Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

viernes, 19 de julio de 2013

La Ruta del Danubio en Bici, de Budapest al Mar Negro: Diario de un cicloturista (III).

TERCERA PARTE: ETAPAS DE LA 11 A LA 15
(Rumania)

ETAPA 11: Hinova - Cetate (Puerto de)
ETAPA 12: Cetate (Puerto) - Zaval
ETAPA 13: Zaval - Turnu Magurele
ETAPA 14: Turnu Magurele - Giurgiu
ETAPA 15: Giurgiu  - Dorobantu

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ETAPA 11 (Rumania): HINOVA – CETATE (Puerto)
Distancia = 102,80 km - Tiempo = 5:58:54 - Media = 17,23 km/h
Jueves, 16 de Agosto de 2013

  Nos levantamos siguiendo el horario habitual, recogimos todo y bajamos al patio donde estuvimos cenando anoche para disponernos a desayunar: café, pan, huevos duros, tomate, paté y queso. Este desayuno estaba incluido en el precio de la habitación.

  Preparamos nuestras burras en el mismo patio y salimos a la carretera que traíamos ayer para comenzar esta nueva jornada, a las 7:20, o mejor dicho, una hora más tarde, ya que en Rumania tenemos que adelantar una hora el reloj, con lo que de ahora en adelante, cuando mencione una hora me referiré siempre a la hora rumana.

  La rodilla agradece el descanso nocturno por lo que finalmente nos decidimos por hacer la ruta prevista, la marcada en la guía, aún sabiendo que en los próximos días tendríamos que hacer etapas largas, y en la de hoy en particular, había muchos repechos, perfil rompepiernas, según el rutómetro, así que tendría que tomármelo con mucha calma, sobre todo en las subidas, porque de lo contrario me pasaría como ayer, que al principio iba regular con la rodilla pero al final acabé bastante mal, con un dolor constante que acabó amargándome.

  Pedalear a esta hora de la mañana, con una carreterilla local, sin tráfico alguno, junto al río, y con una temperatura fresca que nos obliga incluso a ponernos una ligera sudadera hasta que entremos en calor, en una gozada, el placer del cicloturista; son sin duda, las mejores horas para pedalear, las primeras de la mañana y las últimas la tarde.

  Los tres o cuatro kilómetros iniciales son completamente llanos, pero pronto comienzan los repechos y sus bajadas correspondientes, pasando por pequeños pueblos o aldeas, dispuestos siempre a lo largo de la carretera, y tanto en estos como en los que veremos en días sucesivos, tienen pozos de agua dispuestos a lo largo de la carretera que los atraviesa. Muchos son de agua que puede beberse, en otros no es así. La razón de ver tantos pozos de uso público, o incluso dentro del terreno asociado a las casas, y como nos enteraríamos días después, es que no se dispone de agua corriente, quizás pueda sorprenderles a algunos esto, pensando que Rumania pertenece también a la Unión Europea, y aunque uno pueda pensar o entender que es un país más pobre, no esperaba encontrarse con esto.

  En uno de estos pozos hacemos una parada para rellenar nuestros botes con agua fresca. El pozo donde paramos tenía un sistema de garrucha con dos cubos, mientras uno subía cargado, otro bajaba vacío, y una abuela que se encontraba rellenando un par de cubos para llevarlos a casa, le estuvo explicando el funcionamiento de aquel simple sistema a Iñaqui, por supuesto en perfecto rumano, algo que me pareció gracioso, con la abuela explicándole con ímpetu aquel funcionamiento a Iñaqui, que no se enteraba de nada, a excepción de interpretar los gestos de esta simpática abuela.



 Uno de los muchos pozos que nos encontramos por el camino, donde aprovechamos para repostar agua, al tiempo que una abuelita encantadora le intenta explicar a Iñaqui (en perfecto rumano) el funcionamiento...


  No tardamos mucho en afrontar la primera subida seria, de kilómetro y medio aproximadamente, con un 7% de desnivel, así que le digo a Iñaqui que tire para delante, que vaya a su ritmo, que yo iré “haciendo molinillo”, cargándome de paciencia, porque la jornada acaba de empezar como quien dice y no quiero que me pase lo mismo de ayer...

  Termino la subida y comienzo su consiguiente bajada, sin embargo, delante de mi veo a Iñaqui parado, y como pude ver después, lo que estaba haciendo es una foto de un carro cargado de zagales y arrastrado por una pobre mula... ¡hay que ver como está el transporte público!.. bueno, esto es broma, sin embargo, ésta será también otra tónica dominante durante nuestro recorrido por todas estas zonas rurales del sur de Rumania, los carros tirados por mulas o burros, cargados de gente, o de panochas de maíz o de girasol, o de hierbas.... carros y más carros, con y sin matrículas, hasta el punto de ver más carros que coches en estas zonas rurales.

¡Hay que ver como está el transporte público!

  Llegamos a otra pequeña aldea, y paramos en un cruce a preguntar a un par de abuelitas, por la dirección a Crivina, porque no vemos ningún tipo de señalización, y mucho menos carteles de la “Ruta del Danubio” o del “Eurovelo 6”, y es que esto será otra constante de la ruta a su paso por Rumania, o sea, absolutamente nada de señalización sobre esta ruta.

  Seguimos la dirección que nos indican las abuelas y nos encontramos con una señalización que marca Crivina, pero la carretera con buen firme por la que pedaleábamos se transforma ahora en una especie de pista asfaltada totalmente descarnadas y muy bacheada, en la que al cabo de unos kilómetros desaparece cualquier rastro de asfalto, pasando a pedalear por una pista de tierra rodeado de mucha arboleda y una vegetación exuberante, con cortos 'sube y baja'.

Pistas de tierra rodeadas de abundante vegetación camino a Crivina.

  Nueve kilómetros después llegamos Crivina, otra pequeña aldea. En un cruce, después de consultar la guía, giramos a la izquierda, y la pista de tierra se convierte en un pista o carretera recién asfaltada por la que pedaleamos cómodamente durante poco tiempo, porque pronto tenemos que hacer frente a otro fuerte repecho de 800 metros donde nos encontramos con un carro con dos abuelas, pequeñas de estatura, vestidas de negro, incluido pañuelo en la cabeza, y con el carro cargado hasta los topes, foto de postal, sino fuera porque no tengo muchas ganas de parar en pleno esfuerzo subiendo la cuesta, pero como se le vayan los frenos al carro me da a mi que las abuelitas salen volando...

  Al final del repecho el asfalto desaparece y de nuevo pedaleamos por pista de tierra, aunque ahora por espacios más abiertos, sin tanta arboleda ni vegetación, son más bien zonas dedicadas al cultivo del maíz, hasta llegar a Burila Mare, otra pequeño núcleo urbano, donde hay poco que ver y hacer, así que seguimos pedaleando hasta Gogosu, un tramo de 16 kilómetros por carretera local y estrecha, pero con buen firme y recorrido agradable, y por supuesto, sin tráfico alguno, con lo que vamos relajados, tranquilos, disfrutando. Hay algunos cambios de rasante, cortos repechos que me obligan siempre a hacer “molinililo” para ir reservando la rodilla, que hasta ese momento iba aguantando, con molestias, pero mejor de lo que esperaba.

  Gogosu es otro pueblecito orientado a la carretera, como todos por los que vamos pasando hoy y por los que iremos pasando el resto de días. Se podría decir que los pueblos pequeños sólo tienen una calle dispuesta a lo largo de la carretera, y normalmente es lo único asfaltado que hay, cualquier otra bocacalle que nos encontremos tiene su firme de tierra, aunque tampoco es que tengan muchas más calles o casas fuera de lo que es la calle principal como he comentado. Las casas no pegan pared con pared unas con otras, sino que cada una suele tener un terreno al lado, o incluso delante de ellas, separándolas de la calle por vallas o cancelas de madera. Apenas se ven coches aparcados, porque por estas zonas de núcleos urbanos pequeñitos o aldeas diseminadas a lo largo de la carretera como cuentas de un rosario, eminentemente rurales y empobrecidas del sur de Rumania, lo que abundan son los carros tirados por mulas y los pozos repartidos a lo largo de la calle principal, además de los propios de las casas, como ya he dicho antes.

 Cruzado uno de los muchos pequeños pueblos o aldeas por los que tuvimos que pasar en esta jornada.

El tráfico de carros tirados por mulas será la tónica habitual durante el recorrido por Rumania.

  Dejamos atrás Gogosu y seguimos pedaleando por carretera local sin tráfico, viendo en algunas ocasiones el río a nuestra derecha, aunque algo más alejado de él de lo que estábamos acostumbrado. Recorrido agradable, entretenido, donde de nuevo aparece mucha vegetación y frondosidad en los márgenes de la carretera, incluso en parte del recorrido bien parece que vamos atravesando un plantación de marihuana... por si acaso, Iñaqui se ofreció voluntario a recoger una muestra y que se fuera secando sobre las alforjas durante unos días...

Iñaqui recogiendo una muestra de ¿marihuana?... o algo que se le parece mucho...

  Llegamos a Gruia, una localidad un poquito más grande que el rosario de aldeas o entidades menores por las que estamos pasando y que pertenecerán a ésta. Aquí es donde teníamos pensado hacer una parada para comer y descansar un rato, así que paramos en una pequeña tienda, con apenas surtido o al menos para lo que estamos acostumbrado nosotros, y compramos pan y unas latas de cerveza, lo suficiente, porque nos quedaban algunas provisiones como para hacernos unos buenos bocatas de los que estuvimos dando buena cuenta tumbados al césped, a la sombra, dentro del recinto-parque-jardín de un colegio. Este recinto, con zonas ajardinadas, pequeños paseos y bancos, está en perfecto estado, al igual que el colegio, al menos externamente, porque se ve que es una obra nueva, y suponemos que esta obra y otras cercanas, junto a la carretera, están financiadas por la Unión Europea, a juzgar por los carteles que vemos relacionados con este tema, así que aquí en esta localidad, al menos se nota la entrada en Europa.

  El colegio estaba cerrado, así que no podíamos utilizar sus servicios, pero a un lado de este recinto ajardinado del colegio, había lo que parecía una zona de servicios, y efectivamente lo era, pero cuando nos acercamos vimos el claro contraste entre el cielo y el infierno, entre la pulcritud y la asquerosidad; lo único que había era una taza turca con una fosa séptica, y al margen de que había mierda por todos lados, moscas y moscones de todos los tamaños, el olor era nauseabundo, ¡no era apto para gente escrupulosa!... por suerte ni Iñaqui ni yo lo somos, y como dijo alguien alguna vez: ¡en peores plazas hemos toreao!... nos encontraremos en más de una ocasión durante el recorrido con situaciones parecidas, y es que no se trata de que nos encontremos unos servicios en donde lo único que hay es un agujero en el suelo, rodeado de mierda por todos lados y un olor que te echa para atrás, porque no me refiero a eso, sino al fuerte contraste entre esto y el recinto ajardinado impecable, impoluto, que está al lado o el colegio de reciente construcción...

  Echamos una cabezadita en el césped, después de zamparnos los bocatas con su cerveza correspondiente, y poco después nos ponemos en marcha de nuevo, pero ahora por una carretera completamente bacheada, llena de grietas y con remiendos por todos lados, lo que hizo que nuestro trasero fuera sufriendo el efecto “batidora”.

  Entre Gruia y Gârla Mare, el recorrido es agradable, es más, creo que es una zona ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves), por los carteles que estuvimos viendo junto al colegio donde estuvimos descansando en Gruia, donde se indicaba la flora y aves que podían verse en esta zona. Lamentablemente, la hora por la que transitamos por estos parajes no era la mejor, y los botes que íbamos pegando a consecuencia del firme irregular, tampoco ayudaban mucho...

