargantón...

  Íbamos con tiempo más que de sobra, así que como lo que se trataba era hoy de disfrutar tranquilamente, sin prisas por llegar al refugio Eola, donde ya sabíamos que no teníamos plaza, alargamos el descanso, casi dos horas, hasta que sobre las cuatro y media de nuevo nos ponemos en marcha.

  Previamente, en la bajada desde la Portilla del Rey al Gargantón nos encontramos con dos chavales en sentido contrario, que subían hacia arriba y que pararon para comentarnos que una compañera suya se había quedado algo más abajo porque posiblemente tuviera un pequeño esguince o torcedura y para ver si podíamos dejarle un par de bastones y después ellos nos los entregarían en el refugio, siempre y cuando nosotros nos fuéramos a quedar por allí. Uno de ellos nos comenta que no habla bien español y que es húngaro. Más tarde, sentada sobre una roca nos encontramos a la chica, a la que JuanMi deja sus bastones mientras Encarni les deja unas tobilleras o unas vendas elásticas. La chica esperaría a que bajaran sus dos compañeros así que nosotros seguimos hacia delante. Comentar también que durante esta larga bajada, y a diferencia de lo que nos había ocurrido hasta ahora, donde apenas nos habíamos encontrado con los dos pescadores y con cuatro o cinco chavales pertenecientes a dos grupos, ahora en cambio, mientras nosotros bajábamos, y a pesar de la hora que era, nos encontramos mucha gente subiendo, tanto a nivel individual como en grupos más o menos numerosos, suponemos que querrán hacer vivac en las cinco lagunas.

  Cruzamos las aguas del Gargantón y emprendemos la subida, ahora con un poco de pereza y comenzamos a ver alguna que otra mariposa, más lagartijas carpetanas y una culebra de agua. Esta subida nos lleva a un paso entre montañas desde donde accedemos, en bajada, hacia la Laguna Grande, que comenzamos a ver nada más culminar la subida. Después toca una bajada pronunciada al principio, por caminitos de piedras, hasta que vamos perdiendo altura y andamos alternando zonas de piedra con senderitos verdes, hasta que llegamos a la cola de la Laguna Grande.

  Una vez llegados a la Laguna Grande, toca bordear ésta por su izquierda, entre moles de rocas redondeadas, siguiendo los hitos a modo de pequeños montoncitos de piedra hasta que ante nosotros aparece el refugio Eola y la romería en que se encuentra convertido aquello, con gente por todos lados, disfrutando de la tarde y de este magnífico entorno.

  En este último tramo entre el Gargantón y el Eola, emplearíamos aproximadamente otra hora y media. Y una vez en el refugio, estuvimos tomando algo para refrigerarnos y hacer tiempo a que cayera la tarde para colocar las tiendas a última hora. Al principio, mientras esperábamos a que estuviéramos todos, fui por la parte de arriba del refugio, para encontrar un sitio 'apañao' donde poder colocar las tiendas, pero los mejores sitios estaban cogidos para vivaquear, y el resto de explanadas estaban cerca de un sendero, a parte de la cantidad de mosquitos que había por allí, así que no me extraña que me encontrara de nuevo con mis amigas carpetanas, que se deberían estar poniendo moradas de comer, y deberían sentirse pesadas, porque algunas se dejaron retratar muy bien... De vuelta al refugio el personal ya había decidido que las tiendas las iban a colocar junto a la laguna, en una explanada, cerca del agua, en el corazón del Circo de Gredos.

  Colocamos las tiendas y llega la hora del cambio de ropa y de las “abluciones” particulares, aunque yo me alejé algo más y me pegué un remojón en una zona que no tenía ninguna profundidad, aunque eso si, sólo fue entrar y salir, que el agua estaba fría, fría, aunque nada que ver con la que corría en el Gargantón, que prácticamente cortaba la circulación de lo fría que estaba...

  Con el lavado del gato y cambiados de ropa, nos fuimos de nuevo al refugio donde teníamos contratada la cena, pero nos tocó esperar, porque estábamos para el segundo turno, y es que entre otras cosas, la razón de que no hubiera plazas en el Eola era porque un grupo-asociación de vascos, unos cincuenta creo que eran, habían aprovechado que tenían el lunes festivo y se habían venido a Gredos, y ya tenían todo contratado desde hacía tiempo.

  Sinceramente, no me importó ni lo más mínimo no dormir en el interior del refugio, ya que estaría masificado, y en un día como hoy, donde las temperaturas son frescas por la noche pero sin ser ningún problema, dormir en plena laguna, en el corazón de Gredos, y despertarnos con las cumbres del Almanzor, del Ameal de Pablo, de los Tres Hermanitos, bañadas por los rayos de sol al amanecer, no tiene precio...

  Llegó nuestro turno, alrededores de las 20:45, cuando salieron la primera tanda de vascos. La cena estuvo muy bien y sentó mucho mejor: lentejas, lomo en salsa, vino para acompañar y un postre ligero y refrescante, y además podíamos repetir, cosa que hicimos todos en mayor o menor medida. Como no nos íbamos a quedar a dormir en el refugio, les preguntamos a los que llevan aquello si podíamos desayunar allí dentro, por nuestra cuenta, y utilizar la cocina mañana, y nos dicen que en principio, no hay problemas, siempre y cuando los que ya tenían reservados el desayuno hubieran terminado...

  Los deberes estaban hechos y el pescado ya estaba vendido, no había mucho más que hacer a parte de contar estrellas, así que a las 22:30 ya estábamos metiéndonos en el sobre... digo en el saco...

  Ha sido un buen día de marcha, todo ha salido bien y hemos disfrutado del entorno y a diferencia de en otras ocasiones, el tiempo también nos ha acompañado. Todo un lujazo de día...

  Os dejo aquí un vídeo para ilustrar este recorrido...



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