Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 3 de octubre de 2011

Diario de un viaje cicloturista por la Costa Atlántica Francesa - Primera Parte


 PRIMERA PARTE: ETAPAS DE LA 1 A LA 5.


ETAPA 1. Ruán – Héricourt Caux.
ETAPA 2. Héricourt – Montivilliers.
ETAPA 3. Montivilliers - Honfleur.
ETAPA 4. Honfleur - Caen.
ETAPA 5. Caen – Playa de Omaha.



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  PRIMERA ETAPA: Ruán – Héricourt en Caux.
  Distancia: 55,66 km - Tiempo en bici: 3:41:27 - Media: 15,11
  Sábado, 30 de Julio del 2011.

    Una vez en la zona céntrica e histórica de Ruán, bajamos de nuestras burras para seguir andando por las calles peatonales; pasamos bajo el arco de la torre del Gran Reloj, entrando en una calle recta rodeada de edificios bonitos con entramados de madera, bien conservados y restaurados, aunque a los ojos le cuesta trabajo desviar la mirada a otro sitio que no sea al frente, puesto que allí, al fondo de la calle, se yergue inmensa, la catedral, con sus dos enormes torres asimétricas, y hacia allí nos dirigimos para hacer la visita de rigor. Dentro hay una exposición de fotos de cómo quedó tras el asedio de la segunda guerra mundial y cómo fue restaurada. Su fachada es célebremente conocida por aparecer en una serie de cuadros de Monet, aunque ahora está algo afeada porque hay andamios por temas de restauración (como curiosidad, decir que una de las dos torres se construyó con los impuestos sobre el consumo de la mantequilla, de ahí que se la conozca como torre Beurre).


  Frente a la catedral está la oficina de turismo, y allí fuimos para que nos dieran un plano de la ciudad y poder buscar la salida hacia nuestro siguiente hito en la etapa de hoy, además de ayudarnos con el recorrido de los sitios más emblemáticos de esta ciudad, aunque antes de seguir con la visita, una parada en la calle peatonal para tomar unos 'paninis' calientes, porque la temperatura la verdad es que era más bien fresca, además de que ya iba siendo hora, así que entraron bien. Seguimos con el paseo por la ciudad, visitando el Palacio de Justicia, antiguo Parlamento de Normandía, el Ayuntamiento, la plaza del viejo mercado, donde se encuentra la iglesia de Juana de Arco y una placa indicando que allí fue donde la quemaron en la hoguera, en 1431. Terminamos la visita turística con un breve paseo por algunas de las calles céntricas, de aspecto medieval, viendo otro lugares históricos, hasta que finalmente decidimos que ya era hora de ponerse en marcha, de buscar la salida de la ciudad y de encaminarnos a nuestro objetivo en el día de hoy, un pequeño pueblecito que ni siquiera aparece en el mapa que llevamos., aunque al menos, la etapa estaba diseñada para hacer pocos kilómetros, debido a que iniciaríamos el recorrido tarde, por la hora de llegada y la visita a la ciudad, y de paso, para que las piernas fueran acostumbrándose poco a poco al peso de las alforjas.

  La salida la iniciamos siguiendo a otro grupo de cicloturistas de 6 ó 7 personas, que llevaban petos reflectantes, aunque pronto nos separaríamos, puesto que ellos cruzarían el puente sobre el río Sena mientras nosotros giraríamos hacia la derecha, buscando rumbo noroeste, por una avenida con tráfico, aunque fuimos utilizando las aceras.

  Como suele ocurrir con las grandes ciudades, la salida es algo complicado debido al tráfico, hasta que se comienzan a coger los diferentes desvíos a las carreteras principales o autovías; nosotros seguimos nuestro rumbo por una carretera en subida, que no está nada mal para empezar la ruta, y que transcurre entre pinares dentro de lo que es un parque regional, aunque sigue habiendo tráfico, hasta que finalmente, al llegar a una pequeña localidad, giramos a la derecha, cogemos ya carreteras secundarias y el tráfico desaparece, coincidiendo con el fin de la subida.

  A partir de aquí ya vamos más relajados, pedaleando por una zona llana, al principio ente campos de cereales que están siendo cosechados, y es que ésta será una tónica durante los siguientes días, me refiero a lo de ver cosechadoras recogiendo el cereal; y a este tramo, le sigue otro, paralelo al río Sena, que queda a nuestra izquierda, y que nos conduce hasta la localidad de Duclair.

  Desde aquí un giro brusco a la derecha, en un cruce, dejando el río a nuestra espalda y comenzando otra pequeña subida, por carretera estrecha y entre una densa arboleda que termina justo cuando acaba la cuesta, desembocando en un extenso espacio abierto, llano, donde de nuevo aparecen los campos de cereales.

  Sigue habiendo nubes pero el sol ha hecho acto de presencia, aunque la temperatura deberá de andar por los 20 grados, ideal para pedalear en bici, temperatura agradable y recorrido llano, aunque antes de llegar a Yvetot, tuvimos que afrontar otra pequeña subida de un par de kilómetros, de nuevo dentro de un túnel formado por una densa arboleda que hace que pedaleamos entre sombras.

  Llegamos a Yvetot, con buen ritmo y mucha ilusión, así que hacemos nuestra primera parada para tomar una cerveza y de paso, los compañeros tendrán que comprar comida, porque mañana es domingo, aunque yo ya llevo mis provisiones para los primeros días, de ahí que vaya mucho más cargado que ellos.

  Seguimos nuestro recorrido, sólo quedan 13 km para el destino en el día de hoy, por otra carretera secundaria y estrecha, con recorrido de nuevo totalmente llano, con los rayos de sol del atardecer acariciando el trigo aún sin cosechar por estas zonas, y sin nada de tráfico.

  Llegamos al fin de esta primera etapa, Héricourt en Caux, un pequeño pueblo, más bien aldea, que ahora en vacaciones parece un pueblo fantasma, apenas una calle principal y una gran iglesia, demasiado templo para tampoco pueblo. Poco antes de llegar al final de la calle giramos a la izquierda, pasando por un canal, junto a la noria de algún antiguo molino, y al poco, el camping municipal, austero, pero no necesitamos más, con parcelas de césped que más bien parecen una alfombra y donde instalamos nuestras tiendas de campaña. En el camping, tan sólo otras dos tiendas y una autocarabana. Así que en esta primera noche, en el interior de alta Normandía, vamos a tener paz y plena tranquilidad.



