Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

martes, 15 de noviembre de 2016

Senderismo Extremadura [Sierra de Gata]: San Martín de Trevejo-Villamiel-Trevejo-Cilleros (por el GR10).


Tras mi primera incursión en la Sierra de Gata en un viaje en bici con alforjas, en plena hola de frío, en un mes de Diciembre del ya lejano 2001, son ya varias las veces que he estado por allí, unas de senderismo, otras de cicloturismo, unas veces solo y otras con más o menos compañía, como en este pasado fin de semana, donde estuve con ASTOLL, y aunque me gusta estar con ellos, la verdad es que es mucha gente para mi gusto, sobre todo porque no todos valoramos lo mismo y no todos vamos en el mismo plan...

Aunque son ya 15 años, todo parece permanecer igual, los pueblos siguen manteniendo esa arquitectura popular tan característica, pueblos como Gata, Villasbuenas de Gata, Robledillo de Gata, Santibañez el Alto, Hoyos, Acebo, Trevejo, Cilleros, San Martín de Trevejo... cargados de miles de detalles que pueden hacer las delicias de cualquier amante de la fotografía, y eso por no hablar del paisaje de la Sierra de Gata y de sus inmensos bosques de castaños.

Me gusta su tranquilidad, la paz, la simbiosis y armonía entre la arquitectura popular y los bosques de robles y castaños, y con el entorno en general.... me gusta su gente, con una población cada vez más envejecida que aún no parecen estar totalmente infectada con ese virus del “turismo masivo”, que a la larga puede resultar letal para el entorno, para la naturaleza. Que hay turismo? Pues si, pero ni punto de comparación con el que puede haber en el Jerte o la Vera, quizás por estar estas zonas mucho más cercanas a Madrid y atraer mucho turismo de alli, un turismo “pasivo” en muchas ocasiones, que viene bien económicamente para la zona, lo voy a poner en duda, pero que quizás a la larga puede perjudicar el entorno, muriendo de éxito, de estrés por masificación... sólo basta ver como está la zona del Jerte de abarrotada en la “Fiesta del cerezo en flor”.

Fotos de San Matín de Trevejo.
Volviendo a las actividades planteadas para este fin de semana, el sábado 12 de noviembre la ruta prevista era una de las etapas del GR10 (Valencia-Lisboa), concretamente la que comienza en San Martín de Trevejo, y pasa por Villamiel y Trevejo, para finalizar en Cilleros, ya limitando con tierras portuguesas. 
 
Nos quedábamos a dormir en el camping de Gata, así que por la mañana tocó un rato de bus para llegar a San Martín de Trevejo, donde llegamos a buena hora, sobre las nueve y media, y tras la visita al pueblo, altamente recomendable, por ser uno de los muchos de esta zona que sigue manteniendo sus señas de identidad a pesar del inexorable paso del tiempo, con una arquitectura popular de las mejor conservadas de la Sierra de Gata, emprendemos en tropel la ruta, que empieza con subida por un camino empedrado que poco a poco nos va introduciendo en un bosque de castaños de entre los que destaca particularmente un 'abuelo' centenario, de gallardo porte pero con pies de barro, y es que su grueso y enorme tronco, en la parte inicial está practicamente hueco, y aún así, parece gozar de una salud envidiable, rodeado del espeso bosque que tiene a su lado, donde los haces de luz se van filtrando entre las hojas que aún cuelgan de las ramas, bañándolas de un dorado oro en ocasiones, o de tonos más ocres y rojizos en otras, como si se incendiara el bosque en cadena al son de la luz que se filtra, así que no es de extrañar que la gente vaya parando, sobre todo junto al “abuelo”, para hacerse las respectivas fotos...

 Tramo inicial de subida al salir de San Martín de Trevejo, por calzada empedrada, rodeado una colorida vegetación.
 Un 'abuelo' en el camino....aunque como puede verse en la foto de abajo, ya nota el paso del tiempo, con su grueso tronco hueco a modo de cueva....

Terminada la subida a este pequeño puerto, viene la bajada hasta Villamiel, una bajada que tampoco tiene desperdicio, ya que continuamos por el bosque, con caminos más anchos en ocasiones, flanqueados por paredes de piedras y alfombrado por una hojarasca incendiaria mientras por las copas de los árboles la luz es más calida y dorada... y así, hasta llegar a las cercanías de esta localidad, donde dejamos el abrigo del bosque para disfrutar de unas vistas más amplias.

Parte del grupo en la bajada a Villamiel.

Ya en Villamiel, atravesamos el pueblo por una larga y recta calle que nos conduce al final de éste, donde el autobúes espera para quien quiera tomar algo de fruta, retirarse, o comenzar la ruta desde este punto.

Tras reorganizarnos, y comprobar que ya no quedaba nadie atrás, me pongo de 'cola' junto a José Ángel, y ya no la dejaríamos hasta llegar a Cilleros, haciendo de cierre del grupo, mientras por delante, otros compañeros con el track grabado iban en cabeza... por un lado mejor así, porque no da el aspecto de tanto apelotonamiento, ya que somos muchos, pero por otro lado, se forma mucha distancia entre los primeros y los últimos... a mí daba igual ir de cierre, es un poco pesado pero por contra, tengo todo el tiempo del mundo para entretenerme y hacer fotos o pararme a observar lo que me venga en gana.

