Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 16 de abril de 2016

Senderismo-Media Montaña: Los Cahorros de Monachil (P.N. Siera Nevada - Granada)


Hacía más de un mes que teníamos reservado este fin de semana de Abril (del 15 al 18) para hacer una travesía por la Sierra de Gredos, pero como desde días antes el parte meteorológico para esta zona no era nada bueno, decidimos cambiar de planes e irnos a Granada donde los pronósticos en cuanto al tiempo eran mucho mejores.

La idea era llegar el viernes noche al camping “Las Lomas”, en Güejar Sierra, para al día siguiente hacer una ruta de algo más de 20 km por el paraje de los “Cahorros de Monachil(la palabra “cahorros”, al menos en Andalucía, creo que se utiliza para referirse a los barrancos de las laderas, los tajos, los cañones o a las gargantas estrechas y profundas), regreso al camping y al día siguiente realizar otra ruta circular saliendo desde el mismo camping, para subir al “Calar de Güejar Sierra”, así que el fin de semana se preveía completito y así fue, y si a todo ello se une el buen rollo que nos une a este pequeño grupo, pues no se puede pedir más...

El viernes noche llegamos al camping, con algo de retraso tras un par de despistes. Habíamos reservados dos bungalows para los nueves que estábamos, y como tenían cocina y nevera, pues llevamos las provisiones para las dos cenas, los dos desayunos y “picoteos” varios, además de la bebida correspondiente, cerveza y vino, que no iban a faltar en nuestras tertulias nocturnas... La verdad es que en cuanto a todo el tema de logística, provisiones y preparación de la comida, es siempre el amigo Ángel el que se encarga de ello, y mérito tiene, sobre todo porque el viernes después de conducir, fue llegar y organizar en un pis-pas a todo el mundo, dar las órdenes para preparar la mesa mientras el terminaba de preparar la cena... un lujo contar con gente así...

Vayamos a lo importante, a la ruta del sábado, la primera de las previstas, “Los Cahorros de Monachil”, a la que le tenía ganas desde hace un tiempo, y no me refiero solo a la parte “turística” por decirlo de alguna manera, o sea, a la parte que hace “Vicente y toda la gente”, que quizás también sea la zona más espectacular y divertida, sino a toda la red de senderos que hay por la zona y a las diferentes extensiones que se pueden realizar a la ruta circular básica, y además, el día amaneció ideal para disfrutar de este entorno dentro del P.N. de Sierra Nevada, con buena temperatura y sol, nada que ver con el estado de alerta meteorológica en el que se encontraban el norte de Cáceres o la zona donde originalmente teníamos previsto ir.

En azul, el recorrido realizado, aunque la parte de la derecha no aparece completa.

Después del desayuno en los bungalows, cogemos los coches y nos dirigios a la localidad de Monachil, a poco más de veinte kilómetros de donde estábamos, y a penas un kilómetro después de dejar el pueblo, llegamos a la zona de aparcamientos, a la derecha de la carretera en dirección al Purche, en la “era de Portachuelos”, desde donde ya podemos divisar lo que será la entrada a los Cahorros, en dirección este, aunque no vamos a tener la percepción de la profundidad de la garganta porque delante tenemos la pequeña meseta o altiplano donde se encuentra la “era de los Renegrales” y otras aledañas, situadas en lugares donde corre el viento para facilitar las labores agrícolas de antaño, como la de separar el grano de la paja...

Vistas desde la era Portachuelos, donde dejamos los coches. En la pequeña elevación del centro, la era de los Renegrales, y tras ella, la brecha donde se inicia el sendero que nos adentrará en los cahorros.

Una vez dejados los coches, retrocedemos por la carretera unos escasos cincuenta metros en dirección a Monachil, y a la izquierda, ya veremos un camino, señales y un panel informativo que nos informa de más bien poco porque está muy deteriorado, todo lo contrario que el que está en el pueblo, con el que nos encontraremos cuando terminemos nuestra ruta prevista...