Una breve parada en una de las muchas aldeas por las que pasamos...

  En Gârla Mare paramos en uno de los pozos que hay junto a la carretera que atraviesa el pueblo, aunque estábamos en duda, puesto que no veíamos ningún cartel de si se podía beber el agua o no, por suerte, una abuela que esta sentada a la sombra en el otro margen de la carretera, junto a la puerta de su casa y con otros dos abuelos, comienza a llamarnos la atención para decirnos que esa agua no es buena, y acto seguido, ni corta ni perezosa, entra en casa y nos saca una garrafa de cinco litros para que rellenemos nuestros botes de agua, bebamos, volvamos a rellenar y hasta poder refrescarnos un poco. Un encanto de abuelos; no nos piden nada, no quieren nada, sólo desearnos buen viaje... ¡qué diferencia con lo que nos sucedió ayer en Drobeta Turnu Severin!, donde los chiquillos y gente mayor sólo se acercaban a pedirnos dinero o comida... aunque quizás fuera algo puntual y nos tocó a nosotros...

  A partir de Gârla Mare, el paisaje cambia, se vuelve plano, con espacios abiertos, donde desparecen las zonas de arboleda y el verde de la vegetación se transforma en un amarillo pajizo propio de campos de cultivos de maíz ya cosechado o de girasoles a punto de recoger. El paisaje se vuelve más arisco, más monótono, más feo, más de lo mismo, algo que a partir de aquí se convertirá en el paisaje habitual, mientras la carretera sigue igual de mal, y donde finalmente creo que voy a padecer más del culo machacado que de la maltrecha rodilla, que era mi problema para el día de hoy y que de momento, aunque con ciertas molestias, sigue aguantando bien, algo que me va dando confianza.

El mayor tráfico que nos encontramos es el de los carros tirados por mulas...

  Hasta que llegamos al cruce con la carretera general que lleva hasta Calafat, después de dejar atrás Salcia, seguimos con la misma tónica dominante, paisaje plano, sin arboleda ni vegetación, tan sólo campos de maíz o de girasoles, donde o bien la cosecha se ha hecho o bien están en ello. Ni un árbol, ni una sombra, con una carretera que sigue siendo un tormento, y con el trasero molido con tanto bote, además de resultar incómodo para pedalear porque no se acaba de coger un ritmo.

  Por suerte, la carretera general que va hacia Calafat es buena, ancha, con firme perfecto y arcén amplio, pero claro, todo tiene su contraréplica, y es que si hasta ahora apenas nos habíamos encontrado con coches, aquí vuelven a aparecer, en las cercanías de una ciudad más grande como es Calafat, pero también es cierto que es menos del que esperábamos. Como se suele decir, siempre hay algo bueno dentro de lo malo, y algo malo dentro de lo bueno, así que tendremos que adaptarnos a lo que vaya viniendo...

  Con buen arcén, mejor firme y ahora con algo de viento de cola, los seis kilómetros que restaban hasta Cetate los hacemos a buen ritmo, y más si no hay entretenimiento, porque el paisaje o las zonas por las que vamos pasando no nos parecen especialmente encantadoras.

  El ritmo para en seco en los últimos 500 metros, donde aparece un fuerte repecho que termina justo en la entrada de Cetate. Al comienzo del repecho paramos a la izquierda de la carretera, derechos a una gran fuente, la primera que vemos por tierras rumanas, ya que hasta ahora sólo habíamos vistos pozos. Rellenamos los botes con agua fresca y de paso, aprovechamos para refrescarnos nosotros también metiendo la cabeza directamente en la fuente, después de estas últimas horas, donde si bien no hemos tenido temperaturas extremas si se nota un calor bochornoso.

  Subimos este último repecho tranquilamente, entre otras cosas porque ya se va notando el cansancio en las piernas después de cien kilómetros recorridos.

  En Cetate hacemos una parada para decidir qué íbamos a hacer, si continuábamos hasta Calafat, haciendo entorno a los 125 kilómetros de recorrido, o hacer un par de kilómetros más hasta el puerto junto al río, donde teóricamente, según la guía, hay un camping o una zona de acampada.

  Compramos unas latas de cerveza en una pequeña tienda y nos sentamos a la sombra. Después de hablarlo entre nosotros, decidimos que mejor no meternos tanta presión hoy y retirarnos a la zona del puerto, buscar un sitio para acampar y darnos un baño en el río, disfrutando de lo que quedaba de tarde, aunque antes esperaríamos a que abriera una tienda que teníamos frente a nosotros, porque en la puerta tenía varias pegatinas de operadores móviles, aunque suponíamos que era publicidad, como en tantos otros sitios, pero por ver si sonaba la flauta y había alguna forma de recargar mi teléfono, pero no pudo ser, no hubo suerte.

  Nos dejamos caer hasta el puerto, atraídos por las aguas del río, aunque no se trataba de un puerto fluvial o un puerto deportivo, es más bien un “puerto cultural”, que es en donde desemboca la carretera asfaltada. Parece ser que un importante artista rumano, una especie de mecenas, ha construido aquí un pequeño museo, un hotel y un restaurante, además de una especie de sala de exposiciones o sala multimedia, abierta al público, y donde ha colocado, repartidas a lo largo de esta zona del margen del río, algunas esculturas de diferentes artistas, además de las suyas.

  No vemos camping por los alrededores, y en el hotel y el restaurante se ve gente trabajando, como si estuvieran reformándolos, y el bar o chiringuito de playa más próximo está a uno o dos kilómetros por pista de tierra. Aunque no hay camping, en Rumania la acampada libre está permitida, así que en principio podemos acampar en cualquier sitio, y esa zona nos parecía que estaba muy bien, además de tener una playa a escasos 500 metros, pero por si acaso aquello era terreno privado, preguntamos a una de las personas que estaban allí trabajando, el cual nos trae al capataz, un hombre muy majo, de unos 60 años, con pantalones de tirantes y gorra, más bien de baja altura y con aspecto jovial y dicharachero, una especie de trotamundos que se relaciona con nosotros utilizando palabras mezcla de español, italiano, rumano e inglés. Nos dice que no hay ningún problema, que podemos acampar en cualquier sitio, y que incluso podemos utilizar las duchas y los servicios del hotel, que estaba abierto, aunque no en funcionamiento, porque como digo, estaban de reformas.

  Mientras yo iba buscando el sitio para acampar, una pequeña pradera junto a una zona frondosa, donde incluso habían creado una especie de canal artificial, el capataz le estuvo enseñando a Iñaqui el museo de este artista rumano, y al preguntarle si podíamos comprar cerveza en el restaurante, suponemos que abierto tan sólo para los trabajadores, le dijo que mejor el vino que la cerveza.

  Mientras terminamos de montar nuestras tiendas, aparece un matrimonio canadiense que también están haciendo la ruta cicloturista, y al ver nuestras tiendas, ellos comienzan a colocar la suya cercana a la nuestra, mientras nosotros aprovechamos para darnos un baño en un playa cercana y completamente vacía en ese momento.

Esta es la zona, en el Puerto de Cetate, donde acampamos junto al Danubio. Detrás de esta zona está la playa donde nos dimos un buen baño-homenaje.

La zona de acampada en más detalle. A la izquierda, el matrimonio canadiense montando su tienda.

  Al regreso del baño nos encontramos un bonito atardecer, y también la desagradable sorpresa de ver nuestras bicis pinchadas, suponemos que al meternos en esta zona de hierbas donde acampamos, así que mañana tendríamos trabajo extra al levantarnos.

Playa del Danubio enteramente a nuestra disposición.

Atardecer en el Danubio desde el puerto de Cetate, donde acampamos.

  Le encargamos una jarra de vino al capataz, y nos sentamos junto a una de las mesas dispuestas en la terrazita del hotel, donde nos disponemos a escribir unas notas de la jornada de hoy, mientras picoteamos unos frutos secos como acompañamiento del vino, antes de ponernos manos a la masa, o sea, antes de hacer la cena, algo que por otro lado, esta noche tuvo que esperar, puesto que al poco se sentaron junto a nosotros la pareja canadiense, con los que al final estuvimos tomando la jarra de vino.

  Los canadienses cenaron cuatro chucherías, pero después de los primeros vasos de vino, se les desató la lengua, así que allí estuvimos de tertulia larga hasta que finalmente se retiraron a su tienda, y nosotros, más tarde de lo acostumbrado, nos dispusimos a preparar la cena bajo las estrellas, en medio de una paz y tranquilidad deliciosa, de las que llenan el alma...

  Ese matrimonio canadiense había empezado en la costa atlántica francesa, así que hasta llegar aquí ya habían realizado más de cinco mil kilómetros, y aún les quedaba otro buen tramo, como a nosotros, hasta llegar al Mar Negro.

  Al terminar la cena, nos vamos directos a nuestras tiendas, donde caímos totalmente rendidos después de un largo día, donde lo mejor ha estado en la primera parte del recorrido, disfrutado del placer del cicloturismo, después simplemente nos hemos dedicado a hacer kilómetros, a cubrir el expediente en un recorrido insulso. Al margen de esto, el otro acierto del día ha sido el decidirnos por terminar aquí la jornada, disfrutando de un buen baño en el río, de este bonito lugar y de la compañía de los canadienses, con los que hicimos buenas migas, algo en lo que el vino tuvo mucho que ver...

  En cuanto a mi, he recuperado cierta confianza al ver que la rodilla ha aguantado esta etapa de más de 100 kilómetros con muchos sube y baja y con tramos de tierra, así que mañana continuaré con el pedaleo suave y en cuanto haya algún repecho fuerte, poner 'molinillo', porque aún queda mucha ruta. La parte negativa es que con estos tramos de pista y carretera tan bacheada, sobre todo en el último tercio de la etapa, la raja de la llanta ha aumentado medio centímetro más, así que ya son más de dos centímetros y el bulto es mayor, por lo que definitivamente he tenido que quitar el freno delantero para que no rozara nada. Esperemos que mañana en Calafat, un sitio grande, podamos conseguir una llanta para sustituir a la que tengo dañada...


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ETAPA 12 (Rumania): CETATE (Puerto) - ZAVAL
Distancia = 115,81 km - Tiempo = 6:02:14 - Media = 19,20 km/h
Viernes, 17 de Agosto de 2013

  A las 6:45 (hora rumana, una más que en España) me despierto escuchando a los canadienses recoger su equipaje, y para no ser menos, yo aprovecho para hacer lo mismo, aunque algo más temprano de lo habitual si no tuviéramos en cuenta el cambio horario, pero mejor así, porque hoy teníamos algo de trabajo extra, había que arreglar los pinchazos de ayer tarde al entrar en este recinto donde acampamos.

  Iñaqui también se levantó pronto, así que los cuatros estuvimos desayunando juntos, a la sombra, en una de las mesas de la terraza del hotel, donde anoche también estuvimos de tertulia. A esta hora todo está tranquilo, tan sólo se escuchan algunas voces de los obreros que están con las reparaciones/restauraciones/obras de este hotel y sus aledaños, con el Danubio junto a nosotros, a tiro de piedra, con una ligera brisa y una temperatura muy agradable a esta hora de la mañana que una bendición... un lujo.

  Cada uno tira de sus provisiones para el desayuno. Los canadienses terminan pronto y después de despedirse de nosotros, se ponen en marcha para aprovechar estas horas iniciales. A nosotros aún nos queda reparar el pinchazo de nuestras burras y aprovechar para hacer algunas fotos de las esculturas y el entorno donde acampamos ayer tarde, antes de disponernos a comenzar esta nueva etapa, que en principio no prometía muchas sorpresas.