  SEGUNDA ETAPA: Héricourt en Caux – Montivilliers
  Distancia: 84,08 km  - Tiempo en bici: 5:06:58 - Media: 16,49
  Domingo, 31 de Julio del 2011.

  Ha sido la primera noche de camping , una noche fría, por debajo de los 10 grados; pero a pesar de esto, yo he dormido bastante bien, en cambio, mis compañeros creo que no han dormido tanto.

  Nos levantamos, y lo primero ponernos a desayunar mientras hacemos algo de tiempo para que se seque la tienda que está muy mojada del relente de la noche, aprovechando los primeros rayos de sol, así que por lo menos empezaremos a pedalear con buen tiempo.

  A las 9:30, después de recoger todo, partimos continuando nuestro itinerario por carreteras locales o secundarias, comenzando con un ligera y corta subida que nos conduce a un rosario de pueblos pequeñitos, diseminados como las semillas de los campos de trigo que los rodean. Pueblos y aldeas de casas bonitas, con parcelas rodeándolas, aunque más que parcelas se podría decir que son auténticos jardines floridos, y es que en general, y durante todo el recorrido que nos esperaría por la alta Normandía, esta será la tónica dominante, o sea, casas de bonita arquitectura, casas normandas, con un no menos bonito jardín que las precede. Bien parece una competición de unas cosas con otras, dentro de una sana rivalidad, por llevarse algún tipo de galardón a la mejor casa y mejor ornamentación floral, y es que esto será así tanto en sitios turísticos como en pueblos pequeños del interior, alejados de la playa y del turismo masivo.


  El sol sigue luciendo y las temperatura fresca de primera hora de la mañana comienza a recuperarse al tiempo que nosotros seguimos pedaleando, unas veces zigzaguenado entre los pequeños pueblos, otras por zonas arboladas y sombreadas, otras por extensos campos de cereales o de pastos, y todo dentro de un día ideal para la práctica del cicloturismo, tanto por el recorrido como por la temperatura.

  Pero no todo es ideal, y antes de llegar a nuestra primera parada programada, Fecamp, ya en la costa, tendremos que afrontar un tramo de 11 km de carretera con bastante tráfico, así que intentamos recorrerlo lo antes posible para alejarnos y librarnos cuanto antes, de las garras del maligno, o sea, del tráfico.

  Fecamp, ya en la costa, nos recibe con sus abadías, iglesias y palacio ducal, y junto a una de sus iglesias hacemos la primera parada para comer un bocata y algo de fruta.

  Desde Fecamp, cogemos el carril bici o pista ciclable ('vélorute', en francés), y en concreto, la del “litoral en Sena Marítimo” (departamento de la alta Normandía) que viene desde más al norte, y que va por la zona de los acantilados, aunque un poquito más al interior, con lo que durante bastante tiempo perderemos la perspectiva de la costa, aunque sabemos que está ahí, a tiro de piedra, y que pedaleamos paralelos a ella.

  La pista ciclable del “Litoral del Sena Martítimo”, la empezamos a coger justo a la salida de la localidad de Fecamp, en dirección el sur, aunque antes hay que subir una buena cuesta, de 1 ó 1,5 km aproximadamente, con bastante pendiente, con bastantes curvas, que transcurre por medio de un camping donde podemos ver las tiendas alojadas en los bancales entre las curvas. Esta corta subida, sería el mayor desnivel que tendríamos que superar en toda la ruta.

  Por esta carril bici, también llamado “camino de los acantilados”, llegamos pronto y relajadamente a Etretat, y después de darnos una vuelta por su calle peatonal-principal, con mucha gente, entre otras cosas porque ya va el personal dirigiéndose a las terrazas de los diferentes bares y restaurantes para comer, llegamos junto a la playa, desde donde se divisan los típicos acantilados que aparecen en las fotos, y que se encuentran en los dos extremos del pueblo, y un reguero de gente subiendo por ellos, cual hormiguitas, para ver las vistas panorámicas desde arriba.


  Tiempo de tomar una cerveza y seguir carril bici o pista ciclable, con recorrido agradable y lejos de cualquier altercado con el maligno, pedaleando relajadamente, aunque aparecen algunos sube-baja nada relevante en un recorrido llano y con una temperatura que a esta hora ya había subido.


  La etapa de hoy estaba prevista terminarla en Le Havre, pero como allí no había campings ni albergue, teníamos que empezar a buscar alojamiento antes de llegar y a ser posible lo más cercano, para que al día siguiente no tuviéramos que aumentar en mucho el kilometraje previsto.

  Después de algunos intentos fallidos por no disponer de plazas libres, finalmente nos decidimos por un hotel de carretera, en Montivilliers, donde pudimos conseguir una habitación para tres, y a unos 7 u 8 km (en bicicleta) de Le Havre, nuestro en teoría fin de etapa, así que mañana tendríamos que hacer unos kilómetros extras


  TERCERA ETAPA: Montivilliers - Honfleur
  Distancia: 79,39 km - Tiempo en bici: 4:38:47 - Media: 17,13
  Lunes, 1 de Agosto del 2011.

  En la salida nos hicimos un poco de lío, y apunto estuvimos de meternos en la boca del lobo, o sea, en plena autovía. Por suerte pudimos salir y tomar la decisión de hacer unos kilómetros extras, a cambio de coger la pista ciclable que vimos ayer tarde poco antes de entrar en la localidad donde buscamos el alojamiento, de forma que pudiéramos llegar a Le Havre, una ciudad grande con los típicos escalestris formados por las autovías de la periferia, de forma cómoda y sin los agobios del tráfico, evitando las carreteras y autovías.

  Sin duda, mereció la pena hacer 4 o 5 km extras, porque esta pista ciclable nos llevó de forma cómoda y relajada, hasta el extraradio de Le Havre, salvando la autopista de la periferia e internándonos en la ciudad después de a travesar varios parques y zonas verdes.


  Por fin llegamos a los muelles, teniendo cerca también, a la vista, la catedral, pero aquí de nuevo metimos la pata.

