Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 17 de julio de 2017

Concierto de Ara Malikian en el Teatro Romano de Medellín (16-07-2017).


Concierto genial el que nos ofreció el virtuoso, el mago, el loco, el acróbata, el saltimbanqui del violín, o lo que viene a ser lo mismo, Ara Malikian, para el que este instrumento musical no es más que una prolongación de su propio cuerpo, a juzgar por la armonía, ritmo, fuerza, carácter y determinación con el que lo toca a pesar de los saltos, gestos y piruetas que realiza sobre el escenario, cual estrella del rock, rayando en ocasiones el histrionismo sobre la escena del teatro romano de Medellín, pero sin desafinar una nota, sin perder el compás, es como si el violín estuviera pegado a uno de sus brazos y los dedos y el arco con el que acaricia-golpea las cuerdas supieran de memoria cada nota a tocar, como si estuviera todo completamente mecanizado.


El concierto que nos ofreció el señor Ara Malikian la noche estrellada del domingo, en el teatro romano de Medellín, a los pies del impresionante castillo y con el pueblo de fondo iluminado por las farolas de sus calles, no fue simplemente un concierto, me refiero a que este genio que interpreta la música como nadie a través de su violín, no se limita a dar un recital sin más, él convierte cada velada en un puro espectáculo, y es que encima del escenario se convierte en un auténtico showman...


Ara vive cada concierto como si fuera único e irrepetible, lo disfruta, lo siente, lo transmite al público, al igual que a toda su “banda” (violín, viola, guitarra, contrabajo, violonchelo, percusión y tabla hindú, además de él, o sea, ocho personas sobre el escenario) en la que encuentra una gran complicidad y compenetración, y esto se aprecia en las risas y en el buen rollo que hay entre ellos, y eso a pesar de estar tocando y contando lo mismo que en el día anterior en este mismo escenario, y lo mismo que tocarán al día siguiente en otra ciudad, en otra escenario, y aún así, lo viven como si fuera el primer concierto de la gira, y ese aura, esa energía que crean entre ellos la trasmiten rápidamente al público que no tarda ni cinco minutos en contagiarse, rendirse a sus pies, y aún más, cuando va desgranando cada tema del concierto cual juglar, con una introducción en la que va relatando la historia de su violín, y por ende, su propia historia; entre la realidad y la ficción, entre la cruda y amarga realidad que hace reflexionar y la ficción cómica y a veces surrealista que hace que el público se destornille de risa.... De entre la realidad, habla de cómo el violín ayudó a su abuelo a salir de Turquía en medio del proceso de genocidio de 1915, haciéndose pasar por músico sin saber tocar el violín, y cómo después en el Líbano, su abuelo cedió el testigo del violín a su padre, para que éste aprendiera a tocarlo, y cómo más tarde su padre se lo cedió a él para que también aprendiera a tocarlo, y cómo gracias a él y a la música, Ara pudo salir del Líbano, algo que no era tampoco fácil... y es a partir de este punto, cuando comienza a narrar historias entre lo cómico y lo serio que sirven para ir introduciendo los diferentes temas que irán sonando en esta noche.

En su proceso de aprendizaje y perfección a la hora de tocar el violín, cuando estuvo en Italia, todos sus amigos tenían “violines de marca”, como Stradivarius, a los que comparaba con los coches italianos de gama alta: ferrari, lamborghini, maserati.... mientras que el sólo tenía un mísero violín que no sabía ni quien lo había fabricado, aunque eso sí, con mucha historia y carga sentimental, aunque para que su violín no fuera menos que el de sus compañeros, se inventó a un luthier que supuestamente fue el que se lo fabricó, y poco a poco fue creando toda una historia alrededor de él que, a base de tanto repetir e inventar, acabó casi creyéndosela él mismo; para el nombre del luthier ficticio, y puesto que se encontraba en Italia, no se le ocurrió otro que el de Ravioli”, Alfredo Ravioli (como el tipo de pasta italiana), y como bien dice él, como en aquella época no estaba internet ni la wikipedia para confirmar-corraborar nada, pues acababan creyéndoselo y sus amigos cada vez le pedían que les contara más cosas sobre este él... A este luthier que sólo existía en su imaginación, le dedica el tema “Con mucha nata”...

