Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 23 de febrero de 2015

Senderismo por Extremadura: Garciaz (Cáceres), entre Sierras, Robles, Castaños y Pinos (PR-CC 228)


El domingo pasado le tocó el turno a Garciaz y a su sierra. Un enclave que no conocía, nunca había estado por allí, pero tenía buenas referencias por lo que había leído y por lo que me habían comentado algunos que van allí, a sus bosques, buscando “boletus”, así que a pesar de ir sólo finalmente, aunque no era lo previsto, no tuve reparo en plantarme allí con el coche, deseoso de conocer nuevos entornos, y éste, a priori, prometía bastante, por ser una sierra situada entre las Villuercas y los llanos trujillanos, una zona con bosques de robles, castaños y pinos, y por servir su enclave como línea divisoria entre las aguas que van a parar la Guadiana y las que van a parar al Tajo.

[Podéis ver una selección de algunas fotos con más calidad y comentadas, pinchando ESTE ENLACE]

A las nueve ya estaba en la Plaza Mayor de Garciaz, inconfundible por su “picota” situada en el centro, siendo ésta el lugar de salida de la ruta. Como aún faltaba algo de tiempo para el inicio, fijado a las 9:30, tuve tiempo de tomar un café en uno de los chiringuitos que había habilitado en la misma plaza (supongo que serviría también para el tema de la comida final, las migas) y de dar una vueltecita rápida por el pueblo, que la verdad, por lo poco que vi, en cuanto a construcciones típicas o sitios con encanto, poco que contar por no decir nada, salvo los edificios religiosos, ermita de la Caridad e iglesia de Santiago Apóstol, un par de escudos heráldicos, un par de construcciones con arquitectura más tradicional, quizás típicas de este lugar en otra época, con paredes de piedra y portachones de madera, alguna que otra chimenea cuyo estilo me recordaba a una zona del alentejo portugués donde son muy típicas este tipo de chimeneas, y por lo demás poco más que contar, salvo esperar que el recorrido y el entorno que rodea a la población si estuvieran a la altura de lo que esperaba por lo que había leído y me habían comentado.

Dos imágenes de Garciaz. Arriba, una casa de construcción de piedra, antigua, en una de las calles que salen del pueblo; abajo, la iglesia de Santiago Apóstol sobresaliendo entre los tejados de las casas.

La ruta partió directamente desde la plaza por una de las calles que salen directas de ellas hacia abajo, sin dar una vuelta por el pueblo para ver sus puntos más importantes, así que menos mal que aproveché antes para hacerlo por mi cuenta, además de que creo que se realizó una variación del recorrido inicial, en concreto desde el punto de partida hasta el pantano de Maruelos, ya que en el recorrido original, quizás este primer tramo no sea el más adecuado para llevar a tanta gente (al final creo que la organización puso un límite de 350 personas, al que ya se había llegado varos días antes de la ruta, aunque esto es sólo por las listas que vi expuestas en la plaza) así que creo que se optó por un recorrido por camino-pista hasta llegar a la altura de la presa del pantano, muy cómodo y fácil, en ligera subida, aunque para mi gusto, hubiera preferido el otro... y es que la cabra tira al monte..., porque por lo que me comentaron, el trazado original va por una especie de callejón, con firme más empedrado, irregular, y seguro que esto me hubiera gustado mucho más, así que si vengo por aquí en otra ocasión, ya sea en solitario o con algún grupo, intentaré ir por el trazado original.

Este es e perfil de la ruta, y como se puede ver hay dos partes diferenciadas. La primera es una subida continuada, que va de menos a más, durante 8 km o poco más, y la segunda parte que es prácticmente en descenso. En total, 18 km de recorrido.

El comienzo de la ruta promete. Salimos en descenso desde la plaza y ya desde las últimas casas del pueblo tenemos frente a nosotros la sierra por la que transitaremos durante esta jornada. No se tarda mucho en salir del pueblo y enfilar un camino-pista amplio, cómodo, muy bien preparado, con buena huella, sobre el que el personal corre como alma que lleva el diablo en los primeros momentos, aunque sabido es que la ruta prácticamente consiste en una subida y una bajada, o lo que es lo mismo, la primera parte, casi 9 km, en subida que se va acentuando más, cuanto más nos adentramos en el bosque, y una segunda parte que es toda en descenso, o sea, que en todo el recorrido no hay nada de llano, así que quizás habría que comentarles a estos 'galgos' lo de aquel dicho que dice: “arrancá de caballo inglés y pará de burro manchego”, en algunos de los tramos durante la subida.

 En los incios de la ruta, dejando atrás las últimas casas del pueblo , siempre con la sierra frente a nosotros.

