Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Senderismo por Extremadura: Camino Real, de Navaconcejo a Piornal (Valle del Jerte)


Hoy era el tercer día en Plasencia, y por desajustes finales en las fechas que habíamos acordado en un principio, en la ruta de esta mañana no íbamos a contar con el amigo Edu, así que quedábamos Alex y yo. A nivel particular, después de hacer este desplazamiento hasta aquí y de contar con estos días, no quería perder la oportunidad de hacer alguna otra ruta por el norte de Cáceres, porque en esta situación en la que me encuentro no dispongo del tiempo que me gustaría para hacer rutas o simplemente para viajar, así que como siempre digo, el tiempo que pueda tener para estos 'menesteres' intentaré aprovecharlo en la medida que pueda.

Hoy es el día de nochevieja, seguro que para muchos no es un día muy apropiado para la práctica del senderismo o simplemente para perderse en el campo, pero si tengo que elegir prefiero esto, aunque hay que ser realista y saber que es un día diferente y que cada cual tiene ya cosas planificadas de antemano, por lo que la ruta prevista no debería estar muy lejos de Plasencia y no debería implicar mucho riesgo en cuanto a orientación, para estar de regreso a buena hora, así que había pensado en hacer la ruta del “Camino Real”, entre las localidades de Navaconcejo y Piornal, en uno de los valles por excelencia de Extremadura, el celebérrimo Valle del Jerte.

El problema de esta ruta es que es lineal, o sea, que la ida y la vuelta tendría que ser por el mismo sitio, y como la ruta marcada (PR-CC-15) es de nueve kilómetros, suponía hacer entorno a los 18 km, en donde la ida, hasta Piornal, es toda en subida, mientras que a la vuelta sería todo lo contrario, en bajada y conociendo ya el terreno, así que podríamos aligerar. En algún blog había visto una ruta por aquí que en lugar de hacerla lineal hacían un recorrido “en ocho”, con un punto de intersección, y en donde incluso pasaban por la cascada del Caozo, y es ésta la ruta que me hubiera gustado hacer, más que nada para no repetir camino, y para ver un “dos en uno”, es decir, en la misma ruta ver las cascada del Caozo y la del Calderón, pero la ruta señaliza era la del Camino Real, mientras que para la otra, que creo que la vi en el blog de “andandoextremadura”, de Vicente Pozas, si no recuerdo mal, tendríamos que haber llevado el GPS, o a lo mejor ni siquiera hubiera hecho falta, pero en cualquier caso, no estábamos por la labor de aventurarnos y regresar tarde a casa, porque cada uno tenía sus planes para la tarde como ya he comentado, así que finalmente haríamos el recorrido lineal, el “Camino Real” entre estas dos localidades antes comentadas.

Dejamos el coche dentro del mismo pueblo de Navaconcejo, cerca del pabellón polideportivo, y un poco antes de llegar a éste pabellón nos encontramos con unos paneles informativos sobre esta ruta y sobre otra para hacer en bicicleta de montaña. No había pérdida, teníamos que seguir paralelos al río Jerte, saliendo del pueblo y dejando a nuestra derecha el pabellón polideportivo y la cooperativa de cerezas, y más tarde, un puente que cruza el río Jerte y donde de nuevo vemos indicaciones tanto de la ruta que queríamos realizar, la PR-CC-15, como las del GR-110 que va hacia Plasencia.

Seguimos el curso del Jerte, dejando ya a nuestras espaldas Navaconcejo y caminando entre la carretera Nacional-110, que es la que atraviesa todo el valle hasta adentrarse en Ávila por el puerto de Tornavacas, y el propio río Jerte. Al cabo de kilómetro y medio aproximadamente, dejamos a nuestras espaldas el río para cruzar la N110 y seguir por un camino, justo donde comienza la subida, ya que hasta ahora había sido todo llano, pero a partir de aquí es todo una continua ascensión hasta legar a Piornal (el pueblo más alto de Extremadura, con 1.175 m.), con algunos repechos fuertes , así que el desnivel a salvar en estos poco más de 7 km desde este punto en el que nos encontrábamos, es considerable.

