Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 17 de marzo de 2012

Libro: Viaje a la Sierra y Laguna de Gredos por su polo austral, en 1834

  El libro que quiero comentar en este espacio es un diario de viaje, se trata de la primera expedición documentada al Circo de Gredos, una aventura que emprendieron Gregorio Aznar y sus compañeros de viaje en 1834, hace ya 178 años... ¡casi ná!.

  Como bien dice el título de este libro: “Viaje a la sierra y laguna de Gredos por su polo austral”, es un viaje de 10 días al Circo de Gredos, al que antes los lugareños llamaban la “Plaza del moro Almanzor” (éste es también el nombre utilizado por Gregorio Aznar en su diario) y como dice Constancio Bernaldo de Quirós en su obra “Alpinismo”, el término de -Circo de Gredos- le parece un neologismo “inferior en expresión y sentido histórico al viejo nombre local de Plaza del Moro Almanzor”. Este diario de viaje lo forman tan sólo 16 páginas donde se resume de forma espléndida esta expedición, tocando todos los palos: desde la agricultura (formas y tipos de cultivo) en el inicio y final de la expedición, pasando por otros temas como política, geología, física, naturaleza, aventura, o remedios caseros para hacer frente a ciertas adversidades.


  ¿Por qué comentar este libro?, bien, no se trata de una casualidad su descubrimiento, la casualidad ha estado en cómo he podido acceder a él y a otros libros que me hubiera gustado tener y leer desde hacía años.

  Hace ya tiempo, cerca de 14 años, cuando me enviaron a trabajar durante unos meses a Talavera de la Reina, aprovechaba los fines de semana para hacer visitas por los alrededores, con mi vieja “guariana” , que es como apodaban los amiguetes a la vieja furgoneta que tenía, heredada de mi padre después que él quedara inválido y por tanto no pudiera utilizarla, y con la que tengo más de una aventura y anécdotas. Así, unas veces visitaba Toledo, otras la zona de la Vera, otras el Jerte y otras las zonas de la Sierra de Gredos y Béjar, y para éstas últimas, me compré una guía en la que en la documentación de algunas rutas a realizar por esa zona, hacía referencia y recogía citas de libros de grandes pioneros en el mundo de la aventura, de la montaña o de viajes. Así se hablaba en esa guía de este libro, y de otras joyitas como: “La España Inexplorada” de Abel Chapman y Walter S. Buck (puedes descargarlo aquí), o “La Biblia de España” de George Borrow.

"La Guriana", con unos compañeros de ruta, en el P.N. de la Sierra de las Nieves.

  El problema era encontrarlos, no eran precisamente 'best sellers' que estuvieran en los escaparates de cualquier librería, sólo hace falta, por ejemplo, ver de cuando es la expedición que da pie a este libro que quiero comentar, de hace más de 170 años, así que no era nada fácil poder encontrarlos. Cada vez que visitaba un feria del libro antiguo, sobre todo en Sevilla, buscaba y preguntaba por si en alguna ocasión pudiera sonar la flauta, pero no había manera.

  Cuando ya prácticamente me había olvidado de ellos, buscando documentación para el viaje de estas navidades por el “P.N de la Sierra de Francia, las Batuecas y las Hurdes altas”y queriendo encontrar también otro libro-joyita como era: “Las Hurdes. Estudio de Geografía Humana”, escrito por Maurice Legendre en 1927, fue cuando me encontré de rebote con algunos de los libros que he mencionado, y todo gracias al mundo de las nuevas tecnologías a la que por suerte se han abonado las bibliotecas (como la Biblioteca Nacional de España, al que pertenece este libro digitalizado) y muchas fundaciones.

