Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 20 de junio de 2016

Senderismo por el P.N. de la Sierra de Guadarrama (I).


El fin de semana del 17 al 19 de Julio, estuve con un grupo de amigos en el P.N. de la Sierra de Guadarrama para realizar un par de rutas por la sierra madrileña, y en mi caso concretamente, era ya la tercera ocasión en la que iba por allí. La primera fue en el 2004, en bici, dentro de la ruta “La Diagonal Ibérica: Cabo de Gata – Santiago de Compostela”, en la que entré en esta zona por Manzanares el Real, recorriendo un tramo de la Sierra de la Pedriza, y posteriormente el tramo de calzada romana y subida al puerto de la Fuenfría, para desde allí bajar a Segovia; la segunda vez que estuve por esta zona fue hace dos años, para realizar la 'Circular de Peñalara', con el grupo ASTOLL.

Para esta ocasión, alquilamos una furgoneta en la que fuimos un grupo de nueve. Salimos el viernes por la tarde, y sobre las 9:30 llegamos al refugio de montaña que se encuentra en la carretera que sale desde Rascafria, en la subida al puerto de la Morcuera, uno de los varios puertos de montaña por los que pasaremos durante este fin de semana y que nos son conocidos a muchos por subirse con asiduidad en la “Vuelta a España”.

En el refugio nos esperaban los vascos: JuanMi y Encarni, que ya hacia un buen rato que habían llegado hasta aquí con su propia furgoneta.
El albergue estaba vacío, solo nuestro grupo, once en total. En lugar de quedarnos todos en la misma habitación, nos dividimos en dos grupos, con el fin de evitar los posibles “conciertos de viento” durante la noche... que para eso había espacio de sobra.

JuanMi ya había encendido el 'grupo' que daría luz al refugio, así que como ya iba siendo la hora, rápidamente descargamos las provisiones y comenzamos a preparar la cena entre cerveza y cerveza, aunque como siempre, del tema de la cena, logística, comida y bebida, se encarga nuestro 'master cheff' particular, el señor Boceta, que en esta ocasión contó con la ayuda inestimable de otro cocinillas, el señor Luis, mientras los demás nos limitamos a poner/quitar la mesa y a la limpieza y fregado de platos...

La hora de la cena es uno de los mejores momentos, y más en un refugio como éste, acogedor y para nosotros sólos,donde no faltan la cerveza y el buen vino, con la tertulia entre amigos, algunos nos vemos solo en las salidas de estos fines de semana a la sierra, tres o cuatro al año.

No nos alargamos mucho, estábamos cansado del viaje, cuatro horas y media, la verdad es que son muchos kilómetros para llegar aquí, y en menos tiempo y distancia podemos disfrutar de otros entornos, pero se trataba de que algunos de los del grupo conocieran esta zona, y por otro lado, quedar en un punto intermedio con los vascos, que siempre son los que más kilómetros hacen.

El sábado nos levantamos temprano, la idea era desayunar y vuelta para atrás, una media hora, para estar en el puerto de Navacerrada sobre las nueve de la mañana, donde desembarcaríamos casi todo el grupo, a excepción de JuanMi y Ángel, los conductores de las dos furgonetas, ya que pretendíamos dejar una en uno de los parkings de Manzanares el Real, en la subida a la sierra y volver atrás para dejar la otra en el parking del Puerto de Navacerrada, que a esta hora ya estaba a rebosar de coches, al igual que el Puerto de Cotos, y es que esto de tener esta sierra tan cerquita de Madrid es lo que tiene, que está abarrotada de gente.

Teníamos que esperar en el Puerto de Navacerrada a que regresaran los otros dos compañeros de dejar la furgoneta, y no tuvimos más remedio que refugiarnos en uno de los bares para tomar algo caliente porque a pesar de la fecha en la que estábamos, hacía bastante frío y la sensación era aún mucho mayor debido al aire gélido que soplaba, sólo hay que decir que el personal llegaba hasta aquí ataviados con ropa más propia de invierno que de la época estival en la que ya estábamos casi inmersos: forros polares, chaquetas, guantes, gorros....

En el bar mucha gente, casi todos venidos para hacer alguna actividad en la sierra, buen ambiente, aunque fuera del bar el viento, la niebla y el frío no auguraban, en principio, un día pletórico de ruta para poder disfrutar de la sierra, aunque por suerte, con el paso de las horas el día fue mejorando.

Cuando llegan los otros dos compañeros, sin perder más tiempo, nos disponemos a iniciar la ruta, fácil en cuanto a dificultad física y técnica.

Nos ponemos en marcha, buscando la única dificultad del día, la subida a la Bola del Mundo, pasando entre el puesto de la Cruz Roja y el edificio de la Mutualidad General Deportiva, para seguir por un camino después de cruzar una valla con recodo, quedando a nuestra izquierda una ancha pista.

