Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 28 de abril de 2013

Senderismo: XIII Ruta del Rey Jayón... por la Campiña Sur.

  La semana anterior a la ruta las buenas temperaturas hacían pensar que este año íbamos a tener una ruta pletórica en todos los sentidos, porque el campo iba a estar en su plenitud, después de las abundantes lluvias de este invierno, con las floración en su apogeo, y sobre todo, con las jaras en flor, las que sin duda son el icono o emblema de esta ruta, pero al igual que el año pasado, el cambio brusco en lo referente a la climatología, deslució en parte, aunque en menor medida que el año anterior, este encuentro de senderistas de toda la región a través de un agradable recorrido y pasando por hitos históricos-artísticos de relevancia (ermita de la Virgen del Ara, Alcazaba árabe de Reina, Teatro romano de Regina, y la propia Llerena) o monumentos naturales (Mina la Jayona), para todos aquellos que no tengan bastante con la mezcla de deporte y naturaleza y busquen algo más.

  Desde que me levanté a las seis de la mañana y durante todo el trayecto entre Zalamea y Llerena estuvo lloviendo sin parar, lo que no presagiaba nada bueno y echaría para atrás a más de uno esta mañana al levantarse. Al entrar en Llerena la lluvia amainó, pero las temperatura eran bajas.

  Aparco el coche y me dirijo al Ayuntamiento, por sus calles empedradas y mojadas, en un día gris, tristón y frío, nada que ver con los días primaverales, llenos de sol, luz y alegría, de días atrás

  En el Ayuntamiento saludo a algunos compañeros de ASTOLL que andan por allí, al margen de los que están en las mesas, dispuestas por apellidos, para el control y recepción de los participantes en esta ruta, y que al igual que el año pasado, estaban en el patio interior, al refugio del agua y el aire frío.

  Mi idea era desayunar en uno de los bares de la plaza como siempre, pero al encontrarme con Fernando y Pura que ya se iban para la estación de autobuses, decidí irme con ellos, y allí, en la estación, mientras esperábamos que se llenaran los dos últimos autobuses que iban a salir hacia el punto inicial de la ruta, en la Mina La Jayona, aproveché para desayunar, al tiempo en que comenzamos a ver cierto revuelo en la cafetería, y la razón de esto era que había empezado a nevar, como se veía claramente por los cristales de esta cafetería, ya que eran unos copos grandes los que caían, aunque con el suelo mojado la nieve no acababa de cuajar.

  Los dos autobuses que estaban en la estación, pendientes de salir, iban a ser los últimos, pero aún con las plazas cubiertas, no acababan de arrancar, y al señor Boceta, el representante de ASTOLL encargado como siempre de gestionar la salida de los autobuses, se le veía ajetreado con las llamadas por teléfono y hablando con los conductores, yendo de acá para allá.

  Un pequeño retraso, y todo debido finalmente a que los autobuses no iban a poder llegar hasta el aparcamiento de la Mina de la Jayona, porque según estaban comentándole por teléfono, la nieve por ese último tramo estaba cuajando, así que finalmente, estos dos autobuses, pararían antes del desvío a la derecha que sale desde Fuente del Arco a la Jayona, para en un recorrido alternativo, improvisando, de unos dos o dos kilómetros y medio aproximadamente, hasta "Huerta Pérez", donde estaría situado el primer control y punto de avituallamiento.

  El autobús donde iba yo llegó hasta Fuente del Arco para dar la vuelta en la gasolinera y volver hacia atrás hasta el punto donde estaba el otro autobús y donde nos dejaría definitivamente, y en este corto trayecto hasta Fuente del Arco, ya se nota un fino manto blanco, sobre la tierra y sobre los troncos de los árboles.

  Bajamos del bus y sólo había que seguir rectos, este corto tramo de camino alternativo, por donde el personal ahorraría unos ocho kilómetros con respecto a los que habían partido desde la Jayona, llegando a "Huerta Pérez" sin pasar por la ermita de la Virgen del Ara.

  Me quedé atrás, cerrando filas, con Ángel, los vascos y otros ASTOLL, hasta que llegamos al primer punto de control, totalmente desangelado por el frío aire que soplaba, acompañado de vez en cuando por algunas que otras gotas de agua, aunque la lluvia como tal, había parado, si bien es cierto que el cielo seguía con ese aspecto amenazante, desafiante.

  La gente que iba llegando hasta aquí, a cuanta gotas, como el rosario de la aurora, desde la ermita de la Virgen del Ara, no paraba mucho, cogía si acaso una naranja y seguía camino, para no quedarse frío en este punto, donde bien parecía que habían dejado las puertas y ventanas abiertas por las fuertes corrientes de aire gélido que soplaban.

