Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 18 de marzo de 2012

Castillo de Almorchón y alrededores desde la Sierra de Tiros

  Este fin de semana tenía previsto ir a Sevilla, así que no me apunté a ninguna de los dos actividades que tenía en mi 'agenda particular' para este Domingo; por un lado, la "II Marcha cicloturista por las Sierras Periféricas de la Serena" (zona de Cabeza del Buey, Peñalsordo y Capilla), y a la que ya asistí el año pasado en su primera edición, y por otro lado, desde Quintana salía la "Ruta senderista por CantalCuco".

  Al final no pude ir a Sevilla ya que tuve un pequeño problema con el coche y la pieza que necesitaba no la tendrían hasta el lunes, así que la mañana del sábado la aproveché para investigar una ruta por la Sierra de los Argallenes, que me pareció bonita y rica en todos los sentidos, aunque me queda enlazarla para hacer una ruta circular de 15 o 16 km; y para el domingo, como no me había apuntado a ninguna de las dos actividades que ya he comentado, me decidí por ir a la ruta senderista de Quintana, que salía a las 9 de la mañana y que era la que me cogía más cerca de casa.

  Llegué a Quintana muy justo de tiempo y entre aparcar e ir a la plaza desde donde se tenía prevista la salida, perdí algo más de cinco minutos, así que llego a donde supuestamente era la salida, a las 9:10 y me sorprende no ver a nadie, ni rastro de que hubiera habido algo por allí. No sé si es que han salido muy puntuales o es que lo han hecho desde otro sitio, en cualquier caso, tenía que poner en marcha el plan B.

  El plan B, aprovechando que ha terminado la temporada de caza, era subir al “Pingote”, en la Sierra de Tiros, e intentar hacer algunas fotos del Castillo de Almorchón y de sus alrededores, porque hace ahora justo un año, en la última ocasión que estuve por allí haciendo una ruta con los “Luna Serena” de Castuera, el día salió con una ligera niebla, que hacía que el castillo y todos sus alrededores se vieran difuminados, algo que no pasaba hoy, aunque bien es verdad que el tiempo estaba revuelto, las temperaturas habían bajado en esta semana, en el cielo había nubes, y soplaba el aire, aunque fue ya subiendo a la sierra cuando más se notaba su presencia, y en “El Pingote”, prácticamente debía agarrarme al vértice geodésico para no perder el equilibrio.

  La idea no era tanto hacer una ruta senderista, porque desde donde se deja el coche, hasta la subida al "Pingote" puede haber poco más de dos kilómetros (aunque hay que salvar en esa corta distancia los 400 metros de desnivel), sino disfrutar de este entorno casi virgen, escudriñar con los prismáticos los roquedales y este tupido bosque mediterráneo y sobre todo, hacer algunas fotos panorámicas del Castillo de Almorchón y de sus alrededores, vistos desde la subida a esta Sierra de Tiros, y al ir sólo, sin grupo, podía pararme en cualquier sitio el tiempo que quisiera...

  La subida comienza desde la carretera, desde donde ya tenemos una buena vista del cerro-roquedal donde se asientan las ruinas del Castillo de Almorchón, en mitad de una llanura.


  Nada más cruzar la carretera se sigue por un sendero entre olivares, casi en línea recta, directo a la sierra, y prácticamente a los cinco minutos, dejamos el sendero para coger un camino donde desaparecen los olivos y nos vemos envueltos entre encinas y jaras, antes de llegar unos metros más arriba, a un estrechamiento, o mejor, una especie de brecha en la sierra, una canal, una puerta abierta a una zona de bosque mediterráneo, en palabras de Justo Vila, en “El secreto es la luz”: “...en el bosque y matorral mediterráneo, un conjunto de singular belleza, donde flora y fauna han pervivido durante siglos gracias a la poca accesibilidad que ofrecen estos parajes”. Al fondo las paredes rocosas de la sierra al fondo, lugar inmejorable para que nidifiquen las aves, debido en gran parte a la tranquilidad que pueden tener aquí, al ser una zona poco accesible y donde pueden disfrutar de esta zona de bosque, entre sierras, y de nuevo haciendo uso de las palabras de Justo Vila: “...majestuosas, las formaciones cuarcíticas resaltan sobremanera en lo alto de la sierra. Arbustos como el enebro se instalan en cualquier grieta, águilas reales, búhos utilizan las oquedades y repisas de los riscos para construir sus nidos. Jaras, cantuesos, aulagas, brezos, jaguarzos, romero, madroñeras, coscojas y chaparreras pueblan las inmediaciones del roquedo, haciéndolo casi inaccesible. A medida que descendemos por la ladera, la vegetación se hace más y más frondosa”.

  En este estrechamiento, donde la parte derecha es más rocosa, con muchos entrantes y salientes, muchas grietas y cavidades donde se pueden observar nidos, y donde las rocas toman una amplia gama de tonalidades y colores: rojizos, ocres, grises, marrones, etc, se puede optar por seguir el camino en subida que cruza este bosque mediterráneo, cerrado, tupido, en dirección a las paredes rocosas del fondo, o bien, como es mi idea, girar a la derecha y subir por un cortafuegos en dirección al “Pingote” con una pendiente muy considerable, y es que hasta aquí, cuando apenas puedo llevar 800 metros recorridos, el camino transita en ligera subida, así que es a partir de ahora cuando hay que empezar a subir el desnivel que ya he comentado al principio, o lo que es lo mismo, la mayor parte del desnivel que hay que subir hay que hacerlo en apenas 1,2 km.

  Después de un buen tramo de pendiente pronunciada, se llega en perpendicular a otro cortafuegos, pero antes, se puede hacer alguna que otra parada en esta corta subida, recuperar el aliento y mirar hacia atrás para contemplar las vistas de esta zona boscosa, casi virgen.