Tomamos el camino siguiendo las indicaciones de los “Cahorros Altos”, y transitaremos en los inicios del recorrido, por un camino amplio, flanqueado por pequeñas huertas y muchas casitas de campo, además del paso por un bar-restaurante, hasta que nos encontramos de nuevo con señales que indican bien hacia los “cahorros altos” o hacia los “cahorros bajos”. Nosotros giramos de nuevo hacia la izquierda, hacia los “cahorros altos”, y al hacerlo, nos enfrentamos bruscamente con un fuerte repecho, una zona erosionada, que nos lleva hasta la cima de la meseta o altiplano que veíamos desde donde dejamos los coches, y que no es otra que la “era de los Renegrales”, desde donde tenemos un mirador excepcional a todo lo que es la entrada de los cahorros, a la profundidad de la garganta, con el bosque de galería en sus profundidades, y las paredes calizas verticales, con tonos rojizos, que se levantan a gran altura, cual si intentaran alcanzar el sol, ése que nace frente a nosotros, por el este, y que hace difuminar el horizonte que asoma entre el corto espacio que separa las dos paredes. En la pared de la izquierda, un sendero casi aéreo, se aferra a media altura, siguiendo cada pliegue de la pared, en ligero descenso, hasta llegar al cauce del propio río, utilizando en ocasiones escalones tallados en la propia roca. Desde otras de las eras aledañas, las vistas siguen siendo igual de espectaculares, y desde allí, también se observa otro sendero en la parte de la derecha, a la altura de las eras, pero en la otra parte, como he dicho, y no sé si será el que procede de la “Hidroeléctrica de Tranvías”, y si es así, por lo que he leído en algún blog, su acceso por esa zona está cortado.

La línea amarilla indica por donde va el sendero, buscando el puente colgante para adentrarnos en la parte más estrecha de la garganta.

Nos quedamos un rato por allí, contemplando las vistas y haciendo las fotos de rigor, para seguidamente coger la senda y seguir por este sendero pegado a la parte izquierda de la pared rocosa, con unas barandas de madera a la derecha como protección...

A los pocos metros de coger este sendero, podemos volver la vista atrás, hacia el oeste, hacia las eras donde acabábamos de estar y disfrutar de nuevo de unas estupendas panorámicas.

Un poco más adelante, siguiendo en ligero descenso, y después de bajar por escalones tallados en la roca, nos encontramos con las ruinas de lo que creo que era la casa del guarda de la antigua central eléctrica que había en esta zona, y a su lado, no se como no lo vieron mis compañeros que se adelantaron mientras me quedé rezagado haciendo algunas fotos, un cartel con algunas prohibiciones, y es que aquí se encuentra el inicio del famoso puente colgante, algunas de ellas son: no pasar más de cuatros personas a la vez o no balancear el puente.

Una curva, una muesca, un muerdo, un semiarco en la roca, da paso a los más de sesenta metros de puente colgante, no recomendable para los que tienen vértigos, pero el paso por él es todo un disfrute, porque podemos ver las cascadas usadas para la antigua central eléctrica, como la que sale del muro de hormigón situado en el otro extremo del puente, aunque a la derecha podemos disfrutar de otro pequeño salto de agua, además de encontrarnos con escaladores encaramados a estas paredes verticales cual salamanquesas, y es que en esta zona, en estos parajes, se encuentra una escuela de escalada...



Al cruzar el puente es cuando nos adentramos en la zona más estrecha y espectacular de la ruta, también la más turística, que todo hay que decirlo, por lo que podemos encontrarnos con otros grupos que hagan ralentizar la marcha, porque aquí la senda es para ir en fila india.