  Al margen de la pereza que da tener que empezar el día solucionando problemas mecánicos, aunque en este caso sólo se trataba de un simple pinchazo y de comprobar que la raja de mi llanta delantera no ha ido excesivamente a más, aunque ya ronda los 2,5 centímetros, hoy moralmente me encuentro mejor. La rodilla ayer aguantó bien a pesar de la etapa larga y de los tramos rompepiernas en la primera parte, así que espero que hoy siga igual, sobre todo porque sobre el papel al menos, la jornada de hoy es plana, y además porque hoy pasamos por Calafat, una ciudad grande que nada tiene que ver con el rosario de pueblos pequeños, rurales y humildes por los que hemos ido pasando, por lo que esperaba poder poner fin a la intranquilidad que tenía con la llanta delantera, y más cuando el capataz que estaba al cargo de todo aquel recinto donde hemos dormido hoy, nos comentó que cerca del Palacio de Justicia de esta ciudad, podíamos encontrarnos con una tienda de bicis, otra cosa es saber qué entienden ellos por tienda de bicis...

  Hoy tenemos que empezar deshaciendo el par de kilómetros que hicimos ayer para llegar hasta el río, y así llegar hasta la carretera que traíamos para seguir hasta Calafat, en ligera subida (la única del día) hasta llegar a los últimos 500 metros, donde hay que enfrentarse a un fuerte repecho que termina en Cetate, localidad donde continuamos con el recorrido previsto en el itinerario.

  Del recorrido a nivel paisajístico de la etapa de hoy, hay que contar muy poco, basta decir que prácticamente estos dos kilómetros iniciales, con el Danubio a nuestra espalda, y pasando al principio por una gran arboleda propia de la ribera de los ríos, es lo más interesante, lo cual dice todo de lo que nos resta de recorrido, donde la tónica dominante son paisajes llanos, color amarillo pajizo, con campos dedicados al cultivo del maíz o del girasol y con gente trabajando en ellos, realizando la recogida a mano y transportándola a los pueblos en carros tirados por mulas, para descargarlas en las entradas a los recintos de las casas (no son casas pegadas unas a otras, sino que cada una tiene su terrero alrededor); por las tardes, al caer el sol, las familias enteras se sitúan alrededor de los montones de panochas de maíz o de girasol, para ir limpiando las panochas de maíz o para golpear las panochas de girasol fuertemente contra el suelo para extraer las pipas, en una labor tediosa propia de épocas pasadas, al menos en nuestro país, para finalmente introducirlas en el interior con carretillas.

  En alguna ocasión durante nuestro recorrido por el sur de Rumania, hemos visto alguna que otra máquina recolectora en los campos de girasoles, escupiendo después un “gran chorro” de pipas sobre el remolque de un tractor... Impresiona ver el contraste, porque creo que en una mañana esta máquina puede hacer el trabajo de todo un pueblo durante toda una campaña entera... ¡una diferencia brutal entre la mecanización, la revolución industrial, y el penoso trabajo manual de la mayoría de estos pequeños, humildes y rurales pueblos del sur de Rumania, en la frontera con Bulgaria!.

Una de las pocas ocasiones, quizás la única, donde vimos el trabajo mecanizado, la cosechadora de pipas de girasol, descargándolas en un gran chorro a un remolque... Claro contraste con el trabajo manual de recolección con el que nos encontrábamos a menudo...

  Pero a pesar de estar la gente en los campos trabajando desde bien temprano, de sol a sol, cuando de vez en cuando levantan el lomo para tomar un respiro en sus quehaceres de recolección, y nos ven pasar, siempre muestran una sonrisa y nos saludan efusivamente, a lo que nosotros respondemos en la misma medida.

Desde bien temprano, la gente trabaja durante en el campo, como en esta ocasión, dedicados a la recolección del maíz.

  Antes de llegar a Calafat, nos encontramos de nuevo con el matrimonio canadiense, parados a un lado de la carretera, y eso que habían salido una hora antes que nosotros, pero ésta era ya la segunda ocasión en la que pinchaban hoy. Como no necesitaban ningún tipo de ayuda, nosotros seguimos hacia delante, con nuestro pedaleo rutinario, por carretera llana y en buen estado, así que ¡carretera y manta! hasta Calafat, porque el recorrido ofrece muy poco atractivo en el que podamos regodearnos, entretenernos o disfrutar de alguna manera.

 El matrimonio canadiense arreglando un pinchazo.

Detalle del espejo retrovisor incorporado en el casco que lleva esta canadiense... tecnología punta....

  Nos adentramos en Calafat, y lo primero era intentar dar con el Palacio de Justicia, en cuyos alrededores debería haber una tienda de bicis, según nos comentó en la tarde de ayer el capataz.

  Iñaqui pregunta a un par de chavales que se encuentran sentados en una terraza tomando un café, y ni corto ni perezoso uno de ellos monta en un bicicleta pequeñita, al estilo de las bicis pleglables, y nos dice que le sigamos, y así lo hicimos. Pedaleamos por una especie de parque central, estrecho y alargado, con dos carriles para coches a los lados y pronto llegamos a lo que debe ser la zona centro, donde hay más bullicio, más tiendas, y al poco paramos y nos dice que allí teníamos el Palacio de Justicia, pero por más que mirábamos Iñaqui y yo no veíamos nada por los alrededores que se pareciera a una tienda de bicis.

  El chaval que ha hecho de guía se queda extrañado ala vernos mirar por los alrededores, como buscando algo que no acabábamos de encontrar, así que nos pregunta qué estamos buscando o qué queremos.

  Le contamos el problema que tengo con la llanta, mostrándole la raja, y que lo que pretendemos es comprar una nueva, así que de nuevo nos dice que le seguimos y nos acaba llevando a un mercado, a una especie de plaza de abastos, donde al principio sólo vemos puestos de frutas y verduras, bajo una cálida luz, supongo que por efecto de los cristales de la claraboya de arriba, ya que es un sitio cerrado. Nos lleva hasta el fondo, donde ya aparecen entre puestos de frutas y otros, unos puestecillos a modo de ferretería, y allí vemos colgadas algunas cubiertas y también algunas llantas, por supuesto nada especializado, llantas de cierres con tornillos y que pesan como plomo, pero con eso me conformaba y tenía más que de sobra para continuar la ruta, lo que no teníamos nada claro es si tendría alguna de la medida de las que yo llevaba.

  Probamos un par de ellas y me decanté por la más parecida a la mía, ahora tendría que quitar de la llanta estropeada, el cierre rápido, el cubre-llantas, el imán del cuentakilómetros, y por supuesto la cámara y cubierta. Todo este cambio lo tuve que hacer allí mismo, con el personal mirando a estos dos tíos vestidos de ciclistas, cambiando una rueda entera, en pleno mercado, con pasillos estrechos llenos de todo tipo de puestos, donde de vez en cuando tenía que apartarme para dejar paso a alguien, porque hasta que no la montara por completo y viera que me podía servir, no la iba a comprar.

  Mercado de Calafat.

Cambiando la rueda delantera en el interior del mercado.

  Tuve suerte, y todo encajó bien, y mientras quitaba de un lado y ponía en otro el imán del cuentakilómetros, Iñaqui se dedicó a curiosear por los puestos para ver si podía encontrar el tan ansiado alcohol para su hornillo, pero una vez más no hubo suerte, y eso que tuvo la inestimable ayuda de encontrar a una chica de las que estaban vendiendo en un puesto, que le hizo de intérprete, porque hablaba muy bien español, pero todo lo más que podían ofrecerle eran bombonas para hornillos clásicos de gas o los propios hornillos.

  Con la rueda nueva completamente montada y probada, pagamos y le damos las gracias a la chica que hizo de intérprete, mientras que el otro chaval que nos trajo hasta aquí ya se había ido, aunque no si antes darles las gracias, pero si esto es lo que entendía el capataz por una tienda de bicicletas, creo que nunca la hubiéramos encontrado, perdida en esta mercado interior, en donde desde sus puertas de entrada sólo hubiéramos vistos puestos y más puestos de frutas.

  No podeos resistir la tentación, así que antes de salir del mercado compramos una sandía de algo más de dos kilos y unos melocotones, y en una tienda cercana, un litro de zumo de naranja, y de todo ello estuvimos dando buena cuenta en el parque-paseo que teníamos allí mismo, justo al otro lado de la carretera.

  Ya tenía un problema resuelto, el de la llanta, y ahora quedaba otro, recargar la tarjeta telefónica, para lo que necesitaría buscar un sitio con acceso a internet, donde además aprovecharíamos para leer los correos y ponernos un poco al día, porque no teníamos ni idea de lo que pasaba en el mundo, pero cuando terminamos esta comida frugal, ya eran las 13:15, y entre unas cosas y otras se nos había hecho tarde, así que dejamos este tema para más adelante.

  Después de un pequeño y tonto rodeo para poder salir de Calafat, por fin ponemos rumbo hacia Poiana Mare, nuestro siguiente hito de paso, a unos once kilómetros, y aunque nuestra idea era hacer un tramo del tirón de unos 30 km, hasta Rast, paramos en esta primera localidad, alargada, como todas, con sus casas dispuestas junto a la carretera, la cual suele ser, en la mayoría de los casos y tal y como ya he comentado en otras ocasiones, la única calle asfaltada. Paramos aquí porque vimos una pequeña tienda de comestibles abierta, y como no estábamos seguro de si más adelante íbamos a poder encontrar alguna tienda y en caso de encontrarla que estuviera abierta, por la hora que era, decidimos comprar algo para hacernos un bocata y comérnoslo en Rast, donde llegaríamos a una hora apropiada para ello, así como para intentar buscar un sitio donde descansar un rato y dar una cabezadita.

En una de los pueblos-aldeas por los que pasamos después de dejar atrás Calafat. Una viva imagen de esta parte de Rumania: pozos de agua con garrucha y carros cargados de maíz.

  Compramos pan y mortadela, y poco más, no había mucho surtido, no había mucho que elegir, y por lo que hemos visto hasta ahora, ya nos podemos ir olvidando de encontrar latas de lentejas, garbanzos, o de cualquier otra cosa que estuviera preparada y tan sólo hubiera que calentarla; por no haber ni siquiera había paquetes de arroz y pasta (macarrones), aunque de esto ya teníamos nosotros, pero no tenían ni tomate frito ni ningún tipo de sobres preparados para añadírselos y aliñarlos, pero por suerte encontramos uno botes con muchas verduras que creo que estaban como al 'baño maría', y podía ser una buena opción como complemento para la pasta, así que compramos un par de botes para probar.

  Me olvidaba comentar, que en cuanto a la comida y en relación al fiambre, hay que olvidarse del tema de paquetes de envasado al vacío o de que te lo corten con una máquina de cortar fiambre en lonchas finas, nada de eso, aquí cogen la barra de mortadela y te la cortan con un cuchillo, y la loncha más fina es de un dedo de grosor. Mortadela y poco más, porque tampoco es que haya mucho donde elegir en cuanto a fiambre, y además es algo caro en relación a otras cosas, y no tendrá mucha venta. La gente en los pueblos debe apañarse con lo que tiene y compra cosas básicas, y normalmente la gente que vemos salir de las tiendas lo que suelen llevar en general es: pan, botes de uno o dos litros de zumo o refrescos, sandías y poco más, así que o pasamos por pueblos que no tienen tienda de comestibles o tienen alguna pequeña donde no hay mucho surtido donde elegir...

