Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 17 de mayo de 2014

Sierra de Gredos: Refugio Eola - Gargantón - Portilla del Rey - Gargantón - Refuigo Eola

El sábado, 17 de Mayo, la idea era ir desde el refugio hacia el Gargantón y allí ya veríamos qué hacíamos, si subir por él y después bajar por la Canal de los Geógrafos y hasta el refugio de nuevo, o subir a la Portilla del Rey, y dejarnos caer hacia las Cinco Lagunas o verlas desde arriba, para finalmente regresar al refugio por el mismo camino.

A las 7 de la mañana ya empiezan algunos del grupo a levantarse, aunque en esos momentos es cuando algunos se encuentran durmiendo mejor, porque ya sea por unas cosas o por otras, anoche a más de uno le costó conciliar el sueño. A esa hora, en el refugio ya anda el personal de aquí para allá para aprovechar la mañana, que aquí no se viene a dormir ni a vaguear...

Nosotros desayunamos de nuestras provisiones, utilizando la cocina del refugio, para que nos salga la estancia algo más económica, o sea, lo que solemos hacer siempre... así que mientras el personal anda quitándose las legañas, nuestro mastercheff particular, el señor Boceta, ya anda calentando el agua para el café/té y preparando la mesa con todo el despliegue de provisiones....

Pasadas las nueve nos ponemos en marcha, quizás un pelín tarde, pero no tenemos prisa, sólo tenemos que disfrutar.

Salimos del albergue bordeando la laguna grande por el lado contrario al de ayer, en dirección a la Garganta de Gredos y al finalizar la laguna, giramos a la izquierda para dejar a ésta a nuestras espaldas, subiendo por camino de piedra en zig-zag, con poca nieve y muchos regueros y riachuelos rebosantes de agua que baja rauda, veloz, con fuerza, bailarina y cantarina, uno se queda embelesado con el murmullo del agua en medio de tanta paz y tranquilidad...


Tramo inicial, bordeando la laguna grande de Gredos...



Al culminar esta primera subida y llegar al collado que en bajada siguiente nos llevará hasta el Gargantón, un pequeño descanso para mirar atrás y ver el recorrido de la parte final de ayer, desde los Barrerores hasta la Laguna Grande, y en medio, la Garganta de Gredos, por donde en un principio teníamos pensando descender mañana hasta la plataforma, aunque al final cambiarían los planes.

El descenso por la otra vertiente también se hace cómodo, con algo más de nieve, pero poca, porque lo que más abunda es el agua procedente del deshielo y que todo lo inunda, inclusive el camino empedrado, que cuando no está lleno de nieve lo está de agua, así que en ocasiones vamos por las piedras que lo flanquean...

Al llegar al cauce del Gargantón, vemos que lleva bastante agua y ésta baja con fuerza, aunque a primera hora de la mañana aún se puede pasar cómodamente, a la vuelta, por la tarde, después del deshielo de todo el día, nos damos cuenta que el caudal ha aumentado considerablemente, aunque aún se puede pasar sin excesivos problemas...

Granada en la zona del Gargantón, al inicio de la subida a la Portilla del Rey...

Aquí hay que tomar una decisión. Subir por el Gargantón, completamente cubierto de nieve, y algo más exigente físicamente que la subida a la Portilla del Rey, o subir a ésta. Para la primera teníamos la desventaja de que no todos tenían crampones, y además, algunos de los que estaban allí no habían visto las Cinco Lagunas, así que podía ser esta una buena posibilidad, a pesar de que el año pasado ya habíamos estado algunos en las Cinco Lagunas y en la Portilla del Rey, en un recorrido inverso al que se estaba planteando hoy.

A mi personalmente la idea de dividirnos en dos grupos para hacer cada uno lo que quisiera, no me atraía, prefería que estuviéramos todos juntos, así que como era temprano, propuse subir primero hasta la Portilla del Rey, asomarnos a las Cinco Lagunas y al regreso, si no estábamos muy cansados y era buena hora, intentar subir por el Gargantón el que quisiera, mientras el resto podía deshacer el camino andado por la mañana, para regresar al refugio...

Al final, como lo que se trataba era de disfrutar y no buscarnos complicaciones como en otras ocasiones, decidimos subir a la Portilla del Rey, y después, ya veríamos qué es lo que hacíamos...