Nada más coger el camino, nos adentramos de lleno entre bancales cubiertos de cerezos, el reclamo principal del valle, junto con el agua que lo inunda y le da vida, ya sea la del propio río o las de sus diferentes gargantas y piscinas naturales, pero sin duda, es la cereza y la fiesta del cerezo en flor la que han dado más notoriedad y repercusión a este valle y a esta zona de Extremadura, aunque sus encantos naturales además del espectáculo del cerezo en flor, no le van a la zaga. Lamentablemente no estamos en primavera, y no es que los cerezos no estén en flor, sino que no tienen ni una hoja siquiera, están totalmente desnudos, con sus troncos pequeños y sus ramas que si bien no alcanzan excesiva altura, sí que se desparraman a lo ancho, llegando incluso a colocar “muletas” para que estas ramas no se tronchen, y en ocasiones se llegan a meter hasta en el camino.

Como he comentado, el camino es siempre en subida, aunque lo malo de este tramo, desde que se cruza la N110, es de hormigón, y así continuará durante al menos 3 km, lo que para mi gusto desprestigia mucho la ruta, aunque por suerte no todo es así.

Este tramo de hormigón que se hace largo, y más aún en la bajada, resulta una tortura para el que viene por aquí a caminar sin más, pero a la vez es una alegría y comodidad sin límites para los dueños de las terrazas en estos bancales, pues les facilita enormemente el acceso, ya que de otro modo, el agua con estas fuertes pendientes destrozaría los caminos y los haría intransitables, a menos, que estuvieran empedrados, como ocurre más arriba, donde fueron los propios vecinos de Piornal los que se encargaron ya hace muchos años, de ensanchar el camino y de calzarlo con piedras para que pudieran ser transitable en épocas de lluvias. A pesar de esto, la subida en este tramo de hormigón no se nos hace excesivamente dura, ya sea por la conversación, ya sea por las buenas y amplias vistas que se divisan a esta altura, a media ladera de la sierra, con el amplio valle que en línea recta llega hasta Plasencia, aunque en el día de hoy no podemos verla por la nieblina y por el humo de chimeneas y fogatas para quemar los erizos de las castañas en algunas zonas; incluso el pequeño pueblo de Valdastillas, que tenemos casi a nuestro lado, apenas podemos reconocerlo entre ese velo de niebla y humo que inunda esta vertiente del valle, porque al otro lado, las poblaciones del Torno y Rebollar son más visibles.



Bancales pulcros, perfectos, creados meticulosa y pacientemente por la mano del hombre en plena armonía con el entorno, que a modo de peldaños parecen estar hechos para subir desde el río hasta la sierra cual si de una escalera para gigantes se tratara, con sus cerezos que esta época invernal parecen inertes, sin vida, con sus troncos cortos, regordetes y su corteza brillante, tersa, cuán distinto debe ser este paisaje en época primaveral, con sus ramas cubiertas de hojas y flores, o más adelante con sus frutos rojos, o incluso en la época otoñal... pero esto es lo bueno de este valle, que puede ser visitable en cualquier estación del año y cada una tendrá su encanto especial, ahora por ejemplo, gozamos de una tranquilidad y silencio que en otra época parecería imposible, por el ajetreo de la recogida de la cereza o por el propio turismo, pero también porque el invierno y en particular estas noches gélidas, de temperaturas bajo, hacen que el valle se encuentre aletargado, como invernando, al igual que la naturaleza en sí, que le cuesta trabajo despertar, y es que durante la subida no vemos a nadie, ni siquiera pájaros que alegren la mañana con sus trinos, porque estos sólo los escucharemos en la bajada, ya bien avanzado el día. Por curiosidad, Alex, decidió tirar una piedra sobre el agua de una pequeña alberca utilizada para el riego de los cerezos, ¿el resultado?, pues que la piedra de buen tamaño acabó siendo rebotada por la superficie totalmente helada de la alberca y salió despedida...



