Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

viernes, 8 de junio de 2012

En la Sierra de Gredos con ASTOLL (I).


 Sábado, 2 de Junio del 2012

Ruta Prevista:
Plataforma Mingo Fernando - Puerto del Peón - Los Pelaos - Refugio Victory - La Apretura - Plataforma Nogal del Barranco.

 [Para ver la documentación de la ruta preparada por ASTOLL Pincha AQUÍ
 [Para ver algunas fotos de la ruta, Pincha AQUÍ]

  El viernes salí a las tres de trabajar, y a las cuatro, después de comer, cogí el coche para desplazarme a Llerena, con 36 grados, así que maldita las ganas de conducir que tenía, porque en ese momento, lo que más me apetecía era estar en casa y dar una 'cabezadita'...

  Unos minutos antes de las cinco ya estoy en las cercanías del bar Soga, donde quedamos, y por allí ya hay parte del grupo reducido que en esta ocasión vamos a ir a Gredos y a diferencia de en otras ocasiones, al tratarse de menos personal, en lugar de bus iremos en dos furgonetas alquiladas, que serán conducidas por Ángel Boceta y por Rafa Mena (ya desde aquí, mi agradecimiento hacia ellos, porque además de la paliza de viaje, a la vuelta sobre todo, tienen que sacrificarse a la hora de las cañas y la copita de vino en la comida).

  Con algo de retraso, partimos las dos furgonetas, aunque primero toca una parada en Zafra para recoger a Lupe y Mercedes y después todo el trayecto del tirón. En esta ocasión no cogimos el desvío de Calera-Chozas, sino que en Oropesa nos desviamos dirección Madrigal-Candeleda para después ir hacia el oeste dirección Ramacastañas y por fin Arenas de San Pedro.

  Desde Arenas de San Pedro cogimos la estrecha carretera de montaña, con paisajes frondosos y bosques de pinos, en dirección a El Hornillo y a El Arenal. Cruzamos esta última localidad y poco después cogemos un desvío a la izquierda, dejando la carretera que llevábamos y que conduce al Puerto del Pico.

  Este tramo final de dos o tres kilómetros, es por una carretera aún más estrecha, que se empina vertiginosamente, y así, entre curvas y curvas, llegamos a la zona donde teníamos el alojamiento, que en este caso se trata de un “Centro de turismo rural”, un recinto con una agrupación de casas rurales y un bar-restaurante, dentro de un bosque, en plena naturaleza, aunque como se suele decir los “árboles impiden ver el bosque” o lo que es lo mismo, los altos pinos que nos envuelven impiden que tengamos unas vistas amplias de los alrededores y tan sólo las cimas de algunas montañas que nos rodean es lo que aparece perceptible ante nuestros ojos, al menos por la mañana, porque cuando llegamos ya estaba oscureciendo.

  Entramos dentro del recinto, buscamos la zona donde tenemos las casitas reservadas y se procede con el reparto del personal entre las casas, aunque esto ya estaba asignado, así que a mi me toca con el “núcleo duro”, o sea, con el señor Javier Nieto y Ángel Boceta (que eran los guías respectivos de las dos rutas a realizar mañana, sábado). En la casa también estarían Maria Eugenia (con la que también coincidí el año pasado en Gredos) y con Ramos (que creo que era su primera salida de fin de semana entero).

  Las casitas están muy bien preparadas. Unas son más grandes que otras, pero lo normal eran las de dos plantas, con habitaciones arriba (tres camas) y en la parte baja (dos camas). En la parte baja además, también está un pequeño salón-cocina, el cuarto de baño y un aseo.

  Una vez que nos colocamos, y sin pérdida de tiempo por la hora que ya era, en torno a las 10 de la noche, nos fuimos reuniendo todos en la casa que era más grande, la “casa matriz”, donde sacamos las mesas y las sillas fuera para ir colocando la comida (lo que iba llevando cada uno) y la bebida, aunque antes tuvimos que esperar a que llegaran un par de coches más que venían desde Madrid, la hija de Benito y Luis, y otro matrimonio amigos de estos.

