Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 5 de febrero de 2012

Senderismo: Sierra de Hornachos y el Carrascal

  Este domingo tocaba ir de ruta por la Sierra de Hornachos con los ASTOLL, una zona a la que le tenía ya ganas y en la que las veces que he intentado ir por allí en solitario siempre ha surgido algo que me lo ha impedido, así que hoy por fin iba a tener mi primer encuentro con esta sierra.

  Por suerte Hornachos está a unos 56 kilómetros de casa, así que hoy no tendré que desplazarme a Llerena y ya quedé la noche anterior con Rafa en vernos en Hornachos, en uno de los bares junto al pilón. Así que no tendría que madrugar mucho, aún así, cuando sonó el despertador a las 7 de la mañana me sentó como un tiro, estaba bastante cansado porque el día anterior cogí la bici de carretera, y las frías temperaturas de estos días y el puñetero aire gélido, acabaron pegándome una buena palizada, así que esta mañana de buena gana me hubiera estado en la cama, y eso que soy de los de madrugar. De cualquier modo, hoy había que levantarse, tenía ganas de conocer esta zona.

  Cuando saqué el coche de la cochera, éste marcaba 1,5 grados bajo cero, a las ocho de la mañana y ni un vivo por las calles, pero lo más sorprendente fue cuando conducía entre el tramo de la bajada de la “cuesta de los americanos”, pasada Higuera de la Serena, y el “cementerio de los italianos” en Campillo, en este tramo de escasos 20 kilómetros, el termómetro del coche comenzó a bajar, hasta llegar alcanzar como temperatura mínima siete grados bajo cero, creía que se había vuelto loco, pero por suerte, al llegar a Hornachos, la temperatura se recuperó y ya marcaba los cero grados, o sea, lo ideal, o como dirían los leperos, ni frío ni caló... y esperando a que se recuperaran más con forme avanzaba el día, pues para hoy se pronosticaba un día soleado y una recuperación de las temperaturas.

  Aparco junto al pilón, y en la puerta de uno de los bares espero que llegue el personal, y por suerte no tengo que esperar mucho, apenas cinco minutos, porque enseguida veo a los ASTOLL que vienen en varios coches, tal y como está marcada esta ruta. Al final creo que nos juntamos 18 personas.

  Desayunamos en el bar y en coche hacia la parte alta del pueblo, hasta un pequeña plaza donde está la casa de la cultura, allí aparcamos los coches y comenzamos la ruta, en ligero ascenso, dejando el castillo a la derecha, encaramado en una buena peña, y al fondo a la izquierda, la Sierra de la Sillá.


  Llegamos a la Fuente de los Moros, construida sobre un manantial de aguas que proceden de la Sierra la Sillá, y junto a esta fuente, un lavadero bien restaurado. Ambos están junto al camino, a la izquierda y a la derecha el cerro donde se encuentran las antenas.


  Seguimos el camino recto, no hay pérdida, pero ahora empieza a empinarse un poco más y para algunos ya empieza a sobrar ropa.

  El camino va encajonado en el valle, entre la Sierra de la Sillá a la izquierda y la Sierra de Carrascal a la derecha.

  Yo voy atrás hablando con Javier, hasta que nos encontramos al grupo parado esperando a que lleguemos todos, porque a partir de aquí el sendero se bifurca, por un lado sigue recto, hacia delante, remontado el curso del valle, entre piedras, quizás con peor huella pero al final como se pudo comprobar se avanza más rápido y es el camino correcto, y por otro lado, un sendero a la izquierda que se empina rápidamente hasta llegar a poco menos de media altura de la Sierra de la Sillá, para después ir por la falda de ésta, el problema es que esta senda (por la que antes también se podía llegar) se ha acabado por cerrar entre jaras y matorral, con lo que al final el grupo, excepto el amigo Ángel que decidió seguir por la senda de piedras valle arriba, tuvieron que bajar hasta el camino que llevaba éste, y en la zona que lo hicieron fue atravesando campo a través, entre altas jaras que causaron algún que otro arañazo en las caras de unos y algunas que otra rotura de pantalones en otros.