Hasta poco más de la mitad de la subida, no hay ningún problema, se sube por la senda en zig y zag disfrutando de las vistas del Gargantón y de las portillas que hay más arriba y charlando entre nosotros, pero después y hasta prácticamente unos metros antes de llegar a la Portilla del Rey, todo está cubierto de nieve, y a esa hora, aunque se podría andar sin crampones, porque la temperatura y el sol pegando de lleno estaban haciendo que la nieve dura se fuera ablandando rápidamente, nosotros optamos por ponérnoslos, porque más arriba posiblemente estuviera más dura, así que aprovechando un descanso algunos se replantearon la subida; el “pequeño sherpa” andaba algo cansino y poco motivado en la subida, y acabó arrastrando al padre para abandonar, así que nos esperarían allí mismo al regreso, y a ellos se les acabó uniendo Encarni, nuestra “Dora la exploradora” particular, así que al final, prestando y ajustado los crampones unos a otros, los seis del grupo que acabamos subiendo hacia arriba lo hicimos con crampones, y para algunos era la primera vez, así que disfrutaron como niños en un día de reyes.

Poco después de subir la primera pala de nieve, seguimos las huellas de dos chavales que habían subido delante de nosotros, ya que al principio, el camino y los hitos estaban completamente cubiertos de nieve y no se veía nada, y lo que acabamos haciendo fue dar un rodeo con fuertes pendientes que no recordaba del año anterior, entre otras cosas porque el camino no iba por allí, como acabamos comprobando al regreso.

Comienza el tramo de nieve, desde la mitad de la subida hasta llegar prácticamente al final en la Portilla del Rey.

En estos tramos de pendiente cada uno sube a su ritmo, dejando a nuestra derecha, más arriba, un par de portillas, y dirigiéndonos hacia un paso donde se vislumbraba algo del camino puesto que no esta cubierto de nieve, así que nos dirigimos hacia allí con mucha cautela, y aún así tuve un resbalón que me hizo bajar rodando durante unos metros, hasta llegar a unas piedras que acabaron sujetándome, aunque mi único pensamiento era no clavar los crampones en la caída e intentar dirigirme hacia las piedras para frenar la caída, ya que no llevaba el piolet, sólo los bastones... finalmente y por suerte, todo quedó en un susto.

En el paso, estábamos dudando si quitarnos los crampones o dejarlos puestos, pero tan sólo eran unos metros sin nieve, ya que al girar vemos que aún nos queda otra pala de nieve hasta llegar a las inmediaciones de la Portilla del Rey que ya la tenemos frente a nosotros.

Hasta el paso descubierto, seguimos viendo las huellas de los dos chavales que iban delante de nosotros, pero a partir de ahí no las vimos, así que no sabemos por donde fueron, aunque nos dijeron que ellos también iban hacia el mismo sitio, pero lo cierto es que las únicas huellas que vimos en la nieve hasta la portilla eran las de alguna que otra cabra.

Ya en la Portilla del Rey, curiosamente sin nieve en los últimos metros de la subida, nos reagrupamos, nos asomamos hacia el otro lado, que en este caso sí está todo lleno de nieve, y vemos las vistas de la Portilla de las Cinco Lagunas, con la primera de las Cinco Lagunas, la Cimera, helada casi totalmente, y de nuevo, buenas vistas que merecen el esfuerzo realizado.

Granada llegando al final de la subida a la Portilla del Rey...

Tocaba después un pequeño descanso, que aprovechamos para las típicas fotos de grupo, comer algo de frutos secos, y un traguito de vino, mientras vemos como van subiendo el último tramo de nieve otra pareja que viene tras nosotros, con la compañía de su perro que también va cargado con su minimochila, y es que aquí en la montaña, cada uno carga con su peso y nadie escurre el bulto. Tras ellos vendría un grupo más numeroso, con guía, que aún estaban reagrupándose en la otra cara del paso descubierto de nieve.

Foto de parte del grupo, en la Portilla del Rey, con la Portilla de las Cinco Lagunas al fondo.

Nos ponemos en marcha de nuevo para deshacer el camino andado, aunque ahora en bajada, y notando durante ésta, que la nieve cada vez está más blanda y a estas alturas del día, ya no son necesarios los crampones, aunque tampoco está de más llevarlos, sobre todo porque ya estaban puestos.

Llegamos al paso donde aún está el grupo numeroso reagrupándose para salir y terminar el último tramo de la subida, nos saludamos y seguimos hacia delante, aunque es a partir de aquí cuando intentamos buscar otra zona de bajada, menos peligrosa, y así nos damos cuenta o intuimos al menos, que el camino va justo por debajo del picacho que nosotros habíamos bordeado siguiendo las huellas de los dos chavales que venían por detrás de nosotros, y curiosamente, el grupo numeroso que nos hemos encontrado y la pareja primera que vimos con el perro, también habían hecho lo mismo, o sea, dejarse llevar por las huellas, aún más marcadas después de nuestro paso y dando el mismo rodeo.