  Terminado el largo 'piscolabis' cada “mochuelo a su olivo” , aunque Ángel, Javier, Ramos y yo nos quedamos los últimos, allí sentados, de tertulia... bueno yo de oyente porque estaba bien 'jodido' con la garganta, casi afónico, así que hablar precisamente no hablé mucho.

  A la una y media nos fuimos a nuestro “chalet” particular, y a las 7 habíamos quedado en levantarnos para desayunar y salir de allí a las 8 de la mañana, en dirección a la plataforma Mingo Fernando unos (los de la ruta larga) y a la plataforma del Nogal del Barranco otros (los de la ruta corta).

  Al día siguiente nos levantamos sobre la hora prevista, desayunamos cada grupo en su “casita”, después de una noche en la que no he dormido mucho, porque antes de las seis empecé con el ataque de tos.

  Un cuarto de hora después sobre el horario previsto, partimos las dos furgonetas, bajando hacia el pueblo de El Arenal y al pasar éste, en dirección a El Hornillo y Arenas de San Pedro, sale el desvío a la derecha en dirección a la plataforma Mingo Fernando. Allí bajamos los que vamos a hacer la ruta larga, se deja una furgoneta fija en esta plataforma, y el resto del personal se monta en la otra furgoneta para ir a la otra plataforma, la del Nogal de Barranco, donde dejarían la furgoneta. La idea era que los de la ruta corta saldrían de ésta última plataforma haciendo un recorrido que pasando por el collado del Yelmo les llevaría a la otra plataforma, la del refugio Mingo Fernando, donde estaba la otra furgoneta; mientras que para los de la ruta larga, lo previsto es que se saliera desde ésta última plataforma y se llegara a la de Nogal del Barranco, donde estaba la otra furgoneta, además de llamar a Ángel (porque los otros acabarían mucho antes) para que también recogiera a parte del personal, puesto que todos los de la ruta larga (trece personas al final) no cabían en la misma furgoneta.

  Esto era la logística prevista, pero al final, una vez más se cumple ese viejo dicho que dice que los “planes están para no cumplirse” o que “el hombre propone y Dios (la naturaleza, la climatología, las circunstancias, los despiste, o lo que fuera) proponen”.

  Por fin comenzamos la ruta, partiendo por una senda entre regatos de agua que sale desde la misma plataforma y que llega al refugio de Mingo Fernando. A partir de aquí comienza la subida al Puerto del Peón, por el sendero PR-AV-18 (que une esta plataforma con la carretera que sube desde Hoyos del Espino a la plataforma del Circo de Gredos), donde estimábamos unas tres horas porque era un grupo algo descompensado en cuanto a nivel físico, así que esa era la duración estimada de la subida, tomándonosla con mucha calma.


  La primera parte del recorrido es muy bonito, bucólico, subiendo en suaves zig-zag por un bosque de pinos entre altos y frondosos helechos, y siempre con el hilo musical de fondo del ronroneo del agua bajando de los arroyos, algo que siempre me ha resultado muy relajante.


  Poco a poco vamos ganando altura, siempre en fila india y entre algún que otro resoplido. Con forme vamos ganando altura, el bosque de pino va desapareciendo y nos vamos adentrando en el reino del piorno, muy florido en esta época, lo que impregna el recorrido de un color amarillo primavera, al tiempo que vamos teniendo una visión más nítida y clara de los alrededores, más profundidad de campo al ir saliendo del bosque, tomando conciencia de lo que vamos subiendo y del entorno que nos rodea.



  Comenzamos a tener nuestra primera toma de contacto visual con los Galayos, casi siempre a nuestra izquierda durante esta subida. Es el “Espaldar de los Galayos” con su sobrecogedora “Canal Seca” y “Canal Reseca”, de cuyas vistas no nos desprenderemos hasta casi coronar el puerto.

La Canal Seca a la derecha, y la Reseca a la izquierda.