  Por otra parte, Javier y yo no hicimos ni una cosa ni otra. Al principio tomamos la vereda por la que siguió el grupo, pero después la abandonamos para subir hacia arriba, a la Sierra de la Sillá, porque Javier me quería enseñar los abrigos con las pinturas rupestres, y de paso, ya que estábamos arriba, continuar la ruta por la cresta de la Sierra de la Sillá, enlazando con el grupo en la casa-cortijo, y fue un acierto total, por las vistas estupendas que se disfrutan desde allí arriba; de un lado las enormes extensiones llanas de la campiña sur y de la tierra de barros, divisándose claramente localidades como Puebla del Prior, Ribera del Fresno, Villafranca de la Barros o Almendralejo, y más al fondo, hacia el horizonte, cuando acaban los llanos y se levantan de nuevo las sierras, se puede entrever algo difuminado, Feria y su torreón; del otro lado, el valle por el que sube el sendero por el que primero ha ido Ángel y después el resto del grupo que se vio obligado a bajar hasta él, y las Sierras de Carrascal, el Peñón Marín o la Sierra Grande de Hornachos.

Dos de los abrigos con pintura rupestres en la Sierra de la Sillá. El que aparece en la zona más baja se corresponde con las dos fotos siguientes:




Pinturas rupestres

  Mientras Javier y yo vamos avanzando por la cresta de la Sierra de la Sillá, por una senda de cabras y acercándonos cada vez más a las cercanías de la casa-cortijo, vamos viendo a Ángel en ésta, porque no ha querido subir con el resto de personal hasta el mirador del Peñón Marín y a los que también divisamos subiendo claramente por el sendero, como pequeñas hormiguitas... En los alrededores de la casa-cortijo vemos corrales circulares de piedra que supongo se utilizarían en otra época para encerrar el ganado, de ahí que a esta zona se la conozca como “Los Corraletes”.

Arriba, por la cresta de la Sierra de la Sillá, y abajo, las típicas campanillas (Narcissus Cantabricus) que crecen en el suelo de esta sierra.

  Cuando llegamos a la perpendicular con la casa-cortijo, llega la hora de bajar hasta a él, el problema es que entre ésta y nosotros nos separa una franja tupida y espesa de jara alta sin camino a seguir, con lo que perdemos bastante tiempo, más de 20 minutos para salvar apenas 300 metros, para atravesar esta maraña de jaras.

  Ya en la casa-cortijo, con Ángel, vemos que lo mejor hubiera sido seguir hacia delante por la cresta, perdiendo altura y pasando la perpendicular con la casa, para después coger un hilero de piedras, y de esta forma, tan sólo tendríamos que cruzar un tramo de 50 metros de jaras, más fácil de pasar porque es esta zona ésta más baja y hay más visión para orientarse.

  Para matar el tiempo mientras esperábamos que bajara el resto del grupo del mirador del Peñón Marín, subimos a un peñasco que había por allí cerca, para ver las vistas al otro lado de la sierra.

  Volvemos a la casa con los primeros del grupo que van bajando, esperamos a que bajen todos, y mientras el personal toma un tentempié, vemos subir por el valle más gente haciendo senderismo: primero un pareja que nos preguntan por donde subir al Peñón, y después un grupo de Malpartida de Plasencia o de Cáceres, no recuerdo, que también quieren subir al Peñón y a los que también se les comenta por donde sigue la ruta después, para no bajar por el mismo sitio, porque esa ruta también les lleva al castillo, al que tenían ganas de ver.

  Terminado el descanso, nos ponemos en marcha de nuevo, subiendo suavemente por la falda de la sierra hasta llegar a un pequeño collado entre dos picos, para seguir después por la parte trasera de uno de ellos, del más alto, por un sendero bonito, entre sombras, arboleda y matorral, aunque como no cuiden esto un poco, la senda va a acabar por cerrarse.

Vistas desde el sendero que sube de la casa-cortijo al collado que hay entre los dos picos...

  Por la parte trasera, el sendero primero baja un poco para después subir y seguir por la cresta de la sierra (la senda moruna),viendo a nuestra izquierda la "cueva de las treinta yuntas", aunque según me comenta Javier, una vez se acercaron allí pero nada del otro mundo. A nuestra derecha y hacia abajo, se ve claramente el sendero por el que subió el grupo valle arriba hasta la casa-cortijo, y también todo el recorrido que hemos hecho Javier y yo por la cresta de la Sierra de la Sillá. Muy buenas vistas.

En rojo el itinerario que siguieron primero Ángel en solitario, y después, el resto del grupo, que al principio siguieron el sendero marcado en amarillo y más tarde se vieron obligados a bajar porque estaba cerrado dicho sendero. En azul, el itinerario que seguimos Javier y yo.