Al ir bajando vamos viendo algunos hitos semidescubiertos y entre esto y la referencia de los que estaban más abajo esperándonos, hizo que el tramo de descenso con nieve lo hiciéramos en un visto y no visto.

Al llegar a la altura de los compañeros que estaban esperándonos, justo donde termina la nieve, nos quitamos los crampones y ya todos juntos de nuevo, continuamos con el resto del descenso hasta el Gargantón, donde sobre las tres de la tarde hicimos la parada que teníamos prevista para comer, en el mismo sitio del año pasado, junto al agua fría que baja con fuerza, producto de tantos riachuelos y gargantas, a los que podemos ver por doquier, producto del deshielo. Sin lugar a dudas, éste es un buen sitio para descansar y comer.

Una muestra del surtido utilizado en el almuerzo en el Gargantón...

Sobre las cuatro de la tarde toca ponerse en marcha de nuevo, aunque había que decidir qué hacer, aunque algunos ya tenían claro que iban a ir directos al refugio por el mismo camino de esta mañana, mientras que Javier aún andaba pensando en subir por el Gargantón y bajar por la canal de los geógrafos, pero al final acabamos pensando que mejor ir todos por el mismo sitio y llegar al refugio tranquilamente, con tiempo suficiente para disfrutar de unas cervezas antes de la cena, porque si fuéramos por el lado que tenía pensado Javier, íbamos a andar muy justos de tiempo, y eso si no nos encontrábamos con ningún inconveniente que nos hiciera retrasarnos aún más.

Cruzamos de nuevo las aguas del Gargantón, y a esa hora podemos comprobar que lleva más agua, aunque aún podemos sortearlas bien, para después seguir todos juntos, de forma distendida, sin prisas, subiendo al collado que da paso al Circo de Gredos, donde en el descenso en zig-zag disfrutamos de unas bonitas vistas de la Laguna Grande iluminada por los rayos de sol, con sus alrededores cubiertos de sombra.

La laguna grande de Gredos y alrededores, el corazón del Circo de Gredos...

Conforme íbamos llegando al refugio, nos acercábamos al sitio donde teníamos enterradas en la nieve las latas de cerveza, para tomárnosla tranquilamente en la terraza del refugio, donde podemos comprobar que hay más gente que ayer, mientras disfrutamos del entorno, de la conversación y del buen ambiente que se respira siempre aquí.

Inicialmente, para el día siguiente, para el domingo, teníamos previsto bajar por la Garganta de Gredos, pero esto implicaba sus cinco o seis horas de marcha, y habían surgido algunos inconvenientes, el fundamental es que el coche en el que vinieron el grupo de Llerena tuvo problemas mecánicos al llegar a la Plataforma, así que lo mejor era llegar temprano allí y avisar a los del seguro para el caso que tuvieran que andar esperando a la grúa, y por otro lado, los vascos no podían llegar muy tarde porque les quedaban muchas horas de viaje por delante y JuanMi creo que trabajaba al día siguiente, así que al final salimos pronto del refugio y nos fuimos a la Plataforma donde teníamos los coches, por el camino típico, por los Barrerores y el Prado de las Pozas, llegando tempranito a los coches y tomando una cerveza en el chiringuito que hay allí, mientras esperábamos a la grúa, para después bajar todos hasta el camping de Hoyos del Espino, donde comeríamos el típico chuletón, para no perder las costumbres, y a las tres de la tarde, ya terminado el homenaje de rigor, comenzamos con las despedidas, al tiempo que llega el taxi enviado por el seguro, para llevar a los de Llerena a casa, así que después de todo, no tendrían que esperar mucho, e incluso llegarían a casa antes que nosotros, que tendríamos que entrar en Navalmoral para dejar a “la diesel” en casa.

Y así termina una nueva visita a Gredos, que como siempre, sirve para cargar las pilas, y más aún en mi caso particular, ya que por las circunstancias personales he reducido considerablemente el número de salidas, así que estas excursiones a Gredos y sobre todo contar con lo grata compañía de este grupo con el que comparto estas rutas, hacen que todo sea un poco más llevadero...

Dejo a continuación un pequeño vídeo de siete minutos, de esta ruta:


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