  Volviendo a este diario, lo que más me gusta de él es sobre todo cómo Gregorio Aznar narra el momento en que tienen a la vista el Circo de Gredos (Plaza del moro Almanzor) y las montañas que lo rodean. La emoción con que narra lo que ven y el sentimiento que les embarga en ese momento me parece, sin querer rayar la pedantería, simplemente exquisito, aunque para ellos tengamos que transportarnos a aquella época, porque de lo contrario no lo entenderíamos. Tenemos que “teletransportarnos” a 178 años atrás, en un mundo sin 'globalización', el término tan de moda de un tiempo a esta parte, a un mundo sin internet y sin satélites con los que poder utilizar el “google earth o el google map” o el GPS, sin teléfonos móviles, sin televisión con la que ahora podemos ver esos espectaculares documentales de “Al filo de lo imposible” o de “National Geographic”, por ejemplo, y a los que algunos empiezan ya a estar tan acostumbrados, viéndolos desde su sillón, que ya prácticamente no les impacta nada de lo que ven; sin libros que recojan tropecientas fotos de todos los tipos y formatos sobre cualquier rincón del mundo, sin cartografía ni mapas específicos, sin material adecuado, sin referencias ni guías de ningún tipo, y sólo así quizás, tal vez, podamos entender, porque se maravillan y embriagan tanto con las vistas que contemplan, como cuando comenta:

  “... Al Sur de la meseta, y con aguas vertientes a Extremadura, veíamos masas de mole inmensurable peladas enteramente, de grano muy fino y color oscuro, que se levantaban en forma de pilones de azúcar o figurando de otros mil modos, y todas en su centro sostenían a una que descollaba en muchas varas sobre las demás, y se levantaba en forma de perfecta pirámide: nos asomamos por entre ellas aunque con algún peligro, y aquí fue donde por primera vez en nuestra vida formamos idea de lo verdaderamente sublime, llenándose nuestra alma de aquel pavor que siempre inspira lo maravilloso. Veíamos masas compactas y tales que sin su presencia la imaginación no podía concebir; la forma variada que habían recibido con las desmembraciones, y la prodigiosa profundidad al punto de sus arranques: sola la divinidad decíamos, con su incomprensible omnipotencia podía presentarnos espectáculo tan grandioso, ante el que se anonada la arrogancia del hombre átomo. Veíamos los puntos de arranque de los dos estribos, y en ellos la sabiduría del Eterno que los colocó precisamente donde las masas de la montaña estaban mas aglomeradas y como para contenerlas en sus asientos, evitando de este modo la gran catástrofe que amenazaba a la alta Extremadura; nos parecía al hacer estas observaciones que veíamos a la naturaleza presentar modelos a Vitrubio para perpetuar las obras colosales. Nuestra vista solo necesitaba atmósfera limpia para señorearse de cuasi toda Castilla la Nueva y parte de la provincia de Murcia.



  En fin, unos aventureros, unos pioneros que han ido abriendo camino, pero sobre todo porque son unos tipos normales y corrientes, como ellos mismos dicen: abogados, agricultores con tierras y hasta un capellán, pero con el espíritu de querer conocer, de querer saber, de ir más allá, de sentir, de ver, palpar y sobre todo de documentar y dar a conocer. Es precisamente de este tema, documentación y conocimientos de ciertas zonas, de lo que se queja el autor de esta obra, dejándole un 'recadito' a los poderes estatales, cuando dice:

  “...Con frecuencia se repite en el seno de los poderes, no tenemos Estadística (mejor se diría, carecemos de los conocimientos más útiles a la sociedad que gobernamos); expresión vergonzosa para una Nación esencialmente agricultora; cuando un sólo individuo medianamente instruido en ciencias naturales puede en una sola semana tomar cuantos apuntes se necesiten para formar la de diez leguas cuadradas en la mayor parte del reino, inspeccionando hasta el último pie de tierra para darle su valor y designar las producciones de que es susceptible sin omitir la parte industrial y comercial...”.

  No es el único comentario o 'palito' que deja en relación a los Estadistas, a los políticos, y así comenta sobre la inclusión de ciertos pueblos a una u otra provincia en función de si quedan a un lado u otro del río, dando más importancia a éste que a las montañas que separan una determinada zona, y así dice:

  “...mas nuestros Estadistas modernos, sin el menor conocimiento de sus localidades,... y para demostrarles su supina ignorancia, bastará decir que esta incorporación equivale a si hubiesen agregado a Segovia los pueblos de Cercedillla, Chozas, Manzanares, Miraflores y Bustarviejo, cuyas posiciones en la cordillera son en un todo conformes. Dar importancia en la división territorial a un río como el Tiétar y quitarla a montañas de orden primitivo es el colmo del delirio”.