Las traseras de Los Galayos al fondo a la izquierda. A la derecha, A.Delgado y Alicia subiendo por la el sendero de piedra.

  Hacemos una breve parada, de un cuarto de hora, en los alrededores de la “Fuente del Peón Bajo”. El personal aprovecha para comer y beber un poco, mientras al fondo, y allá arriba (hacia el oeste), aparecen formas curiosas en las que se han convertido algunos de estos bloques graníticos, y que en este caso creo que se trata de los alrededores de “Risco Perico” (2.106m.).

Breve descanso en la Fuente del Peón Bajo.

  Después del descanso seguimos con la subida, siempre por sendero, siempre suave, sin grandes pendientes y con vistas agradables que ayudan a que uno se relaje. Vemos alguna que otra cabra en plan “relax”, mirándonos en la distancia y con cara de decir “a donde irán estos colgaos”.


  El sendero llega a un altiplano desde donde se tiene una panorámica total de lo que aún queda por subir, viendo el estrecho sendero serpentear entre piornos primero y entre los bloques de granito después, para ir alcanzando la cima del puerto, mientras que al fondo, y ligeramente a la izquierda, nos queda una vista clara y total de la “Canal Seca”.

En azul, el tramo de sendero que en subida en zig-zag sube al Puerto del Peón.

  En este tramo nos encontramos con un par de grupos que vienen haciendo el mismo recorrido que nosotros, pero a la inversa.

  Con algunos “pidiendo la hora”, llegamos a la segunda fuente, a la segunda parada breve, a la Fuente de los Helveros, protegida por unos bloques de granito que se yerguen cual paredes verticales. Junto a la fuente hay tallado en la piedra un pequeño y curioso abrevadero. Desde aquí se tienen muy buenas vistas de toda la subida que vamos realizando, así como de parte del sendero por el que vendrán los del segundo grupo para terminar en la Plataforma Mingo Fernando.

  El único problema es que las cimas de los Galayos comienzan a desaparecer producto de la niebla espesa que se va formando en sus alrededores, mientras que en la zona donde estamos nosotros, tan sólo una ligera nieblina por el momento, pero lo suficiente como para difuminar el entorno en el que estamos.

Panorámica parcial, difuminada por la nieblina, de la subida que estábamos realizando. Foto tomada desde la Fuente de los Helveros.

  Desde este punto, y en lo que resta de subida, la vegetación (piornos básicamente) va desapareciendo para ir adentrándonos en el reino mineral, donde en este caso reinan los bloques de granitos; zonas desnudas, ausentes de vegetación, y más cuanto más cerca estamos del Puerto del Peón (2.032).

  Al llegar al puerto, después de algo más de tres horas (con auténtica “calma chicha”), la niebla es más espesa, y sopla el viento frío, así que esta otra breve parada de un cuarto de hora es aprovechada para colocarnos algo de ropa de abrigo.

 Puerto del Peón, 2.032 m. (de frente hacia La Mira, a la derecha hacia Hoyos del Espino, y a la izquierda hacia la plataforma Mingo Fernando).

  En este punto nosotros giramos a la izquierda, dirección a La Mira, abandonando el sendero que traíamos, el PR-AV-18, que sigue de frente, en bajada, paralelo a la Garganta de la Covacha, y que a la tarde, después de los imprevistos sufridos, es el que retomaríamos, aunque algo más adelante, cuando el desnivel pierde fuerza y el recorrido se torna agradable a lo largo del valle.

El valle suave de la Garganta de la Covacha, y paralelo a ella, por la derecha, transita el PR-AV-18.

  Dejo aquí un vídeo que realizado con la cámara de fotos, de esta primera parte de la ruta, hasta llegar al Puerto del Peón, de unos 10 minutos de duración.