  Antes de la salida, estuvimos hablando de cambiar el recorrido de la etapa de hoy, intentando pasar por el puente de Normandía, lo que nos evitaría dar el rodeo de más de 30 km que estaba propuesto, para cruzar por el puente de Tancarville, de esta forma podríamos llegar al punto de destino de hoy con tiempo suficiente y poder ir y disfrutar más distendidamente, pero como se suele decir, el hombre propone y Dios dispone, y así, por más que intentamos llegar al puente de Normandía, que ya habíamos divisado, y del que estuvimos bastante cerca, nos fue imposible, unas veces porque siguiendo la “Ruta Industrial” paralela al canal, acabábamos llegando a las zonas de las industrias o empresas que había por allí y no podíamos continuar porque el acceso era privado y otras veces porque la carretera nos acababa llevando a una autovía, y si ya estábamos perdiendo bastante tiempo, a la hora de volver hacia atrás y tomar otra alternativa, al volver a cruzar el canal por el puente de hierro, nos vimos obligado a esperar cerca de un cuarto de hora a que pasara un barco y el puente levadizo volviera a su sitio; en el último intento por llegar en bici al puente de Normandía, después de dar un rodeo por el otro margen del canal, y cuando teníamos a tiro de piedra, a prácticamente 2 km este enorme e impresionante puente (previamente nos habíamos informado que se podía pasar en bici, tanto éste como el de Tancarville, ya que realmente son autovías las que pasan por ellos y además hay que pagar un peaje por pasarlos, aunque para bicis es gratis), resulta que de nuevo había que meterse en la autovía, o sea, tendríamos que realizar esos 2 km aproximadamente que nos quedaban hasta el puente por autovía, algo que además de ser altamente peligroso, está prohibido, y si nos pillaban los gendarmes nos podía caer un buen 'puro'.

  Después de haber hecho casi 20 km dando vueltas para intentar llegar a este puente (supongo que si hubiéramos llegado a esta ciudad por la “pista ciclable del litoral”, la que traíamos ayer y de la que nos salimos para buscar alojamiento, quizás podríamos haber llegado al puente sin tanto problemas, accediendo por la parte del puerto), al final decidimos que ya habíamos perdido bastante tiempo y hecho muchos kilómetros extras dando vueltas, así que seguiríamos con el recorrido de la etapa que estaba originalmente prevista.

  La carretera que llevamos dirección al otro puente, el de Tancarville, es cómoda porque va paralela a una autovía, aunque finalmente esta carretera acaba desembocando en la autovía que lleva al puente, pero tenemos la suerte de encontrarnos con una pista ciclable, que realmente es una antigua carretera local en desuso, que nos llevaría hasta el mismo puente sin tener que estar pendiente del tráfico, o de meternos en la autovía, o de dar un buen rodeo para evitar ésta.

  Junto al puente nos hacemos unas fotos, porque si bien es cierto que es más viejo, más corto y menos glamuroso que su vecino, el de Normandía, también es cierto que este puente colgante, que se empezó a construir en 1955, en su día fue el puente europeo de mayor envergadura y una de las primeras obras de esta importancia cuya construcción se desarrolló sin ningún accidente mortal.


  Cruzamos el puente, para salvar el río Sena, y giramos a a derecha, ahora paralelos a la orilla contraria por la que habíamos llegado al puente, de nuevo en dirección a la costa, hacia el oeste, pero ahora nos quedarían unos 20 km por carretera catalogada como departamental pero con el tráfico de una nacional, un tramo de los denominados “pestosos”, no tanto por el perfil, sino por el tráfico, y porque el paisaje tampoco es que acompañara, en fin, un tramo que era para salvarlo cuanto antes y olvidarlo, sin más.

  Cuando arrancamos este tramo, ya era más de la una, y desde que salimos no habíamos parado para tomar nada y ya iba siendo hora de parar para comer algo o de ir buscando algún pueblo de los de paso en este tramo para hacer la compra, porque aunque yo tenía reservas en mis alforjas, tanto Rafa como Gorka no tenían nada.

  Por desgracia, los pueblos por los que íbamos pasando eran muy pequeñitos y no había ni supermercados, ni tiendas pequeñas, ni siquiera algún bar donde poder comer algo, así que tuvimos que hacer el tramo “pestoso” lo más rápido que pudimos, y después, al coger el desvío a la derecha, en el primer pueblo que vimos paramos. Había una tienda junto a una piscina climatizada, y abría a las 14:30, y como faltaba un cuarto de hora, decidimos esperar, tirados al césped, mientras yo daba cuenta de unas manzanas que había cogido antes en un manzano que vi junto a la carretera.

  A unos 10 km de donde estábamos, y en la dirección que llevábamos, nos comentaron que había supermercados tipo: E.Leclerc, Carrefur, InterMarché, Super-U o por el estilo, pero no había ganas de seguir, y el personal después de hacer todo este tramo del tirón y de los kilómetros de rodeo y el tiempo extra empleado en Le Havre, tenía ganas de parar, comer un poco, descansar algo y seguir después.

  Por fin abre la tienda, había gente esperando, pero por desgracia, no hay nada que nos interese para poder comer, así que veo salir a Rafa y Gorka tan sólo con un par de botellas de agua litro y medio y pan, pero cómo yo tenía mis reservas, nos las repartiríamos entre los tres y después, más descansados, ya entraríamos en el super que nos cogía de paso a hacer la compra.

  Terminado el picnic en el césped, y después de una pequeña siesta bajo la sombra, porque a esta hora si hacía un poco de calor, sobre las cuatro y media nos ponemos en marcha de nuevo, ahora por carretera secundaria.

  Previamente, cuando llegamos al puente, ya les propuse una alternativa a la etapa de hoy, puesto que al elegir finalmente la opción del puente de Tancarville, y al haber hecho kilómetros extras intentando llegar en bici al otro puente, más los 6 ó 7 km extras que hicimos para poder salir en el día de hoy por la pista ciclable, el kilometraje final se podría ir por encima de los 100 km y habíamos ya perdido mucho tiempo, así que como la etapa del día siguiente era corta, les propuse terminar hoy en Honfleur, a unos 20 km del final previsto, en Deauville; así conseguiríamos por un lado, terminar en un sitio bonito para visitar, como era Honfleur, y por otro lado, reducir los kilómetros y llegar a una buena hora, y mañana recuperaríamos los kilómetros que no haríamos hoy, puesto que la etapa como he dicho era corta.

