Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 30 de abril de 2011

Viaje a Marruecos, visitando las ciudades de Marrakech, Rabat, Asilah y Casablanca.

El viaje a Marruecos de esta semana santa se dividía en dos partes. Por un lado un trekking de cuatro días por el macizo del Toubkal, y por otro lado, otros cuatros días para visitar ciudades como Marrakech, Casablanca, Rabat o Asilah.

Del recorrido por estas ciudades no me quedo tanto con grandes monumentos, o con un tipo de arquitectura o con grandes espacios o entornos, me quedo con la LUZ, con el COLOR, con los OLORES y con el SONIDO que uno capta al pasear por las calles o por la medina de estas ciudades, que hacen agudizar e intensificar los sentidos. No me quedo tan admirado o prendado por un gran monumento, que también los hay como la Mezquita de la Kotubia, sino por las diferentes tonalidades y matices de los colores y de la luz: esos rojos de las paredes de la medina en Marrakech, o el azul de las de Asilah, o los diferentes colores de las especias de la multitud de puestos así como los olores que desprenden, el ruido de motos intentando pasar a través de la medina en medio de un enjambre de personas, el sonido de las voces producto de los tiras y afloja de el arte del regateo, el embrujo del susurro de los cuentacuentos, de los encantadores de serpientes, de los vendedores en los puestos de la plaza Jamaa el Fna,  la llama a la oración, los fuertes y desagradables olores de los barrios donde se curte y trata la piel (tenerías), lo vistoso de los tatuajes que hacen en plena plaza o las ropas de las mujeres... Sin duda un paseo por plena medina en Marrakech, Rabat o Asilah es suficiente para hacer despertar los sentidos del letargo al que se ven sometidos producto de la misma rutina diaria en el que se ven envuelto en nuestra cultura.

Pincha aquí para ver las fotos de este viaje, donde se pueden ver claramente, o al menos lo he intentado captar así, los matices de las luces y las tonalidades del color, el resto, los sonidos y olores, quedan en mi memoria, porque por desgracia no puedo expresarlos por medio de la fotogragía.

Como ejemplo, y para abrir boca, pongo a quí algunas de las fotos:










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