Como salí del los últimos, porque me entretuve haciendo mi tour particular por el pueblo y no tenía ninguna prisa, ni pretensiones de llegar el primero y sí de disfrutar del entorno y saber más de la zona, pronto entablo conversación con unos y otros, y me doy cuenta que hay mucha gente del propio pueblo haciendo la ruta, y son los que me van indicando ciertos detalles, como lo del cambio de recorrido en este primer tramo, el cual intuyo por donde puede ir, quizás por la rivera del río, que queda a nuestra derecha, más abajo, en zona de umbría, entre el zig-zag que hace el río, rodeado de una frondosa vegetación y huertas, en lo que seguro sería un recorrido más bonito que el ir por este camino-pista, con espacios más abiertos, que a mi siempre me resultan más aburridos, más insulsos, aunque para gustos los colores, y así, otros muchos van comentando lo bien y lo a gusto que se puede caminar por allí, a diferencia se otra ruta, no se por donde, que hicieron la semana anterior...

Zonas más frondosas y más interesantes, junto a la rivera, quizás dentro del recorrido original que después cambiaron para facilitar la ruta a todo el mundo.

En este primer tramo, hasta llegar a la altura del pantano, el recorrido pasa de huertas y zonas de olivos en los alrededores del pueblo, a zonas de encinas y algunos robles, y mientras que a nuestra izquierda se ven algunas explotaciones ganaderas, a la derecha está el valle en umbría del río, y al fondo, frente a nosotros, la sierra con sus bosques de hoja caduca. El recorrido es agradable, con vistas que mitigan lo insulso del caminar por pista, y con buenas vistas de la localidad, de Garciaz, cuando uno se para de vez en cuando para mirar hacia atrás, viendo como cada vez va quedando más alejada, más abajo, porque poco a poco, suavemente, vamos ganando altura.




Zona de ganado en el primer tramo del recorrido, a la izquierda del camino.
Vistas de Garciaz, al mirar atrás desde el camino-pista que sube al pantano

Al comenzar a divisar la muralla del pantano, a la derecha, por fin abandonamos la insulsa pista para coger un camino estrecho, rodeado de matorral, y robles, en umbría y con zonas aún blancas de le helada de la noche pasada, hasta llegar al propio pantano, después de realizar un pequeño recorrido en círculo, donde justo antes de acceder a un extremo de este pequeño embalse, nos encontramos con un camino que viene por nuestra derecha y que quizás sea por el que se vendría en el trazado original de la ruta.

Por fin dejamos atrás el camino-pista inicial, más insulso, nos adentramos en el robledal por un camino antiguo, en las proximidades del pequeño pantano.

Cruzamos pausadamente la muralla del pantano de Maruelos, con buenas vistas a la derecha, con las aguas de este pequeño pantano con el telón de fondo de la sierra cubierta completamente de bosques de hoja caduca, resultando en esta época un fondo más bien gris, producto de los troncos y ramas peladas de árboles, desnudos en esta estación, pero con toda la pinta de ser un bosque tupido, espeso, cerrado.

Vistas del pantano de Maruelos, rodeado completamente por unas sierras repletas de robles y castaños.

Al final de la presa, hay un punto de control, así que se produce un pequeño embotellamiento, una pequeña pausa que aprovecho para regodearme con el entorno y hacer algunas fotos.

Reanudada de nuevo la marcha, se coge un camino a la derecha, en un giro brusco, una vez dejada a nuestras espaldas el pantano, y es para mi, y creo que para todos en general, donde comienza el tramo más interesante y bonito de la ruta, y donde realmente se puede decir que merece la pena y mucho, hacer esta ruta.

En un primer momento, aparecen los robles a nuestra derecha, reflejados en las aguas del pantano que quedan un poco más abajo, mientras, el camino estrecho se encuentra flanqueado por paredes de piedra, arboleda, y matorral.

Poco a poco el camino va subiendo y nos va introduciendo de lleno en un gran robledal, robles melojos, a juzgar por su hoja lobulada que recubre con su hojarasca todo el suelo convirtiéndolo en una alfombra de tonalidades marrones y ocres, a la vez que el camino se va estrechando cada vez más, hasta convertirse en una senda que se adentra en la espesura del bosque, del robledal, que poco a poco, conforme se sigue ganando altura, y casi sin darnos cuenta, absortos al vernos rodeados de tanta naturaleza, embelesados con el recorrido, nos va llevando hacia otro tipo de bosque, hacia un inmenso castañar, y lo hacemos casi sin darnos cuenta, como si tan sólo hubiera una fina línea divisoria, imperceptible, invisible, entre uno y otro bosque.

 Caminando ente robles y castaños... una delicia.