De Villamiel salimos de nuevo en bajada, y de nuevo por camino empedrado con las típicas y vetustas paredes de piedra a los lados, pero aunque transitamos por zonas arboladas, no estamos dentro del bosque y disfrutamos de buenas panorámicas, de hecho, cuando finaliza la bajada y antes de emprender un nuevo repecho, disponemos ya en el horizonte de las primeras vistas del Castillo de Trevejo, o de lo que queda de él...

 En el último trabajo de bajada desde la salida de Villamiel, ya podemos ver la figura del castillo de Trevejo, en el cerro del fondo, a la derecha.

Al terminar la parte más durilla del repecho y cruzar la carretera, llegamos a un claro desde donde continuamos siguiendo las señales rojas y blancas del GR, las cuales nos conducen por una estrecha vereda que al poco de tomarla aparece empedrada y que en ligera subida, nos lleva a la parte alta de este cerro tras el cual se encuentra Trevejo y su castillo. Desde esta parte alta, se tienen unas buenas vistas del pueblo y el castillo, así que de nuevo toca hacerse fotos de grupo y fotos varias en general para inmortalizar estas vistas que parecen sacadas de una postal y que para muchos de los que allí estaban resultaban desconocidas.

 Algunos compañeros en fila india por el sendero empedrado en el último tramo de subida antes de llegar a Trevejo.

Trevejo antes de bajar al pueblo, viniendo por el camino desde Villamiel.

Hasta aquí el tramo que conocía, porque lo había hecho con mi vieja mountain bike, puro “hierro”, (“plomo molinero” como la llamaban mis amigos sevillanos del grupo de los “Toros Bikers”) en un viaje con alforjas, mezclando asfalto y caminos. Más recientemente estuve por aquí con los amigos Edu y Alex, en unas ocasiones de cicloturismo, cuando Alex trabajaba en Hoyos, y en otras de senderismo.

Hechas las fotos de rigor, y tras regodearnos con las vistas, toca bajar a este pueblo medieval de poco más de dos calles, de casas y calles de piedra que se mimetizan con el entorno y del que apenas desentona el rojo de sus tejados. Allí nos espera de nuevo el bus, porque aquí finalizan la ruta algunos y otros es justamente donde la comenzarán. Visitamos el pueblo y su castillo, o mejor dicho, la grandiosa y ruinosa torre del homenaje que es prácticamente lo que queda en pie en ese cerro en cuya falda se asienta el pueblo y una ermita. Desde la ladera del castillo se tienen unas buenas vistas panorámicas del pueblo enterno y del entorno que lo rodea, así como del pequeño cementerio situado bajo los muros de la torre, además de las tumbas antropomorfas de los alrededores.

 Calles y acceso a las casas de Trevejo, con el castillo de fondo.
 Vista panorámia del rinoso castillo de Trevejo y sus aleredeodres, con la ermita en la ladera de la dercha.
 Vista panorámica del pequeño, coqueto y medieval pueblo de Trevejo.
 El pequeño cementerio de Trevejo, a los pies de la torre del homenaje...

El grupo que iba por delante aprovechó para tomar un tentempié en el cerro del castillo, buen sitio para hacerlo, antes de seguir con la ruta.

Después de dar una vuelta por los alrededores del castillo para saber cuales de los compañeros que había por allí iban a continuar la ruta y avisarles de que íbamos a continuar y que íbamos cerrando, emprendemos de nuevo la ruta, saliendo del pueblo en bajada, y de nuevo por camino empedrado, no sin antes pararnos en algún que otro de los bonitos rincones que nos ofrece este pequeño, coqueto y medieval pueblo. 

 Un rincón de Trevejo...
 
Tras dejar una ermita a la derecha, y una fuente-abrevadero a la izquierda, y dar por finalizada la bajada, el camino empedrado desaparece y a partir de ahora la ruta siempre continua por camino en buen estado, completamente llano, y al cabo de un rato por este camino, todo se vuelve monótono, exceptuando algunas vistas a la derecha, donde se encuentra el cerro sobre el que se levantan las ruinas fantasmagóricas del Castillo de Trevejo, dando la sensación de que uno parece estar siempre en el mismo sitio, de no avanzar, y es que siendo francos, al menos desde mi punto de vista, los ultimos kilómetros sobraron, fueron algo cansinos, y sobre todo al ir de cola y hacer este trayecto tan despacio, algo que contribuyó a que se hiciera algo más pesado... una lástima, porque hasta que se terminó la baja de Trevejo, la ruta había estado muy bien, pero los últimos kilómetros sobraron y al final prácticamente todos coincidiamos en lo mismo.

 Detalle de una fuente en la bajada desde Trevejo, camino a Cilleros.

En el último tramo, el camino que sigue el GR curza la carretera en tres ocasiones, antes de llegar al pueblo, para finalizar en una fuerte bajada que pone a prueba las bisagras-rodillas de más de uno, y que nos deja junto a las primeras casas de Cilleros.

Ya en el pueblo, poca gente en la calle, normal, pocos que son y a la hora de la comida tampoco se puede pedir mucho más, así que tras dar una vuelta por el pueblo y su plaza, directos al bar donde ya andaba el resto de la peña dándose un festín...

Cervecitas, vinitios, puesta en común de la comida que llevábamos cada uno, y algunos comentarios sobre la ruta, que como he dicho, estuvo bien en la primera parte, pero la segunda desmereció un poco, y se hizo algo cansina y monótona. 
 
Al final acabamos haciendo unos 21 km, ya que aunque la ruta tenía 19 km, habría que sumarle los recorridos por los pueblos, la visitas por los alrededores de castillo, etc, etc...

Una selección de fotos, con más resolución, de esta ruta realizada podéis verla en ESTE ENLACE.

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