Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

jueves, 10 de diciembre de 2015

Senderismo por Extremadura: Acueducto de las Herrerías, en la Garganta de Descuernacabras (Las Villuercas, Cáceres)


El lunes 7 de diciembre, aprovechando que era festivo y que tenía la posibilidad de escaparme, me fui a hacer una ruta a la que tenia ganas, pero que por una u otras razones no había podido ser, así que en esta ocasión me fui solo hacia Campillo de Deleitosa. No está tan lejos, poco más de hora y media, aunque donde se tarda más tiempo es en hacer los doce últimos kilómetros, desde el desvío, una vez que se deja atrás Deleitosa, porque es una carretera muy estrecha, sinuosa, con algunos sube y baja, y con puntos desde donde se tienen buenas vistas, y en uno de ellos, al final de la subida al Puerto de Delitosa, hice una parada, porque desde allí, incluso antes, había unas panorámicas muy buenas con la sierra de las Villuercas al fondo.

Ya en Campillo de Deleitosa aparqué junto a la Iglesia de San Sebastián, del siglo XVII, aunque con remodelaciones posteriores. Es éste un pequeño pueblo que según leí cuenta con unos 80 vecinos, aunque como pueblo tiene 'más porte', pero esta es la triste realidad, elcruel y rápido proceso de despoblación que están sufriendo algunos de nuestros pueblos...

Iglesia de San Sebastián, Campillo de Deleitosa.

Tras dar una vuelta por las calles del pueblo en la que no invertí mucho tiempo, entre otras cosas porque no me encontré con ningún tipo de arquitectura tradicional o cualquier otra cosa reseñable, pronto di con el hito inicial de la ruta, la fuente a la que creo llaman “El Lejío”, con un pequeño estanque delante. Hay que dejar dicha fuente a la derecha y seguir por la calle que tenemos de frente, hacia arriba, buscando la salida del pueblo.

Fuente y estanque de Campillo de Deleitosa, punto de inicio de la ruta.

Tras una foto a la fuente y a los peces que había en el estanque, me propongo comenzar la ruta. Al dejar atrás las últimas casas del pueblo, me encuentro con un matrimonio al que pregunto por preguntar, más que nada por entablar un poco de conversación, si iba bien para la Herrería y para el acueducto, y en lugar de aclararme lo que hicieron fue sembrarme de dudas; la mujer decía que no, que tenía que retroceder y coger la primera salida a la derecha, y el hombre que sí podía ir por allí, al final se pusieron de acuerdo entre ellos, y me dijeron que también podía ir por donde tenía pensado... si lo sé no pregunto y sigo tan a gusto...

Sigo hacia delante, dejando definitivamente el pueblo atrás, por callejones anchos, flanqueados por vetustas paredes de piedra, rodeado de algunos olivos al principio y después de alcornoques, encinas, matorral bajo... con firme empedrado en ocasiones, irregular, y cubierto de un manto verde, porque aunque no haya llovido mucho tampoco por aquí, en esta zona de umbría hay mucha humedad.

Viejos callejones flanqueados de paredes de piedras  con un manto verde recubriendo el suelo. 
La ruta empieza con un fuerte repecho al que le sigue una subida suave hasta llegar a la carretera por la que había bajado antes en coche para llegar al pueblo, lo que no me esperaba es que llegara tan pronto (a penas un kilómetro o kilómetro y poco), y sobre todo, que no había llegado al sitio que esperaba, que no era otro que el alto del Puerto de Deleitosa, que podía ver desde allí mismo, pero en lugar de ir hasta allí por carretera, como iba bien de tiempo, decidí darme la vuelta y probar por cualquiera de los dos caminos que había dejado en la subida a mi izquierda.

Desde el inicio de estos dos caminos que salen uno cerca de otro, a la izquierda del camino-pista principal, se puede ver el alto del puerto, y la curva que hay que hacer para salvar una vaguada por encima de un pequeño bosque de galería, junto al arroyo. Tomando cualquiera de estos dos caminos, se empieza bien, pero al final, llegando junto a la arroyo, comienzan a cerrarse, acaba quedando una pequeña senda en la que poco más o menos que hay que ir apartando la maleza con la manos para poder pasar, con lo que decido darme la vuelta porque por lo que había leído el camino era claro, en subida, y llegaba fácilmente al Puerto de Deleitosa.