  A los compañeros les pareció buena idea, así que los 20 km que nos quedarían para Honfleur los haríamos más relajadamente, y así, cuando paramos en un supermercado que vimos, para hacer la compra de los próximos dos días, de paso compramos unas cervezas que nos estuvimos tomando en la misma puerta, y nos sentaron de escándalo. A partir de ahora, se instalaría la costumbre de comprar una cerveza en el super cuando tocara hacer la compra, y de paso recortar el presupuesto de la cerveza, porque en los bares la clavada era de aupa.

  Por fin llegamos a Honfleur, a buena hora. Paramos en la oficina de turismo, para que nos indicaran dónde estaban los campings que teníamos anotados en nuestra guía. Allí coincidimos con una pareja que venían de Amsterdan, también en bici, y también siguiendo la costa atlántica, aunque ellos seguían el trazado a rejatabla, mientras nosotros haríamos algunas incursiones hacia el interior, como por ejemplo, la de mañana, donde nos desplazaríamos a Caen.

  En el camping, situado prácticamente en el mismo pueblo, a la salida de éste, tuvimos suerte, ya que para mañana estaba todo ocupado, pero para esta noche podríamos quedarnos sin problemas. Mientras Rafa y Gorka estaban en recepción, yo me quedé fuera para controlar las bicis, y en ese momento aparecen la pareja holandesa, que también se quedarían en el camping.

  La rutina de siempre, montar las tiendas, ducha, colada y a dar una vuelta por esta bonita localidad, sin lugar a dudas lo mejor del día de hoy, donde el recorrido ha sido en general de los que podríamos decir: “pestoso”, con mucho tramo de nacional, mucho tráfico y paisajes sin pena ni gloria, tan sólo se salvan los kilómetros iniciales de pista ciclable hasta llegar a Le Havre, y ésta bonito pueblo de Honfleur, en la costa florida, con su puerto viejo repleto de turismo.



  CUARTA ETAPA: Honfleur - Caen
  Distancia: 65,22 km - Tiempo en bici: 4:13:22 - Media: 15,47
  Martes, 2 de Agosto del 2011.

  A las 9:30 de la mañana, después de desayunar y recoger el campamento, nos ponemos en marcha, en un día gris, con el cielo totalmente cubierto, ni rastro del señor “Lorenzo”, con temperatura fresca y un poco de humedad.

  Hoy no había problemas para salir, sólo teníamos que salir del camping y girar a la izquierda, y ya seguiríamos la carretera secundaría paralela a la costa, aunque al ser la más próxima a ésta, en ocasiones nos encontramos con algo de tráfico, pero al ser una carretera más estrecha, con más curvas y con muchos pueblos, los coches por suerte no cogen grandes velocidades y nos respetan bastante.

  A diferencia del día de ayer, hoy el recorrido se hace mucho más agradable, pedaleando entre enormes túneles de vegetación, entre grandes extensiones de prados o zonas frondosas con exuberantes helechos, en ocasiones, la pared que se levanta a nuestra derecha, entre árboles y vegetación, nos deja ver el mar y la costa y disfrutar de las vistas.

  Durante el día de hoy pasaremos por numerosos pueblos costeros, a muy poca distancia unos de otros, zona de playas y de mucho dinero, a juzgar por las enormes, bonitas y armoniosas casas que se ven, y que si bien es cierto que aquí puede ser normal por el hecho de haber más dinero, más turismo, de ser una zona visitada por la gente adinerada, también es cierto que durante todo nuestro recorrido por la alta Normandía, incluso en los pueblos del interior, alejados de la playa, y del bullicio del turismo, en general, hemos visto un gusto exquisito tanto por las casas como por los jardines.

  En nuestro recorrido por toda esta costa, llamada la Côte Fleurie (costa florida), es fácil que desde la carretera podamos divisar y admirar grandes mansiones con enormes jardines. Es ésta una zona que también llamó la atención de escritores como Gustav Flaubert o el mismísimo Alejandro Dumas.

  Es curioso, pero hasta hace poco más de siglo y medio, ésta era una zona de dunas de arena y tierras pantanosas (zonas de Deauville y Trouville), pero con las visitas de Napoleón III aparecieron los “espabilados de turno”, y comenzaron a desarrollar las infraestructuras necesarias para alojar a los integrantes de la corte y resto de burguesía parisina. Así se empezaron a construir las casas, palacios, hoteles y casinos, estos últimos para atraer la llegada de turistas ricachones.

  En una de las bajadas comenzamos a tener una buena panorámica de la localidad de Trouville, y como nos gustó, en lugar de ir rodeándola, lo que hicimos fue introducirnos en ella, hasta llegar a la calle que da al río Touques, cuya desembocadura al mar se produce entre dos faros coronados por cúpulas de color rojo uno, y verde otro, y paralelo al cual se levanta una especie de paseo-muelle de madera, donde se encuentra un exposición de fotos de gran tamaño, en blanco y negro, que reflejan la vida cotidiana de esta localidad a principios del XIX, todas relacionadas con la pesca.


  Esta calle esta llena de grandes hoteles, restaurantes, cafeterías, con una arquitectura bonita y bien conservada, al menos para mi gusto, y con un enorme casino que se levanta frente a ellos y que hará las delicias de los amantes al juego.

  Desde el río, desde la orilla, desde el paseo que existe, también se divisan bonitas vistas de la orilla opuesta.


  Cuando creíamos que teníamos de nuevo que subir para enlazar con la carretera que traíamos, resulta que al cruzar un puente sobre el río Touques, vemos el cartel de Deauville, o sea, que estas dos localidades están prácticamente pegadas, así que lo único que nos limitamos a hacer es seguir los carteles de “Centre Ville”, y así llegamos a una amplia plaza donde había bastante revuelo, y es que había mercado, y como suelo ocurrir en estos, había de todo: pescado, frutas, ropa, manualidades, antigüedades, fuagrás de todo tipo, etc... Aquí teníamos planificada nuestra primera parada para comer nuestra fruta y una barrita energética.

  Deauville era en teoría, el punto de destino de la etapa de ayer, así que ya habíamos recuperado los cerca de 20 km extras que teníamos que hacer de más hoy, si bien hoy era un recorrido corto y llano totalmente.