  Como digo, esto sería mucho más tarde, porque ahora giramos a la izquierda, 'cresteando' por la sierra en dirección a “Los Pelaos” y “La Mira”, es una zona de llaneo hasta llegar a la cuerda de La Tarayuela, por donde la senda desciende ligeramente, quedando la cuerda de los Galayos a la izquierda, aunque no la vemos, para al poco realizar la última remontada, el último repecho que nos conduce a la zona de “Los Pelaos”, y no hace falta ser un lince para saber por qué se llama así a esta zona completamente “pelá”, fea, insulsa... o al menos cuando no hay nieve, aunque para gustos los colores.

  El que no conociera la zona de “Los Pelaos”, tampoco puede llevarse una idea clara de cómo es esto, porque aquí arriba la niebla es más espesa, así que arriba, Javier que va delante, hace una parada para que podamos unirnos los que vamos cerrando grupo, y que en esta situación no conviene que nos separemos unos de otros por el tema de la niebla.

  Recorremos un tramo entre la niebla, hasta llegar a las cercanías de las ruinas del refugio que lleva el mismo nombre que la zona (construido en su día por la desaparecida Sociedad Arenas-Gredos), aunque a éste no lo vemos por la niebla, sin embargo, a nuestra izquierda hay un claro y vemos a un grupo de tres o cuatro chavales, con los que estuvo hablando Javier. Venían del Victory, y querían ir para La Mira, cuya cima en ese momento, con su torreón circular de piedra coronándola (utilizado para instalar un telégrafo óptico, y quizás de ahí viene el nombre de este pico), era visible.

  Los chavales andaban algo desorientados, no sabían por donde quedaba La Mira, y habían subido hasta aquí arriba desde el Victory sin saber muy bien por donde.

  Como este grupo había subido por esta zona, intentamos bajar por el mismo sitio, aunque a sabiendas que no era la entrada por la “Canal de Torino”, pero como la niebla por el otro lado era más espesa, y ante la posibilidad que no encontráramos la puerta de entrada a los Galayos, no dije nada, entre otras cosas porque pensaba casi con toda seguridad que por donde íbamos se podía bajar también, aunque el trayecto sería algo más largo y penoso, puesto que hace trece o catorce años, a mí me pasó lo mismo que a estos chavales, o sea, subí desde el refugio Victory hacia arriba, en lugar de ir girando hacia la izquierda y salir a “Los Pelaos” por la “Canal de Torino”, y antes de llegar arriba, la niebla hizo acto de presencia en un visto y no visto y acabé totalmente desorientado, aunque tuve la suerte de que al cabo de un rato pasó un grupo de Plasencia que estaba haciendo una travesía, y pude unirme a ellos, llevándome ya por la parte alta, hasta las ruinas del refugio y después hasta “La Mira”, y como ellos iban hacia el refugio Eola, me indicaron donde estaba la zona por la que tenía que bajar al refugio Victory, por la “Canal de Torino”, que no es más que un estrecho paso ente dos farallones verticales, como una especie de muesca en la roca.

  Al adentrarnos en esta zona, la niebla de nuevo se hace más espesa, no tenemos referencia de los picos que nos rodean. Aparentemente parece que vamos bien, de frente se adivina una pared vertical bajo la que pasa una torrentera de agua, así que algunos damos por supuesto que se trata de la pared de los Galayos y de la Garganta de los Galayos cuyas aguas corren a los pies de estas paredes verticales que despuntan como agujas. Por si fuera poco, hay hitos (montículos de piedras) cada cierta distancia, por lo que en principio, parece que vamos bien.

Un pequeño descanso antes de adentrarnos, sin saberlo, en la 'Canal Seca'.

  En el primer tramo no se desciende vertiginosamente y aunque la marcha es más dificultosa, tampoco tiene más complicación, además, vamos girando hacia la derecha (al igual que en la bajada real, cuando se va bajando, girando ligeramente hacia la derecha, bordeando una pared, en el tramo en el que ésta impide ver el refugio, hasta que finalmente se divisa éste y la bajada ya se puede hacer prácticamente en línea recta hacia él).