Tras pasar el puente colgante comienza la zona más estrecha de la garganta. El sendero discurre pegado a la pared derecha, y en el huevo entre ambas paredes discurre un canal...
Las paredes se estrechan aún más, y en ocasiones, por las partes más altas parecen tocarse, lo que hace que a esta hora todo permanezca en completa umbría La senda sigue por la pared de la derecha, y entre ambas paredes, un canal, por lo que hay que prestar las debidas precauciones, lo cual no implica que podamos disfrutar de este excepcional, divertido y entretenido recorrido.

Hay pasos en los que las pares verticales se abomban hacia los lados, lo que dificultan la marcha, obligándonos en unas ocasiones a pasar a gatas y en otras, a pasar utilizando unas anillas de hierro sobre la roca, con el fin de agarrarnos a ellas y facilitar los pasos más escabrosos, que repito, no tienen ninguna dificultad y además pueden resultar hasta divertidos, y si además, nos encontramos con zonas de bosques de galerías, en la zona de más umbría, con el curso de agua al lado, hace que todo se funda en un puro espectáculo natural, visual.

Mi tocayo Manolo, utilizando las anillas de hierro colocadas en la roca...

No tardamos mucho en llegar a otros de los puntos señeros de este recorrido, me refiero a la “Cueva o túnel de las Palomas”, un túnel producto de la erosión fluvial, horadado en la roca por el río Monachil, lo cual hace pensar, viendo la estrechez del desfiladero, que quizás, y como he leído en algún sitio, bien pudiera haber sido en otros tiempos lejanos todo este tramo un túnel, o bien, que que el túnel o cueva de las Palomas, se hubiera producido es esta zona estrecha por derrumbamientos cuyas rocas y resto de material hubieran quedado encallados entre las paredes y posteriormente el río se hubiera encargado de abrirse paso a través de ellos.

Entrada al túnel o cueva de las Palomas.

La salida del túnel es también espectacular. Un gran contraste de luces y colores, de la penumbra interior a la luminosidad del fondo, de la salida, donde se puede ver una estrecha y alargada franja de luz en la que en la parte baja se vislumbran los árboles que crecen junto al río, con sus hojas doradas bañadas por los rayos de sol que se cuelan ente las paredes del desfiladero, y en las alturas, podemos ver las formas caprichosas que la erosión ha ido forjando sobre la roca caliza...

Buscando la luz al final del túnel...

En las alturas, la erosión juega el papel de escultor y crea formas curiosas con la roca.

Llegamos a la última parte del tramo más estrecho de los cahorros, donde un grupo que iba delante de nosotros forma un pequeño tapón y nos hace esperar un rato, aunque tampoco nos importa mucho. Al final de este tramo, el desfiladero se abre ante nosotros, como si en un embudo pasáramos de la parte más estrecha a la más ancha... es la zona o el paraje de la Azuelas o Cerro de las uvas, parece que por la cantidad de viñas que otrora habría por aquí, según he leído en otros blogs, aunque hoy en día brillan sólo por su ausencia...

Atasco en la M30...

En este punto nos encontramos con otro puente colgante, el de las Azuelas, aunque éste de apenas unos metros y con menos “glamour”, rodeado de exuberante frondosidad y envuelto en un túnel de vegetación, en clara umbría, y dependiendo de lo que se quiera hacer, no hace falta cruzarlo.

Si queremos seguir hacia delante, hacia la “Hidroeléctrica de la Vega”, no haría falta cruzar el puente que nos quedaría a nuestra izquierda, bastaría con seguir la senda que teneos frente a nosotros, sin ningún tipo de dificultad, paralela al río y a un embovedado o galería de hormigón en el suelo, por cuyo interior fluyen las aguas que sirven para el abastecimiento de algunos de los pueblos de la zona. Por otro lado, si se cruza el puente, se pueden tener dos opciones: o girar a la izquierda para regresar paralelos a la zona por donde hemos venido (quedaría a nuestra izquierda), bien a la “era de los Renegrales”, o bien a la “era de Portachuelos” donde hemos dejado los coches, utilizando el camino de la solana, o girar a la derecha para llegar por otra zona más escabrosa en los primeros metros, también a la zona de la “Hidroeléctrica de la Vega”, justo por el otro lado del río, pero a mayor altura y por tanto con mejores vistas.