Lo intenté por varios sitios, y al final para no perder más tiempo, decidí salir a la carretera y caminar casi un kilómetro por ella para llegar al Puerto de Deleitosa, hasta que vi el camino que venía por la izquierda y continuaba en descenso por un camino-pista más ancho, y en una explanada me incorporé a él, rodeado de un bosque de eucaliptos que impiden ver los alrededores, y continuando en claro descenso... si al final iba a tener razón la mujer...

Cuando dejo atrás los eucaliptos, es cuando tengo unas bonitas panorámicas de las Villuercas al fondo, cuando empiezo a disfrutar de la ruta, rodeado de sierras a derecha e izquierda, cercanas entres ellas, no de mucha altura, pero al ganar ésta rápidamente, dan la sensación de que son más altas, sobre todo cuando más se introduce uno en el fondo del valle, que queda encajonado y en umbría en muchos tramos.

En la bajada del puerto de Deletiosa, tenemos al fondo la silueta de las Villuercas, y a la derecha, la parde de cuarcita que se ve sobre los pinos, es la Sierra de Juncaldilla. Hacia el fondo del valle es donde me dirijo para buscar el canal.

Sigo bajando y las vistas son cada vez más gratificantes, con la Sierra de Juncaldilla a la derecha, y en ella, perfectamente visible, la oquedad de la Cueva de los Canchos de Juan Caldilla, y aquí me pregunto si fue antes el huevo o la gallina, es decir, que según la rumorología popular, esta cueva recibe el nombre de un maqui que se ocultaba en esta zona después de la guerra civil, y podría pensarse que la sierra recibe también este topónimo en honor a este personaje, pero en algún blog leí que el topónimo de la sierra ya existía antes de los maquis, con lo que no cuadra la leyenda popular, aunque también podría ser que realmente la cueva fuera refugio de algún maqui, al que apodaron Juan Caldilla, por el nombre de la sierra donde se ocultaba. Da igual, el caso es que siempre tienen su “puntito” las leyendas urbanas, la imaginación popular, las tradiciones y costumbres en cuanto a sitios o entornos concretos...

Sierra de Juncaldilla, y en ella, perfectamente visible, la oquedad de la Cueva de los Canchos de Juan Caldilla.
Justo al llegar a la altura de la cueva, es decir, cuando más o menos me posiciono bajo ella, una vez que ya he perdido casi toda la altura al bajar desde el Puerto de Deleitosa, ya puedo ver claramente a mi izquierda, un poco más abajo, las ruinas de la antigua herrería medieval, junto al cauce del arroyo, cuyas aguas corren cristalinas, frías y raudas en este punto, aunque sin demasiado caudal, y junto a estas ruinas, se encuentra claramente visible el canal, por el interior del cual seguirá la ruta durante unos 5 km, guiándome durante todo el recorrido por esta garganta de Descuernacabras, aunque antes hay que bajar hacia él, sin un camino claramente marcado, tan solo guiarse por algunas sendas que salen aquí y allá y bajan hacia el canal, en una corta pero pronunciada bajada donde hay que ir echando mano de los frenos...

Ruinas de la antigua herrería medieval.
El canal visto desde arriba.
El canal se afana en agarrase con uñas y dientes a la ladera de la sierra por la que transita, buscando seguir la curvas de nivel, minimizando el impacto ambiental, mimetizándose...

En este punto uno ya piensa que el madrugón y los kilómetros han merecido la pena. Es un gustazo encontrarme en este sitio, con este paisaje y estas vistas, naturaleza plena, nada de ruidos artificiales, sólo armonía, equilibrio, tranquilidad, paz y el hilo musical de las pequeñas aves junto al ronroneo del agua, que me acompañará durante el recorrido por esta garganta.

Lo primero era curiosear por los alrededores de la herrería, y al mirar la vista atrás, hacia la Sierra de Juncaldilla, veo a cuatro buitres sobrevolándola, así que rápidamente busco los prismáticos, llevándolos desde entonces siempre a mano durante todo el recorrido por la garganta, algo que me permitió ver entre otras cosas, a un precioso martín pescador, lejos para la cámara de fotos, pero cerca para los prismáticos.