  Es curioso la forma de comparar los precios y la cesta de la compra que tienen algunos personajes, me explico. En algunas ocasiones hemos estado hablando con algunos rumanos que hablan español, porque han estado o están trabajando en nuestro país, y nos dicen que la vida en Rumania está más cara que en España, algo que cuando lo oímos Iñaqui y yo nos miramos uno al otro con cara de extrañeza, sin saber si reír o llorar, y para su razonamiento (y esto nos lo ha comentado más de una y de dos personas) te ponen siempre el mismo ejemplo, la “CocaCola”, la tan famosa “CocaCola”, en Rumania es más cara que en España, nos dicen, porque allí vale tanto y aquí vale más... y para de contar, ese es casi todo el razonamiento que utilizan, pero claro, como nosotros este refresco ni lo probamos, pues no tenemos ni idea de esa comparación, pero usando el mismo razonamiento podríamos decir nosotros que la cerveza aquí es más barata que en España, lo que implicaría que el nivel de vida aquí es más barato, y le daríamos la vuelta a la tortilla, o sea, a sus razonamientos.

  Con este ejemplo comentado, que nos hizo gracia porque lo escuchamos en varias ocasiones, lo que quiero decir es que en estos pequeños pueblos, en las tiendas prácticamente lo que más se debe vender es el pan, la botella de dos litros de zumo o refrescos, algo de fruta, y el tema de legumbres en el caso de que haya. En lo que a nosotros respecta, el gasto en comida (en el día a día, incluyendo también las cervezas y refrescos) es bajo, sobre todo en comparación con otros recorridos por otros países como Italia, Francia o la misma España. En general podríamos decir que en este recorrido que estamos realizando, el gasto diario ha ido disminuyendo a medida que dejamos un país y entramos en otro, en la misma proporcionalidad en la que también ha ido disminuyendo el abanico de productos-provisiones.

  Nos ponemos en marcha de nuevo y ahora ponemos piloto automático hasta Rast, sin más paradas, ni falta que hacía, porque ni el paisaje, ni el entorno en general, ni la hora, ni la temperatura, ni la carretera (desde que dejamos Calafat, de nuevo el firme de la carretera empeora considerablemente) acompañaban, así que nuestro meta era llegar a Rast y cuanto antes mejor.

  Entramos en Rast, pedaleamos por su calle-carretera intentando buscar algún sitio adecuado para descansar, y nos encontramos con un bar, con una pequeña terraza a la sombra, ideal; nos plantamos allí, pedimos unas cervezas frías para acompañar a los bocatas que nos estuvimos haciendo sobre la marcha, y de postre, parte de la fruta que habíamos comprado en Calafat.

  Allí estábamos, zampándonos los bocatas entre pecho y espalda, cuando se acerca una chica de unos catorce o quince años que iba con un grupo de amigos, y se dirige a nosotros en español, supongo que al ver la bandera de mi bici, no sé si por curiosidad o por ganas de practicar el idioma, pero nos estuvo preguntado de qué parte de España éramos, desde donde veníamos, cuantos días llevábamos, etc, etc.. lo de siempre; al preguntarles nosotros donde había aprendido a hablar español, porque lo hablaba y lo entendía muy bien, creo que nos comentó que en la escuela estudiaban español, además de inglés...

  Terminamos y nos vamos de allí intentando buscar un sitio para tumbarnos, pero no es fácil encontrarlo. Finalmente, casi al final del pueblo, encontramos un sitio, bajo la sombra de unos árboles y junto a un pozo.

  No podíamos entretenernos mucho con la siesta, aún nos quedaban 50 km para llegar al sitio que nos habíamos fijado hoy como fin de etapa, donde según nuestra guía, había una zona de baños, y allí queríamos acampar hoy.

  En total, entre la comida y el descanso, creo que estaríamos un par de horas en este pueblo antes de ponernos en marcha de nuevo, y ¡malditas la ganas de pedalear!. De nuevo carretera bacheada, muy incómoda (suerte que es un perfil llano y la rodilla tiene que hacer menos esfuerzo, con lo que voy relativamente bien) y paisaje sin pena ni gloria, con grandes llanazos dedicados al maíz o al girasol, y muchas zonas secas, con el color amarillo pajizo que domina todo... Lo único positivo de hoy y de los días que tendríamos por delante, son los chiquillos, cuando al caer el sol y andar deambulando por la calle, algunos de ellos completamente descalzos, se ponen en fila india con sus brazos y palmas de manos estirados para que se las choquemos, al tiempo que no saludan en todos los idiomas: hello, chao, hola... y no son los únicos, porque la gente mayor que están sentados en las bancos junto a las entradas de las casas, cuando el calor es menos sofocante, también nos brindan sus saludos. Bien parece que los cicloturistas son aquí unos especímenes raros, además de quizás la única atracción para estos pequeños pueblos, algo que me resulta raro, porque deberían estar acostumbrados a ver pasar gente en bici, porque si bien no es un recorrido tan transitado como la primera parte de esta ruta del Danubio (Alemania, Austria, Eslovaquia y Hungría) cada vez hay más gente que se aventuran a realizarlo, si bien es verdad que también cabe la posibilidad de hacer este mismo recorrido por la otra margen, ya en Bulgaria.

  Otra circunstancia que hace aburrido y monótono el recorrido por esta parte de Rumania, a parte de lo ya comentado, es que a diferencia de en los otros países por los que hemos pasado, ahora pedaleamos más alejados del río, en la mayor parte del recorrido prácticamente ni lo vemos, y la razón hay que buscarla en la geografía, ya que esta zona es llana, y en las crecidas del río los alrededores se convierte en zonas anegadas, de ahí que los pueblos estén algo más alejados del río que en otros sitios, es más, en la margen búlgara, en ocasiones podemos ver localidades cercanas al río, pero con la diferencia de que éstas están un poquito más elevadas.

  A unos 15 km antes de llegar a Zaval, a nuestra derecha nos encontramos con una zona de lagunas con muchas aves, y junto con los dos kilómetros iniciales de la etapa de hoy, es lo único interesante del día, lo que dice muy poco de esta jornada de más cien kilómetros.

  A esta zona de lagunas llegaríamos sobre las ocho de la tarde, y a esa hora es cuando más a gusto se está pedaleando, aunque los últimos 20 km de hoy los tenemos que hacer en plan contrareloj, porque si no teníamos averías o pinchazos, íbamos a llegar a nuestro objetivo casi de noche, con los últimos minutos de luz, así que pedaleamos los últimos kilómetros lo más fuerte que pudimos.

  Antes de afrontar estos últimos 20 km, que los tendríamos que hacer rapiditos para que no nos cogiera la noche, paramos junto a uno de los típicos pozos que hay dispuestos a lo largo de estas localidades de paso, rellenamos los botes de agua, tomamos unos frutos secos, hacemos unos fotos y después de un mini-descanso nos ponemos en marcha de nuevo para hacer el último tramo sin más paradas.

 Una parada para picar unos frutos secos y repostar agua en uno de los muchísimos pozos que nos encontramos al atravesar los pueblos de paso.

  Llegamos a Zaval, nos relajamos, aunque la zona de baños o camping está a la salida, a un par de kilómetros aproximadamente, pero ya estamos ahí. En esta localidad vemos varios carteles anunciando el camping y la zona de baños, muy llamativos, prometían mucho, incluso debería haber algún bar-restaurante, pero cuando llegamos nos encontramos tan solo con un grupo de casas de madera y unos baños con ducha donde sólo había agua fría y no potable; además el agua tenía con fuerte olor y sabor a óxido.

  Por si acaso, en Zaval compramos un botella de dos litros de agua, y seguimos hacia delante, girando ahora a la derecha y comenzando una bajada de un par de kilómetros a lo sumo, hasta llegar al río, cuando ya nos habían abandonado los últimos rayos de sol.

  Al llegar a este grupo de casas de madera situadas entre una gran arboleda por detrás, y el llano por donde transita un río con poco caudal por delante, sólo vemos una de ellas abierta, con una parejita, el resto vacía, y ni rastro de restaurante o bar, porque según nos enteraríamos después, el año pasado hubo una explosión, no sé si en la cocina, y el bar-restaurante quedó reducido a cenizas, aunque viendo el éxito de este camping no creo que estuviera abierto tampoco en caso de estar en pie. Unos minutos después nos encontramos con el matrimonio canadiense, que nos reciben al grito de “¡camping free!”, “¡camping free!”, aunque nos advierten de que el agua está fría y no es potable, así que menos mal que habíamos sido precavido y habíamos comprado el agua en Zaval, la suficiente como para hacer la cena, el desayuno y para beber.

  Ponemos las tiendas en la parte trasera de las casitas, en la zona de arboleda, al igual que los canadienses, donde había también algunas mesas merenderos que utilizaríamos después para cenar. No se puede decir que fuera un terreno ideal para acampar, algo irregular y no muy limpio, pero para nuestros propósitos serviría.

  Mientras comenzamos a montar las tiendas, aparece un hombre de baja estatura, ya entrado en años, que primero a los canadienses y después a nosotros, nos pide dinero por acampar allí ¡esto sí que no lo esperábamos!, porque aquello parecía vacío, no había recepción ni nada por el estilo, ni recinto si quiera, y como mucho las casitas que tendrían que alquilarse no sé donde, y en cuanto a servicios que pudiera ofrecer el camping lo único de lo que podríamos hacer uso es de una ducha de agua fría, con fuerte olor a óxido, y ni siquiera agua potable... Cinco euros no es mucho, pero por colocar dos tiendas pequeñas en la oscuridad (sin saber si es recinto de camping o no), sin disponer ni siquiera de agua potable  y por una ducha fría, me parece excesivo, y más cuando podíamos haber colocado la tienda justo en la otra orilla, donde había una especie de playita debido a los bancos de arena que están al descubierto al bajar el caudal del río, y donde podríamos darnos un chapuzón, pero ya era de noche cuando apareció este hombrecillo (estábamos montando con los frontales las tiendas) y no teníamos ganas de ponernos a recoger todo de nuevo y trasladarnos a la otra orilla... pero la verdad, no nos hizo ni puñetera gracia pagar por nada, porque si no hubiera ducha nos hubiéramos dado el chapuzón en el río, y además estaba hasta más limpio... Al final resultó ¡NO camping free!....

  Lo único que íbamos a echar de menos era la cerveza de rigor, pero Iñaqui fiel al dicho de que hay que tener amigos hasta en el infierno, se hace “amigo” del chaval que estaba con su pareja en una de estas casitas, porque no había nadie más, a parte del matrimonio canadiense. El chaval creo que era camionero, y le comentó que iba a acercarse al pueblo en coche para comprar algo, así que Iñaqui vio el cielo abierto, y ni corto ni perezoso le dijo que si podía ir con él para comprar unas cervezas en alguna tienda o en algún bar, y así sin tiempo si quiera de ducharse, y ya completamente de noche, se fueron los dos al pueblo. Al cabo de un rato regresó con unas latas de cervezas.

  Espero a que Iñaqui se duche, mientras escribo unas notas de la etapa de hoy, y después comenzamos a preparar la cena mientras abrimos la primera lata, un auténtico placer tomar una cerveza fresca después de un largo y caluroso día, con la satisfacción del deber cumplido, duchados, con las tiendas ya colocadas e inmersos en los preparativos de la cena, algo que tenemos que hacer con la luz de nuestros frontales, en una de las mesas merendero que había por allí. Esta noche no se nos han acoplado los canadienses a la cena-tertulia, deben estar cansados, porque para cuando empezamos a cenar, ellos ya estaban dentro durmiendo...

  Es uno de los mejores momentos del día, relajados, con una temperatura más fresca, junto a una arboleda y con una tranquilidad y paz absoluta, hablamos de las impresiones de la etapa de hoy y de la planificación de la de mañana, mientras estamos “con las manos en la masa”... o sea, haciendo la cena y tomando unas cervezas.

  Terminada la cena, la tertulia y recogidas en el diario particular unas notas de esta jornada, nos vamos directos a la tienda, que hoy había sueño, porque nos habíamos levantado algo más temprano de lo habitual y la siesta acostumbrada había sido cortita, porque entre otras cosas, la etapa había sido un poco larga, además de monótona y aburrida.

