Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Marcha Cicloturista anual a Guadalupe organizada por el club "Quintana es Natural".

  Un año más, el club ciclista "Quintana es Natural" organizó "La Marcha a Guadalupe" por carretera, entre las localidades de Quintana de la Serena y Guadalupe, con creo que récord de asistencia, 60 personas, unos con bicis de carretera y otros con bicis de montaña ¿qué más da?, se trataba de compartir una jornada todos juntos y aunque se formen, como es habitual, varios grupos cada uno de acorde a su nivel, lo cierto es que al final, en la última rotonda, hay reagrupamiento, para recorrer los dos últimos kilómetros en subida, en los que se pasa por debajo del viaducto con alturas de vértigo (el año pasado pasamos por encima de él cuando vinimos con los "Dientes de Perro" haciendo el trayecto por caminos) y donde poco a poco, conforme se va llegando al final de la subida, se va teniendo una visión clara a la derecha del monasterio y del pequeño y bonito pueblo de Guadalupe que tiene a su alrededor; al principio la vista es tapada por la arboleda y sólo en algún tramo se puede disfrutar de una vista parcial, pero después, cuando desparecen los árboles, en un gran claro, que a su vez y de un tiempo a esta parte, sirve de mirador, las vistas son muy buenas, sobre todo cuando es la primera vez que se contemplan, y aunque yo ya he pasado por aquí muchas veces, y en los últimos años más si cabe, todavía me sigo parando y deleitando. 


  La entrada de este gran pelotón por las calles de Guadalupe y el acceso final a la plaza, abarrotada de gente, tanto de turistas como de los propios familiares que habían llegado poco antes en bus, fue como siempre, calurosa, entrañable, emotiva, un gustazo un año más poder llegar en bicicleta a los pies del monasterio, a los pies del manto protector de la Virgen, o al menos, eso esperamos, que nos proteja... 


  La marcha comenzó sobre las 7:40, aún de noche, y en los 17 km entre Quintana y Campanario fuimos viendo el amanecer, viendo salir el sol gradualmente en una mañana fría a primera hora, tal y como se esperaba, pero en la que poco a poco la temperatura fue recuperándose.

  En Campanario, ya con la claridad de los primeros rayos de sol, se agregan nuevos participantes.

  Después de tramos de llaneo y de una buena bajada, llegan un par de repechos largos, poco antes de llegar a la presa del embalse de Orellana, localidad a la que llegamos después de una subida y donde estaba programada el primer descanso y avituallamiento, además de que aquí se unirían a la marcha nuevos compañeros.

  Con el sol ya calentando ligeramente, y después de los repechos y de la subida previa a la llegada a Orellana, el personal empieza a entrar en calor, así que en esta primera parada aprovechamos para quitarnos ropa de abrigo.

  Viene después el tramo recto y llano entre Orellana y Obando, donde estaba situada la segunda parada programada, en el recinto de entrada a un hotel. Este tramo es más bien insulso, para mi gusto, con grandes rectas, llanas, y campos de cereales, sin apenas arboleda y en esta época del año con el típico color amarillo-pajizo. Tan sólo las vistas al fondo, de las sierras elevándose por encima de estas llanuras, y el rodar en un grupeto con compañía agradable, amortigua el paso por esta llanura desoladora en la que comienza a sentirse el aire, y no precisamente a favor, que ya nos acompañaría hasta el final de la jornada, y sobre todo en la larguísima recta de varios kilómetros previa al cruce de Cañamero, donde se haría más acuciante, sobre todo si se va sólo.

  En el siguiente tramo, aunque también tiene una gran parte llana y con largas rectas, al menos el paisaje es más entretenido con zonas de arboleda y arrozales que en invierno están plagados de grullas, y a los que le sigue una zona de dehesas donde en la parte derecha, cuando comienzan de nuevo las largas rectas, se encuentra el parque periurbano de la Moheda Alta, con su centro de interpretación, y es que desde este parque, desde el mes de diciembre, y durante el invierno, se pueden contar por miles los avistamientos de grullas.

 La zona llana y de largas rectas finaliza con una subida suave de kilómetro y medio aproximadamente, al término de la cual es donde está planificada la tercera y última parada-avituallamiento, a la derecha de la carretera, en la entra a una finca.

  Reagrupamiento de todo el personal, bebida isotónica, plátanos, dulces y de nuevo en marcha, aunque dicho así parece que fue todo muy rápido, pero la verdad es que algunos estuvimos parados allí media hora larga, aunque daba igual, cada uno va en su grupo y en las paradas nos reagrupamos para que las diferencias no se desmadren, y al fin, llegar todos juntos a Guadalupe que era de lo que se trataba.

  Desde aquí una recta kilométrica, aburrida como ella sola, 'pestosa', interminable y con el aire en contra. De nuevo me meto en el grupo con el que estuve en el tramo entre la primera y segunda parada. Vamos rodando con velocidad de crucero, pero un par de kilómetro antes del cruce de Cañamero, hay un pinchazo, paramos cuatro o cinco y el resto del grupo sigue para delante.

  En la buena, larga y bonita bajada desde el cruce de Cañamero hasta la rotonda de acceso a Guadalupe, aproximadamente a la mitad, el mismo que había pinchado antes vuelve a pinchar otra vez. Esta vez paramos tres, yo que iba delante y otros dos que iban detrás del que pinchó, el resto del personal, con las velocidades que se cogen en la bajada no se enteraron.

  Solucionado el problema, seguimos bajando lo poco que queda, y en la rotonda está esperando todo el personal, con el coche de la asociación, para emprender los apenas dos kilómetros, en ligera subida, que restan hasta la entrada a Guadalupe por la antigua carretera, la que pasa por debajo del viaducto. Un tramo muy bonito. 



  Y por fin la entrada a la plaza de Guadalupe, sobre la una del medio día, donde un año más, el grupo se hizo la foto en los escalones de acceso al Monasterio.


Después la merecida ducha, este año en la zona dentro del Monasterio que está preparada para el aseo de los peregrinos, y antes de irnos a comer en el salón que ya había reservado la organización de este evento, en uno de los muchos bares-restaurantes siutados en la plaza, unas cañas para ir abriendo boca.

  Terminada la comida, un café, vueltecita breve y a las 6:30 para los autobuses, aunque al final acabamos saliendo cerca de las siete de la tarde, llegando a Quintana sobre las 20:30, así que un día completito...

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