Continuamos en suave subida, protegidos a nuestra izquierda del viento y con buenas vistas a nuestra derecha, siempre que la niebla nos deja verla.

Seguía haciendo frío pero en movimiento era más llevadero, al menos hasta llegar a la Cuerda de las Cabrillas, donde se hace un giro brusco a la izquierda, momento en el que nos encontramos a merced del viento, sin protección alguna, así que entre la baja temperatura y a Eolo que le dió por soplar esta mañana, hicieron que la sensación térmica de frío cayera en picado...

A partir de aquí el camino se transforma en senda pedregosa y la pendiente es más pronunciada, encontrándonos con un goteo incesante de gente, unos bajando otros subiendo y otros muchos supongo que preparándose para la carrera de montaña de Peñalara a primeros de Julio, una gozada ver a esta gente subiendo y bajando como gamos por estas cuestas, con un pantalón corto y apenas una camiseta térmica, mientras el resto va con ropa de puro invierno...

No tardamos mucho en llegar a la pista de hormigón que viene desde el puerto y sube hasta la Bola de Mundo y que se ha hecho célebre, entre otras cosas, por la ascensión de este puerto en la 'Vuelta a España', con un hormigón rugoso, que unido a las fuertes rampas y a toda la 'tralla' que ya llevan los ciclistas antes de empezar a subir, la convierten en una subida muy dura.

Desde que cogemos el tramo de hormigón, ya es todo seguir por él hasta la Bola de Mundo, deteniéndonos en alguna ocasión en la que la niebla que inundaba las partes más altas de la sierra, nos da un respiro y nos deja ver parte de las bonitas y amplias vistas que se tienen desde arriba, pero sólo es una ilusión, rápidamente el viento arrastra y expande de nuevo la niebla y la visión panorámica se desvanece.

 Vistas durante la subida a la Bola del Mundo, en un momento en el que la niebla abrió una "ventana".


Arriba, en la Bola del Mundo, poco que hacer y mirar, por la dichosa niebla, así que rodeamos las infraestructuras con las enormes antenas que hay arriba, y por la parte de atrás iniciamos el descenso, muy suave, en un corto tramo, hasta llegar a la zona del Ventisquero de la Condesa, donde se encuentra el nacimiento del río Manzanares. Una zona fácil de identificar por una pequeña caseta poco integrada en el entorno, para mi gusto, y un nevero por encima de ella, con un muro construido para retener durante más tiempo la nieve, aunque toda visión aparece y desaparece en función de lo juguetona que se encuentre la niebla...


Justo unos metros por debajo del Ventisquero de la Condesa, al volver la vista atrás, en un respiro que nos da la niebla, podemos ver el nevero protegido por un muro para que aguante más, y las antenas de la Bola del Mundo a la izquierda.


Tampoco hicimos mucha parada aquí, como he dicho, la niebla estaba aún asentada en las partes más altas, mientras mirando hacia bajo, al fondo, parece atisbarse entre los jirones de niebla, más livianos, el trayecto que tenemos por delante hasta el embalse.

Por debajo del Ventisquero de la Condesa, ya podemos ver el hilito de agua del incipiente Manzanares cuyo discurrir por la cuenca podemos ver, y paralelo a él, la Vereda de los Mesones, por el que continuará nuestro recorrido junto al Manzanares durante unos 14 km. En la foto Javier y Granada, aún con ropa "invernal".. algo más por debajo, el resto del grupo.

Bajamos por una senda con una pendiente un poco más pronunciada en un primer tramo, después se suaviza al llegar a unas praderas, caminando entre una alfombra verde por la que discurre un hilo de agua, un incipiente Manzanares, producto del deshielo, y que poco a poco iremos viendo, puesto que desde aquí todo nuestro recorrido transita paralelo a él, acompañándolo hasta su fin, como va engordando, resultado de la unión, en esta zona de la Cuenca alta del Manzanares, tanto por la derecha como por la izquierda, de multitud de arroyos más o menos pequeños que discurren por este manto verde.

Al ir perdiendo altura, la temperatura se suaviza y la niebla va desapareciendo, regalándonos buenas panorámicas, al tiempo que el manto, la alfombra verde regada de agua por doquier, se encuentra plagada de piornos florecidos, superponiendo y resaltando el amarillo oro sobre el verde pradera, dotando a la zona de un colorido especial, si bien es cierto que después de un tiempo bajando, lo que al principio resultaban unas vistas coloridas y llamativas, me acaban resultando algo monótonas, y tenía ganas de cambiar de paisaje, aunque de vez en cuando al mirar hacia atrás, sobre las praderas verdes y amarillas, allá arriba, aparece el Vestisquero de la Condesa y las antenas de la Bola del Mundo a la izquierda, entre una niebla más débil que va desapareciendo, mientras nosotros, una vez perdida bastante altura, gozamos de un día radiante de sol y temperatura muy agradable.