  Este primer tramo termina en una canal, donde a la derecha se sigue subiendo entre canchales, y a la izquierda es una bajada pronunciada, también entre canchales y más canchales. Este tramo si es mucho más dificultoso, no se lleva ningún ritmo y el personal acaba hasta las narices, por no decir otra cosa, de tanto cancho y pedregal, que ponen a prueba las articulaciones, con la dificultad añadida del desnivel.

Bajando por canchales entre la niebla, dentro ya de la 'Canal Seca'.

  En este punto, en el que cogemos la canal hacia bajo, la zona más pedregosa, sin senda, simplemente orientándonos por los hitos que veíamos de tarde en tarde, es cuando comienzo a mosquearme, porque en algún claro de la niebla en la parte alta, veo en la pared que queda a nuestra derecha, las cimas abruptas y en agujas, mientras que al fondo, en la parte de la izquierda, las cimas parecen o se intuyen redondeadas, cuando debería ser justo lo contrario.

  No puedo comentar nada de esto con Javier, porque él va delante del grupo, a bastante distancia de mi, que en ese momento me encontraba en la cola del grupo.

  En un punto donde el personal sigue por la izquierda yo aprovecho una trocha por la derecha para llegar antes a la altura de Javier y comentarle las dudas que me estaban surgiendo, pero cuando me ve y sin yo decirle nada, ya me comenta: “Estamos en la Canal Seca...”, lo que me imaginaba, estábamos a la espalda de los Galayos, justo en la parte que habíamos estado viendo durante parte de la subida al Puerto del Peón.

  Reagrupados todo el personal, valoramos la situación. Volver sobre nuestros pasos parece una odisea, después de lo que hemos bajado y el tiempo invertido (porque el personal baja con mucho miedo y porque las fuerzas y reflejos comienzan a decaer después de tantas horas de marcha), así que lo mejor es una parada para comer, recuperar fuerzas, y seguir por la canal hacia bajo, siguiendo los hitos que deberían llevarnos después de la bajada, a una senda paralela a un arroyo o río y por la que llegaríamos de nuevo a la plataforma del refugio Mingo Fernando.

  Nos ponemos en marcha de nuevo, bajamos otro poco hasta que llegamos a un paso dificultoso. No se ve salida regular después del último hito al que llegamos. Javier sigue hacia delante intentando buscar una salida factible, pero se encuentra con otra canal y nos dice que por allí no puede ser. Inspeccionando los alrededores vemos por donde siguen los hitos, justo por el otro lado de la canal de donde estábamos, el problema es que un poco antes de enlazar con la senda que sale a la derecha de la canal, está un paso dificultoso, sobre todo a la hora de bajar, porque subiendo parece más factible. Javier está empeñado es que pasemos por allí, pero Rafa y yo no pensamos igual, sobre todo porque algunas de las compañeras del grupo no están para eso, cosa distinta es si estuviéramos un grupo reducido y más predispuestos para estas situaciones, como en otras ocasiones que hemos estado en esta sierra, pero al ser un grupo más numeroso y con algunas personas menos preparadas físicamente, lo mejor es hacer lo que ya estaban hablando entre ellos, o sea, volver sobre nuestros propios pasos, aunque a Javier le parecía esto una locura, una odisea después del tiempo que habíamos tardado en bajar.

  Lo cierto es que subimos de nuevo hacia arriba, por la zona por donde habíamos entrado, y curiosamente en la mitad de tiempo del que invertimos en la subida, cosa que parece muy rara pero es que en la bajada el personal iba con mucho miedo y con muchas precauciones; la subida en cambio, es más dificultosa físicamente pero no se tienen tantos miramientos, se va trepando por la roca y punto.