Continuamos avanzando por el sendero inmersos de lleno en el castañar, flanqueado por filas de troncos delgados y esbeltos, que se elevan hasta el cielo, o hasta “el infinito y más allá”, dando la impresión al mirar hacia arriba, que sus partes altas chocan unas con otros, a pesar de la separación, mientras, el perfil del recorrido comienza a empinarse algo más, pero da igual, recorriéndolo pausadamente, admirando el entorno, haciendo las paradas apropiadas para tomar alguna que otra foto o para contemplar esto o aquello otro, bien pareciera que apenas hubiera que hacer esfuerzo.

 Por senderos y caminos nos introducimos en el corazón del castañar...

Antes de acabar este tramo de bosque de hadas, de bosque encantado, nos topamos a la izquierda del sendero con una joya, con un legendario castaño, con un tronco grueso, enorme, arrugado, plegado y vuelto a plegar, recubierto de musgo y líquenes, del que salen ramas más finas como si fueran los brazos del cuerpo que se elevan hacia arriba entonando una plegaria. Resulta tan espectacular el tamaño del tronco de este castaño, que comparándolo con los troncos del resto de árboles que lo rodean hace que éstos parezcan meros “palillos de dientes”, así que es normal que todo el mundo quisiera echarse la foto de rigor con este anciano y majestuoso árbol de fondo.

El "guardián del bosque encantado", este viejo y legendario castaño, que hace que todos los que están a su alrededor parezcan meramente palillos de dientes.

El bosque encantado y la subida continuada, terminan al llegar a una intersección de caminos, girando en este lugar hacia la izquierda, ahora por un camino en lugar de senda, en un recorrido más suave, y que tiene la particularidad de servir de divisoria ente una zona de pinos y una zona de robles, muy curioso. Pinos a una lado y robles a otro, separados, no mezclados.

El musgo y la hojarasca cubren por completo las partes bajas del bosque.

Como este pequeño tramo, hasta llegar a los últimos 500 metros antes del Pico El Venero, son más suaves, tenemos la posibilidad de deleitarnos con las vistas nevadas de las cimas de la Sierra de Gredos, además de ver también las Villuercas y localidades como Cabañas del Castillo o Deleitosa, aunque será más tarde, en la última parte de la bajada, cuando más podremos disfrutar estas vistas.

Después de un último giro a la izquierda, dejando los pinares ya tras nosotros y siguiendo de nuevo entre robles y castaños, se abre una amplia cicatriz en el bosque, separándolo a modo de cortafuegos, muy amplio, con mucha hojarasca en el suelo y con un tramo de unos 500 metros con una subida endiablada para muchos, que ya van algo cansinos después de tanta subida continuada, y ésta es ya la puntilla para algunos de ellos, aunque la suerte es que al final está la recompensa, el final de esta primera parte, el final de la subida, el avituallamiento y otro punto de control, la parda técnica para el pequeño descanso, la comida y el disfrute de las excelente vistas parciales que se tienen desde aquí arriba, desde la cima del Pico El Veneno (1.128m.), y digo “vistas parciales” porque mientra a un lado tenemos el bosque que nos impide ver más allá, hacia el otro lado tenemos una vista espléndida, de zonas más llanas que quedan abajo y algunas zonas de sierras, de pueblos como Logrosán o Zorita y pantanos en cuyas aguas se refleja la luz del sol en estas horas centrales del día.

Hay en esta cima un vértice geodésico situado sobre una plataforma a la que se puede subir trepando por una especie de escalera, para tomar aún más conciencia de las vistas que nos rodean desde más altura.

Terminado el descanso, seguimos con el recorrido, ahora sí, ahora ya todo en descenso, por un camino que tomamos a la izquierda, antes de llegar al vértice geodésico, continuando durante un par de kilómetros más, inmersos dentro de este bosque de robledal, aunque el camino ya se ha convertido en pista cómoda.

Cuando salimos del bosque, la bajada es un poco más pronunciada y ante nosotros aparecen unas vastas vistas, espacios abiertos que nos permiten ver frente a nosotros, las cimas nevadas de Gredos, pudiéndolas disfrutar ahora tranquilamente, mientras caminamos, porque las tenemos frente a nosotros, mientras perdemos altura; a la derecha, en una visión nítida, tenemos las sierras de las Villuercas, el tramo entre Cabañas del Castillo y el propio Pico Villuercas, claramente diferenciado, y un poco más adelante, al perder algo más de altura, mientras transitamos por la Cuerda de Martín Herrero y después por la Cuerda de Las Viñas , a nuestra izquierda podemos ver, aún en las profundidades, unas buenas vistas de Garciaz, presidido por su iglesia con punto central y más elevado, con el fondo del cerro de Pedro Gómez.

En la bajada, siempre frente a nosotros, al fondo, podemos contemplar las cimas nevadas de la Sierra de Gredos.

Vistas de Garciaz en el último tramo de bajada hasta la cruz, con el cerro de Pedro Gómez, detrás de ella.