Después de curiosear un poco, me dirijo al canal y me meto dentro de él para seguir por su interior el recorrido por esta garganta que no tiene desperdicio, muy gratificante en todos los aspectos, desde el inicio, donde se transita por la parte más angosta de la garganta, con el arroyo un poco más abajo, en un terrero propicio para la nutria. Avanzo unos metros y paro, miro y remiro, uso los prismáticos para escudriñar la zona de la otra orilla, o las lascas pizarrosas verticales y oblicuas, los diferentes pliegues que dan idea del origen de estas sierras y que pueden resultar una delicia para cualquier geólogo, o a los buitres que siguen volando por encima de la sierra, o las pequeñas aves en los árboles más cercanos al cauce, etc...

Uno se deleita a cada paso, en cada curva que hace el canal afanándose en agarrase con uñas y dientes a la ladera de la sierra por la que transita, buscando seguir la curvas de nivel, minimizando el impacto ambiental, mimetizándose, encriptándose con el entorno, algo que consigue en parte, por los materiales con los que está construido, piedra y pizarra, elementos del entorno, y más cuando la capa de mortero que las recubría en los bordes superiores, la piel que lo arropaba, va desapareciendo, dejando a la luz claramente las piedras y lascas de pizarras, unas sobre otras, con las que está construido, dejando a luz el alma del canal, y más en esta parte inicial, la más antigua, porque el canal que recorre esta garganta se divide en tres tramos, los cuales coinciden con las tres minicentrales eléctricas que estuvieron funcionando en esta zona durante el pasado siglo.



Diferentes vistas de la línea que sigue el canal junto a la falda de la sierra. En la de abajo, quizás el único sitio donde se ha tenido que "actuar" para que el canal pueda abrise paso, en el resto del recorrido no se ha alterado en nada el entorno.

Según leí, la construcción de la primera minicentral se remonta a 1897 y de esta época será el primer tramo del canal, el que va desde la Presa de las Herrarías hasta dicha minicentral, enclavada en el paraje de La Gargantilla, cercana a la propia presa y que parece ser que no estuvo activa mucho tiempo por la baja producción que tenía, posiblemente por el poco desnivel entre ésta y el canal. Es por esto por lo que se decidió construir una segunda minicentral en un enclave, concretamente en el conocido como “El Cabronil”, donde hubiera un mayor desnivel, con lo que se tendría que ampliar el canal con un segundo tramo para poder llevar el agua hasta allí. La construcción de esta segunda minicentral se inició en 1917 y estaría en funcionamiento hasta 1953, aunque lo más curioso es que son cinco años después de que comenzara a construirse la que sería la tercera minicentral puesta en funcionamiento en esta garganta (ya explicaré más adelante el por qué de esto).

Una foto ilustrativa. El número "4" indica las construcciones-casas que alojaban la segunda minicentral eléctrica que estuvo funcionando en esta garganta, en las diferentes etapas. Ésta concretamente, fue iniciada en 1917, y por tanto, aquí acababa el canal por aquella época, con lo cual, el agua entraba en el saliente etiquetado con el número "2", el cual no tiene suelo, y a este huevo se conectab una tubería (número "3"), por la que baja el agua hasta la central para mover las turbinas y generar electricidad. El número "1", es un deetalle de la construcción del canal, y es que en los bordes superiores de las paredes del canal se colocaban lanchas de pizarra más anchas para evacuar más fácilmente el agua sobrante, evitando deterioro de las paredes del canal. En este caso, el salto de agua podía ser de unos 10 metros, logrando producir más electricidad que la primera minicentral que hubo, construida en 1897, y que estuvo en producción durante poco tiempo.

Hasta llegar a la zona donde se encuentran las ruinas de lo que en otros tiempos fue esta segunda minicentral, es un tramo corto en distancia, pero que en tiempo se hace muy entretenido con las paradas para intentar captar lo máximo posible de todo lo que aparece ante mis ojos, ya sea a nivel natural, geológioco, construcciones populares u obras de ingeniería civil como es este canal y el acueducto que da nombre a esta ruta.

Sólo hay que volver de vez en cuando la vista atrás, para encontrarnos unas magníficas panorámicas de la garganta encajonada entre las dos paredes de pizarra y cuarcita de las sierras que la flanquean, con el fondo de la Sierra de Juncaldilla, con bosque meditérráneo en las laderas más abiertas y árboles de ribera en las zonas más cercanas al río, y con una visión del canal que parece formar parte de un todo, fundiéndose en el paisaje.