 La "Vereda de los Mesones" sigue siempre paralela a las aguas del Manzanares, mientras el amarillo de los floridos piornos resalta sobre el verde de las praderas.
Vamos perdiendo altura, y la ropa de invierno a la mochila. Ángel y Granada cruzando uno de los arroyos-afluentes del Manzanares, entre un mar de piorno en flor.


Durante todo este trayecto seguimos encontrándonos con gente que sube y baja practicando trail de montaña, poniendo a prueba sus rodillas a la par que su fondo físico.

No será hasta poco antes de llegar al primer puente, el “Puente de los Manchegos”, cuando cambia el paisaje, dejando atrás los casi cuatro kilómetros de vastas vistas que nos ofrecen las verdes praderas salpicadas en esta época del amarillo intenso de los piornos florecidos, para adentrarnos en un bosque de pinos, se nota que vamos perdiendo altura y comienzan los árboles y una vegetación más diversa.


Al mirar atrás, podemos ver más claramente el Ventisquero de la Condesa (nacimiento del río Manzanares). aunque las antenas de la Bola del Mundo, que quedarían a la izquierda, quedan ocultas por la niebla.


No cruzamos el río por el puente, sino que seguimos rectos durante unos metros por una amplia pista donde nos encontramos con algunos bikers, hasta coger un pequeño sendero a la derecha, señalizado con unos mojones de piedra, a la altura de un pino cuyo tronco tiene forma de 4 y que sirve de referencia.

Una vez que cogemos este sendero, siempre con las aguas del Manzanares a nuestra derecha, el paisaje cambia radicalmente, transitamos por un bosque espeso de pinos, con las laderas de las sierras más encajonadas, con el típico paisaje de la Sierra de la Pedriza en las alturas, con las piedras en formas de bolos u otras formas, jugando a equilibristas, rodeados de vegetación abundante, una zonas más húmedas que otras donde podemos encontrarnos con un mar de helechos, o con abundantes Digitalis purpurea, además del jaguarzo o incluso jaras a menos altura. Una delicia de sendero que se tuerce y retuerce entre la arboleda, a menudo entre sombras, y siempre en bajada, con la cantinela del agua del río que llevamos siempre a nuestra derecha, pasando por la zona de las Chorreras del Manzanares donde creo que hasta no hace mucho practicaban barranquismo hasta que lo prohibieron.



 
Al dejar atrás los 4 km de la cuenca alta del Manzanares, las praderas y los piornos en flor, por zonas abiertas, nos adentramos en un paisaje totalmente diferente. Zona de bosque de pinos, con sierras más encajonadas, vegetación más abundante y variada, tramos de umbría sobre un enorme manto de helechos, vereda que se tuerce y retuerce entre la arboleda, enormes bloques de piedra que dan nombre a esta Sierra de la Pedriza...


Fue faltando un par de kilómetros, o algo menos, para llegar al segundo puente, el “Puente del Retén”, cuando Javier tiene una caída al torcerse el pie, con un fuerte dolor en un primer momento, saltando las alarmas en el grupo, aunque como mucho, lo que en principio pensábamos es que tendría un fuerte esguince, así que tras vendarle el pie (que para eso llevamos enfermera), esperar un rato, y un chute de ibuprofeno, intenta seguir hacia delante con mucha paciencia y con dolor, aunque el “abuelo”, forjado en mil batallas, se hace fuerte y sigue con ayuda de sus bastones y el ánimo que le podemos dar, porque el problema es que este tramo es de sendero con firme muy irregular y en bajada, al menos hasta llegar al segundo puente.

Poco a poco, llegamos al segundo puente, aunque a estas alturas Ángel, Luis y el pequeño sherpa, ya han tirado hacia delante como alma que lleva el diablo para intentar subir con la furgoneta hasta el Puente del Francés, donde una amplia y cómoda pista lleva hasta el último parking, el "parking de las Machacaderas" al que se puede subir con coche desde Manzanares el Real, y por tanto ese nuestro objetivo, que Javier pudiera llegar hasta allí.