  Ahí queda eso, lamentablemente el tiempo pasa y nuestros gobernantes, no sólo en nuestro país, sino en todos los sitios, hacen lo que les viene en gana de acuerdo a sus intereses, y sino basta con echar un vistazo al mapa de África, donde el trazado de los países prácticamente está hecho con regla y escuadra, sin la más mínima preocupación por la división territorial natural y humana (diferentes tribus y etnias), así que no es de extrañar que ahora toda África sea prácticamente un polvorín, con guerras civiles y matanzas entre diferentes tribus o etnias.... Lo siento Gregorio, pero creo que el 'recadito' que dejaste en tu libro no ha sido leído por los políticos de turno y si lo leyeron miraron para otro lado...

  Da la impresión de que en aquella época los políticos no gozaban de mucha admiración precisamente, al igual que ahora, y así vuelve a aludir a ellos cuando habla de la primera vez que vieron la laguna grande: “...pero deseando ver la laguna en la misma tarde, venimos algunas dificultades, y muy en breve se nos presentó a una profundidad espantosa ocupando el centro de la montaña, y también varios ventisqueros o masas enormes de nieve acumuladas desde el principio de los tiempos en sinuosidades cuasi inaccesibles. A la vista de objetos tan grandiosos no es extraño en el Geólogo y Naturalista al querer profundizarlos humille su frente contemplando el poderío del Eterno; no así el político que discurriendo frecuentemente sobre trivialidades todo lo encuentra fácil, todo hacedero sin recurrir a la causa de las causas”.



  Vuelven a hacer más referencias a la Laguna Grande de Gredos, a la hora de observarla, recorrerla, detallar el lugar donde se encuentra, la procedencia de sus aguas, y de su posible origen:

  “...Se necesita sobre hora y media para poderla rodear, no tanto por su extensión, cuanto por la escabrosidad de sus márgenes; su profundidad se ignora, pero debe ser extraordinaria mediante que ni la han llenado ni se dejan ver en sus orillas los grandes peñascos que con frecuencia deben desprenderse de las cumbres y faldas, según lo indican los rompimientos marcados en las grandes moles...

  Hablando sobre su emplazamiento, hace unas comparaciones quizás algo exageradas: “...está en el centro de una gran montaña [...] entre Poniente y Norte está el pico Dos Hermanos que arranca desde la misma margen, y en este punto es donde se ve su prodigiosa altura, toda sobre roca viva o sin lecho alguno que se interpongan (en sus nichos podrían figurar como adornos la Giralda de Sevilla y Torrenueva de Zaragoza)...

  Sobre el posible origen de la laguna comenta entre otras cosas: “...Se ignora el origen de esta laguna y pudo formarse en tiempos remotos por efecto de algún estremecimiento que pudo desplomar la bóveda que cubriera la gran caverna desapareciendo el centro de la montaña y transformándose en laguna...

  Sobre la procedencia de las aguas de la laguna dice: “Las aguas que sustentan esta laguna proceden de los ventisqueros que las emiten constantemente y se despeñan al modo que se ve en las cascadas, de varios manantiales en las faldas, que aunque pequeños son multiplicados, y de las nieves perpetuas del pico Dos Hermanos, que es la arroyada más abundante...

  En cuanto al referente al tema de la agricultura, y ya que tanto el que escribe el diario, como algunos de sus acompañantes, son agricultores, propietarios de tierras y “afectos a la ciencia de campo”, comenta su admiración en cuanto al sistema productivo en las tierras entre la montaña y el río Tiétar, dentro de la primera parte de la expedición, en la aproximación a la montaña:

  “En este tránsito, desde la margen del río hasta las dos terceras partes del punto en que nos hallábamos, nos causó la mayor admiración como propietarios y afectos a la ciencia del campo, observar el cultivo que daban los naturales a un terreno que en nada cede a los mas ásperos del Pirineo. […] la construcción de firmes parapetos para formar bancales en escalonado, y la variedad de vegetales que ocupaban estos declives, eran otros tantos objetos sorprendentes por su industriosa distribución. […] Esta bella distribución tan conforme con la localidad y las leyes de la naturaleza en una montaña elevada y pina, puede servir a nuestros escritores agrícolas […] y también podría servir de escuela práctica a los Ingleses para cultivar mejor y hacer más productivas sus tierras de Canterbury y condado de Oxford, cuyas colinas puede decirse que son verdaderos planos comparados con el terreno que describimos...