En otras de sus historias cuenta como para ir ganándose la vida tenía que tocar con otro compañero en tugurios de mala muerte, y que al principio por más que interpretaban a los grandes clásicos, el personal que acudía por esos antros, dotados de una gran cultura (léase esto en tono irónico) acababa arrojándoles de todo lo que tenían a mano, así que tuvieron que ir cambiando de estrategia, o mejor dicho, de repertorio, y comenzaron a tocar algún tema de los que intuían podían gustarles, y después, lo que hacían era tocar ese mismo tema de diferentes formas, dándoles la vuelta, para que no lo reconocieran, algo a lo que como él mismo dice, ayudaba mucho el alcohol que ya tenían en el cuerpo muchos de los asistentes... incluso llegaron a ponerles números a las distintas variantes que tocaban sobre el mismo tema, así que se llevaban toda la noche tocando prácticamente lo mismo... Esta experiencia es el caldo de cultivo para la composición del temaBrocke eggs”, que es el que tocan tras esta introducción.



Pero quizás la historia más surrealista, paranoica y cómica se produce cuando se fue a Irlanda y por diferentes casualidades y vueltas de la vida, le ofrecieron tocar en un grupo de música folk irlandesa, para hacer una gira por Europa, y como precisamente él no pasaba por su aspecto por irlandés, tenía que ir disfrazado de castor en toda la gira... y después de muchas vicisitudes llegan a Galicia para dar unos conciertos por allí.. y es aquí donde comienza una historia alocada sobre unos bichitos que el nunca había visto y de los que se queda prendado, los 'percepes', montándose toda una película alrededor de ellos y creando hasta una danza para que puedan bailarla: “La danza de los percebes”.... es quizás esta danza, la que tiene la introducción narratoria más larga y alocada de toda la noche...

Durante el espectáculo cargado de energía, humor y buena, muy buena música, hay momentos emotivos, como los que dedica al tema de Siria, y al sinfín de refugiados, comentando que ¡ojala todos los refugiados pudieran tener un violín como el suyo que pudo ayudar a salir a tres generaciones de una situación tan indeseable para cualquier ser humano!... En su disco “La increible historia del violín”, dedica temas relacionados con sus orígenes: a una ciudad del Líbano “Bourj hammoud”, o a una danza armenia (fue el segundo tema que interpretó en este concierto) “Kashn nazar”, que creo que era una especie de antihéroe en Armenia, una especie de Don Quijote, un personaje de fábula por allí, alguien que parece que todo lo que hace le sale mal, pero al fianl la gente lo acaba viendo como a un héroe; en el concierto tocó también un tema en el que hizo referencia al genocidio armenio vivido en 1915 y la verdad es que algunos de sus chirriantes acordes en el inicio, parecían sonar como un conjunto de voces humanas gritando, impresionante, ¡uf, se ponen los pelos de punta!...

En su relato de “la increíble historia del violín” (título de su último disco), también hay lugar para otras cosas, y es que como él bien dice, todo en su vida no iba a ser el violín, y de vez en cuando le pasan cosas en la vida que no tienen nada que ver con este instrumento, como es el nacimiento de su hijo, al que también dedica un tema cuando aún no había nacido, a raíz de la obsesión que tenía su mujer a cerca de si su hijo se movía o no cuando estaba en el vientre. El tema que le dedica es: “El vals de Kairo”, basado en movimiento-parada-movimiento-parada... en fin, dicho por él mismo: “una flipada de las mías”...



No todo el concierto son obra suyas de su último y exquisito trabajo, sino que en el concierto mezcla estos temas con otros del mundo de la música clásica: Mozart, Bach, Vivaldi, Paganini... y con otros temas rockeros o de bandas sonoras de películas (como el tema “Misirlou” que suena en el baile que se marcan Uma Thurman y John Tavolta en Pulp Fiction, al que introduce haciendo una parodia de los “andares” de Travolta)... como muestra un botón para comprobar cómo son sus eclécticos conciertos: nada más empezar, de inicio, y ya que estamos en rebajas, toca un tema que en realidad son tres, o sea, un tres por uno, enlaza temas de Jimi Hendrix con uno de Mozart, y ya por el mismo precio (como él mismo dice), cuela también un tema propio, en definitiva, un primer tema que resume todo lo que será el concierto, una mezcla de temas propios, con clásicos y rockeros.