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ETAPA 13 (Rumania): ZAVAL – TURNU MAGURELE
Distancia = 90,64 km - Tiempo = 4:43:12 - Media = 19,22 km/h
Sábado, 18 de Agosto de 2013


  Como un ejercicio de sincronización improvisada salimos de las tres tiendas, las únicas que había allí (Iñaqui, yo y el matrimonio canadiense), en torno a las siete de la mañana (recuerdo que es una hora más que es España).

  Tras pasar por el aseo, Iñaqui y yo nos fuimos a la misma mesa donde anoche estuvimos cenando, para disponernos a preparar el desayuno, aunque hoy fue más distendido porque estuvimos intercambiando información sobre la ruta con los canadienses; nosotros teníamos una guía de la que ellos desconocían su existencia, mientras ellos tenían un mapa detallado de la ruta por el Danubio, supuestamente con información más actualizada sobre puntos de acampada o de baños.

  A pesar de levantarnos temprano, hoy salimos casi una hora más tarde por este intercambio de información con los canadienses, así que un cuarto de hora después que ellos emprendieran la marcha, sobre las 9:30, comenzamos nosotros la etapa de hoy.

  Lo único agradable en cuanto a recorrido de esta jornada, es el inicio, entre Zaval y Bechet, un tramo de unos 15 km, en los que pedaleamos atravesando un bosque tupido que proporciona sombra a la carretera y con una temperatura agradable a esta hora de la mañana, así que nos tomamos con calma este pequeño tramo, sin forzar, disfrutando un poco del cicloturismo, porque no sabíamos lo que nos depararía la jornada de hoy, aunque ya adelanto, y a posteriori, que al igual que ayer, el recorrido a partir de Bechet, nos volvió a resultar insulso.

  Al entrar en Bechet, una localidad con algo más de enjundia y movimiento, después de pasar por tantos pequeños pueblos sin prácticamente servicios de ningún tipo, nos encontramos más bullicio, y más tráfico, algo raro por lo visto hasta ahora, pero sobre todo grandes camiones que conviven con los carros tirados por mulas, y la razón del tráfico pesado es que esta localidad tiene puerto, en el Danubio, por supuesto, así que hay trasiego de mercancías y ello se manifiesta en una mayor vida en esta localidad, donde en una tienda a la entrada, ya vimos al matrimonio canadiense entrar para la compra de provisiones, aunque nosotros pararíamos algo más adelantes, casi a la salida, en otra tienda pequeña junto a la terraza de un bar, donde un grupo de rumanos, al ver la bandera española en el mástil de mi burra, nos llaman la atención, hablándonos en español, y nos comentan que ellos van todos los años por España para trabajar en la campaña de recogida de la fruta o de la aceituna, aunque este año la campaña había sido más corta y para el próximo, debido a las pocas lluvias, también se estimaba que hubiera poca aceituna; nos comentaron que trabajan por pueblos de Sevilla, y por Extremadura, como por ejemplo en Almendralejo. Ésta sería la tónica dominante durante nuestro recorrido por Rumania, ya que que muchos rumanos o trabajan en España de forma permanente y ahora están aquí de vacaciones, o trabajan de forma temporal, por campañas, o han trabajando y al quedarse en el paro, sobre todo ahora por el tema de la crisis y la caída en picado de la construcción, se han vuelto a su país de origen, así que en cuanto ven la bandera de España no dudan en pararnos, o acercarse a nosotros, o incluso ponerse en paralelos con los coches mientras nosotros pedaleamos, y da igual si viene alguien por detrás o por delante, ellos van a su rollo...

  En la tienda compramos pan, agua y una botella de dos litros de zumo que nos metimos para el cuerpo allí mismo, haciendo provisión de líquido para los que nos esperaba.

  Nos ponemos en marcha y nos damos cuenta que el recorrido hasta Bechet ha sido un puro espejismo, porque de nuevo volvemos a la misma monotonía de ayer, zonas llanas, sin arboleda, sólo campos de maizales y girasoles o simplemente terreno seco, a lo sumo unas hileras de árboles flanqueando la carretera en algunas de las largas rectas, con la carretera en mal estado, muy bacheada, lo que pone a prueba nuestros traseros, y por si fuera poco, aire en contra; y del río... del río ni atisbo, ni siquiera podemos refrescarnos con la mirada de sus aguas, así que muchos menos bañarnos en él.

 
Adelantando más y más carros cargados de maíz durante el recorrido de esta jornada.

  Llegamos a Carabia, sobre las 13:30, haciendo este tramo de algo menos de 50 km del tirón, sin paradas, entre otras cosas porque no había nada que visitar, nada interesante que ver; tan sólo la vidilla que no da el paso por pequeños pueblos enfilados a lo largo de la carretera y en donde tanto chiquillos como gente mayor nos saludan al pasar.

  Buscamos un parque donde parar a comer y echarnos un rato la siesta en el césped, evitando estas horas de calor. Una cerveza fresca de litro que compramos en un supermercado junto al parque y un buen bocata para recuperar fuerzas después de este tramo incómodo por el firme bacheado y el desgaste físico por la lucha constante con el aire en contra.

  Sobre las 15:30 montamos otra vez sobre nuestras burras, con mucha pereza para pedalear después de un par de horas de descanso, todavía con mucho calor y algo soñolientos aún por la siesta y el relax sobre el césped a la sombra de unos árboles.

  A la salida, un coche se nos pone paralelos a nosotros, en mitad de la carretera, ha visto la bandera española y comienza a hablarnos en español. Nos dice que él lleva ya diez años trabajando en Madrid y que su coche, por si no nos habíamos fijado, era comprado allí, y lo dice como muy orgulloso, y es que de nuevo, nos da la impresión que el tema de los coches es muy importante aquí, no se si es porque da cierto estatus o porque les gusta farolear de carros aunque después vivan en la miseria... también nos hace algún que otro comentario sobre las carreteras rumanas, algo que por desgracia ya vamos sufriendo en nuestros traseros... y todo y como he dicho antes, con el coche en marcha y la ventanilla abierta, paralelo a nosotros, siguiendo a nuestro ritmo porque no paramos, con el coche por mitad de la carretera sin el más mínimo miedo a que venga algún coche rápido de frente o porque entorpezcas a alguien que venga detrás... pero bueno, se agradecen los saludos, los ánimos y las palabras en español, porque de rumano lo único que sabemos es dar los buenos días...

  En Islaz, a falta de once kilómetros para llegar al que habíamos fijado como fin de etapa hoy, Turnu Măgurele, y después de otro tramo de 32 km igual de monótonos y aburridos, con largas rectas de carretera bacheada, decidimos tomarnos un respiro, un descanso, sobre todo para nuestros traseros, así que al ver un pequeño bar abierto, paramos para tomar unas latas de cervezas, nuestra “bebida isotónica particular”.

  Los últimos kilómetros vuelven a ser penosos por el aire en contra y antes de llegar a esta localidad, donde esperábamos encontrar alojamiento sin problemas puesto que era más grande, nos encontramos a la derecha de la carretera, con el río Olt, que unos pocos kilómetros más al sur acaba desembocando en el Danubio, (Dunặrea en rumano), con poco caudal y con una zona de bancales de arena en su orilla a modo de playa, y en donde había gente remojándose, así que dudamos si quedarnos allí o seguir hacia delante, pero como aún era temprano, seguimos hacia delante, pensando que no íbamos a tener problemas de alojamiento, dar una vuelta por esta ciudad y pegarnos un pequeño homenaje después de tener los deberes hechos a una hora muy razonable, con tiempo para todo, porque hoy ha sido otro día más con un recorrido monótono, aburrido, sin chispa, sin pena ni gloria, al menos para ninguno de nosotros dos, lo único interesante es el día a día, el pasar por tantos pequeños pueblos rurales, ver la forma de vida, la geografía de esta parte sur de Rumania, los saludos efusivos de los chiquillos al vernos pasar y el cubrir nuestras necesidades básicas del día: dónde y qué podemos comprar para comer, cenar y desayunar, donde podemos acampar o dónde podemos darnos un baño, algo esto último que en Rumania se ha tornado complicado...

  Llegaríamos pasadas las cinco de la tarde a Turnu Măgurele, ciudad situada cerca de la desembocadura del río Olt, en el Danubio, mientras éste separa a esta ciudad del rumano, de la ciudad de Nikopol, en el lado búlgaro, y a la que se puede acceder por ferry desde el puerto sobre el Danubio situado a unos cuatro kilómetros aproximadamente del centro de Turnu Măgurele, en dirección sur y donde se encuentran las viejas ruinas de un puente romano construido por el emperador Constantinoel Grande” en el año 330. El nombre de esta ciudad viene a significar algo así como “torre de montaña”, referido a la forma de un torre dentro de la fortificación defensiva de la que formaba parte y construida en el siglo sexto por el emperador bizantino Justiniano.

  Como de costumbre cuando llegamos a localidades o ciudades grandes, buscamos el centro y llegamos a un gran parque, al que estuvimos dándole la vuelta por su exterior intentado buscar alojamiento, pero no veíamos nada. En nuestra guía sólo teníamos anotado un hotel, pero intentábamos buscar algo inferior en categoría, aunque desconocíamos el precio del hotel.

  Bordeando el parque nos topamos por casualidad con la iglesia-catedral de Stanful Harlambie, de la que aparece una foto de una de sus torres en la guía que llevábamos. Los finales de estas torres tienen el aspecto exterior de cuerdas que están retorciéndose. Estaba abierta, así que al margen de las fotos del exterior entramos dentro, aunque no pudimos curiosear mucho porque se estaba celebrando una boda por el ritual ortodoxo, y la verdad es que impresiona, porque es muy austera, familiar, con apenas los familiares y amigos, por la disposición del sacerdote y los novios, y sobre todo por el ritual, o a lo mejor es que impresiona porque es algo a lo que no estamos acostumbrados a ver y a escuchar...

 Iglesia-catedral de Stanful Harlambie.

Detalle de una de las torres de la iglesia-catedral de Stanful Harlambie.

  A la salida de la catedral, preguntamos a unas señoras que pasaban por allí acerca por algún alojamiento, y nos dijeron que allí mismo, delante de nuestras narices, teníamos uno, apenas a 300 metros, pero claro era un hotel, no sabíamos si el mismo que aparecía en la guía, pero debería ser, porque al preguntarles si había otro tipo de alojamiento más nos dijeron que no, que era lo único que había, y nos sorprendió un poco que en la única ciudad grande, desde Calafat, no hubiera nada más, por lo que no nos quedó más remedio que ir al hotel y probar suerte...

  ¡Pufff! el hotel era de tres estrellas, y de entrada eso ya nos echaba para atrás porque podía ser caro, pero había que entrar a preguntar y salir de dudas, así que Iñaqui entró y yo me quedé fuera con las burras, y tal y como esperábamos, era caro, sobre todo en comparación con lo que nos estábamos gastando hasta ahora, si bien es cierto que siempre habíamos dormido en albergues, campings o practicando acampada libre, pero 240 leis por una habitación doble, o lo que es lo mismo 60 euros, a 30 euros por cabeza, aunque estuviera incluido el desayuno, nos parecía una burrada, y más en Rumania y en una zona que no es que sea turística precisamente y sobre todo viendo el nivel de pobreza que hemos visto en nuestro recorrido por este país, al menos hasta ahora. Es cierto que es una ciudad algo más grande, y que tendrá su ajetreo al tener puerto y su correspondiente trasiego de mercancías con su vecina localidad de Bulgaria, pero este precio, no nos lo esperábamos.