  Por contra, al término del viaje, cuando descienden al valle que está pasado el Puerto del Pico, hacia Mombeltrán, comenta que si bien es cierto que este valle es de los más amenos y productivos que pueden encontrarse, “si sus moradores hubiesen sabido hacer elección de las clases de vid adecuadas a su suelo, sus vinos competirían con los de más nombradía, siempre que los elaborasen con más pericia, porque están atrasados en su manipulación”.

  Siempre he admirado a la gente que viaja, que ansía conocer y descubrir, los que se toman cualquier viaje como una experiencia única, formando parte de lo que le rodea, absorbiendo cualquier tipo de conocimiento, experiencia, vivencias, estando en contacto con las gentes del lugar, con la naturaleza o con una ciudad. Siempre he diferenciado a dos tipos de viajeros, a estos que he comentado antes, y a los que simplemente viajan por viajar, aquellos que van un fin de semana a una ciudad europea y cuando regresan no paran de hablar y ya creen conocer de arriba a abajo, de este a oeste, no sólo la ciudad visitada, si no a todo el país, mientras otros en cambio, cuanto más tiempo están en una zona más se dan cuenta de que aún le falta mucho más para llegarlo a conocer, como bien se puede resumir en aquella frase de Sócrates: “sólo sé que no sé nada”.

  No creo que sea el único que tiene este punto de vista, y así leyendo a José Saramago, en su libro “Viaje a Portugal”, éste también hace alusión a esto cuando hace diferencia entre el 'viajero' y el 'turista' y así comenta: “El viajero no es turista, es viajero. Hay gran diferencia. Viajar es descubrir, el resto es simplemente encontrar”, y curiosamente, al hilo de esto, en este libro-diario que estoy comentando, Gregorio Aznar también comenta en relación a que son muchas las cosas: pueblos, paisajes, situaciones, sistemas de cultivo, etc... que “llaman la atención de viajero, y más debía llamar la del Español, que ignorando lo portentoso de su país nativo, se cree un sabio con sólo hablar de países remotos”.

  Hay algunas cosas curiosas en este corto diario, pero muy bien resumido y detallado a la vez, como por ejemplo cuando ponen en práctica remedios populares para auyentar los alacranes: “...eran las nueve de la noche cuando ocupados del mayor terror, resolvimos hacer alto en un ángulo entrante que presentaba descubierta una lastra que podía servirnos para pasar la noche: se hizo una gran lumbre, ya traídos por el calor y la luz sentimos muy pronto el canto de gran número de alacranes que nos rodeaban, y pudimos auyentar con el aroma de ajos machacados y frotados en la lastra; remedio que todo el país tiene por eficaz, y nosotros vimos confirmado”.

  Ahora que tan de moda está el “cambio climático”, podemos comprobar leyendo estas páginas, que realmente algo está pasando, que las temperaturas deben estar subiendo, puesto que hace 175 años, en pleno mes de agosto, ellos hablan de nieves perpetuas, cuando hoy en día, cualquiera que se acerque a esta zona en agosto, no será nieve precisamente lo que vea: “...el pico que más descollaba estaba cubierto de nieve desde su base hasta los dos tercios de altura; aquí están, dijimos, las nieves perpetuas que os describen los Geólogos en las más altas montañas...”.

Cómo puede observarse en esta foto, con la Laguna en el centro y algunos de los picos de Gredos, entre los que se encuentran el Almanzor (el más alto) y los Tres hermanitos (en el diario habla de los Dos Hermanitos), el tema de las nieves perpetuas hoy en día, al menos en época estival, parece una quimera, en comparación con hace 178 años.