  En "Huerta Pérez", esperamos al señor Javier Nieto, que vendría cerrando filas con el personal que se había refugiado en la ermita, al socueyo del agua y la nieve. Algunos dieron marcha atrás desde la ermita, o antes de llegar a ella y volvieron hasta la Mina la Jayona para retirarse de la ruta en el último bus que había subido hasta allí, mientras que otros a los que pilló la parte más dura del temporal pasada la ermita, se retiraron siguiendo el camino que habíamos hecho nosotros, pero a la inversa, donde uno de los autobuses en los que llegamos nosotros, les estaría esperando.

  Casi una hora de espera hasta que llegara la cola, presidida por Javier, y menos mal que llegaron, porque ya tenía ganas de empezar a caminar porque me había quedado helado esperando, supongo que como el resto de los que estábamos allí.

  Después de los saludos iniciales, por el tiempo que llevaba sin ver a algunos, motivado por mis circunstancias personales, continuamos la marcha, por el tramo que a mí más me gusta, por la senda paralela a una pared de piedra y entre enormes encinas, cruzando arroyos por los tablones dispuestos para tal fin y con un campo verde, totalmente florido, que le dan un bonito colorido, aunque matizado por el día gris y frío que teníamos, aunque de momento la lluvia no había vuelto a aparecer.

  Sin prisa pero sin pausa, charlando distendidamente, llegamos a los pies de Reina; éramos casi los últimos, por detrás creo que tan sólo un puñado de participantes a los que acompañaba Basilio, cerrando filas, y que había tomado el relevo a Javier en el “cierre de grupo”, en este tramo entre "Huerta Pérez" y la alcazaba de Reina.

  La subida por el sendero desde el pueblo de Reina hasta la alcazaba se hizo un poco incómoda por el fuerte y gélido viento que soplaba lateralmente y que prácticamente, en la parte final, llegaba a arrastrarnos.

  En la zona de recepción de la alcazaba, previa a su entrada, un pequeño descanso al refugio del viento, mientras tomábamos un vaso de café caliente, muy agradecido por el cuerpo, contemplando las vistas hacia el sur, frente a nosotros, una panorámica de sierras de poca altura que forman el entramado del Parque Natural de la Sierra Norte sevillana.

  Bajamos de la alcazaba a Reina, por el camino habilitado para ello, y continuamos este tramo, con las vista puesta en las extensas llanuras de la “Campiña Sur” extremeña, con sus campos todavía verdes, salpicados aquí y allá por manchas coloridas de las flores propias de esta época primaveral.

  A partir de Reina, supuestamente el relevo de cierre de grupo lo debería hacer el “Gran Ramón”, que había partido de los primeros en la ruta, habría llegado a Llerena, y ahora debía volver aquí para volver a hacer este tramo de camino, de nuevo hasta Llerena, siendo el último relevo para cerrar grupo (al menos eso es lo que creí entender), pero no acababa de aparecer...

  A la salido de Reina, por un callejón de paredes empedradas que desemboca en ese verde mar en que están convertidas las llanuras de la campiña en esta época, bajo un desafiante y oscuro cielo, sobre todo al fondo, en el horizonte, donde la línea continua de la llanura se rompe súbitamente por las elevaciones de la sierra de San Miguel, nos encontramos con Ramón, que sube a la alcazaba para cumplir con su cometido. A Ramón le acompaña el “Chato”, y nos comenta que ha tenido que hacer este tramo de regreso en parte en coche en parte andando, creo que es lo que le entendí, para poder llegar a tiempo; de cualquier forma se iba a meter una buena dosis de kilómetros entre pecho y espalda, igual cerca de 40 km ¿se estará preparando para alguna competición el “Gran Ramón”?...

  Hasta el teatro romano de Regina, continué con la compañía de Ángel, Javier, JuanMi y Ercani. En los alrededores del teatro, donde estaba dispuesto un punto de retirada para el que no quisiera continuar con la ruta, Ángel nos abandona, aunque volveríamos a estar con él en el Ayuntamiento, en la comida de grupo.

  El último tramo, desde el teatro romano de Regina, hasta Llerena, pasando por Casas de Reina y la Sierra de San Miguel, ya lo hicimos prácticamente en solitario los cuatro, Javier, los vascos y yo.