  Estuvimos decidiendo qué hacer en la misma puerta, porque tanto a Iñaqui como a mi nos parecía aquello muy caro sobre todo para la forma en que nos estábamos planteando la ruta, porque a nivel económico ni él ni yo teníamos problema e incluso estaría dentro del presupuesto después de lo que no hemos ahorado haciendo acampada libre, pero aquello parecía no ir con la filosofía de viaje que estábamos llevando, demasiado lujo un hotel por este precio para una ducha y unas horas de sueño.

  Lamentablemente hoy ninguno de los dos teníamos el día bueno; el aire en contra que habíamos sufrido durante casi toda la etapa nos había hundido física y moralmente, estábamos destrozados, sin fuerzas para tirar de nuestras burras y buscar la salida de esta ciudad con el objetivo de encontrar algún sitio a la salida, donde poder realizar acampada libre, porque no hay otro lugar cercano con algún tipo de alojamiento, ni tampoco campings y tampoco veíamos en la guía alguna zona de baños... ahora nos arrepentíamos de no haber parado antes, en la zona de baños que vimos junto al río Olt.

  Después de estar un cuarto de hora sopesando los pos y los contras, el cansancio acumulado en los dos acabó inclinado la balanza del lado del hotel, así que de mala gana acabaríamos esta noche en este hotel.

  Una ducha reparadora, la colada y un pequeño rato de relax en la cama, antes de salir, sobre las siete y media de la tarde, a dar un pequeño paseo por esta ciudad.

  No teníamos ganas de ponernos a hacer la cena en la habitación del hotel, así que tomamos unas cervezas y cenamos fuera, mientras en la tele retransmitían un partido de fútbol que tenía encandilado a más de uno de los que estaban en aquel bar-restaurante, con una amplia terraza exterior.

  De vuelta al hotel, ya de noche, me sorprende la poca iluminación de esta ciudad, con calles y avenidas céntricas casi en penumbras, al menos para lo que estamos acostumbrados nosotros, y no sería algo particular de aquí, porque también lo veríamos en otras ciudades o localidades más grandes.

  Ya en el hotel, pasadas las diez y media, apenas tiempo para hablar por teléfono a casa y decirles que estábamos bien, aunque seguía sin resolver el problema del teléfono, y es que esta tarde tampoco hemos visto ningún sitio donde poder recargar la tarjeta, y en el hotel tampoco había ordenador con internet para uso de los allí alojados, así que de nuevo tuvo que prestarme Iñaqui su móvil...

  Hoy me voy a la cama muy cansando, con las piernas muy pesadas y con mucho sueño, porque anoche no dormí bien debido a que el suelo donde puse la tienda no era precisamente llano, habría que alguna que otra piedra y no conseguí “coger la posturita”... y es que eso es lo que pasa cuando colocas la tienda casi en penumbras...

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ETAPA 14 (Rumania): TURNU MĂGURELE - GIURGIU
Distancia = 123,25 km - Tiempo = 6:37:58 - Media = 18,63 km/h
Domingo, 19 de Agosto de 2013

  A partir de las siete de la mañana comenzaban a servir el desayuno, así que a esa hora bajamos al salón, pero resultó que éste no estaba preparado porque aún estaban limpiándolo después de la boda que se celebró allí anoche, así que tuvimos que esperar un cuarto de hora hasta que nos adecentaron una mesa y nos sirvieron el desayuno incluido en el precio: café, zumo y una tortilla francesa acompañada de un bollo de pan, no es para tirar cohetes sobre todo después de lo que nos cobraron por la habitación, pero serviría para poner el motor en marcha.

  A las ocho y media ya estábamos saliendo del garaje del hotel donde habíamos dejado la tarde anterior nuestras burras, y como también servía a modo de almacén, nos agenciamos “by if the face” de una botella de dos litros de agua que cogimos de un palet lleno de cajas de botellas de agua, creo que por lo que habíamos pagado por este hotel estaba más que pagada. Esta sería la primera y última vez que pagaríamos este precio por un alojamiento, puesto que sería la única vez que nos quedamos en un hotel como tal, al menos hasta Constanza, ya en el Mar Negro, una zona más turística.

  A la salida de Turnu Măgurele nos encontramos con una prolongación en todos los sentidos, del recorrido de ayer, donde todo sigue igual, el mismo paisaje monótono e insulso, carretera bacheada de principio a fin y otra vez el viento de cara durante todo el recorrido, y tal y como suele ser habitual en estos días, la único que nos saca de la monotonía es el paso por los pueblos donde parece que somos una atracción de circo para los críos que rápidamente dejan lo que están haciendo y se pone en fila a lo largo de la carretera con sus brazos y las palmas de las manos extendidas para que las choquemos con las nuestras al tiempo que te saludan con todo lo que saben: chao, hello, hola... lo que da idea de lo poco que debe acontecer en estos pequeños pueblos rurales del sur de Rumania, cuando los pocos cicloturistas que pasan por aquí constituyen el único cambio relevante en el día a día, algo de lo que hablar. Saludamos en este recorrido por Rumania más que en pleno Camino de Santiago, cuando el saludo del “Buen camino” se repite incesantemente...

  Ayer acabamos completamente fundidos, por el aire en contra y por la incomodidad de la carretera. Cuesta mucho poder coger un ritmo adecuado debido a lo bacheada que está, al margen del efecto batidora que hace que acabemos con todos los huesos bien removidos... por todo esto, y viendo que hoy todo sigue igual, decidimos cambiar de estrategia, hacer más paradas, no muy largas, en lugar de hacer todo casi de un tirón y apenas parar para comer y echar una siestecita. Pararíamos más o menos cada 20 km, coincidiendo con el paso por alguna localidad o algún sitio que nos gustara, aunque esto último, después de lo visto hasta ahora parece algo raro, y más cuando el río prácticamente ni lo vemos...

Cualquier sitio es bueno para improvisar un negocio, como en este caso. Justo en el margen izquierdo de la carretera, tienen montado este horno para cocer ladrillos.

  Así, hoy paramos en Piatra, para beber y tomar unos frutos secos; en Zimnicea, donde compramos una botella de dos litros frescos de zumos que nos zampamos de una sentada; en Bojoru, donde tomamos una cerveza y en Vedea, la última parada antes de llegar a Giurgiu, donde de nuevo compramos otra botella de dos litros de zumo que nos tomamos allí mismo, porque no es tanta la necesidad de beber líquido por unas temperaturas elevadas, que no eran excesivas, sino por el desgaste del viento en contra.

  Llegamos a Giurgiu, pero nos despistamos en la entrada y acabamos haciendo kilómetros extras por sus calles hasta que después de preguntar en varias ocasiones, nos topamos finalmente con tres policías locales a los que preguntamos, una vez más, por el camping o área de acampada que aparecía en nuestra guía, pero para nuestra sorpresa, aunque ya cada vez menos, nos cuentan que estaba cerrado, o que ya no existía, y como mejor oferta de alojamiento nos recomiendan un motel de carretera que teníamos a escasos cuatrocientos metros de donde estábamos, y dentro del itinerario que la ruta, o sea, que en el caso de que nos quedáramos en él, mañana simplemente tendríamos que salir del motel, y ya estaríamos en el recorrido de la ruta.

  Habíamos recorrido entre unas cosas y otras, más de 120 km para cuando llegamos al motel, y al igual que ayer no teníamos ni puñeteras ganas de ponernos a buscar la salida de la ciudad y un sitio exterior donde acampar, aunque tampoco estábamos dispuestos a pagar el precio de ayer, así que primero preguntaríamos precio y sino nos convencía, mal que nos pesara, tiraríamos “carretera y manta”.

  Pero los precios del motel son asequibles, 30 euros una habitación doble, o sea, 15 euros por cabeza, con desayuno incluido, así que nos quedamos allí, y después de la ducha y la colada, preguntamos en recepción si había algún cibercafé o algo por el estilo donde pudiéramos conectarnos a internet, y nos dicen que no, que no tienen ni idea de que exista algo así allí y la verdad es que nos sorprende bastante, porque esto, al igual que ayer, es una ciudad más grande, aunque al menos en el motel sí disponen de wifi, pero no nos sirve de mucho, porque el móvil de Iñaqui es de la “edad de piedra” y no dispone de conexión wifi, y aunque el mío, sin ser gran cosa, sí puede conectarse a la red wifi del motel, no consigo cargar la página de mi operador telefónico para recargar la tarjeta del móvil y me llevan los demonios ante la desesperación de la espera por la carga de la página y en la que finalmente no pude hacer nada. En recepción y como no podía ser de otro modo, ante la petición de Iñaqui de que le dejen un momento consultar el correo en el ordenador, le dicen que no, pero puede consultarlo en mi móvil cuando yo desisto definitivamente de poder realizar la recarga de mi tarjeta de prepago...

  No había mucho que ver en Giurgiu, y como estábamos algo alejados del centro, nos vamos directos a la terraza del bar-restaurante del motel, para tomar unas cervezas previa a la cena, y allí nos encontramos de nuevo con los alemanes, padre e hijo, que acababan de llegar, y con los que también nos encontramos hoy en Vedea, en la última parada que hicimos, comentándonos que ya por allí iban fundidos, porque aparte de la carretera y del viento en contra, la noche anterior (no recuerdo ahora donde nos dijeron que se quedaron a dormir) no durmieron casi nada, porque al lado tenían montada una fiesta y apenas pegaron ojo con el ruido, así que hoy esperaban dormir mejor en Giurgiu, el mismo final de etapa que teníamos previsto nosotros, y mira por donde hemos coincidido, aunque igual es que tampoco hay mucha oferta de alojamiento...

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ETAPA 15 (Rumania): GIURGIU - DOROBANTU
Distancia = 111,30 km - Tiempo = 5:13:00 - Media = 21,34 km/h
Lunes, 20 de Agosto de 2013

  Nos levantamos a las 7:15 y como el desayuno estaba incluido en el precio, nos fuimos directos al bar-restaurante del motel, para desayuna en la misma terraza donde ayer tarde estuvimos tomando unas cervezas. Café, tortilla de tomate y pimientos, y lonchas de lomo acompañadas de una pequeña ensalada para aderezar al gusto, éste fue nuestro combustible matinal, y con él nos habíamos propuesto hacer una tirada de unos 25 o 30 km.

  Volvemos a la habitación, recogemos el equipaje y nuestras burras, a las que la tarde anterior dejamos en una especie de parking-garaje, y frente a la terraza donde habíamos estado desayunando comenzamos a montar las alforjas, al tiempo que coincidimos con los alemanes (padre e hijo) que se disponían a desayunar. Nos comentan que van a cambiar de planes y que van a seguir a partir de ahora por Bulgaria, mientras que nosotros seguiremos con lo previsto, o sea, por Rumanía, así que quizás nos volvamos a ver a partir de Silistra, puesto que vamos haciendo etapas similares en cuanto a kilometraje.

  Antes de salir de Giurgiu, y a penas a 300 metros del motel, nos encontramos con una oficina de cambio, más bien un chiringuito enjaulado, rodeado de barrotes. Aprovechamos para cambiar algo de dinero y continuamos recorrido, por carretera general en perfecto estado, incluso con arcén, dirección a Bucarest.

  A la salida de la ciudad, a la izquierda de la carretera, nos encontramos con el “Hotel Andalusia”, con ese nombre había que intentar probar suerte con el tema de internet, así que nos dirigimos hacia él, pero nos dicen que no tienen ordenadores con internet, y que en la ciudad tampoco tienen conocimiento de que haya algún cibercafé; allí lo único que podemos hacer es pillar la wifi del hotel, siempre que nos dejen la contraseña, pero con mi móvil ya comprobé ayer en el motel que no puedo acceder en condiciones a la página del operador teléfonico para poder realizar la recarga de la tarjeta de prepago, supongo que se deberá a la versión del navegador, bastante desfasada, entre otras cosas porque no acostumbro a tener internet en el móvil.