  Antes de ponerme en marcha de nuevo, cuando mis compañeros ya habían arrancado, aparece una chavala española, y me comenta que antes, en la carretera, nos había estado haciendo señas desde el coche, al ver la bandera de España, pero que no nos habíamos dado cuenta, y me pregunta que de donde venimos, que qué estamos haciendo, que cuantos días vamos a estar... en fin, las preguntas típicas; ella también está aquí por esta zona de vacaciones, con otras compañeras; un poco apurado me despido de ella, ya que casi he perdido a mis compañeros de vista, aunque al poco me los encuentro parados en una rotonda, antes de salir de la ciudad, y es que los veo que están colocando los plásticos en las alforjas y colocándose los chubasqueros, ¡comienzan a caer unas gotas de agua!... mal rollito.


  Continuamos viaje, pasando de pueblo en pueblo por la costa, utilizando los carriles bici junto a las playas y a la costa, rumbo a nuestra siguiente parada planificada: Cabourg, aunque antes, en Houlgate, paramos a comprar pan, en una bonita 'bulangerie', una gran casa con entramado de maderada en su fachada.

  En Cabourg, en un banco de un parque, hacemos la parada para comer, que ya iba siendo hora, y aunque el tiempo nos estaba respetando, tan sólo algunas gotas aisladas, lo cierto es que en cualquier momento podía comenzar a llover, y había muchas papeletas para que fuera así, aunque finalmente, y por suerte, hoy al menos, nos libramos de la lluvia, aunque el día siguió igual de gris y triste que cuando nos levantamos esta mañana.

  Desde este punto, había que elegir una de las tres posibilidades que teníamos previstas para llegar a Caen, y finalmente elegimos la de ir por la vía verde, aunque hubiera que hacer algunos kilómetros extras, pero estaríamos a salvo del maligno, del tráfico.

  A la salida de Cabourg, enganchamos un carril bici, paralelo a la costa, que acabó convirtiéndose en una pista de tierra. Pronto comenzamos a ver, a nuestra derecha, los primeros bunkers y nidos de ametralladoras, a ras de suelo, en plena marisma, dentro de la línea defensiva alemana de la segunda guerra mundial, para controlar cualquier desembarco en esta zona desde el mar.

  Seguimos alegres y contentos por nuestro carril de tierra, hasta que de pronto nos topamos con el río, el mismo que conduce hasta Caen, así que un giro de 90 grados hacia la izquierda, hacia el sur, y continuamos paralelos al río, teniendo a éste a nuestra derecha, mientras nosotros continuamos por la vía verde, en un bonito recorrido donde nos encontramos con bastante gente en bici, muchos también con alforjas. En muchos tramos, al igual que pasaba al principio con la carretera, nos adentramos en auténticos túneles de vegetación, donde ni vemos el río que tenemos a nuestra derecha ni tampoco el cielo, debido a la espesa vegetación que rodea este estrecho carril.


  Llega un momento que tenemos que cruzar el río por un puente para continuar rumbo a Caen por la otra orilla, pero al cruzar el puente nosotros por error, continuamos por una carretera secundaria en obras, paralela a la orilla, cuando deberíamos haber seguido en línea recta hasta llegar a un canal que tendríamos que cruzar y después seguir también por su margen hasta Caen, y que es realmente por donde va la Vía Verde entre Ouistrehan y Caen de 17 km de longitud.

  Al final y por suerte, acabamos saliendo de nuevo a la vía verde, aunque para ello tuvimos que pasar de nuevo un puente para salvar el canal (éste va paralelo al río), con la anécdota de que el puente lo estaba arreglando, estaban soldando, y justo en el momento en que estábamos hablando con los técnicos, el puente que giraba sobre un punto central, estaba a punto de hacerlo para dejar paso a un barco, y mientras nosotros intentando hacerle entender a los técnicos, que parecían astronautas con esos trajes, cascos y tubos, que queríamos pasar al otro lado, ellos insistían dale que te dale, con que nos fuéramos hacia atrás y esperáramos, hasta que nos dimos cuenta justo a tiempo de que el puente iba a girar, así que salimos del puente y pusimos pie en la otra orilla. No hubiera pasado nada, tan sólo que nos hubiéramos columpiado en el mismo puente, vamos una especie de atracción de feria.

  Después de esperar unos 10 minutos, el barco pasó y el punte volvió a girar, llegó a su sitio y pudimos pasar por él entre los operarios que estaban con las obras.

  Ya en la otra orilla, continuamos por la vía verde, con el canal a la izquierda, y con el carril asfaltado con un firme muy bueno y con mucha, muchísima gente, durante los 5 km aproximadamente que quedaban hasta Caen. Un auténtico gustazo pedalear por aquí, mucho ambiente: gente en bici, sobre patines en línea, paseando, corriendo, sentadas en los bancos, leyendo, etc. y eso que la tarde no era soleada precisamente.

  En un visto y no visto, y sin darnos cuenta, ya estábamos prácticamente en el centro de Caen. Una gozada esto de entrar de esta forma tan sencilla, cómoda y elegante en una gran ciudad, sin agobios de tráfico, sin equivocaciones, sin temor a meternos en una autovía.

  Llegamos a la oficina de información y turismo, al lado de gran iglesia de San Pedro y con las vistas del castillo ducal que estaba a tiro de piedra. Nos dieron el mapa de la ciudad y la dirección a seguir para dar con el albergue juvenil, aunque viendo donde estaba situado, la verdad es que nos resultó bastante lejos, como pudimos comprobar después, al llegar a él en bici, aunque antes, en una parada para consultar el mapa y ver por donde teníamos que ir, un coche nos comienza a pitar y para un poco más adelante; el dueño se baja y comienza a hablarnos en español por si necesitamos ayuda. Se trata de un español, cuyos padres emigraron a Francia cuando él era pequeño y que aunque hacía tiempo que no iba a España seguía manteniendo contacto con su familia en León y actualmente, por circunstancias de trabajo, él residía en Caen, y nos estuvo señalando sobre el mapa por donde deberíamos seguir para dar con el albergue.

  Por fin damos con la calle del albergue, pero esta era kilométrica, y como suele pasar, éste estaba prácticamente al final de ella. Cuando llegamos tuvimos que esperar 20 minutos, porque hasta las cinco de la tarde no atendían al público. Mientras esperábamos, comentamos que para ir después la centro y hacer nuestra visita cultural, tendríamos que coger el bus, porque andando estaba muy lejos.