  Llegamos a las ruinas del refugio, de nuevo entre una ligera niebla. Lo peor ya había pasado, ahora era cuestión de encontrar de nuevo el camino o el sendero por el que habíamos llegado hasta aquí y después volver por él, al menos eso es lo que yo creía, pero no sé que es lo que estaba pensando Javier, porque me habló de coger este sendero para después enlazar con otro que nos llevaría hasta la carretera de Hoyos, así que como realmente no sabía lo que quería hacer, y no conocía lo que él comentaba, pues nada, seguimos sus pasos, y así seguimos por la izquierda del refugio, cuando deberíamos haber seguido por la derecha que es por donde se vino, de ahí que parara a Javier para preguntarle, pero como he dicho, no sabía que es lo que quería hacer, pero él sí parecía tenerlo muy claro...

  En definitiva, que acabamos dando una vuelta en círculo, corta, sí, pero absurda. Damos con el sendero por fin, donde ya se encuentra Antonio Delgado y el grupo, pero sin embargo, a nuestra derecha hay unos hitos que Javier cree que pueden ser los que van a La Mira, con lo que puede que donde estábamos no fuera el sendero. El grupo se queda esperando mientras Javier y yo nos vamos hacia el fondo, para comprobar si el camino donde estaba el grupo era el bueno, o por el contrario éste estaba más hacia delante, hacia donde nos dirigíamos, con las referencias de los hitos, y cuál fue nuestra sorpresa cuando al llegar a ellos nos encontramos de súbito con la magnífica, espectacular, esbelta, sobrecogedora, terrorífica, espléndida y maravillosa vista de los Galayos, y al fondo, el sendero de bajada desde la Apretura hasta la plataforma del Nogal del Barranco. Estábamos justo en la puerta de entrada, en la “Canal de Torino”, y en ese momento no había niebla en esta parte, aunque en la parte trasera sí, y se veía como salían las bocanadas de niebla por la Puerta Falsa.

Los Galayos desde la 'Canal de Torino'.

  No se le veía al grupo con ganas de inmiscuirse en otra bajada pedregosa, y por otro lado, el miedo que tenía yo es que en esta bajada la niebla inundara de nuevo esta zona y se complicara el descenso, sobre todo el primer tramo, así que como el personal estaba mentalizado de regresar por el mismo sitio, seguimos la senda por la que habíamos llegado esta mañana, al menos hasta la corta bajada de la zona de La Tarayuela, porque ahí es donde cambiaban los planes, lo que Javier me estuvo comentando y yo no le entendía.

  La idea era ahora bajar por una suave garganta, la Garganta de la Tarayuela, paralelo al curso del agua, hasta llegar al sendero que se veía al fondo, y que es el que bajaba desde el Puerto del Peón hasta la carretera que sube desde Hoyos del Espino hasta la plataforma (de nuevo el sendero PR-AV-18). La bajada es campo a través, sin senda, entre borreguiles con mucha zona agujereada cual queso gruyer y también entre pedregales, ¡cómo no!.

  Aquí abandono la cola de grupo, porque ésta viene agrupada, y sigo a mi ritmo, porque en esta bajada las rodillas sufren de lo lindo, y tanto parón no me viene bien, así que bajo casi todo del tirón, junto con Ramos, aunque antes, ya los Antonios (A.Delgado y A.Nogales) habían tirado hacia delante y no esperarían en la senda, aunque justo antes de llegar a ésta hay que cruzar la Garganta de la Covacha, cuyas aguas bajan desde el Puerto del Peón.

  En esta bajada, nos encontramos, cruzando la Garganta La Tarayuela, justo a la altura de la “Laguna del Cura” (charca poco profunda, formada por los sedimentos que arrastraba el glaciar e hicieron de presa donde se acumuló el agua), a un numeroso grupo de cabras, de todos los tamaños, más de cuarenta, un auténtico espectáculo.

Entre unas cosas y otras, al final, cuando saqué la cámara, sólo pude 'pillar' a estas dos cabras de todas las que vimos agrupadas.

  Unos veinte minutos o media hora, tuvimos que esperar para estar de nuevo todo el el personal reagrupado. A partir de ahora, nos lo tomaríamos más relajadamente, ya había pasado lo peor del día, y aunque ya eran las 7:45, Javier calculaba que nos podrían quedar unos 6 km en ligero descenso, por este sendero, con la Garganta de la Covacha a nuestra izquierda, sí que en poco más de una hora, podríamos estar en el cruce con la carretera que sube desde Hoyos, donde nos esperarían las dos furgonetas, con Ángel Boceta, Benito y Luis, a los que previamente habíamos llamado antes, en el momento en que tuvimos cobertura.