Como las cabras tiran pa'l monte, y nosotros tenemos mucho de cabras, dejamos el sendero fácil, cruzamos el río y giramos hacia la derecha para enfrentamos a una buena trepada en pocos metros, llegando a mitad de altura de esta ladera, a partir de la cual la senda va llaneando y podemos disfrutar de unas mejores vistas desde arriba, viendo el sendero que va por el otro lado del río por la parte baja, y otro que está a más altura, que es el que cogeremos a la vuelta y que va en clara ascensión hacia la zona de las “sabinas”.

Una pequeña trepada después de cruzar el puente de las Azuelas para seguir por la otra margen del río, aunque podríamos haber seguido por la que traíamos, mucho más cómoda...

Aunque el lugar es para disfrutar, hay que prestar atención y mirar mucho también para el suelo si no queremos tener un tropezón e ir rodando por nuestra derecha hacia el río...

La trepada inicial para coger el sendero, toca más tarde bajarla, en un descenso más suave que prácticamente nos lleva a los pies de otro pequeño puente, éste normal, no colgante, cerca de la Fuente de las Chorreras, como indica el cartel, de ahí que a este puente se le llame también con el mismo nombre.

Cruzamos el río y seguimos en la misma dirección pero por el otro margen, por una senda donde la vegetación es muy frondosa en determinadas zonas, y en aquellas otras que nos permitan tener una vista de los alrededores, podremos ver los tajos entre los que vamos encajonados, por un lado, a nuestra izquierda el “Tajo del Cibrinalejo” y por otro, a nuestra derecha el “Tajo Contadero”.

En el sendero por la zona de la "Acequia de los Habices", encajonado entre el “Tajo del Cibrinalejo” y el “Tajo Contadero”.

Siguiendo con nuestro caminar, podemos también observar una acequia en la margen opuesta a la nuestra, se trata según el mapa, de la “Acequia de los Habices” (esto de los “Habices”, creo que vendrá de los “bienes habices”, o donación religiosa inalienable en el Islam, que normalmente vienen a ser edificios o tierras ofrecidas por una persona a religiosos musulmanes o para obras de utilidad pública o caritativa; se trata de una donación en usufructo a perpetuidad, inembargable... pero que el nombre derive de esto son sólo suposiciones mías).

Pasamos por algún que otro túnel de vegetación, y después de dejar a la derecha la incorporación del sendero que viene por esta margen del río, desde las Azuelas (justo desde el pequeño puente colgante, lo que era la otra opción para llegar hasta aquí), y después de dejar también a la derecha el desvío que cogeremos a la vuelta, para completar el círculo y subir a la zona de las “Sabinas”, en llegamos a las ruinas de la instalaciones de antigua central, junto a las ruedas y engranajes correspondientes para abrir y cerrar compuertas, en una zona fresca, de umbría, junto al río, zona arbolada y frondosa.

Una vez dejado atrás el "puente de las chorreras", el sendero transcurre en ocasiones por túneles de vegetación...

 "La Diesel" intentando mover los engranajes de parte de la  infraestructura de la antigua central. Al lado, las ruinas de la antigua instalación de la central, aunque no se ve en la foto.

Seguimos avanzando y pronto llegamos al final del primer tramo, justo a las puertas de las infraestructura de “Hidroeléctrica de la Vega”, aparentemente el final del camino, donde normalmente la gente da la vuelta y después vuelve hacia atrás, para seguir por el otro margen del río, después de cruzar el puente de las Chorreras, y continuar en una línea paralela a la “Acequia de los Habices” a partir de la zona de las Azuelas, para después dejar esta acequia y girar a la izquierda, teniendo todo el recorrido inicial que hicimos por la parte más estrecha de la garganta, a la izquierda, y conectando finalmente con el “Camino de la solana” que nos llevaría hasta la “Era de Portachuelos”, donde están los coches, con lo que finalizaría este recorrido circular de unos 10 km.