  Llegamos a una bifurcación, el camino o itinerario normal sigue recto, y ya en bajada, dejando a la derecha el Salto de la Moza, así que por aquí en cuestión de 20 minutos se llega al pueblo, o algo más de tiempo si primero se quiere subir al castillo.

  Algunos tiraron por aquí, pero el resto del grupo para ampliar la ruta, giramos a la izquierda, para en ligera subida, bordear el cerro que teníamos a nuestra izquierda en la bifurcación del camino. Creo que este cerro es el Peñón de la Campana, pero no estoy seguro.

  Una vez que llegamos a la parte trasera, el camino se transforma en sendero de bajada, no en muy buen estado en algún tramo por culpa del reguero o surco en la parte central horadado por el agua. Esta sendero entretenido y cuesta abajo, nos acaba llevando hasta un camino más amplio en buen estado, que tomamos a la derecha, con perfil llano, por el que vamos andando con la sierra a nuestra derecha y la campiña, los llanos, a nuestra izquierda.

  No llevábamos mucho tiempo andando, cuando a la derecha parece que surge un camino, pero está alambrado y no hay cancela de entrada. Javier duda de si es o no el que hay que coger para retomar de nuevo la subida al cerro que queremos bordear, así que se salta la alambrada y yo le sigo, mientras los demás esperan.

  El camino parece que esta cerrado un poco más adelante, pero ve otra senda a la izquierda y me comenta que él va a seguir por allí para ver si da con el camino que busca, y que yo me vaya hacia atrás, hacia el camino donde está el resto del grupo, para que sigamos hacia delante hasta que veamos alguna puerta o cancela de entrada a nuestra derecha.

  Me vuelvo hacia atrás, pero veo que el grupo ya está dividido, me encuentro con “un golpe de estado”, algunos piensan que vamos a acabar perdidos o haciendo un porrón de kilómetros y se dan la vuelta por donde hemos venido, o sea, subiendo el sendero hacia arriba y volviendo a la bifurcación donde acabamos desviándonos del camino original para hacer este recorrido más amplio. La otra parte del grupo seguimos hacia delante, pero no encontramos ninguna cancela o puerta, todo está alambrado a nuestra derecha.

  Llegamos hasta donde el camino hace un giro a la izquierda, de 90 grados, para seguir en bajada, siempre paralelo a la alambrada que tenemos a la derecha y llegando a una cancela donde el camino se bifurca en dos, uno que gira hacia abajo y otro que sigue recto bordeando toda la sierra y por éste es principio se podría ir, pero esto implicaría un rodeo y de los grandes.

  Cuando estamos algunos ya en el otro lado de la cancela, aparece Javier en la zona donde el camino hace el giro de 90 grados, diciéndonos que nos volvamos hacia atrás que ha descubierto por donde va el camino, pero esto implica que tengamos que saltar la alambrada.

  Podría pensar que este camino es privado, pero lo que no entiendo es como está alambrado por esta zona y sin embargo, por la zona que va a dar al camino-sendero original, a la zona de conocida como los “Escalones”, no hay ni una puñetera alambrada, e incluso marcas con flechas amarillas que señalan el sendero que estuvimos haciendo pero en sentido contrario. Supongo que es el típico caso de “poner siempre puertas al campo”, o de alambrar-vallar caminos públicos...

  Una vez que hemos saltado todos la alambrada, toca ahora subir hasta el collado que separa dos picos, al principio por un camino estrecho, algo empedrado, pero por el que se puede andar bien, pero a mitad de subida el camino se empina más y se hace más estrecho, una senda en la que en algunos tramos hay que ir apartando la jara o el matorral o ramas de árboles con las manos. En este tramo algunos comienzan a sentirse algo cansados, así que se ralentiza el ritmo.

  Javier se queda atrás con los últimos que saltaron la alambrada y yo estoy delante, siguiendo a Práxedes que ha puesto un buen ritmo, hasta el punto que en un momento dado cuando miro atrás no veo a nadie, aunque podemos escucharlos.

  El sendero sigue ascendiendo sin más bifurcaciones y más cerrado cuanto más se sube, hasta que poco antes de llegar a la cima del collado que queda a nuestra derecha, hay una bifurcación, dudamos si a la izquierda o a la derecha, y como el personal no acaba de llegar, optamos por probar girando a la derecha para llegar al collado.