Por fin el hormigón acaba dando paso a tierra firme, por fin parece que nos adentramos más en las entrañas del valle, subiendo constantemente, sin prisa pero sin pausa, tan sólo las paradas en algún momento de duda para ver por donde tenemos que seguir en alguna de las muchas bifurcaciones que hay, y es precisamente en una de estas bifurcaciones, donde dejamos el camino que sigue recto para tomar una senda, una vereda estrecha, a la izquierda, y donde realmente comienza lo parte más bonita de la ruta.

La senda se encuentra flanqueada a un lado por robles y castaños mientras que al otro lado, a nuestra derecha, aún seguimos conservando las amplias vistas del valle con sus característicos bancales, pero por poco tiempo, porque la estrecha vereda completamente cubierta de hojarasca seca se acaba adentrando en un pequeño bosque de robles y castaños cambiando la perspectiva del paisaje, y así, llegamos a una zona o área recreativa situada en una especie de terraza, a la derecha de la senda, la cual se encuentra en este punto flanqueada de paredes de gruesas piedras forradas por completo de una capa de musgo, con un verde intenso en contraste con los colores ocres, marrones y rojizos de las hojas de la senda.


Esta zona o área recreativa, situada en esta especie de terraza, tiene a su izquierda la senda por la que vamos subiendo y a su derecha un torrente de agua que baja alocadamente, aunque unos metros más abajo desemboca en una especie de represa pequeñita, a modo de piscina natural, aunque desconozco si es utilizada para tal fin; justo por debajo de la terraza, una fuente sobre la que una marca de PR nos indica que vamos en buen camino.


Nos encontramos a un lugareño adecentando la zona, o sea, barriendo y quemando los erizos de las castañas, de ahí la humareda que a modo de niebla difumina las vistas de este enclave al que no se si es al que llaman el “Viñazo de las Ánimas”.

Seguimos en subida unos metros más, inmiscuidos en este bosque, y pronto salimos a una carretera estrecha, de montaña, que sube hacia lo alto, y quizás es por ésta por la que tendríamos que seguir para llegar a las cascadas del Caozo, pero nosotros seguimos el itinerario marcado, cruzamos la carretera y la senda se convierte de nuevo en camino, en buen estado, siempre en subida, pero además, la carretera parece haber cortado el bosque, y de nuevo nos encontramos en espacios abiertos, pero por poco tiempo, porque un poco más adelante nos adentraremos de nuevo en un bosque, éste mucho más extenso, surcado de arriba abajo por la Garganta del Calderón, con las aguas de su cascada que van a morir a una poza y su remanente cruzará por el único arco de un viejo puente de piedra ahora en desuso por la construcción de un nuevo paso, pero con el encanto del primer día, bien conservado y buena panorámica global la que se contempla. Es en este enclave donde nos entretendremos un poco más, merece la pena la visión de la cascada con sus aguas rugiendo en medio de este bosque, y bajando por el arco de piedras de este puente, entre las que el musgo y la hierba van creciendo dándole un aspecto más vetusto, dentro de una zona de umbría. Esta cascada, prima hermana de las del Caozo, tiene menos glamour, es menos accesible y por tanto menos visitada por el personal, ya que las otras, y sobre todo en época estival y primaveral, recibe muchas visitas diarias, a juzgar por las fotos y vídeos que he visto, incluso han acabado desvirtuándola en parte, al menos para mi gusto, al crear una pasarela o estructura de hierro que se adentra en la cascada, para tener aún más la sensación de estar dentro de ella o para hacerse la foto de turno, pero al fin y al cabo es una estructura totalmente innecesaria, desvirtuando el entorno, siempre y repito, juzgando por las fotos y vídeos que he visto. En esta pequeña cascada en la que estamos, parece que también han intentado hacer un simulacro para hacer más accesible su parte intermedia y alta, según los pilones de ladrillos que vemos en la parte izquierda, que suponemos serían para fijar una especie de barandilla sobe la que agarrase para subir al tramo intermedio o alto de la cascada, pero o no llegó a buen fin, o la falta de mantenimiento la ha dejado inaccesible, por suerte...

