Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

viernes, 13 de enero de 2012

Cicloturismo por Navidad (III)

RUTA CICLOTURISTA POR LA SIERRA DE FRANCIA, LAS BATUECAS Y LAS HURDES.
TERCERA ETAPA: La Alberca – Caminomorisco.
Distancia: 81,1 km - Tiempo en bici: 4:44:00 - Media: 17,13 km/h.
Miércoles, 4 de Enero del 2012.

[Para ver una selección de las fotos de toda la ruta, pincha AQUÍ]
[Se puede ver la documentación de la ruta en la pestaña: Guía de Viajes Cicloturistas]

  Al rededor de las 9 bajamos a desayunar, después subimos a por las alforjas, las bajamos junto a las bicis, las montamos, rellenamos los botes con el agua de la fuente que está al lado, al igual que ayer, y sobre las diez y cuarto nos ponemos en marcha, en una mañana fría, envuelta en niebla, con algo de humedad.

  El tramo desde que salimos de la calle principal y tomamos la carretera de subida al Portillo, hasta que dejamos atrás las últimas casas de esta localidad, corresponde al mayor porcentaje de la subida, son los 600 u 800 metros de más pendiente, después se suaviza hasta llegar a la cima del Portillo de las Batuecas, con un total de unos tres kilómetros aproximadamente. La subida la hacemos cómoda y tranquilamente, aunque empezar el día subiendo, y con la niebla y el frío de la primera hora de la mañana no es lo mejor precisamente para empezar.

  En la cima del Portillo hacemos algunas fotos y después directos a la bajada para no quedarnos fríos arriba, aunque al igual que ayer, yo me quedo el último, tirando de frenos, disfrutando de la bajada, porque en esta otra vertiente la nieblina va desapareciendo y se tiene una amplia visión de las Batuecas.




  En alguna de las nueve curvas de herradura del puerto, me encuentro con Ángel que ha parado para sacar unas fotos, y de paso aprovechamos para hacernos una foto los dos juntos.


  Seguimos el descenso, el sigue directo hacia bajo y yo vuelvo a parar en otra curva para hacer alguna que otra foto.

  En la última curva, donde está el acceso por tierra al Monasterio, y donde realmente comienza la subida del puerto que nosotros estamos en esta ocasión bajando, es donde hacemos el reagrupamiento. Alejandro aprovecha la parada para solventar un problema con los frenos.

  Desde aquí unos cinco o seis kilómetros en suave descenso, pasando de nuevo junto a los robles y tejos típicos de esta zona, regados con las agua del río Batuecas, porque desde el inicio de la bajada, los robledales de la Sierra de Francia, dando paso a los pinares en esta otra vertiente de las Batuecas, al igual que en Las Hurdes. Es justo al pasar uno de los puentes sobre el río Batuecas, donde hago una nueva parada, al igual que Ángel, porque creo que aquí está una foto que he visto en algún sitio y que me gustó bastante, aunque no logro captar la escena como a mi me gustaría, y después de hacer varias fotos lo doy por imposible, y es que estoy teniendo algún problema con la cámara que de momento no sé como solventarlo... ¡tendré que leer las instrucciones!...


  Ahora seguimos Ángel y yo juntos, los otros han tirado hacia delante. Hemos quedado en el primer bar que hay a la entrada de Las Mestas, a la izquierda, junto a la iglesia. En esta ocasión no vamos a ir visitar el bar del tío Cirilo, el del 'ciripolen'.

  Este pequeño tramo de dos o tres kilómetros es el que me gusta más, porque el valle se estrecha, hay un punto, de nuevo al pasar otro puente, donde las paredes paredes rocosas y verticales del valle parecen tocarse, al tiempo que ganan altura, mientras la carretera baja paralela al río que nos queda ahora a la derecha. Toda esta zona, desde el desvío al Monasterio hasta Las Mestas, está en completa umbría.



  Llegamos a Las Mestas, y vemos las bicis de Edu y Alejandro apoyadas en la pared de este bar, así que desmontamos y nos metemos dentro para tomar un café.

  Dentro del bar se estaba de lujo, y más en la mesa donde nos colocamos, porque el sol entraba por unos amplios ventanales y nos calentaba, así que no es de extrañar que tuviéramos un poco de pereza a la hora de salir de allí y volver a montar sobre nuestras burras, si bien es cierto que a esta hora ya no hace tanto frío, y hasta Riomalo de Arriba nos queda un buen tramo por el valle del río Ladrillar, de más de 15 km, por la zona de la solana, con lo que vamos a tener tiempo se desentumirnos después de la bajada del Portillo de las Batuecas, sobre todo porque todo este tramo de recorrido es en ligera subida, con algunos repechos más fuertes, como el que comienza justo en el pueblo de Ladrillar.