Mapa con el último tramo realizado de la ruta del sábado, desde las ruinas del refugio de Los Pelaos, hasta llegar a la carretera de Hoyos por el PR-AV-18.

  Por el sendero el grupo anda más distendidamente, más relajado, comentando el duro día de caminata de hoy, casi doce horas por la sierra.


  Poco antes de llegar a la Majada de la Regierta, en un cruce de caminos y donde también han habilitado un coqueto refugio, el sendero se transforma en camino-pista en los últimos 3 km, hasta que al final vemos llegar la furgoneta conducida por Ángel Boceta, que viene a recoger a los últimos de grupo; el resto ya está en la otra furgoneta.

Majada de la Regierta

  Dejo aquí otro vídeo de unos 9 minutos con parte del resto de la ruta realizada en este día:



  A la entrada de Hoyos, pasado el camping, paramos en un bar, todavía queda una hora de camino, así que primero unas cervezas para reponer líquidos y energía. Casi todos pedimos jarras grandes, y acompañada la cerveza de unos frutos secos, nos entran de escándalo.

  Nos nos podemos entretener mucho, así que sin prisa pero sin pausa, nos ponemos en marcha, pasando por Hoyos, Narredonda, Venta Rasquilla y Puerto del Pico, para a mitad de descenso entre éste y Santa Cruz del Valle, girar a la derecha en dirección al pueblo de El Arenal, aunque antes de llegar a éste está el desvío al “Centro de turismo rural: Lo Alto” (tan poco hace falta ser un lince del por qué de este nombre...).

  Cuando llegamos, unos se dieron una ducha rápida y otros nos fuimos para la “casa matriz”, donde en esta ocasión y debido a que la temperatura era más baja, cenamos en el salón grande que tiene ésta.

  Esta noche la gente está más agotada, así que comienza a retirarse antes.

  Durante la cena, Ángel propone que mañana el que quiera, puede hacer la ruta entre la plataforma del Nogal de Barranco y la Apretura, para que conozcan la zona de los Galayos, ya que hoy los de la ruta larga se han quedado sin verlos por culpa de la niebla, y los de la ruta corta, tampoco lo han visto porque no tenían que pasar por allí. Propone esto frente a la ruta circular de las cinco villas, debido a que habían planificado las dos rutas con mucho mimo, con mucho cariño, para dar a conocer esta parte de Gredos al personal, y que éste disfrutara de un recorrido de media montaña con las vistas que se pueden observar desde arriba, pero la niebla ha impedido que se pudieran gozar de estas panorámicas.

  Por tanto, se queda en que mañana domingo, el que quiera, puede hacer la ruta (toda o en parte) entre la Plataforma del Nogal del Barranco y la Apretura, y el que no quiera hacer ruta, puede quedarse a pasar la mañana de forma ociosa, en Arenas de San Pedro. La idea es estar sobre la una de la tarde en esta localidad, recoger al resto del personal que se hubiera quedado allí a pasar la mañana e irnos todos juntos a Oropesa, en el enlace con la autovía, donde pararíamos para tomar las cañas y comer antes de seguir con el viaje de regreso.

Mapa con las rutas realizadas finalmente, el sábado (en azul) y el domingo (en negro).

  Una vez que regresamos a nuestra “casita particular”, mientras los otros cuatro compañeros se quedan un rato más de tertulia, aprovecho para ducharme, porque el resto ya lo había hecho antes, y después quedarme yo también un rato más con ellos comentando algunos detalles, así que de nuevo nos dan las tantas y habíamos quedado a las 8:30 para salir con las furgonetas, así que esta noche, tampoco vamos a poder dormir mucho, y eso que hoy estamos cansados...

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