  Después del enésimo intento frustrado de recargar la tarjeta, porque el correo al menos habíamos podido leerlo en mi móvil ayer tarde en el motel, continuamos viaje.

  Avanzamos cómodamente por esta carretera en perfecto estado y sorprendentemente sin tráfico, aunque esto debe ser algo temporal, circunstancial, porque tiene pinta de que soporte bastante. Poco después de pasar un corto repecho, a unos cien metros de la carretera, en una gasolinera, veo a una pareja joven de cicloturistas allí parados, bebiendo agua; él se da cuenta de mi paso, y supongo que al ver la bandera que llevo detrás es cuando me da unos gritos de ánimo ante el siguiente repecho-subida que me esperaba: ¡vamos, vamos, vamos!... ¿serán españoles?.. les saludo y sigo tras la estela de Iñaqui que está a unos 300 o 400 metros por delante y que no se ha percatado de la presencia de esta pareja cicloturista, a la que no me paro a saludar más tranquilamente porque el acceso a la gasolinera donde estaban ya lo había dejado detrás, y no era cuestión de darme la vuelta...

  La carretera general a Bucarest sigue su rumbo, pero nosotros tenemos que desviarnos hacia la derecha, hacia Plopsoru y comenzar con el primer repecho o subida seria de la jornada, por una carretera estrecha, con algunas curvas, aunque el firme está bien, no está bacheado como es costumbre hasta ahora, al menos por esta zona de Rumania que estamos atravesando. Parece una carretera de montaña, y aunque exige esfuerzo, al menos, representa un punto y a parte a la rutina que estábamos acostumbrados estos últimos días: carretera muy mala y bacheada, perfil llano y terrenos con maizales o girasoles, sin zonas de arboleda, de lagos o ríos, dejando el propio Danubio muy a nuestra derecha, a bastante distancia, incluso días en los que ni lo vemos...

  Son cinco o seis kilómetros de subida, aunque no de una subida constante, sino que se gana altura a base de repechos: una subida un poco más larga, a la que le sigue una pequeña bajada, para seguir con otra subida un poquito más larga para de nuevo otra pequeña bajada o un falso llano, y así sucesivamente, por carretera estrecha, como hemos dicho, pasando por algunas aldeas y tramos donde aparentemente hay un ligero cambio de paisaje. Vemos más zonas de arboleda, de monte, con sombras, alternadas con campos de cereales, con carretera de momento regular, sin firme excesivamente bacheado, y sobre todo ¡sorpresa!, porque hoy el viento no nos está machacando, así que a pesar de un perfil más exigente, avanzamos cómodamente, incluso disfrutando en este primer tramo, después de los últimos días que hemos tenido, tan insípidos, tan monótonos... al menos para nuestro gusto.

  En Prundu , después de 37 km recorridos, hacemos una parada junto a una pequeña tienda-bar junto a la carretera. Ponemos nuestras burras a la sombra y ¡ea! ¡a llenar de nuevo el depósito!; pillamos dos litros de zumo, una tableta de chocolate y unas galletas y en una mesa a la sombra, en la terrazita que tenía esta pequeña tienda, nos dispusimos a dar buena cuenta de ello, mientras vemos aparecer a otros tres cicloturistas, algo metidos en años: dos mujeres y un hombre, eran holandeses y estaban haciendo el mismo trayecto que nosotros, desde Budapest al Mar Negro. Yo los había visto parados, sentados, de espalda, en otra terraza de un bar de una de las aldeas-pueblos por los que habíamos pasados antes, a unos 20 km de donde estábamos, y ahora estaban haciendo otra parada.

  Conversamos un rato con ellos. Nos dicen que hoy tienen pensado llegar a Oltenita, donde tienen ya reservado hotel, porque ellos vienen con los deberes hechos, ya tienen hechas sus reservas de hotel con antelación, mientras nosotros aún no sabíamos donde acabaríamos con nuestros cuerpos serranos, aunque en principio también teníamos pensado parar en esta localidad, donde supuestamente existía una zona de baños junto a un río que pasa por allí, y donde podríamos acampar esta noche...

  Justo cuando estábamos a punto de montar de nuevo sobre nuestras burras y reemprender el camino, aparece la parejita que había saludado cuando ellos estaban parados en una gasolinera, y entonces no sabía que dirección llevaban, pero ahora vemos que vamos en la misma dirección. Son jóvenes franceses; el chaval es muy majo, habla muy bien español y es del este de París, mientras que ella es de la Bretaña,. Nos comentan que vienen en bici desde París y que su idea es estar cinco meses de viaje, llegando en la primera parte hasta Estambul, para después pillar un avión y dirigirse hasta Marruecos, a Casablanca más concretamente, donde tienen unos amigos, y de ahí rumbo norte, cruzando marruecos y después España, y gran parte de Francia hasta llegar de nuevo a París. Su filosofía de viaje es similar a la nuestra, es decir, acampada libre, y unos 80-90 km por día. Nos preguntan cuál puede ser una buena opción para para cruzar España de sur a norte, y le comentamos que pueden utilizar la Ruta de la Plata, que está señalizada y sobre un viejo mapa que llevan ellos de España le comentamos a grades rasgos el posible recorrido que podrían hacer.

  Nos despedimos de ellos después de compartir experiencias y proyectos de viaje durante un rato agradable, incluso los holandeses que llegaron después que nosotros, ya hacía un cuarto de hora que se había puesto en marcha, y a los cuales volvimos a ver, casi 20 km después, sobre la una del mediodía, de nuevo parados y de nuevo junto a un bar, aunque suponemos que por la hora que era en esta ocasión sería para comer. Por lo que hemos visto, parece que van haciendo paradas cortas cada 20 km aproximadamente, y una de las mujeres lleva una bici con motor, algo que le vendrá muy bien para los repechos de esta jornada.

  Atravesamos un tramo de cuatro o cinco kilómetros de bosque espeso, en lo que creo que es un Parque Natural, a juzgar por los carteles que vamos viendo, porque en la guía no pone nada de esto. Tramo agradable, llano, con carretera a la sombra de los altos árboles, y relajación total. Al salir de este tupido bosque, regresamos a los campos de cereales, pero al menos durante el recorrido de hoy cambia la percepción de éste, combinando campos de cereales con zonas de arboleda o pequeños bosques; tramos de sube y baja con tramos de falsos llanos y en donde hasta ahora, el viento nos deja en paz después de varios de días 'azotándonos'...

Pedaleando por un tramo de cuatro o cinco kms de bosque espeso; carretera con buen firme y llana.

  En Chirnogi , a unos 30 km de nuestra última parada y a unos cuatro de Oltenita, paramos de nuevo, junto a otra pequeña tienda en la que la variedad y el surtido de provisiones brilla por su ausencia, algo a lo que ya nos hemos acostumbrado.

  Compramos lo necesario para hacernos unos bocatas cuando llegáramos a Oltenita, donde teníamos pensado comer, además de unas cervezas y una sandía de unos tres kilos por 50 céntimos, y en un banco a la sombra, nos dispusimos a dar buena cuenta de ella y de las cervezas, y en este caso, con la compañía de un rumano que al ver la bandera de España en la bici, rápidamente se dirige hacia nosotros para entablar conversación.

  Tras las típicas preguntas: ¿dónde empezasteis?, ¿hasta donde pensáis llegar?, ¿dónde os quedáis? o ¿cuántos kilómetros hacéis al día?, nos cuenta que el lleva ya año y medio en Rumania, pero que antes estuvo en España trabajando durante siete años, en Ávila, en una empresa de carpintería, hasta que empezó la crisis. Nos comentó que España ganaba unos 1200 euros, mientras que aquí gana 300 euros de vigilante o guarda jurado y cuando tiene trabajo, y que sus suegros entre las dos pensiones cobran 400 euros.

  Cuando le contestamos a una de sus preguntas diciéndole que normalmente hacíamos acampada libre o buscábamos algún camping, excepto cuando nos quedábamos en alguna ciudad más grande, nos comenta que tengamos mucho cuidado con lo de la acampada libre, que hay muchos robos, que mejor un hotel o un camping (esto en el caso de que los encontráramos), pero la verdad es que hasta ahora no hemos tenido ningún tipo de problemas.

  Nos hace alguna que otra comparación entre las carreteras de por aquí y las de España, y no hace falta que nos diga nada, porque nuestros traseros llevan soportándolas ya durante varios días. También nos comenta que el que veamos tantos pozos durante el recorrido por estos pequeños pueblos y aldeas es debido a que no hay agua corriente tal y como estamos acostumbrados nosotros, y que aquí si quieres una lavadora o una ducha tienes que instalar una especie de bomba a presión para que tire del agua de algún pozo que tenga la casa o de algún depósito.

  Nos ponemos de nuevo en marcha para afrontar los cuatro últimos kilómetros, y antes de llegar a nuestro hipotéticamente destino fijado para hoy, nos encontramos un grupo de cicloturistas tumbados a la izquierda de la carretera. Una de las chicas se da cuenta de nuestro paso por allí y nos saluda con la mano, a lo que nosotros correspondemos también; no sabemos en qué dirección van, sin en el mismo sentido que nosotros o al contrario, supusimos que era al contrario porque en Oltenita estuvimos bastante tiempo y no coincidimos con este grupo.

  Llegamos al puente que cruza un río y que da acceso a esta localidad de Oltenita. En el puente paramos e intentamos mirar e intentar adivinar por dónde estaría la zona de baños que marca la guía, no muy lejos de este puente y junto al río, pero no vemos nada, tan sólo algunos árboles en la lejanía, y nos desmoraliza un poco, así que decidimos entrar en esta localidad, donde a la izquierda una zona deportiva y también una piscina pública...

Prácticamente a la entrada de esta localidad, nos encontramos con un parque a nuestra izquierda, y en él nos adentramos buscando un banco a la sombra donde parar a comer y una zona con césped donde echarnos una pequeña siesta, tras la cual decidiríamos qué hacer con el tema del alojamiento, una vez descansados y con la barriga llena.

  Justo cuando nos disponíamos a comer, un chaval se dirige hacia nosotros al ver la bandera de España sobre mi bici. Se trata de Manuel, un tocayo de Madrid, que está viviendo allí porque trabaja para una ONG local, y justo tiene su centro de trabajo en este parque, en unas pequeñas instalaciones, aunque el trabaja más bien al aire libre con niños de aquí. Creo que estudió periodismo, pero tal y como estaba el tema del trabajo, surgió esta oportunidad y no se lo pensó, y se vino aquí a través de un proyecto europeo, por un período de siete meses, si mal no recuerdo, así que le tocaría pasar el invierno en esta zona, algo a lo que temía un poco, por las bajas temperaturas que se pueden dar en esta zona, donde creo que el año pasado llegó a helarse el Danubio, aunque es algo raro, pero lo cierto es que aquí tienen veranos con temperaturas altas e inviernos con temperaturas que pueden llegar a ser muy bajas.

  Después de las presentaciones iniciales, le comentamos si al ser ésta una localidad algo más grande que el resto de pueblos por los que hemos pasado, pudiera ser que existiera algún cibercafé o algún sitio para conectarnos a internet, pero nos dice que por lo que él sabe no hay nada de eso, pero que hay wifi y que desde ese mismo parque se puede coger, y que si estamos interesados él nos puede dejar su portátil para que podamos acceder a internet, pero para eso tendríamos que esperar a que él terminara de dar sus clases, o sea, hasta las cinco, porque el estaba desde las tres hasta las cinco, y como nosotros íbamos bien de tiempo, e incluso teníamos pensado quedarnos por allí después de los 77 km recorridos, pues no había problemas, así podríamos comer tranquilamente, echar una siesta y aún nos quedaría algo de tiempo para dar una vueltecita, porque en ese momento eran justo las tres de la tarde.