 Puente de piedra junto a la cascada de la Garganta del Calderón.
Cascada de la Garganta del Calderón
 Junto al amigo Alex, con la cascada de la Garganta del Calderón detrás.
Junto a la cascada, a la derecha, hay una fuente y unos metros más arriba hay otra, y entre la fuente y la cascada se encuentran dos paneles informativos que nos hablan de la “Fábrica de Luz”, al igual que la que nos encontramos ayer en la Ruta verde de la Cervigona y del camino amplio y empedrado, perfectamente conservado, que se inicia en este punto y llega prácticamente hasta Piornal.

En relación a la “Fábrica de la Luz”, en los paneles se cuenta lo siguiente:

A mediados de los años 20 del siglo pasado, el ayuntamiento de Piornal decide aprovechar las aguas de la Garganta del Calderón para producir electricidad y dotar de este servicio al pueblo. Se instaló una línea de postes extraída de la arboleda del pueblo, subiendo los materiales y la maquinaria a hombros ante la imposibilidad de hacerlo a lomos de caballerías, pues no había carreteras. La Fábrica de la Luz comienza a funcionar con dos trabajadores dedicados a instalar la red, arreglar las averías y cobrar a los vecinos del pueblo (todos pagaban 6 reales al mes). Además, otra persona quedó de vigilancia en la Fábrica, junto a su familia.
Sólo se suministraba electricidad unas horas por la noche, y durante el día cuando funcionaba el Lagar de Aceite, el Molino o cuando el médico utilizaba los Rayos X.

Al encenderse la luz, cuando anochecía, las mozas tenían que “recogerse en casa”. Si se radiaba algún partido de fútbol importante, se daba dinero a los hijos del vigilante para que hubiese corriente.

Se instaló una “línea de teléfono” entre la Fábrica y el Transformador del pueblo para comunicarse en caso de avería, aunque lo habitual era ir a la carretera desde el pueblo cuando había algún corte.

El teléfono como tal no llegó a Piornal hasta 1957-58. En 1930 se dio luz a Barrado y en 1933 llegó al Sanatorio Antituberculoso, hoy Hospedería La Serrana. Para subsanar la escasez del caudal en verano, se compró un motor de gasoil de 35 cv. Para abastecer el pueblo durante dos horas por la noche y de madrugada para amansar el pan en la Tahona.

Durante las fiestas de Piornal o Barrado el suministro se alargaba unas horas más.

La Fábrica de la Luz estuvo funcionando hasta el año 1959 aproximadamente”.

En cuanto al camino empedrado que se inicia en este punto, junto al puente de piedra y que lleva durante dos kilómetros hasta la carretera que accede a Piornal, y que popularmente se conoce como el “Camino de la Viña” (de donde supongo que toma el nombre el área o zona descrita anteriormente y conocida como “Viñazo de la Ánimas”), en los paneles se cuenta:

...desde los orígenes del pueblo, este camino se utilizó para bajar a las fincas y comunicarse con Navaconcejo y Cabezuela. A finales de los años 50 el Ayuntamiento decide ampliar y mejorar el camino utilizando las “Peonas de Villa”, donde el vecino que no acudía a trabajar, debía aportar dinero.

Se utilizaron barrenos para el ensanche, provocando algún accidente, así como piedras y materiales de la zona. El camino así calzado, hacía que se gastasen más las herraduras de las caballerías, pero hacía más cómoda la subida tanto de personas como los animales, pues evitaba charcos y barrizales en épocas de lluvia.