En la bajada pasamos de caminar entre robles a caminar por una zona de pinos, y algo más tarde, la arboleda en las zonas cercanas al camino va desapareciendo dejando paso a zonas extensas de matorral, retama y jaras, mientras el camino-pista se hace más insulso y la gente se deja llevar en la bajada, yendo más relajada después del esfuerzo que hicieron en la subida.

Dejamos a la derecha, junto al camino, una casa rural, con construcción tipo chozo, redonda y dentro de una zona bucólica, y continuamos hacia el siguiente objetivo, que el al que los lugareños creo que llaman “¿Cruz del guijo?”, o algo así, se trata de una cruz de reciente construcción que rinde homenaje a las personas muertas en esta zona debido a diferentes circunstancias naturales, según reza una placa, aunque los lugareños me hablan de una leyenda acerca de un ataque de lobos a una persona en este punto.

La bajada por el camino-pista, para mi insulso, aunque con buenas vistas al frente, con Gredos nevado, a la derecha, con las Villuercas y a la izquierda, con la localidad de Garciaz, acaba justo en esta cruz, junto a la carretera que va hacia Berzocana, y el recorrido por suerte, hace un giro brusco en este punto a la izquierda, dejando la pista e introduciéndonos por un camino más estrecho, de los de de toda la vida, con firme más irregular, piedras, regueros, riachuelos, más frondoso, más bonito, con las vistas al fondo, de frente, siempre de Garciaz, aunque antes de llegar tenemos que pasar por el paraje conocido como la Cantera, donde entre los bloques de piedra se abre paso una pequeña cascada, aunque según me cuentan, después de una época de lluvias, esta zona con la cascada con más agua resulta más bonita.

Arriba, una mini-cascada cuyas aguas alimentan la pequeña laguna que cubre la 'Cantera'. Abajo, parte de la "Cantera" cubierta por una pequeña laguna.


Antes de llegar a la Cantera, me cuentan otra “leyenda” de la zona, y es que al pasar por una lancha de granito, flanqueada por el camino a la izquierda y el arroyo a la derecha, dicen que una mula hundió la pezuñas en la roca al frenar en seco, al ver una culebra pasar, o algo por el estilo creí haber entendido, no se si “he puesto en pie” lo que me contaron, lo cierto es que allí, sobre la lancha de piedra hay cuatro agujeros que simularían los agujeros que dejarían las patas de la mula, y una linea zigzagueante en horizontal que simularía la huella de la serpiente al reptar por la roca... leyenda, imaginación,... da igual, pero resulta siempre agradable conocer las distintas curiosidades y leyendas de cada lugar.

Como último hito del recorrido antes de llegar al pueblo, se encuentra la ermita de la Concepción, de reciente reconstrucción-restauración, y realizada con buen gusto, a mi corto entender, la lástima es que no estuviera abierta para poder ver su interior.

Ermita de la Concepción, con Garciaz al fondo.

Desde aquí, el pueblo queda ya cerca, con las paredes de piedra que flanquean el camino y que también han sido reconstruidas, al igual que el firme, que para comodidad de vecinos y para facilitar el acceso a la ermita de coches y otros vehículos a motor, lo han hormigonado, cómodo para los vecinos como digo, pero pierde el encanto de un camino empedrado, original, a la antigua usanza, ¡una lástima!.

Llegamos por fin al pueblo, previo paso por un pequeño puente de piedra, último pequeño-detalle de esta buena ruta. Después toca subir por algunas de sus calles, la última la misma por la que bajamos estaba mañana, y que nos lleva directos a la plaza donde iniciamos la ruta y donde ya hay bastante gente tomando unas cervezas mientras esperan a que sirvan las migas.

Son cerca de las dos y media cuando llegué, así que en lugar de esperar a que llegue todo el mundo para que empiecen a servir las migas, y como al final vine solo, decido irme para llegar a casa lo antes posible por las circunstancias personales, así que al final, aunque había buen ambiente en la plaza, y una temperatura muy buena para disfrutar de unas cervecitas y unas migas, con todos los senderistas, me vine para casa y llegué a muy buena hora, cerca de las cuatro de la tarde.

En RESUMEN, buena ruta, en un entorno especial con una gran biodeversidad natural, donde en un visto y no visto se pasa de bosque de robles, a bosques de castaños y de estos a a bosques de pinos, además del entorno que rodea el pantano de Maruelos y las bonitas vistas de la Sierra de Gredos con sus cimas nevadas, las Villuercas, las diferentes vistas de diferentes perspectivas de Garciaz, y las que se contemplan desde el pico El Venero, y si además se cambia la pista inicial por el camino original, y si la ruta se realiza en plena otoñada, o en primavera, creo que ganaría muchísimo más todavía. En definitiva, un buen descubrimiento que ha hecho que merezca la pena madrugar este domingo para desplazarme hasta este enclave.

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