  Este recorrido ya es conocido por mi, de una ruta que hice en solitario, también por estas fechas y en medio de una auténtica hola de frío, hace ya nueve o diez años... ¡uf!, ¡cómo pasa el tiempo!. Hoy realizaré el mismo recorrido, sin tanto frío y pedaleando por la zona de la solana que es de agradecer, y más en esta época del año, aunque en época estival tampoco se estará nada mal, porque hay muchos árboles que proyectan su sombra sobre la carretera, además de varias fuentes durante el trayecto, así como algunas alquerías en las que siempre se puede aprovisionar uno de agua.

  Pedaleamos por una de las vertientes del valle quedando siempre a nuestra izquierda y mucho más abajo, el río Ladrillar, que es quien forma este valle, cubierto completamente de pinos, un enorme y tupido bosque de pinos, y es que en Las Hurdes, a diferencia de lo que ocurre en la Sierra de Francia en donde lo que predominan son los bosques de robledales, aquí son las enormes masas de pinos lo que predomina por completo, al menos desde la década de los 40, en la que Franco mandó repoblar toda esta zona con este tipo de árbol.

  El día está de lujo para la práctica del cicloturismo, aunque Alejandro que se encuentra bien, y el amigo Edu, que no lleva equipaje y que parece que está bastante recuperado de su pie, porque hasta ahora no se ha quejado, van más bien rápidos, al menos para mi gusto, porque prefiero ir más tranquilo, más relajado e ir disfrutando de esto.

  Pedaleamos agrupados por esta carretera sin apenas tránsito de coches. Pasamos por Cabezo, una de las cuatro alquerías que componen Ladrillar: Las Mestas, Cabezo, Ladrillar y Riomalo de Arriba. En plena travesía por Ladrillar, la carretea se empina más, un fuerte repecho, donde Alejandro y Edu se acaban marchando, y yo aprovecho a la salida del pueblo para hacer una parada y quitarme ropa de abrigo, al tiempo en que también me acaba pasando Ángel y al que posteriormente vería parado en un mirador haciendo algunas fotos, y donde por supuesto, también pararía yo.

En la ladera izquierda de la sierra, Ladrillar; en la ladera opuesta, el cultivo en bancales, donde aparecen algunos olivos; y entre las dos laderas, justo en medio, se abre paso el río Ladrillar.

  Desde aquí ya fuimos los dos juntos haciendo los cinco kilómetros que nos separan de Riomalo de Arriba, de forma más tranquila y relajada, sin presión, haciendo otra parada junto a una fuente para rellenar los botes de agua ante la subida que nos esperaría después de dejar Riomalo.

  Continuamos con una bajada agradecida en la que perdemos altura rápidamente, llegando a Riomalo en un visto y no visto pedaleando a ras del río, lo que da idea de lo que hemos bajado. A la entrada de esta alquería fantasma, prácticamente abandonada, porque tan sólo había censadas 16 personas en el 2008, ahora habrá menos aún, hacemos una parada, para comer algo y de paso volver a dar un paseo por las callejuelas estrechas y empinadas de esta alquería, de casas de piedra, puertas de madera, eso en el caso de que las tengan, y tejados de lascas de pizarra. Quizás el lugar donde más y mejor representación hay de la arquitectura hurdana, pero por desgracia la mayor parte de esta alquería se encuentra en un estado ruinoso, lamentable, abandonada a su suerte, donde tan sólo un puñado de abuelos se resisten a irse de aquí.

  Pongo aquí unas fotos en blanco y negro de algunas de sus casas y calles. Estas mismas fotos está en color en el álbum de la ruta cuyo enlace está al inicio de este artículo.




  Durante mi recorrido tan sólo veo de lejos a una abuela subiendo una cuesta, pausadamente, sin prisas, encorvada ligeramente hacia delante y ayudándose de su bastón... ¡que le pregunten a esta abuela por el estrés!... ¿eso qué es lo qué es?, dirá ella, que ya ha vivido, trabajado y sufrido todo lo que le tocaba, y ahora supongo que sólo espera ver pasar los días lo mejor posible, porque cuando esta abuela y el puñado de ancianos que viven aquí dejen de estar entre nosotros, será el fin irremediable de esta alquería, situada en lo profundo del valle, entre sol y sombra, junto al río Ladrillar (antes llamado río Malo, de donde toma el nombre la alquería) y pasará a formar parte de la lista de alquerías y pueblos abandonados en Las Hurdes.