  Cuando estábamos desmontando los bártulos de las burras, comienzan de nuevo a caer unas gotas de agua, pero todo queda en eso.

  La habitación era para cuatro, con ducha y lavabos interiores y hasta una pequeña cocina, así que allí haríamos la cena a nuestro regreso.

  Después de la ducha, cogemos el bus hacia el centro, para dar la vueltecita turística de rigor: iglesia de San Pedro, Castillo Ducal, barrio antiguo lleno de restaurantes con sus terrazas fuera y repletos de gente cenando ya a esta hora; la Abbaye aux Dames y la enorme e impresionante Abbaye aux Hommes, así como una iglesia que frente a ésta y que está medio derruida debido a los bombardeos sufridos en la segunda guerra mundial. Nos damos también un paseo por sus calles céntricas y peatonales y dejamos para mañana, quizás, la visita al Memorial de Caen, museo dedicado a la paz y que sitúa los acontecimientos del día D, en el contexto de la II Guerra Mundial con técnicas interactivas y audiovisuales.



  De regreso de nuevo al albergue tuvimos suerte, ya que sin saberlo, pudimos pillar el último autobús, de lo contrario nos hubiera costado dar un buen paseo de unos 4 km para llegar hasta él desde donde estábamos, y con la posibilidad de lluvia, puesto que el cielo estaba completamente cubierto y lo peor de todo es que los pronósticos tampoco eran muy favorables para mañana.

  Ya en el albergue, tiempo para la cena, escribir unas notas y a la cama, que mañana será otro día.


  QUINTA ETAPA: Caen – Saint Laurent sur Mer (Playa de Omaha)
  Distancia: 78 km - Tiempo en bici: 4:58:00 - Media: 15,7
  Miércoles, 3 de Agosto del 2011.

  En principio decidimos que los días que nos quedáramos en albergue desayunaríamos allí, porque muchas veces el desayuno está ya incluido en el precio y porque al ser libre se desayuna bastante bien en general, algo que nosotros necesitamos, puesto que es el combustible para nuestro motor, al menos, durante las primeras horas.

  Nos levantamos a las 8, y salimos de la habitación sigilosamente para no despertar a nuestro compañero de habitación, un inglés que trabajaba por internet y que estaba por aquí practicando surf, y de hecho, ayer tarde cuando estábamos a punto de salir se presentó con su tabla bajo el brazo; cuando se dio cuenta que éramos españoles nos dijo que también había estado en Tarifa practicando surf.

  A pesar de levantarnos a una hora aceptable, no sé muy bien cómo, pero siempre acabamos saliendo entre las 9:30, en el caso más temprano, y las 10:15, algo impensable para mi en otras rutas, en las que para las 7:30 ya estaba dando pedales, pero esta ruta es menos exigente, es muy llana y hacemos menos kilometraje.

  En el plano que nos dieron ayer de la localidad, aparecen también los carriles bicis y la dirección del primer pueblo por el que tenemos que pasar, y hasta llegar al desvío para dirigirnos a él, vemos que podemos utilizar los carriles bici, a costa de dar mucho rodeo, bordeando todo Caen, pero evitando cualquier problema de orientación por el centro, o con el tráfico.

  Así lo hacemos, después de 9 ó 10 km de carril bici, que se hacen sin darnos cuenta, pasando por algún que otro parque donde la gente está ya a esta hora haciendo deporte o paseando, llegamos al desvío en el que nosotros tendríamos que girar a la izquierda, para Saint Contest. Justo en este punto, pero a nuestra derecha, a escasos 500 metros, está el Memorial de Caen, pero entre que era de pago (como nos informaron en la oficina de turismo ayer) y que era muy tarde, decidimos seguir hacia delante, porque de lo contrario no íbamos a empezar a salir de Caen hasta las doce de la mañana o incluso más.

  A escasos 4 km está el pueblo de Saint Contest, a partir de aquí ya sólo sería seguir la ruta que teníamos prevista, por carreteras locales, y lo peor (salir de Caen) ya había pasado, y además lo habíamos hecho de forma muy cómoda y sin problemas de orientación ni de tráfico, utilizando los carriles bici, pero todo no es como uno espera y así, al llegar a una rotonda empezamos a buscar alguna indicación de algunos de los pueblos por los que deberíamos pasar, pero nada de nada.

  Gorka pregunta un par de veces, pero o no saben, o dudan mucho, así que rehacemos sobre la marcha la ruta, seguiríamos recto, por la carretera D22, dirección a Arromanches, y según el mapa, deberíamos llegara a la localidad de Creully, donde la carretera se acaba bifurcando en dos, una hacia Arromanches, y otra hacia Bayeux, que era nuestra siguiente parada programada, tanto para la comida como para una visita cultural.

  Es una carretera secundaria, y al menos hoy, con apenas tráfico, y en el primer tramo entre pueblos, carril bici, por donde nos adelantan un grupo de ciclistas ya entrados en años, que nos saludan efusivamente.

  El recorrido es muy agradable, llano, sin tráfico, con zonas de prados, campos de trigo que ya están siendo cosechados, maizales y también zonas de arboles frutales, sobre todo manzanos, y es que también empezamos a ver los carteles de venta de sidra, de ahí lo de los manzanos. Además, para acompañar el día, y tras las gotas de agua que empezaron a caer a la salida del albergue, el cielo fue abriéndose a lo largo de la mañana, el sol hizo acto de presencia e incluso llegó a calentar tímidamente, sobre todo comparada con la temperatura de ayer por la tarde o con la de esta mañana.


  En los alrededores de Bayeux, paramos en un supermercado para hacer la compra, y después, a la entrada, antes de llegar al centro, justo cuando se pasa un pequeño puente de piedra sobre un río, donde hay buenas vistas (con una noria movida por el agua del río y as torres de la catedral al fondo), además de una zona de sombra, es cuando hacemos la parada para comer. Buen sitio, aunque no fuimos los únicos que nos habíamos percatado de esto, y en el otro lado del puente, cuando fui a hacer algunas fotos, vi que también había gente comiendo y tomando unas cervezas.