Como he dicho, esto es el final del camino, solo aparentemente, por que unos metros antes de la puerta de acceso a la hidroelectrica, a la izquierda, sale un sendero en pronunciada subida que en pocos metros gana mucha altura, hasta situarse por encima de las instalaciones de la central, que ahora nos coge a nuestra derecha.

Tras salvar estos escasos 100 metros de fuerte desnivel, el sendero continúa en subida progresiva, más suave, salvando un par de pasos “distintos”, por decirlo de alguna manera, uno porque el sendero desaparece por lo que creo es un derrumbamiento y otro para salvar un pequeño arroyo, pero nada del otro mundo, y por lo demás, solo queda avanzar, en medio de unas vistas espectaculares de este cañón, con el Peñón negro a nuestra izquierda y el Tajo de la Campana a la derecha. Recorrido bonito e interesante, en cada curva del sendero un nuevo mirador, un balcón natural, para poder ver el cañón desde perspectivas diferentes.

Una zona donde el sendero desaparece por un pequeño derrumbre...

En una de las vueltas y revueltas del sendero, nos encontramos con otros dos chavales que iban en sentido contrario, ellos habían dejando el coche en la zona del Purche y bajaban (no sé si abajo tenían otro coche o estaban haciendo algún recorrido circular), y al preguntarles por algún sitio curioso para poder hacer una parada para comer, nos comentaron que siguiéramos la senda, y después de una bajada nos toparíamos con la zona de la central eléctrica de Diéchar, donde había unas explanadas y unos pequeños saltos de agua, y como el sitio prometía, nos fuimos directos hacia allí, olvidando la idea inicial de subir a un cerro, creo que el Cerro Manolón (1.597m) desde se tienen buenas vistas.

En el tramo entre centrales continuamos avanzando en subida progesiva por una senda con vistas a todo el cañón...

Seguimos sendero y no tardamos mucho en disfrutar de unas bonitas panorámicas, esta vez con las cimas nevadas de la zona central de Sierra Nevada, y en concreto con el pico del Veleta sobresaliendo entre ellas... blancas montañas, capirotes recubiertos de nata, en contraste con esta piedra caliza, rojiza en ocasiones, de las zonas más profundas del cañón que tenemos en primer término...

Unas de las muchas vistas del Veleta que pudimos disfrutar en nuestro caminar hacia la zona de la central de Diéchar.

Llegamos al punto de desvío, justo cuando se corta la dinámica progresiva de subida y comienza un suave descenso, aunque en algunos tramos con una más pendiente más pronunciada. Desde aquí se puede elegir o bien subir al cerro o bien seguir hacia la central.

Desde este punto, donde podemos elegir hacer un recorrido u otro, situado en una especie de collado, con buenas vistas al mirar atrás, pudiendo contemplar el sendero que hemos dejado atrás, a la derecha, y que bien pareciera que viene desde la inmensa lejanía, aunque hasta aquí igual llevamos hora y media, el objetivo inicialmente previsto está cerca, sobre un cuarto de hora, en subida, aunque finalmente nosotros nos decantaremos por seguir el sendero, en descenso, como he dicho, siguiendo disfrutando de las vistas.

Al llegar a la parte de menos altura, el cañón se estrecha más, y transitamos por la senda de la parte izquierda, con una gran pared rojiza y erosionada junto a nosotros y otro tanto a nuestra derecha. Después de salvar un paso por los bordes de un canal, llegamos a un pequeño altiplano donde hacemos una mini-parada, volviendo la vista atrás y contemplando la última zona por la que hemos venido, ¡buena panorámica!.

Al mirar atrás, nos encontramos esta bonita panorámica del cañón. La línea amarilla indica la senda por la que venimos...