  Después de este descanso para comer y sacar unas fotos, retomamos nuestro camino, cruzando por última vez el río Ladrillar por un puente a la salida de la alquería y enfilando la subida de 5,5 km hasta el Alto de Cuatro Caminos. La mayor parte de esta subida es por tramos de umbría, y me acuerdo que cuando estuve por aquí la última vez, la carretera estaba completamente blanca, helada, y la rueda llegaba a patinar.

  A pesar del frío de la umbría, aquí sobra toda la ropa de abrigo. Los tres primeros kilómetros son muy duros, con rampas del 12 y el 13%, subiendo más de 250 metros de desnivel, después y por suerte, el perfil se suaviza y en prácticamente dos kilómetros y medio hasta la cima se subirán unos 150 metros. En total pasamos de los 730 metros de altitud de Riomalo de Arriba, a los 1.128 metros del Alto de Cuatro Caminos.

  En los primeros metros de la subida, ya se empiezan a distanciar Alejandro y Edu, hasta que acabamos por perderlos de vista. Ángel y yo vamos subiendo como podemos, y es que estos tres kilómetros son los más duros de toda la ruta, fuertes pendientes que no dan un respiro. En el tramo más suave, me recupero del esfuerzo y ya puedo avanzar más suelto, aunque Ángel paga un poco el esfuerzo del tramo duro, y al final acabo también por perderlo de vista.

  Arriba ya está grabando la llegada Alejandro y después del reagrupamiento, los cuatro subimos al mirador en la parte más alta, desde donde se tienen unas visas espectaculares, por un lado la bajada que nos espera, por una carretera en fuerte descenso hasta Nuñomoral, serpenteando entre un rosario de alquerías, y más al fondo, las sierras abruptas, desarboladas, volcánicas, con aristas muy marcadas; en la otra vertiente, el valle del Ladrillar, con Riomalo que queda en las profundidades; de frente y al fondo, hacia el este, las cimas nevadas de las Sierras de Béjar y Candelario.

El espectacular y tortuoso descenso que nos esperaba hasta Nuñomoral, pasando por un rosario de alquerías, de las que en esta foto tomada desde el mirador del Alto de los Cuatro Caminos, sólo se ven: Robledo y Carabusino.

Desde al Alto de Cuatro Caminos, mirando hacia al este. Al fondo, medio difuminadas, las Sierras de Béjar y Candelario, con sus cimas cubiertas de nieve. En la parte izquierda, el valle del río Ladrillar.

El Valle del río Ladrillar, con la alquería de Riomalo de Arriba encajonada en él. Foto tomada desde el Alto de Cuatro Caminos.

  En este alto es de donde sale la pista que baja a Nuñomoral en un recorrido de 7 u 8 kilómetros entre pinares y que es la que cogí yo en la otra ocasión que estuve por aquí en solitario. Ahora en cambio, bajaríamos a Nuñomoral por carretera, recorriendo muchas de sus alquerías, por una carretera en fuerte descenso, que en su primer tramo tiene un firme algo descarnado, sobre todo hasta llegar a la primera alquería, Robledo, después mejora pero el fuerte descenso sigue entre curvas y más curvas de herradura, donde los compañeros se adelantan mientras yo voy tirando de frenos.

  Pasamos por las alquerías de Robledo, Carabusino, Casar de las Hurdes, las Heras y Asegur, antes de llegar a Nuñomoral, en carretera en fuerte descenso hasta Asegur, y a partir de aquí, el descenso en más suave, con un par de repechos cortos que hacen que las piernas comiencen a resentirse.

  Al pasar por Asegur paro para hacer una foto del núcleo de casas más viejo, más antiguo de esta alquería, donde se muestra la arquitectura hurdana, si bien es cierto que estas casas están abandonadas o como mucho se utiliza para encerrar ganado.


  Sigo hacia delante, ahora en solitario, hasta llegar a Nuñomoral donde me esperan los tres mosqueteros. No paramos más, seguimos desde aquí llaneando o en suave descenso. Ya hemos perdido mucha altura y estamos pedaleando junto al río, a nuestra derecha.

  Pasamos por Rubiaco y un poco más tarde, por fin llegamos a Vegas de Coria, que era nuestro objetivo para llegar a una hora prudencial y poder comer algo ligero y rápido, antes de afrontar el último tramo de 13,5 km hasta Caminomorisco, un tramo duro, rompe-piernas, y más después de llevar más de 60 km recorridos, en una etapa de largas subidas y bajadas.