Para introducir uno de los temas rockeros que toca, habla del conflicto musical que vivía en su casa con su familia y los trastornos que le causaba, ya que su padre sólo estaba por los temas clásicos, mientras que su hermana, con la que convivía más tiempo, sólo estaba por los temas rockeros, obligándole poco más o menos, a poner un póster en su habitación de “Led Zeppelin”, de forma que tenía una cortinilla y cuando entraba su padre tiraba de la cortinilla y aparecía un póster de Bach... y así contentaba a todos. Todo este “rollo” sirve para introducir el tema “Kashmir” de los legendarios Led Zeppelin, sin duda el tema más potente de todo el concierto, que en nada envidia al propio tema de esta mítica banda rockera, donde todos los instrumentos se compenetran para conseguir una mayor fuerza y potencial, con una potente batería, que acaba enganchando y haciendo vibrar a todo el público asistente, donde el señor Ara se luce y saca músculo, y esto sin desmerecer en nada el delicioso tema de “Life on Mars”, de David Bowie, tan dulce y delicado que nos hace enternecer, ponernos en “modo sentimental”...






Para introducir una obra de otro clásico: “La Campanella” de Paganini, nos relata la historia de cuando su violín estaba hecho una “mierda” y lo llevó a un luthier para que se lo arreglara, y éste al verlo le dijo algo así como “Ara, ¿qué quieres que haga con esto?, está muy mal”, pero al final consiguió hacer que tocara incluso mejor que antes, pero tenía un problema, que no sonaba bien el “Fa sostenido”, y entonces le relató el luthier a Ara que ése era el mismo problema que tuvo una vez el maestro Paganini cuando se encontró en un concierto con un violín prestado (porque el suyo lo había perdido en alguna de las apuestas de las que era habitual, en algún casino cualquiera de un sitio cualquiera) y cómo tuvo que reescribir la partitura del tema, de forma que hacía sonar el “Fa sostenido” con una campanita... toda esta introducción sirvió para dar un poco de “bola” a Héctor, el percusionista de la banda, que sería el encargado de tocar la campanita, algo que requería “mcuha concentración, presión y conocimiento del tema”, y para el quel pedía un aplauso del público....

Su padre le dijo que por favor cuidara de ese violín que tanto significaba, que lo cuidara muy bien, pero la verdad es el que él no le hizo mucho caso, y tocaba y tocaba el violín pero sin cuidarlo, sin pensar en conservarlo, o como él mismo dice: “...dándole mala vida...”, tan mala vida le debió dar al violín, que una vez que se lo dejó sobre una mesita, el violín se quiso suicidar arrojándose de la mesita al suelo, acabando hecho pedazos... Entonces se da cuenta de su error, y es cuando a raíz de esta historia compone el tema “Requien para un violín”, que es el siguiente tema a interpretar.

La obra finaliza con dos bises bien distintos, uno el “verano” de las cuatro estaciones de Vivaldi, un tema muy vibrante en el que hace gala de su magnifica técnica tocando el violín, de su virtuosismo y de su bendita locura sobre el escenario que hace que más que un tema clásico y tranquilo parezca de un concierto de rock.. por contra, el último tema, de Bach, es una pieza suave, delicada, armoniosa, grácil, en la que en completo silencio salta del escenario al graderío, acompañado por un haz de luz que incide sobre él mientras el resto permanece a oscuras, mezclándose entre el público, caminando por los estrechos pasillos, subiendo y bajando las escaleras, mientras toca, casi acaricia su violín, esa prolongación de su cuerpo, para sacar esa melodía tan dulce, sorprendiendo y haciendo las delicias de todos los asistentes que nos quedamos boquiabiertos al verlo pasar junto a nosotros con ese andar grácil y tranquilo, sin perder la compostura, ni tan siquiera a la hora de bajar los empinados escalones....






Sin duda, un concierto para guardar en el archivo sonoro de nuestra memoria, un concierto que engancha, con el que en ocasiones te emocionas, en otras te sale la vena rockera, en otras aprecias y sientes las danzas armenias o de tintes orientales y en otras... te partes de risa con la forma entre socarrona y tímida que tiene a la hora de contar la increíble historia de su violín y las diferentes anécdotas vividas y relacionadas con dicho instrumento... Da igual que es lo que toque, si es clásica, rock, pop, con tintes orientales, de cosecha propia, etc.. ¡qué más da!, él todo lo convierte en MÚSICA, y como dijo Kurt Cobain, el líder y cantante-guitarrista de Nirvana:  "La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor".






Entrada del concierto del 16 de Julio de 2017 en el Teatro Romano de Medellín

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