Vistas mirando hacia atrás, hacia la Sierra de Juncaldilla, viendo perfectamente la línea que sigue el canal, incrustrado en la flada de la sierra.

Andando por el canal se puede ver claramente el mimo con el que debió ser construido, percibiendo los detalles de su construcción: pequeños arcos en la base para dejar paso al agua que provenga de algún arroyo o riachuelo, de alguna garganta o vaguada, que bajan de la sierra, o en los casos en los que estos estén a la misma altura del canal, se realizaban unas canalizaciones por encima de éste para que el agua lo salvara por arriba, con el fin de que no lo destruyera; lascas de pizarra anchas, en horizontal, sobre el borde del canal, a modo de tejadillo, para proteger las paredes externas del canal del temporal y de los efectos del agua que pudiera desbordase, evacuándola hacia fuera; enormes piedras en el interior del canal para evitar que en los casos de mucho caudal y con mucha fuerza, se deterioran las paredes del canal en las curvas, porque al chocar el agua con estas gruesas piedras ya perdería fuerza y minimizaría los daños; construcción a base de piedra y pizarra casi sin argamasa, sin mortero, el cual es solo utilizado en la construcción de los ojos del canal, o como la piel o cobertura externa de éste, además de la zona del acueducto; aliviaderos durante todo el recorrido; grandes lascas de pizarras por encima del canal, ocupando todo su ancho, que servirían de pequeños puentes o pasos para el ganado; los contrafuertes en unas ocasiones y en otras, un segundo muro para reforzar las zonas donde el canal tiene más pendiente, o los extremos de cada una de las tres fases en las que fue construido el canal, donde se realizaban unas pequeñas extensiones hacia fuera, con el fin de dejar el suelo libre, vacío, o sea, con agujero por el que el agua sería conducida mediante tuberías hacia la minicentral donde su fuerza haría mover las turbinas; pero sobre todo, la elegancia con la que está construido el acueducto, en curva, con cerca de 7 u 8 metros en la zona donde la vaguada es más profunda, para poder salvarla de una forma armoniosa, elegante, de bella factura, construyéndose en el centro de la curva, en su base, un ojo, un aliviadero, para dejar paso a las aguas que provinieran con fuerza de la vaguada que intenta salvar, pero con el detalle de construir en el centro una especie de pilar en cuña, a modo de los pilares en algunos puentes, para minimizar el impacto del agua y quizás, para dividirla en dos cauces en el caso que intentaran aprovechar al máximo tanto el caudal como la fuerza con la que vendría el agua [Podéis ver en ESTE ENLACE, unas fotos de los detalles de la construcción aquí arriba comentados].

Arco en la base del muro del canal, para dejar paso al agua que provenga de algún arroyo o riachuelo, de alguna garganta o vaguada, que bajan de la sierra

Esta es una de las "canales", arroyos o gargantas que desembocan el arroyo Torneros, y viendo su verticalidad y que su cauce esta formado por piedra caliza, que no absorbe el agua y que por tanto, todo el agua que recoja iría a desembocar al arroyo de forma torrencial, debido a la pendiente, nos podrá dar idea del agua que podría recoger la garganta de Descuernacabras es época de lluvias, aunque en la época de la visita, apenas corría un hilito de agua  en algunas y otras estaban secas, todo debido a esta largo periodo que llevabamos donde la falta de precipitaciones es la tónica dominante.

El acueducto de la herrerías, el punto culminante de esta ruta, la guinda al pastel, se encuentra en las cercanías de las ruinas de la segunda minicentral, aunque pertenece al tercer y último tramo del canal, el que se construyó para hacer funcionar la tercera y última minicentral que estuvo en funcionamiento en este entorno, ya que el segundo tramo debería acabar unos metros antes, en la zona donde se encontraría la salida del agua y algunos restos de tubería.

La visión del acueducto en curva, desde diferentes ángulos, es un ejercicio que no sólo es recomendable sino que yo diría que es casi obligatorio para todo el que pase por aquí, para tomar conciencia de la belleza, armonía, elegancia y ejemplo de buena construcción con materiales del entorno, saliendo del canal para verlo por fuera, tocando, palpando el grueso muro sobre el que se levantan los arcos por encima de los cuales se encuentra el canal, contemplando las vistas desde el interior de los arcos o mirando los alrededores a través de ellos, situándonos en plena curva, alejándonos unos metros de él para tener, desde el exterior, una panorámica completa, o trepando unos metros por la sierra para tener vistas desde arriba, percibiendo el todo que forma este tramo de acueducto al fusionarse con la belleza del entorno.
Vistas, a través de uno de los arcos del acueducto,  de las ruinas segunda minicentral que estuvo en funcionamiento en esta zona de “El Cabronil”.