    Paramos a comer en el hostal “Los Ángeles”, el mismo donde dos días antes habíamos estado desayunando en nuestra primera etapa. No nos comemos mucho la cabeza: cervezas, una fuente grande de ensalada mixta para los cuatro, y huevos con patatas fritas, aunque yo le añado también chorizo frito, y de postre un café.

  Es buena hora, pero después del parón y con dos palos tiesos en lugar de piernas, el tramo de sube y baja que nos espera creo que se me va a hacer duro. Al igual que ayer, después de comer comenzamos con una subida, en esta ocasión de casi cuatro kilómetros, después bajadas y subidas.

  En la primera subida ya Edu y Alejandro ponen tierra de por medio. Yo llevo las piernas que no las siento, así que me lo tomo con 'calma chicha', plato chico y ¡a sufrir las hemorroides en silencio1, o no tanto, porque este año me acompaña Ángel como compañero de fatigas.

  Terminada esta primera subida, toca un respiro para después seguir con más de lo mismo, más subir y bajar, hasta llegar a la alquería de Cambrocino, donde de nuevo la carretera se empina en otra buena subida, justo al dejar las últimas casas, y es en el tramo final, hasta llegar a la ermita, que en esta ocasión nos queda a la izquierda, cuando la pendiente es más dura, o por lo menos así me lo parece a mí, aunque ya no sé discernir si es que lo es realmente o es que el cansancio acumulado empieza a pasar factura, porque tengo las piernas al límite, y por suerte, se que al llegar a la ermita todo habrá acabado, porque después es todo bajada hasta el punto donde iniciamos la ruta este año.

  Llegamos juntitos Ángel y yo a la ermita, y después simplemente nos limitamos a dejarnos caer, ¡los deberes ya estaban hechos!.

  Nos esperaban Patri, y los otros dos jinetes, Alejandro y Edu, que habían llegado hacía un rato y nos comentan su batallitas en un pique sano.

  Nosotros subiríamos al piso de Patri para ducharnos y cambiarnos, aunque Edu se fue directamente para Pinofranqueado, así que nos despedimos de él, y ¡hasta la próxima!... aunque espero no tener que esperar un año para volver a vernos...

  Después de la caída del primer día, y de perderse la segunda etapa e incluso pensar en volverse, al final Edu ha podido completar esta tercera jornada con nosotros, y al menos irse con un sabor agridulce, mejor eso que irse amargado. Después de lo de hoy, creo que todos hemos pensado que si hubiera ido al médico en Herguijuela, justo unos minutos después de la caída, y aprovechando que entraba el médico en el consultorio, o si se hubiera tomado por la noche algún nolotil de los que llevaba o el gel antiinflamatorio que uso algunas veces, quizás hubiera podido acompañarnos el segundo día, o al menos podría haber pasado esa noche mejor, sin dolores, pero con eso de que es fisio... pues ya se sabe... ¡en casa de herrero, cuchillo de palo!.

  Una vez duchados y cambiados, toca un café antes de coger el coche de vuelta a casa, aunque antes de salir, acompañamos al amigo Ángel a hacer unas compras de productos locales: miel y pólen.

  Unos días antes, estaba claro que Alejandro y Edu iban a estar sólo tres días, pero cabía la posibilidad que Ángel y yo pudiéramos aprovechar un día más, bien para hacer alguna ruta senderista, hacer algo de turismo, o algún recorrido suave en bici por alguna otra zona de Las Hurdes, pero finalmente surgieron circunstancias familiares que hicieron replantearnos el último día.

  Y así acaba esta ruta cicloturista navideña de este año, que a mi particularmente me sabe a poco, me gustaría haber disfrutado un par de días más por lo menos, pero por otro lado tengo la ventaja de que aunque esté menos días, puedo estar acompañado con los amiguetes.

  De momento van seis años consecutivos haciendo una ruta por navidad, para empezar o para despedir el año, unas veces con más suerte que otras, en función de la climatología... ¡esperemos que próximo año podamos repetir!.

  De nuevo, dejo aquí otro vídeo de unos 12 minutos de duración, correspondiente a esta última etapa. Nota: "Con la finalización de esta ruta cicloturista, hemos procedido también a entregar el finiquito al cámara, con su despido consiguiente, porque en ninguno de estos tres días ha sido capaz de estabilizar el pulso, así que no tenemos más remedio que fichar a un nuevo cámara para el próximo año"...


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