  La subida a la Sierra de San Miguel, entre olivares, nunca me ha gustado, aunque al menos este año podemos tomárnosla con relativa calma, ya que la temperatura es fresca, porque otros años, pasar por esta zona a esta hora, sobre las dos de la tarde, puede resultar un martirio... Y cuando digo en solitario, me refiero que no vimos a nadie por delante de nosotros, a excepción de un chaval al final de la subida, ni tampoco por detrás, desde donde estábamos hasta Casas de Reina, entre otras cosas, porque el otro pequeño grupo que vimos en esta última localidad, atajó por otro sito evitando la subida de la sierra.

  Si la subida me resulta simplona, la bajada en cambio me resulta divertida, agradable. Una vez alcanzada la parte más alta y justo en el tramo que coincide con las otras dos rutas (la de “Los Pueblos” y la de “Guadalcanal-Llerena”) el recorrido cambia, y bajamos andando por caminos empedrados, senderos, callejones de piedras, y una pequeña hilera, a modo de estrecho sendero que se ha abierto paso este año entre las altas hierbas producto de un invierno lluvioso, y en donde parece que el sendero se ha ido construyendo con el paso de los participantes en la ruta, al pisar uno tras otro por el mismo sitio, al "estilo  Machadiano", por aquello de que “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, ya en el final de la ruta, con Llerena prácticamente a tiro de piedra.

  Por fin llegamos a Llerena, después de un corto tramo, por suerte, de aburrida y monótona pista, innecesaria, sino fuera porque no habrá otra forma de enlazar el sendero con la localidad.

  Tras el habitual callejeo por las calles de esta localidad, y previa parada en el bar Soga, punto de encuentro y quedada para las rutas de ASTOLL, donde fuimos fiel a la tradición de tomar allí la primera cerveza después del fin de ruta, llegamos a la plaza y a su Ayuntamiento, donde los únicos que prácticamente quedaban ya eran los compañeros de ASTOLL, a la espera de la llegada de Ramón, que viene de cierre, acompañando a los últimos participantes de la ruta.

  Saludo a otros compañeros que no había visto al principio o durante la ruta, y en el tiempo de espera me acerco al coche para dejar la mochila y el chubasquero.

  Después, lo mejor del día, una vez que han terminado la ruta los últimos participantes, cuando ya sólo nos quedamos en el patio interior del ayuntamiento los ASTOLL, viene la comida del grupo, donde cada uno aporta algo hecho en casa y que pone en común, además del cocido que han dando en esta ocasión en la ruta y que con este tiempo creo que habrá sentado de lujo a todos los participantes después de finalizarla, pero además, la parte final de la reunión, donde no podía faltar el himno de la asociación, el “Grandola Villa Morena”, estuvo amenizada, ¡cómo no!, por el showman de turno, el señor Ángel Boceta en todo su esplendor, acompañado por su discípulo, quién sabe si “discípulo aventajado”, el “Gran Ramón”, que nos estuvo representando un primer ensayo del nuevo número que está preparando, y aún en construcción, y que provocó las destornillantes risas de los allí congregados...

  Al igual que el año anterior y como ya he comentado, la ruta en esta ocasión ha vuelto a estar un poco 'descafeinada' debido a las inclemencias climatológicas, aunque en el día de hoy, lo peor ha sido al principio, mientras que el año pasado las tormentas, el agua y el granizo, nos rondaron durante gran parte del recorrido. Quizás de lo que más me arrepiento es de mi enorme pereza en este día, para hacer fotos, donde a pesar de llevar mi inseparable cámara en la mochila, ni siquiera la saqué, así que a diferencia del año pasado donde en peores condiciones estuve haciendo bastante fotos, en esta ocasión no he hecho ninguna, supongo que también habrá influido el estado de ánimo en el que me encuentro, motivado por las circunstancias personales, así lo que no puedo acompañar a este artículo de las merecidas fotos o de algún pequeño vídeo de la nevada caída, así que al final de la ruta, algunos de los que ya estaban acostumbrados a estos reportajes en imágenes, me lo han recriminado...

  Para terminar, no podía olvidarme del “Gran Ramón”, quien me recordó que al igual que Jesús dijo a sus discípulos: ¡hablad de mi!, (más o menos), yo hablara de él, así que nada, quedan estas líneas como agradecimiento al señor Ramón por sus servicios prestados en el día de hoy, haciendo de “cierre”, recordando que al final se habría hecho entre idas y venidas cerca de cuarenta kilómetros... ¡ahí queda eso!... pero sobre todo, queda pendiente escuchar algún día al completo, y reirnos a carcajada limpia, su nuevo show, imitando al inolvidable Feliz Rodriguez de la Fuente y a parte de la fauna ibérica que podemos ver es sus inolvidables documentales.
 

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