  Junto a unas escaleras, a la sombra y a la vera del río, tocó llenar el depósito, sobre las dos de la tarde. El menú de hoy era: ensalada de pasta, acompañada de una cerveza, bocata de fiambre, fruta, y de postre alguna que otra galleta de chocolate, ¡no está nada mal!.


  Sobre las tres nos ponemos de nuevo en marcha, aunque vamos andando hasta la calle principal, situada a escasos 400 metros y que a esta hora todavía se encontraba repleta de puestos y de gente, de hecho la calle esta cortada, es como si fuera un gran mercadillo, aunque no estoy seguro de si esto es así todos los días. Es casi imposible andar por allí con bici, y eso que ya comenzaban a recoger algunos puestos.

  En esta misma calle de Saint Jean, se encuentra la oficina de turismo, así que Gorka entra a pedir el plano de la localidad, para preguntar sobre él, la salida en la dirección que nosotros llevábamos, y que ahora sería rumbo norte, en dirección a la costa, y de paso, el recorrido típico con las hitos importantes a visitar, que este caso se centraban en: la catedral, la tapicería (donde se encuentra el famoso “Tapiz de Bayeux”), el casco histórico, el museo dedicado a la segunda Guerra Mundial, ¡cómo no!, el cementerio donde descansan los soldados ingleses y canadienses que participaron en el desembarco de Normandía y en operaciones posteriores, etc.

  En la visita a la catedral y sus alrededores, por que es bastante grande, fue donde más tiempo empleamos, al menos yo, porque Rafa se quedó vigilando las burras, no estaba muy interesado, y Gorka y yo fuimos a hacer la visita cada uno a su bola, y a pesar de la hora que era, estaba abierta y con mucha gente por dentro y por los alrededores.


  Junto al museo dedicado a la segunda guerra mundial, hay dos tanques, uno inglés y otro americano, así que allí también nos hicimos las fotos de rigor, antes de visitar el cementerio, en el que impresiona ver lápidas del mismo tamaño y corte, de un blanco inmaculado, perfectamente alineadas sobre un césped impecable que más bien parece una alfombra; zona de paz, silencio y reflexión, donde uno piensa que a pesar de aquella guerra, de tantas muertes, seguimos igual, sin aprender nada, las grandes potencias siguen haciendo las guerras a su antojo, según sus intereses, bajo el paraguas protector de la ONU, mientras los países subdesarrollados se desangran, se mueren de hambre y se matan entre ellos en cruentas guerras civiles... pasan los años, siguen las guerras, y todo sigue igual... por desgracia.




  Ya iba siendo hora de continuar viaje, así que miramos el plano y vemos que podemos llegar a la salida para la dirección a seguir, al norte, hacia Longues sur Mer, en la costa, circunvalando Bayeux, en lugar de callejear por el centro y perder posiblemente más tiempo aunque quizás haciendo menos kilómetros.

  Llegamos pronto, sin problemas, a la carretera que tenemos que coger, dejando Bayeux a nuestra espalda. Este tramo, hasta llegar a Longues sur Mer, es también por carretera secundaria y sin tráfico, al igual que todo el trayecto recorrido hoy hasta este punto.

  Al llegar a Longues sur Mer, vemos justo donde la carretera por la que pedaleamos se cruza perpendicularmente con la carretera de la costa, a la pareja de holandeses con la que coincidimos en el camping de Honfleur, y que iban siguiendo más estrictamente el recorrido por la costa, aunque no pensaban llegar a España.

  En este punto, en lugar de girar nosotros a la izquierda y seguir la carretera de la costa, detrás de la pareja holandesa, decidimos seguir hacia delante un par de kilómetros más, en dirección a la costa, y allí nos encontramos con lo que se denomina “La Batería de Longues”, o lo que es lo mismo, dos líneas defensivas alemanas que controlaban la costa, llenas de bunkers, enormes mazacotes de hormigón, camuflados entre pequeñas colinas, sobre todo los de la línea más alejada de la costa.

  A la entrada al recinto totalmente abierto, había un chiringuito, una oficina de turismo y una tienda de souvenirs y aquello estaba a rebosar de gente, y en la explanada de las líneas defensivas, también se veía muchísimo personal andando y curioseando, la verdad es que no me esperaba ni por asomo, que todo este tema de la segunda guerra mundial y en concreto lo referente al desembarco de Normandía que es lo que atañe más de lleno a esta zona, tuviera tanto turismo.

  Aprovechamos el chiringuito para tomar un helado y después dirigirnos andando, con nuestras bicis al lado, a la línea defensiva exterior, la más alejada de la costa, desde donde supongo se disparaban a los barcos con los cañones que se pueden aún ver, unos mejor conservados que otros, dentro de estos nidos de hormigón, camuflados como he dicho antes, entre suaves colinas, y donde dentro de los cuales hay toda una estructura de pasillos y habitaciones; ésta línea sería para el ataque a los barcos, mientras que la primera línea defensiva, más cercana a la costa, era para ametralladoras, para la defensa ante desembarcos.



  Desde algunos de los puntos defensivos de la primera línea, la más cercana a la costa, se puede ver que aquí prácticamente no hay playa y que para poder avanzar habría que subir por los acantilados, pero también se puede observar, hacia el este, en la playas de Arromanches, los restos de los puertos Mulberrys, o sea, los puertos artificiales creados a partir de a unión de diversos bloques de hormigón preformados, que fueron transportados a través del Canal de la Mancha a flote, y hundidos aquí, utilizados para el desembarco de toda la logística que conllevaba una operación de esta magnitud como fue la del Desembarco de Normandía.

  La verdad es que en esta zona nos entretuvimos bastante tiempo, se estaba a gusto allí, en una tarde que había quedado muy agradable, y estábamos algo relajados porque ya habíamos hecho el grueso de los kilómetros de la etapa de hoy, pero si queríamos, aunque no estaba previsto para hoy, visitar la playa de Omaha (la zona donde desembarcaron los estadounidenses), para ganar tiempo mañana porque era una etapa más larga, y ya de paso, visitar también el cementerio de los americanos, no podíamos entretenernos mucho, porque además había que buscar un camping.

  Salimos de aquella zona por una carretera local, y después de callejear y salir de un pequeño pueblo, acabamos en la carretera de la costa, y a partir de aquí es donde comienzan los agobios y la toma de precauciones debido al incesante tráfico, consecuencia del turismo que tiene esta zona, aunque no es una carretera en la que se pueda correr, así que los coches no van muy rápido y por suerte nos respetan bastante, de hecho en algunas ocasión tuvimos que salirnos de la carretera y dejar paso a la cola de coches que estábamos provocando detrás de nosotros.