  Tuvieron tiempo también para dar explicación a enigmas, misterios o cosas de embrujamientos para los lugareños, y así fue como por casualidad, como bien dicen, encontraron la respuestas a aquello de que “...los naturales [los lugareños], discurriendo a su modo, dicen que de tiempo en tiempo se oyen horrendos bramidos a distancia de seis y ocho leguas en si circunferencia...”. Y en el diario comentan: “Una casualidad nos descubrió el origen de tal creencia; y fue, que hallándonos en el margen de la laguna, y dos criados en la cresta de la montaña, estos hicieron rodar una gran peña, la que chocando con toras en el descenso, y agitando el ambiente con su velocidad, el ruido de los repetidos choques se reproducía de un modo a nosotros desconocido, y producido sin duda por las oscilaciones del viento encerrado en al montaña, formando el sonido como trueno pausado y oído a desiguales distancias [...] muy luego concebimos que la configuración de la montaña por las varias sinuosidades que contenía, podía producir el eco tautológico o multiplicado, y que el cóncavo en que nos hallábamos podía ser el centro fónico para oir las repeticiones...

  En algunas ocasiones se ven inmersos en ciertos hechos producto de la propia naturaleza, que los acaban desconcertando y a los que no son capaces de dar ninguna explicación lógica o física, al menos desde sus “conocimientos limitados” y en lugar de inventarse argumentos o hacer demagogia, reconocen su frustración por no saber dar una explicación a ciertos misterios de la naturaleza: “...nuestros débiles conocimientos no alcanzan estos secretos misteriosos de la sabia naturaleza, y queremos mas confesar nuestra insuficiencia, que inventar argumentos especiosos para explicar la teoría del fenómeno tan singular; y estamos firmemente persuadidos que el mismo Isaac Newton con sus atracciones y repulsiones, su materia eléctrica, fuego central y tubos capilares tampoco llenaría nuestros deseos...”.

  Para terminar estos comentarios sobre esta fascinante expedición, sobre todo teniendo en cuenta cuando se hizo, porque hoy en día lo que nos extraña no es de las 'maravillas' de las que hablan, sino que nos extraña que ellos se extrañen de eso... ¡si esta gente levantara la cabeza! y viera que sin salir de casa, con un clic de ratón ya se pudiera ver al detalle toda esta zona, que a ellos tanto trabajo les constó descubrir, seguro que no darían crédito a lo que vieran. Termino estos comentarios con otro ejemplo más de cómo cambian las cosas a lo largo del tiempo; he comentado antes lo del posible cambio a nivel meteorológico, lo del “cambio climático”, y ahora le toca el turno a los cambios sociales y económicos en los que se ve envuelta una determinada zona con el paso del tiempo, y así, cuando ya están terminando su expedición, y de regreso ya para casa, después de una larga jornada, escribe estas anotaciones: “A las diez de la noche llegamos al Hoyo de Espinoso, dos y media leguas al Este distante de la laguna; pueblo miserable en el centro de la montaña, que no nos ofreció mas que un pequeño pajar para pasar la noche...”. Hoy en día, tanto Hoyos del Espino, como los pueblos de los alrededores, pero sobre todo éste, porque es donde se inicia la carretera que hicieron para subir hasta a la plataforma, desde donde se pueden realizar distintas excursiones por la sierra (como la visita a la Laguna, que en épocas benignas en cuanto a climatología se refiere, su recorrido se ve convertido en una romería por la cantidad de gente que se ven), vive en gran parte del negocio turístico, tanto del de montaña como del cinegético, y así no hay ningún tipo de trato arisco como puede desprenderse de estas anotaciones del diario, y en su calle principal, que coincide con la carretera que atraviesa el pueblo, afloran los bares, restaurantes y hostales, y en sus cercanías hay un Parador Nacional ¡hay que ver como cambia el cuento con los años!...

Si a alguno le pica la curiosidad y quiere leer la documentación de esta expedición, puede hacerlo pinchando AQUÍ.

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