Por este camino se han transportado muchas aceitunas y castañas. Las cerezas por el contrario, se llevaban a Valdastillas o Navaconcejo y más tarde al almacén que la Cooperativa de Piornal levantó en La Pedrosa (en la carretera de Piornal a Valdastillas). Poco antes de llegar a Piornal encontramos la Fuente de la Deo o del Matafrailes. Según la leyenda, un fraile del convento de Santa Cruz de Tabladilla (La Casería), murió al sufrir una congestión por beber agua fría tras el cansancio y sofoco de la subida”.

Junto a la primera fuente, a los pies de la cascada, completamente a la umbría, nos encontramos las curiosas formaciones de hielo que se han ido forjando al irse congelando la humedad y agua que rodea tallos y hojas de helechos y otros arbustos, formado cilindros de hasta dos y tres centímetros de grosor al rededor de los tallos, o estructuras cónicas junto a las ramas pequeñas de helechos o incluso hasta figuras trapezoidales.... caprichos curiosos de la madre naturaleza.






Nos ponemos en marcha de nuevo por este camino empedrado, dentro de este extenso bosque, dejando una nueva fuente a nuestra izquierda y continuando subiendo utilizando curvas de herradura y agarrándose el camino a las curvas de nivel, para subir sin tanta pendiente, al contrario que en los inicios, en el tramo de hormigón, donde la subida es más vertical y con tramos más pronunciados.


Una de las fuentes al dejar atrás la Garganta del Calderón.

En una de las muchas bifurcaciones, hago un desvío para asomarme a la zona de la parte alta de la cascada, donde se encuentra una zona adecentada, con valla de madera, para llegar a una poza o piscina natural, formada por una pequeña represa, aunque no me imagino bañándome ahora en esas gélidas aguas...

Seguimos la subida por este tramo empedrado, rodeado de castaños y robles con sus ropajes ocres y marrones ahora en el suelo, pasando por una zona donde el agua del camino se ha congelado por completo, obligándonos a seguir por fuera para evitar resbalones, justo antes de llegar a la fuente nombrada en uno de los paneles, la Fuente de la Deo o del Matafrailes, aunque por si acaso, mejor nosotros no probamos el agua, no vaya a ser que nos pasara lo mismo que al fraile de la leyenda, porque fría... seguro que estaba, por no decir helada...

Desde esta fuente y hasta llegar a la carretera que sube desde Valdastillas a Piornal, donde acaba el camino empedrado, la subida se hace más lenta al tener que esquivar el agua que baja camino a bajo unas veces, o las zonas de agua helada en otras ocasiones.


Había tramos en los que el agua que corría hacia bajo por el camino empedrado, estaba completamente helada formando una blanca sobre las piedras. 

Al final llegamos a la carretera, en una de las curvas que hace, justo donde acaba el camino, y como ninguno de los dos tenía especial interés en visitar Piornal, que ya conocíamos, decidimos bajar de nuevo por el mismo camino. Habíamos tardado tres horas justas, incluida la parada de casi 20 minutos en la Garganta del Calderón. Era la una del mediodía, y el camino de regreso iba a ser más rápido, porque era en bajada y porque ya lo conocíamos, así que podíamos llegar a buena hora al coche, con lo que decidimos comernos el bocata abajo, al finalizar la ruta.

La bajada la acabamos haciendo en dos horas, y junto al río Jerte, a las tres de la tarde, al solito de una tarde radiante en contraposición a las noches y mañanas tan frías que estábamos teniendo, dimos buena cuenta de los bocatas. El río, a diferencia del año pasado en esta época del año, baja manso, tranquilo, con sus aguas cristalinas, un lujo comer aquí mientras el personal andará a esta hora con las cañas y cervezas largas previas a la noche de fin de año...



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