  A las cinco, puntuales como un reloj, después de la comida, de un rato de relax tumbados al césped y de merodear por los alrededores del parque, nos presentamos en la pequeñita casita que tiene como centro de trabajo esta ONG local, aunque Manuel estaba fuera con los chavales, junto con otras voluntarias locales. Nos presenta a sus compañeras y a los chavales con los que trabaja y éstos nos hacen algunas preguntan en español a cerca de nuestro viaje.

  Al terminar nos lleva dentro de su centro de trabajo y nos presenta también a su jefa o coordinadora, que no vive allí, sino en una localidad por la que pasaremos más adelante, quizás mañana, si es que hoy nos quedábamos en Oltenita. Aprovechando que estaban todos allí, Manuel, su jefa y sus compañeras, voluntarias locales, les estuvimos preguntando por el tema de la zona de baños donde queríamos hacer acampada libre o por si había alguna especie de camping cerca, pero en cuanto al camping la repuesta fue rotunda, y en cuanto al tema de la zona de baños que íbamos buscando según nuestra guía, no sabían decirnos nada, no les sonaba que hubiera algo por el estilo por la zona que aparecía en el croquis-mapa.

  Manuel nos dijo, que siguiendo el rumbo que llevábamos, a unos diez kilómetros de allí, a la derecha, buscando el río, si podía haber una zona para que pudiéramos acampar esta noche, que ellos habían estado por allí en una ocasión, pasando el día, haciendo una especie de barbacoa o algo por el estilo, y que era una zona que estaba muy bien, el principal inconveniente era que para llegar allí podría haber cuatro o cinco kilómetros desde la carretera, a través de caminos y pistas de tierras, y además había muchas y sin señalizar, por lo que podíamos desorientarnos, y hablando precisamente de esto, o sea, de la distancia entre la carretera y el río, al que durante gran parte del recorrido ni siquiera vemos, nos comenta que los pueblos en la margen rumana del Danubio, al estar situados en un perfil más plano, están más alejados de él para evitar quedar anegados en las crecidas del río.

  Buscando posibles alternativas para encontrar un lugar apropiado donde pasar esta noche, Iñaqui les pregunta como último recurso (todos hablaban español, tanto la jefa o coordinadora como las voluntarias locales) sobre la zona alrededor de un lago que se ve en el mapa, que nos coge justo al lado de la carretera, aunque situado bastante más adelante, a unos 30 km de allí. Manuel nos comenta que él estuvo en esa zona hace ya un tiempo y que en principio puede ser un buen sitio, pero que lo que recuerda es una zona donde la superficie era de hormigón o cemento, y que no era el mejor lugar para poner la tienda, y que el lago tenía por un lado un pueblo pegado prácticamente a él y en el lado opuesto había una zona arbolada y después otro pueblo; creo que nos comentó que él estuvo por allí con unos amigos a pasar el día, que es un sitio donde va mucho la gente a pescar y a bañarse, pero no recuerda ver una zona como para poder acampar y estar tranquilos...

  Antes de dejarnos su portátil para la conexión a internet, nos comenta que siempre tenemos la opción de quedarnos a dormir en su casa, que su compañero de piso no estaba y que no tenía ningún problema en que nos quedáramos esta noche, es más, estaría encantado.

  Este ofrecimiento nos supo a gloria y se lo agradecimos gratamente, pero le dijimos que nos lo íbamos a pensar, que íbamos a echar un vistazo a lo que nos quedaba de recorrido para cuadrar las etapas y ver qué es lo que más nos convenía.

  Mientras estábamos con el portátil, Manuel nos comenta que esta localidad ha venido a menos, por lo que le han contado a él, ya que llegó a tener hasta cinco fábricas y en la actualidad no queda ninguna de ellas. También nos comenta, en relación a la piscina que habíamos visto a la entrada, junto al parque y a una zona deportiva, que lo mejor que se podía hacer era irse a bañar en ella los dos primeros días después de que la llenaran, porque después el agua era una 'mierda' y la razón de ello era porque no usaban cloro, que les era más fácil llenarla y vaciarla que no el tema del mantenimiento extra.

  Por fin pude recargar mi tarjeta telefónica y llamar a casa para decir que seguíamos en ruta, que estábamos bien y que por fin había podido solucionar el tema del móvil, con lo que podría llamar más a menudo. Iñaqui mientras tanto se conectó para leer su correo.

  Terminado este trámite, nos ponemos manos a la obra, cogemos la guía y empezamos a calcular los kilómetros que restaban hasta Constanza y las posibles etapas en que podíamos dividirlos. Así, si llegáramos esta tarde, íbamos a andar muy justitos de tiempo, a la zona del lago y nos quitáramos estos treinta kilómetros, nos quedarían dos etapas al estilo de las que estábamos haciendo, en torno a los 100 km, de lo contrario, el día en que llegáramos al Mar Negro tendríamos que hacer 130 km, y con un perfil con algunas subidas, o más bien tipo rompepiernas, de sube y baja.

  Lo estuvimos pensamos y decidimos intentar llegar hasta el lago, agradeciendo mucho el ofrecimiento de Manuel para quedarnos a dormir en su casa, pero allí ya no teníamos nada que hacer ni nada que ver, al margen de pasar la tarde con su grata compañía, y aún quedaba tiempo para aprovecharlo y restar kilómetros para que las dos siguientes etapas no fueran muy pesadas.

  Nos despedimos de Manuel, dándole de nuevo las gracias por todo, y sin perder más tiempo nos ponemos en marcha a las 18:45. Por delante 30 kilómetros y algo menos de hora y media de luz, aunque por suerte teníamos viento de cola y un recorrido plano, incluso 'picando hacia bajo', como ya nos dijo la coordinadora de Manuel, porque ella tenía que hacer todos los días ese recorrido, aunque en coche, con lo que esperábamos llegar si no teníamos ningún contratiempo, prácticamente en penumbras, así que nos esperaba una buena contrareloj.

  Llegamos al primer pueblo junto al lago, el sol ya había desaparecido, tal y como preveíamos, pero nuestro primer objetivo estaba cumplido, ahora quedaba el siguiente, buscar un sitio donde pasar la noche, pero antes, como no encontramos un sitio al cruzar el pueblo donde repostar, paramos en un bar junto a la carretera, para rellenar de agua todos los botes que tenáimos, porque la necesitaríamos no sólo para beber, sino también y como es habitual, para la cena y el desayuno.

  Decidimos probar suerte en el margen del lago de este primer pueblo, entre otras cosas porque ya era tarde como para estar buscando el mejor sitio, así que giramos a la izquierda, en lugar de seguir rectos y cruzar la carretera que atraviesa el lago y que lleva hasta la otra localidad, y a una distancia apropiada, giramos de nuevo a la derecha, pedaleando por algunas calles, hasta dar con la orilla del lago, pero era una zona a donde dan las traseras de las casas, había suciedad, muchos mosquitos (se podían coger a puñados), perros, y vegetación con piedras en las cercanías de la orilla, no era precisamente un sitio idílico para acampar, habría que hacer de tripas corazón para quedarse allí, y para colmo estábamos muy a la vista...

  Pedaleamos por un camino paralelo a la orilla, buscando alejarnos algo de las casas, pero no dimos con nada interesante y ninguno de los dos nos hacíamos a la idea de pasar allí la noche, pero ya estábamos prácticamente a oscuras y aún así, nos dimos la vuelta con la idea de ir hacia el otro lado del lago.

  Cuando íbamos a enlazar con la carretera por la que habíamos venido esta tarde, vimos que por debajo de ella había una zona de cemento, hormigonada, que supusimos era a la que se refería Manuel, así que fuimos por allí para evitar la carretera de noche, pero antes de llegar al final nos encontramos con que aquello estaba cortado por obras, y no se podía pasar en bici, así que tuvimos subir unos metros hasta la carretera y seguir por ella, ahora con el frontal y luz trasera encendida, además del chaleco reflectante, aunque solo fueran para hacer 300 metros, porque después ya se veían las tenues luces de la calle de entrada a la siguiente localidad.

  A la entrada de Dorobantu, cuando comienzan a verse las primeras casas, giramos por una pista de tierra a la izquierda, porque es una zona arbolada, aunque totalmente a oscuras a no ser por la luz de nuestros frontales. Ahora tendríamos el lago a nuestra derecha, aunque al más alejado de nosotros que en la otra margen.

  Nos adentramos un poco por este camino de tierra y después nos introducimos en la zona arbolada que teníamos a la derecha, alejándonos un poco del camino. Buscamos una zona más o menos plana, entre los árboles, para montar nuestras tiendas. Tras el “lavado del gato” y cambio de ropa, nos dispusimos a preparar la cena, ahora ya relajadamente, completamente de noche, bajo la luz de las estrellas que se divisan entre los huecos de los árboles y con una temperatura que ha caído bastante en comparación con las de las horas centrales del día. El margen del lago no debería estar muy lejos, pero al estar a oscuras y sin tener ni idea de qué es lo que había entre el camino que habíamos dejado y la orilla del lago, desistimos de darnos el chapuzón que es lo que apetecía, pero no siempre se puede tener todo, y ya era bastante con haber encontrado ese sitio de noche.

  Al margen del baño que nos hemos perdido, en este sitio nos encontrábamos bastante a gusto, con total tranquilidad y serenidad, a excepción de algunos ladridos de perros que suenan cerca de allí, y algo alejados de las casas y fuera del camino.

  Tras la cena y el postre, rematé la faena con un café y unas galletas de chocolate, para después, en lugar de irnos directamente a las tiendas, tumbarnos sobre nuestras esterillas fuera de ellas, a oscuras, bajo el techo del hotel de las mil y una estrellas, un hotel que para tener más estrellas que la guía michelín, nos salido gratis. Charlamos entre nosotros sobre lo que nos queda de recorrido hasta Constanza (a partir de allí ya veríamos como seguir hacia Tulcea), de cómo se ha desarrollado la etapa de hoy, en donde al menos hemos apreciado algún cambio con respecto las anteriores, ha sido más agradable en cuanto a recorrido, no ha sido ni aburrida ni monótona, como en los días anteriores y donde hemos conocido a otro españolito, a Manuel. Poco a poco nuestra conversación va siendo más pausada, comienzan los tiempos muertos que se van haciendo cada vez más largos, hasta que llega el silencio, y no porque nos quedemos dormidos, sino porque cada uno se queda a solas con sus propios sentimientos, reflexiones, pensamientos....

  Estábamos muy bien allí, pero en algún momento había que meterse en la tienda para descansar, aunque yo antes me pongo a escribir unas notas sobre la etapa de hoy, aunque malditas las ganas que tengo, pero si lo dejaba para mañana a primera hora, me iba a dar más pereza al tener que levantarme antes de tiempo.

  Mientras escribo las notas dentro de la tienda, con el frontal puesto, escucho un perro que se acerca hasta nosotros y el muy 'joio' comienza a ladrar y no para, y sigue, y sigue, como el conejito de las pilas duracell, parece que lo tengo ladrándome en el mismo oído y me empieza a poner nervioso. Iñaqui acaba despertándose y no sé que es lo que hace pero acaba ahuyentándolo, aunque no por mucho tiempo, porque poco después de escribir mis notas y de echar mi primer sueñecito, vuelve de nuevo a la carga, pero en esta ocasión se ha traído a varios compañeros, y aquello comienza a desesperarme, porque estuvieron ladrando junto a las tiendas veinte minutos sin parar, hasta que finalmente se aburrieron y se fueron... ¡uf! ¡que paz, que tranquilidad!.... ¡zzzzzzzzzzzzzz!






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