Un poco más y llegamos a nuestro destino, un sitio ideal para descansar y comer, agradable, con hierba y agua a raudales, con algunos pequeños saltos y el sonido siempre relajante y refrescante del agua en los pequeños saltos...

Pequeños saltos de agua que hacen más refrescante la zona donde finalmente acabamos comiendo-descansando.

Creo que habrán sido unas dos horas este tramo entre centrales, aunque con bastantes paradas para ver y fotografiar.

Tras la parada de algo menos de una hora para comer y descansar, nos ponemos de nuevo en marcha desandando el camino que trajimos, y como la mayor parte del recorrido es ahora en descenso, en aproximadamente hora y cuarto estamos de nuevo en la puerta de la “Hidroeléctrica de la Vega”, disfrutando de nuevo del recorrido del cañón, viéndolo ahora desde la otra perspectiva, aunque sin tantas paradas para hacer fotos o para tomar un respiro...

Vistas del cañón al volver hacia atrás, con la senda en la parte derecha, a media altura.

Desde la central, seguimos retrocediendo, en lo que era la parte prevista de este recorrido lineal añadido a la parte circular, llegando al desvío que tenemos que coger a la izquierda, situado entre la ruinas de la antigua central y el puente y fuente de las Chorreras, para comenzar desde este punto, a completar la parte circular de la ruta, con una buena subida hacia la zona de las “Sabinas” pero con unas vistas deliciosas de todo el cañón y de la zona de Azuelas, así como de la salida de la parte más estrecha de los Cahorros.

La flecha azul indica la salida de la parte más estrecha de los cahorros, mientras que las flechas amarillas indican el trazado de la acequia...

La constante y progresiva subida se hace llevadera hasta llegar a la zona de los pinos, después de dejar atrás un buen rebaño de cabras que nos observan impertérritas desde los peñascos preguntándose ¿dónde irán estos colgados?. En este punto, las panorámicas al mirar atrás son maravillosas, visualizando prácticamente casi todo el recorrido que hemos hecho desde donde paramos a comer, en la zona de la central eléctrica de Diéchar.


Vista de la subida al pico Castillejo, al llegar a la zona de los pinos. Al mirar la vista atrás, podemos ver parte del recorrido hecho desde que paramos a descansar-comer en la zona de la central de Diéchar, al fondo, muy al fondo, donde indica la flecha azul aprosimadamente. La flecha amarilla marca la senda por donde algunos compañeros están terminando este tramo de subida.

Es en este enclave donde nos encontramos con un grupo de chavales franceses, con mochilas y tiendas, que no sabían muy bien hasta donde llegar o de cual sería el mejor punto para poder pasar la noche... Mi tocayo Manolo, les explica en francés el recorrido que hemos hecho y cuales pueden ser las mejores zonas para quedarse, que no son muchas...

Toca ahora un tramo de llaneo entre pinos, y cuando nos las prometíamos muy felices, pensando que ya era todo bajar, llegamos a un nuevo desvío, o hacia la “Umbría” o hacia las “Sabinas”... Seguimos el trazado del track que teníamos, hacia las “Sabinas”, y vemos más detenidamente que aún nos tocan subir más de 200 metros de desnivel y en poco espacio, entre donde estábamos y el “Collado de los Migueletes” (1405 m.) lo que supone mayores pendientes y mayor esfuerzo, y a esta hora, con el tiempo que llevábamos ya caminando, la fatiga se hace notar...

Antes de llegar al collado, teníamos que pasar por el pico Castillejo (1.236 m.) donde pudimos realizar una pequeña parada de reagrupamiento y gozar del premio de unas vistas inmejorables con Granada al fondo, y en primer término, el pueblo de Monachil, allá abajo, en las profundidades...


La flecha amarilla señala en primer término la localidad de Monachil, mientras al fondo, difuminado, aparece Granada.
De nuevo en marcha, la subida es más pronunciada, o al menos a estas alturas del día lo parece, aunque transitamos a la sombra de los pinos, con las vistas a la izquierda del Barranco de las Almencinas y más allá, el Tajo de la Sabina.