  Una vez alcanzada la parte alta, ahora es cuestión de llanear un tramo por camino entre los dos picos, para después empezar la bajada, en la que ya tenemos claras referencias, puesto que primero comenzamos a ver las antenas de la sierra, después el castillo sobre el cerro, algo más a nuestra izquierda, y más tarde podemos ver también el sendero del trazado original, que baja encajonado entre dos cerros, la “senda moruna” que acaba en los “escalones”. Éste fue el camino que siguieron primero Ángel y después el resto del grupo que acabó dándose la vuelta.

  A nuestra derecha está el cerro que hemos ido bordeando. Al final acabamos saliendo cerca de la “zona de los escalones”, pero se ha añadido un recorrido extra que ha resultado entretenido y bonito, al menos para mí, y la única pega ha estado en la incertidumbre del camino a seguir que ha hecho que algunos se dieran la vuelta. El único problema de esta alternativa es que está alambrada la zona del camino de subida y hay que saltarla.

  Ahora toca bajar por camino ancho y empedrado construido en escalones, desde donde se tienen muy buenas vistas de las ruinas del castillo, con el pueblo en la parte baja.

El castillo (marcado por la flecha roja) y el pueblo de Hornachos en la parte baja, a la izquierda.

Fortaleza árabe de Hornachos, vista con más zoom pero desde el mismo sitio que la foto anterior.

  La "zona de los escalones" acaba desembocando en una senda estrecha y empedrada al principio, pero después desaparecen y prácticamente es una vereda de tierra que desde arriba se puede ver como baja hasta el pueblo como si fuera una cicatriz marrón abierta en la piel de la tierra, con un claro contraste en época húmedas, entre el marrón de la vereda y el verde de los alrededores.

  Cuando llegamos a la altura donde sale otra vereda a la derecha, muy estrecha y casi difuminada, que se empina endiabladamente hacia el castillo, le comento al compañero que yo iba a subir, que como los demás venían un poco retrasados me podía dar tiempo, así que él también se apuntó, y cuando estábamos arriba ya vimos al resto del grupo que iba bajando.

Las murallas y torreones de las arruinado castillo de Hornachos.

  El castillo, o mejor las ruinas del castillo, como casi siempre, me impactan más desde fuera, viéndolas como un todo, en la que uno puede tener una idea de lo que pudo haber sido esta magnifica fortaleza árabe, que desde dentro de ella, donde uno se fija más en partes, en detalles, en las ruinas, pero al estar tan cerca y desde dentro, no se tiene la visión global, decepciona vista desde el interior mientras que desde fuera y en la distancia, impacta, aunque sólo sea por el entorno y la altura a la que se encuentra con respecto al pueblo.

  Desde el castillo, en lugar de volver al camino de bajada por el que ha pasado el grupo, optamos por seguir otra senda que parece que sale del castillo y va hacia la zona del pueblo donde hemos dejado los coches, evitando cruzar el pueblo.

  La senda no está muy marcada pero se ve la hierba pisoteada, así que nos limitamos a seguirla, bajando de forma pronunciada en la primera parte, para después seguir bajando de forma más suave.

En el tramo de inflexión, veo el primer almendro totalmente florido de esta temporada, porque hasta ahora los había empezado a ver, de camino al trabajo, con flores en algunas ramas, pero no cubiertos por completo con esta bonita flor blanca. Son preciosos los almendros en flor, me recuerdan a la flor del cerezo.

  Terminamos la bajada y llegamos justamente a donde tenemos aparcados los coches, donde está el bar en el que habíamos quedado al principio de la ruta por si el personal iba llegando escalonadamente. Allí ya estaban casi todos, tanto los que se habían dado la vuelta como el resto del grupo y que al final no acabaron subiendo al castillo.

  Con unas cervezas y un poco de surtido ibérico, acaba esta ruta que me ha gustado mucho y que ha sido muy completa y por suerte la tengo cerquita de casa, así habrá que venir más de una vez por aquí, sobre todo en primavera, porque ésta es además una zona ZEPA, o sea, zona de especial protección de aves, y no me extraña, con la cantidad de sierra y peñascos que hay por aquí.

  Queda la asignatura pendiente de crestear por toda la Sierra de la Sillá y llegar a la casa-cortijo sin tener que pasar una barrera casi infranqueable de jaras altas, y también la de subir al Peñón Marín, al que subió prácticamente todo el grupo menos Javier y yo.

Os dejo un pequeño vídeo de esta ruta, aunque realizada en otras fechas...



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