Como le había pasado el track a JuanMi, y en éste, la ruta acababa en el parking del Tranco (el primero desde Manzanares el Real y el último de los parkings en la bajada que estábamos haciendo nosotros), pensaba que la furgoneta la habían dejado precisamente allí y que todo se limitaría a que desde allí  les dejaran pasar y subir por la pista hasta el Puente del Francés, pero el problema es que la furgoneta la habían dejando en el pueblo, en Manzanares el Real, en la misma carretera de subida al Puerto de Navacerrda, y desde el primer parking al que llegaríamos, el de las Machacaderas, hasta el último, el del Tranco, son casi tres km, y casi otros tantos desde este último a donde habían dejando la furgoneta, o sea, entre 5 y 6 km,  y para más desgracia, el acceso de entrada y salida de los parking están limitado a unas horas por la mañana y a otras por la tarde, así que hasta las 18:30 no abrirían las barreras, no para subir al Puente del Francés, sino para poder acceder a cada unos de los parkings o para salir de ellos, aunque como he dicho, de esto nosotros no nos enteraríamos hasta que llegamos al área de las "Machacaderas".

Ente el tramo del puente del Retén y el del Francés, un bonito recorrido donde además de pinos ya nos encontramos también junto al cauce del río el típico bosque de galería, con fresnos y alisos y un sin fin de mariposas revoloteando por doquier, por no hablar que el sendero tiene un firme con mejor huella algo que agradecería Javier, que caminaba cojeando.


 La Pandora o "Argynnis pandora".
La Doncella Ibérica o "Melitaea deione".


Al llegar al Puente del Francés, dejamos a éste a la izquierda, no lo cruzamos, y avanzamos unos metros por la amplia y cómoda pista buscando un buen lugar para comer y esperar a que la avanzadilla subiera con la furgoneta, algo que no teníamos claro todavía.

Antes de terminar de comer, Javier se pone en pie y dice que él va continuando hacia delante, despacito, por si en el peor de los casos a la furgoneta no la dejan a subir hasta arriba. Algunos compañeros intentan convencerlo de que se quedara allí y esperáramos todos a que llegara Ángel con la furgoneta, y si no pudiera ser, bajar todos juntos hasta el primer parking.

Al final Javier se fue hacia delante, despacito, a su ritmo, y minutos después fuimos detrás de él el resto de la tropa.

Este tramo de pista ancha y en buen estado, aunque agradecida los primero metros, después de un rato resulta aburrida e insulsa, tan solo las vistas de la Sierra de la Pedriza, de las curiosas formas que cogen las rocas y la zona a la que creo que llaman la "Charca Verde", a nuestra izquierda, rompen la monotonía mientras caminamos entre las sombras que proyectan los pinos sobre la pista.

Llegamos al parking, allí están Luis y el pequeño sherpa, y nos cuentan que Ángel se ha ido a buscar la furgoneta haciendo autostop, que ya ha llegado pero ocurre lo que he comentado antes, que el guardia de turno no abre la barrera hasta las 18:30, a pesar de comentarle lo del percance del compañero, pero ni aún así, ni por las buenas ni por las malas, así que nos tocó esperar casi dos horas en el bar del parking, tomando unas cervezas mientras Luis y el pequeño sherpa aprovechaban para comer, ya que las provisiones las llevábamos nosotros y no habían podido probar bocado hasta ahora.

Puntual, después de abrir las barreas llega Ángel, aún con el cabreo, por culpa del guarda que no le dejó subir.

Todos a la furgoneta y a Manzanares el Real, pasando por los otros parking como el de Cantocochino o el del Tranco, para dar una vuelta por su famoso castillo, aunque Javier no estaba para visitas, así que se sentó a tomar algo en un bar cercano mientras esperaba a que termináramos la visita.


 
  El Castillo nuevo de Manzanares el Real, o Castillo de los Mendoza, es un palacio-fortaleza construido ente los siglos XV-XVI, de estilo gótico-isabelino, está considerado como el castillo mejor conservado de la Comunidad de Madrid y fue declarado Monumentos Histórico-Artístico en el año 1931. Es propiedad del Ducado del Infantado,si bien su administración y uso corresponde a la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid.

Parte del grupo en el patio interior porticado del Castillo de Manzanares el Real.


Desde allí, vuelta en la furgoneta hasta el Puerto de Navacerrada donde recogeríamos la otra furgoneta y desde donde iríamos directo hacia el refugio.

En el refugio, la temperatura sobre las 21:30 comienza a caer, así que encendemos la candela para calentar el salón mientras los cocinillas preparan la cena y el resto va duchándose.

Javier no se queja en exceso pero no puede mover mucho el pie, así que para la ruta de mañana, la 'Circular de Peñalara', será baja lamentablemente.

Después de la cena, algunos se van directos a la cama y otros seguimos de tertulia larga, al calor de la candela y entre vaso y vaso de vino, así que serían cerca de las dos cuando nos fuimos al saco.

El track de la ruta que hemos seguido lo tenéis AQUÍ

Haz clic para ampliarlo...

Todas las fotos de esta ruta, en más resolución, las podéis ver AQUÍ.

Os dejo un pequeño vídeo de esta ruta, al menos de la parte en la que la niebla nos ha dejado disfrutar de las vistas:


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