  Cuando accedo a la otra pista, en lugar de girar a la izquierda y encaminarme en línea recta hacia lo más alto de esta Sierra de Tiros, donde está “El Pingote”, lo que hago es girar primero a la derecha buscando un par de sitios elevados desde donde se tienen muy buenas vistas del Castillo de Almorchón y de sus alrededores, y desde donde quería sacar algunas fotos y panorámicas, sobre todo hoy que no hay niebla, además de estar el cielo con nubes, porque de lo contrario, con el sol pegando y a esta hora avanzada de la mañana, las fotos podían salir algo “quemadas”.

  Llego a la primera elevación, y hago unas fotos, pero un poco más hacia delante, hay otra elevación, a menos altura, desde donde quizás se tengan mejores vistas, así que vuelvo al cortafuegos, que ahora es más bien un camino transitable, y sigo unos metros por él ahora en bajada, hasta que de nuevo me desvío a la derecha para acceder al otro punto que había visto antes, y entre jaras y canchales consigo llegar, y realmente merece la pena.


  Allí estuve sentado más de media hora, haciendo unas fotos, escudriñando los alrededores con los prismáticos o simplemente viendo el juego de luces y sombras que el sol en armonía con las nubes, proyectaban sobre el cerro rocoso donde se asientas los torreones y ruinas del Castillo de Almorchón.



  Después de esta parada, me vuelvo hacia atrás, y ya sin perder más tiempo, me dirijo en línea recta hacia "El Pingote", tan sólo alguna breve parada para darme algún que otro respiro y mirar atrás, para disfrutar de las bonitas vistas que se tienen.

 Vista parcial de la sierra de tiros, y parte de la subida por el cortafuegos hasta el vértice geodésico.

  Llego al final del cortafuegos, una buena trepada que me hace sudar, y eso que aquí arriba sopla mucho el aire frío y en cuanto me paro un momento comienzo a enfriarme de lo lindo.

  A partir de aquí ya es cuestión de subir campo a través, algo más de 100 metros, entre rocas, jarales y arboleda, sin camino ni senda fija, simplemente ir eligiendo la mejor forma para subir arriba, intentando salvar los obstáculos lo mejor posible para llegar hasta el vértice geodésico, donde los dos últimos metros hay que hacerlos trepando por las rocas, de nuevo hago uso de las palabras de Justo Vila en “La Serena: El secreto es la luz”: “...un mundo lleno de líquenes verdes, amarillos, grises y cobrizos visten las rocas con sus vivos colores”.

  Ya allí arriba, en esta ocasión sin niebla, las vistas son espectaculares, quizás las mejores vistas de La Serena, ¡el esfuerzo por llegar hasta aquí es ínfimo en comparación con el placer que supone estar aquí y disfrutar de todo el entorno que puede abarcar nuestra vista!, porque desde aquí podemos tomar conciencia, simplemente girando sobre nosotros mismos, en un giro de 360 grados, de la variedad del paisaje que forman esta comarca: la zona llana y esteparia, la zona de sierras, los valles, las zonas llanas aptas para el cultivo de cereal, las dehesas, etc...



  El único punto negativo es que al ser el sitio más alto, no hay nada que pueda protegerme del fuerte viento que sopla aquí arriba, a 970 metros, que además era gélido, y prueba de esto es que prácticamente tengo que estar agarrado al vértice geodésico con una mano, para guardar el equilibrio, mientras que con la otra voy haciendo fotos o grabando en vídeo. Las manos se me quedan completamente frías y la mandíbula engarrotada, casi sin poder articular palabras, aunque tampoco lo necesito ¡si estoy sólo, con quien voy a hablar!...

  A este punto, los lugareños de Helechal lo conocen popularmente como “El Pingote”, en alusión a una torre en espiral, de 4 metros de alto, que había allí hace 35 años, y que posteriormente fue destruida para colocar un vértice geodésico.

  Apenas estuve 20 minutos allí arriba, y muerto de frío, así que vuelvo sobre mis pasos para ir bajando e ir entrando en calor.

  Como ya es tarde, en lugar de seguir por el sendero o simulacro de sendero que sale a la derecha (bordeando las paredes rocosas de la sierra, y llegando hasta Helechal, pasando por algunos de los abrigos donde hay una buena representación de pinturas rupestres), desde la parte más alta del cortafuegos, y una vez que salvan todos los obstáculos que haya que salvar, para bajar estos 100 metros de campo a través, decido volver por el mismo camino por el que vine, ahora todo en bajada, haciendo uso de los frenos ABS y es que en esta bajada pronunciada del cortafuegos, las rodillas sufren bastante.

  Después de alguna que otra parada, con prismáticos en mano, llego al coche a las dos de la tarde, buena hora y de aquí directo a casa, con la satisfacción de haber disfrutado de estas fabulosas vistas y con la espinita clavada de no haber hecho el recorrido completo del año pasado, pero en esta ocasión he salido más tarde y me he entretenido más con el tema de las fotos o mirando con los prismáticos.

  Para ver algunas fotos y panorámicas de esta ruta, podéis pinchar AQUÍ.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho leer tu entrada, gracias por compartir la experiencia. Las fotos son muy necesarias (y espectaculares) para dar a conocer nuestra tierra. Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado mucho tu entrada y me ha sorprendido muy gratamente tus citas hacia Justo Vila, gran escritor e hijo de Helechal. Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro que te haya gustado, y como bien dices, creo que nada mejor que las palabras de Justo Vila, por escritor y por conocedor de la zona, para ilustrar esta sencilla entrada... Un saludo.

      Eliminar