  Llegamos a una rotonda donde está la indicación del cementerio de los americanos, a la derecha, entre la carretera de la costa y el mar. Vemos un cartel que ante nuestra sorpresa y decepción informa que el recinto cierra a las 6 de la tarde, o sea, prácticamente dentro de un cuarto de hora. Dudamos si acercarnos o no, porque cuando llegáramos estarían a punto de cerrar.

  Decidimos intentarlo, así que un kilómetro y medio después, y en ligera bajada, ya estábamos en la enorme explanada donde están los aparcamientos, todo lleno de coches y autobuses y gente intentando salir. Un guardia nos dice, cuando nos ve entrar, que sólo nos quedan 3 minutos., seguimos hacia dentro, incluso hay un tramo de carril bici.

  Aquello es bestial, por lo grande que es, parece un enorme jardín, un gran parque, más que un cementerio, incluso tiene un centro de interpretación y guardia de seguridad y de protección. Intentamos entrar con las bicis hasta dentro para ahorrar tiempo, pero en seguida nos dicen que con bici no se puede entrar y menos subidos en ella, a parte de que están cerrando. Yo me hago el disimulado, mientras Gorka y Rafa se quedan atrás, desmonto de Bucéfalo y me encamino hacia dentro, voy a contra corriente, la marabunda de gente sale al tiempo que yo intento entrar para echar un vistazo general, pero en seguida dos guardias comienzan a llamarme la atención, me paran y me dicen que no puedo seguir, así que para atrás.

  En fin, una lástima no poder visitarlo después de llegar hasta aquí, pero todo no se puede ver y menos si se va en bicicleta, aunque si hubiéramos sabido este horario, nos hubiéramos entretenido menos en la zona de la “Batería de Longues”.

  Seguimos rumbo, dejando a la derecha el camping de Colleville sur Mer, el cual era nuestro punto final previsto cuando iniciamos la etapa de hoy, pero decidimos seguir un poco más adelante, y parar en el más cercano a la playa de Omaha, con el fin de ver esta zona hoy y no perder tiempo mañana, que teníamos etapa larga, como he dicho antes.

  Llegamos a un cruce, giramos a la derecha, en dirección a la playa de Omaha tal y como estaba indicado, vamos en ligero descenso, y de nuevo nos encontramos con otro museo dedicado al tema del desembarco en estas playas, y de nuevo con más cañones, carros, ametralladoras, etc, en la entrada, en el exterior. Durante el recorrido por la carretera de la costa ya nos habíamos encontrado con otros pequeños museos de este tipo y es en esta zona parece un denominador común.

  Por fin llegamos a la playa, y a excepción de un monumento no hay nada especial, tan sólo pensar e imaginar que fue aquí donde se produjo el desembarco americano, y a los tres, por lo comentarios que hacemos, nos vienen las imágenes de las películas que tratan de este tema, como la de “Salvar al soldado Rayan”, en la que se recrea el desembarco con bastante crudeza.

  Es una playa enorme, de 7 u 8 kilómetros de larga, pero también es muy profunda, al menos en ese momento, que había marea baja, en la que hay tanto tramo de arena, de playa, para llegar al mar, que casi hay que coger un taxi para poder darte un baño.... bueno un poco exagerado, pero la verdad es que mucha profundidad.

  No habíamos visto ningún camping, así que cuando llegamos a la playa, giramos hacia nuestra izquierda, rumbo oeste, para recorrerla y de paso probar haber si teníamos suerte y dábamos con alguno, porque ya iba siendo tarde.

  Llegamos al final del tramo de carretera paralelo a la playa, y ahora toca girar a la izquierda e ir de nuevo hacia la carretera de la costa, pero ahora en ligera subida, que no sienta muy bien, al tiempo que vemos a nuestra derecha un tramo de los puertos artificiales que se construyeron para el desembarco y un cartel informa de la cantidad de coches, hombres, kilos de material, etc... que pasaron por él.

  Por fin vemos un cartel del camping, está prácticamente en la carretera de la costa, y al coger el desvió a la derecha, de nuevo aparece otro museo con cantidad de chatarra en el exterior, más carros de combates, ametralladoras, y material militar de lo más diverso, así que dentro no sé qué es lo que abría.

  Llegamos al camping, con la recepción a apenas 200 metros del museo y de la carretera de la costa. El camping es de tres estrellas, al igual que el que teníamos previsto, aunque nosotros sólo necesitábamos una parcelita para montar nuestro campamento, porque comienza a hacer fresco y no está la cosa como para pegarse un baño en la piscina, pero sí para comprar unas latas de cervezas que tomaríamos acompañadas de unos frutos secos, mientras montábamos las tiendas.

  Después de la ducha, salimos del camping por la parte de atrás, hasta llegar a una valla y a una puerta con código de seguridad, que nos dieron en recepción, y desde aquí, un estrecho camino de cemento que en bajada vertiginosa conduce a la misma playa de Omaha, por la que damos un paseo al tiempo que intentamos ver algún sitio para cenar, porque hoy es el cumpleaños de Rafa, y paga él la cena y las cervezas, así que un pequeño homenaje, aunque por desgracia no había mucha oferta de restaurantes o chiringuitos, al menos por este lado de la playa.

  La temperatura era fresca, al principio nos sentamos fuera pero después nos pusimos al resguardo de la fría brisa que corría y tuvimos que echar mano de algo de abrigo. Desde el mediodía de hoy, habíamos disfrutado de un día de sol y de buena temperatura, quizás el mejor de todos, aunque con la puesta de sol ya comienzan a verse algunas nubes, pero nada que hiciera pensar el cambio de tiempo que nos esperaba mañana.

  De vuelta al camping, ya completamente de noche, tuvimos que hacer uso de los frontales, y después de la ruta de hoy, del relax de la cena y de las cervecitas, la cuesta de subida por el sendero de cemento hasta llegar a la puerta de entrada al camping, donde había que introducir el código de seguridad, hizo cosquillas en las piernas.

  Y en el camping, cada uno a su tienda, aunque yo escribo unas notas antes de irme a dormir...

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