Llegamos al collado de Migueletes (1405 m.) y a una bifurcación, en donde tendremos que girar a nuestra derecha para enseguida emprender el rápido y vertiginoso descenso, pero antes toca descansar un poco después del esfuerzo de la última subida y de paso, dar tiempo a reagruparnos todos.

La bajada es muy pronunciada, en constante zig-zag, poniendo a prueba las maltrechas rodillas, bajando mucho en poco tiempo, hasta llegar a un camino donde la bajada se suaviza y las rodillas lo agradecen. Poco después el camino de tierra desaparece para dar paso al hormigón como firme, caminando entre huertas y casas de campo, dejando ya cerca del pueblo, el desvío a la derecha hacia la “Hidroeléctrica de Tranvías”, que creo que era otra zona de acceso a los cahorros y digo “era” porque me parece que este acceso está cortado.

Un poco más de bajada y ya estamos en el pueblo, cruzamos el puente, una pequeña parada junto a la fuente y al cartel de la zona de los cahorros del término municipal de Monachil, y a continuación, una breve pero pronunciada subida hasta la era Portachuelos por camino-atajo.

Para finalizar, unas cervezas “Alambra” con las típicas tapas granainas, antes de regresar al camping, donde después de las duchas pertinentes, nos dispusimos a darnos un buen homenaje, una buena cena, de nuevo preparada por nuestro masterchef particular, el señor A.Boceta, y por supuesto, regada con cerveza y con buenos vinos, que de esto último había para todos los gustos...


¡¡Nota!!: Podéis ver más fotos, comentadas y con más resolución haciendo CLIC AQUÏ.

Y aquí os dejo un pequeño vídeo de 7 minutos...


4 comentarios:

  1. Buenos días,preciosa ruta nosotros la hicimos este invierno.
    Y me vine encantado.Saludos.

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    1. Pues sí Juan Carlos, la ruta es espectacular, y no me refiero solo a la parte conocida, quizás la más turística, la circular de 10 km, si no a toda la red de senderos y variantes que se pueden hacer. Es una zona muy conocida por los 'granainos' pero que para el resto de España no parece contar, porque siempre que uno ve los "Top Ten" de rutas, siempre ve las mismas, que si el Caminito del Rey, que si la Ruta del Cares, que si alguna por los Pirineos, etc... y no digo que no sea estas espectaculares, pero también podías variar un poco más, y es que como dice el refrán "Cría fama y échate a dormir". El camino de Rey está prácticamente tomado por las agencias y empresas que se dedican a llevar gente allí, y hacerlo a nivel particular o con los colegas se antoja casi misión imposible, a menos que pase por caja, que te apuntes con una de estas empresas que te cobran una buena pasta por caminar... Esta ruta tiene un poquito de todo y está a la altura de cualquier otra. Nosotros acabamos haciendo unos 26 km, y la verdad es que vinimos encantados, y sin pagar por disfrutar de la naturaleza, sin pagar por practicar una actividad física-deportiva. Un saludo amigo.

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    2. Buenos días,llevas toda la razón.
      Nosotros somos un grupito de amigos,que llevamos poco tiempo practicando senderísmo.Empezamos por las sierras de aquí,Sierra morena,continuamos por la de Cazorla,y ahora estamos yendo a Granada.Un saludo

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  2. Magnífica crónica la que nos ofreces y que nos hace revivir los intensos y agradables momentos que pasamos en nuestro pequeño grupo de amigos amantes de montañas, caminos, piedras, agua, flores, bichos diversos, yantares y vinos. Ahora, leyendo lo que recorrimos, conseguimos poner nombre y apellidos a todos esos lugares fijados en nuestras retinas y anclados para siempre en nuestros recuerdos.
    Muchas gracias, Manolo por la preparación de nuestras rutas y por la andadura y buena compañía.
    A por la próxima pronto.

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