Casi una hora estuve en esta zona, aprovechando también este sitio para comer, mientras me deleito con las vistas, tanto del acueducto, muy bien conservado, como del entorno donde está enclavado. Es un tramo de unos 80 metros de longitud, con 30 arcos y, como creo que ya he comentado, de cerca de 7 u 8 metros de altura en el punto de mayor altura.






El Acueducto de las Herrerías visto desde distintos ángulos.

Vuelvo a meterme en el canal, recorro por su interior y desde arriba, el acueducto, y continúo la ruta por el canal, pudiendo observar al poco, en la margen opuesta, las ruinas y restos de lo que eran unas explotaciones mineras, así como el caminito que por la ladera de la sierra servía para transportar el mineral extraído hacia la herrería, creo, que fue la que vi al principio, antes de iniciar la ruta por el interior del canal.

Ruinas y restos de lo que eran unas explotaciones mineras, en el Cerro de las Minas.

Este último trayecto del canal acaba, como no podía ser de otro modo, en las cercanías de la tercera y última minicentral, y a diferencia de los otros dos tramos, en este caso, conforme me voy acercando al final, el canal se ensancha mucho más, a la vez que sus paredes son más altas, con lo que puede llevar un mayor caudal, y además, la salida de éste hacia la minicental, es a través de unas ancha compuerta de hierro, que previamente tienen unas rejillas que actuarían como filtro, y junto a está otra puerta más estrecha que podría cumplir las funciones de aliviadero en caso de caudal excesivo.

Lo curioso de esto, según he leído en alguno de los blogs que comentan esta ruta, es que esta minicentral comenzó a construirse en 1912, o sea, cinco años antes que la anterior (la que se encontraba junto al acueducto), pero estuvo parada durante 41 años porque el canal que tenía que llegar hasta aquí no estaba construido por los altos costes de construcción que tenía este trayecto. Comenzó a funcionar en 1953 y su producción terminó en 1969.

Aquí acaba el trayecto por el canal, a partir de ahora hay que dejarse llevar, porque la ruta no está marcada. Hay que bajar hasta casi el arroyo, o hasta las paredes que es lo que queda en pie de la antigua minicentral, si es que queremos curiosear por sus alrededores, y después seguir arroyo abajo, paralelo a éste, por estrechas sendas que aparecen aquí y allá, simplemente hay seguir por la zona más cómoda, siempre con el arroyo a nuestra derecha, paralelo a él, cruzando posteriormente otro arroyo que viene por la izquierda y siguiendo de nuevo paralelo al arroyo por el que venía, hasta llegar a un puente sin baranda, el conocido como Puente Viejo o Puente del Conde, aunque antes, en la otra margen del arroyo veremos las ruinas de antiguos molinos.

Ruinas del molino en la otra margen del arroyo.

Al llegar junto al punte, comienzan a caer unas gotas de agua, así que continuo sin más dilación, dejando el puente a la derecha, no hay que cruzarlo, y continuando por la senda que se ve claramente en ascenso, de frente, desviándome poco a poco del arroyo hasta llegar a tenerlo a mi espalda, en un primer tramo de unos mil metros de fuerte repecho, al que le sigue un ascenso en subida más suave, primero por un callejón que conduce hasta el cementerio de la localidad y después por firme de hormigón hasta llegar a la entrada del pueblo, por la zona donde se encuentra el ayuntamiento, para seguir callejeando hasta llegar a la iglesia, donde tenía el coche.

Os dejo en ESTE ENLACE las fotos a más resolución y comentadas, así como este pequeño vídeo que estuve haciendo con la cámara de fotos:

2 comentarios:

  1. Me ha encantado el paseo y el blog. En breve, conoceré tu tierra. Historia, paisaje, arte... :)

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    1. Pues me alegro de que sea así y de tengas ganas de conocer esta tierra Extremeña, hay mucho por ver y por descubrir. Un saludo y gracias por pasarte por aquí...

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