Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

domingo, 15 de enero de 2012

Cicloturismo por Navidad (I)

RUTA CICLOTURISTA POR LA SIERRA DE FRANCIA, LAS BATUECAS Y LAS HURDES.
PRIMERA ETAPA: Caminomorisco – La Alberca.
Distancia: 51,20 km - Tiempo en bici: 3:38:30 - Media: 14,09 km/h.
Lunes, 2 de Enero del 2012.

[Para ver una selección de las fotos de toda la ruta, pincha AQUÍ]
[La documentación de la ruta está en la pestaña: Guía de Viajes Cicloturistas]

  La tarde anterior nos habíamos desplazados Alejandro y yo desde Zalamea a Caminomorisco, y lo mismo hizo Ángel, aunque él lo hizo desde Madrid, y saliendo algo más tarde que nosotros por razones laborales. El cuarto integrante del grupo, Edu, ya estaba en Pinofranqueado, así que quedamos en empezar en Caminomorisco, sobre las 9:30, para desayunar y comenzar la ruta.

  Después de los dos últimos años en los que a la hora de realizar nuestra ruta particular navideña, nos encontrábamos con mal tiempo, sobre todo con mucha lluvia, este año todo parecía indicar que íbamos a disfrutar de buen tiempo, nada de lluvia, sol y buena temperatura, aunque para el primer día de ruta, se esperaban nubes para la zona de norte de Extremadura y sur de Salamanca, incluso algo de nieve por el Portillo de las Batuecas, y lo cierto es que durante la noche, en un par de veces que me desperté, creí escuchar caer la lluvia, pero no hice mucho caso, ¡no podía ser que otro año más comenzáramos con lluvia!... pero al levantarme ya escuchaba el ruido característico de los coches al pasar por los charcos de agua de la carretera, y al asomarme a la calle, pude ver que efectivamente, durante la noche estuvo lloviendo, aunque ahora no lo hacía, incluso se estaban abriendo algunos claros, otra cosa sería si al meternos más en la sierra, las nubes estarían agarradas a ella o irían desapareciendo.

  Sobre las 9:30, con puntualidad, se presenta Edu, que finalmente hizo los 4 o 5 km que separan Pinofranqueado de Caminomorisco en coche, en lugar de en bici, por como estaba la carretera, así que finalmente todos partiríamos de cero, desde Caminomorisco.

  Desayunamos, preparamos las alforjas, bajamos a la calle con las burras, y una vez pertrechadas éstas y hecha la foto de rigor que marca el inicio de la ruta, emprendemos la marcha, con nuestro primero objetivo fijado en Vegas de Coria, a 13,5 km, donde pararíamos en el hostal-restaurante "Los Ángeles", que regente un mujer de nuestro pueblo, y que ya es conocido por todos nosotros, excepto para Ángel, para el que toda esta zona es totalmente desconocida. Pero había que afrontar este primer trayecto, que serviría para ir calentando piernas ante de la larga subida que nos esperaría después, al pasar la alquería de la Rebollosa.

En Caminomorisco, inicio de la ruta, con la oficina de información y turismo al fondo, construida con la típica arquitectura hurdana.

  Este primer tramo es corto, pero nada insustancial para las piernas, porque es una montaña rusa, un auténtico rompe-piernas, un buen sube y baja. Nada más empezar a pedalear, ya comienza un primer repecho de casi dos kilómetros hasta llegar a la ermita, que dejamos a la derecha, aunque lo que es el recorrido hasta poco más de salir del pueblo se hace cómodo.

  Es precisamente en estos kilómetros iniciales cuando hacemos las primeras paradas por lo de siempre: uno que si no le cambia bien la bici, otro que si el transportín y otro, como mi caso, en el que exceptuando un determinado desarrollo, en todos los demás cuando cambiaba sonaba un ruido, como si estuviera rozando la cadena en algo, y eso que el día anterior estuve probándola... al final era el cable del desviador que se había doblado un poco al montar la bici en el coche de Alejandro, y en función de en qué plato estuviera la cadena, rozaba o no; por suerte era una tontería, simplemente doblar el cable hacia atrás y listo.

  Desde la ermita viene una buena bajada, hasta la alquería de Cambroncino, con el tramo inicial de mayor pendiente y por supuesto, tanto ahora como durante todo este primer tramo hasta Vegas de Coria, transitando la carretera por una enorme masa de pinos, a uno y a otro lado de la carretera, y con multitud de pistas que salen a ambos lados, aprovechadas muchas de ellas como recorridos senderistas de pequeño o corto recorrido (PR o SL), aunque también se pueden utilizar para montar en bici.

  Entre pinares, casi siempre por zonas de umbrías, y con un cielo que parecía ir abriendo poco a poco y en donde sólo van quedando algunas nubes, llegamos a Vegas de Coria, después de este primer tramo de precalentamiento, todo en completo sube y baja, rematado con una bajada final de cerca de 4 km.

  Llegamos al hostal, que nos coge a nuestra izquierda, en la dirección que llevamos, sin tener que desviarnos de nuestro itinerario. La idea era tomar un café pero al final acabamos desayunando otra vez, y es que al final acabará pasando lo de siempre, que vamos a regresar de hacer la ruta con más kilos en el cuerpo que con los que empezamos.


  Mientras estamos en la terraza del hostal-restaurante, tomando café unos, y otros desayunando de nuevo, con una temperatura agradable, aparece el panadero, así que aprovechamos para comprar de paso un par de barras para los bocatas de hoy, porque seguramente en los pueblos o alquerías por los que pasemos no venderán pan y puede que cuando lleguemos a La Alberca las tiendas estén cerradas o tengamos que estar esperando.

  No nos entretenemos excesivamente en esta primera parada, aunque sí comentamos que el último día se puede hacer durillo el final de etapa, porque después de hacer el recorrido previsto, hay que sumarle este tramo rompe-piernas que acabamos de hacer, aunque a la inversa, pero esto no nos preocupa ahora, acabamos de empezar y la ilusión y las ganas van por delante, y eso que esta zona ya es conocida.

  Entre Vegas de Coria y el cruce de Las Mestas, un par de largos repechos y sus bajadas correspondientes, por terrero más desarbolado, más desnudo, en los que el relax y calma con lo que nos lo tomamos antes de afrontar la subida del día, hace que empiece a surgir el típico mercadillo ambulante de todos los años, la compra-venta de material deportivo, el truco-trato (“te vendo esto y lo otro por tanto”, y el otro responde: “vale, pero sólo si en el lote entra esto otro”)... yo no me lo explico, pero todos los años, y ya van seis con este, se acaba cerrando algún trato...¡gitaneo en estado puro!.

  En el cruce de Las Mestas, giramos a la derecha, dirección Riomalo de Abajo, por buena carretera, viendo ya a nuestra izquierda, la zona de las Batuecas, la sierra que tenemos ahora que atravesar para llegar a La Alberca. Un poco más adelante, giramos a la izquierda hacia la alquería de Rebollosa, perteneciente a Herguijuela de la Sierra, si no estoy equivocado, ya en terreno salmantino.

  Bajamos unos 500 metros hasta llegar al río Ladrillar y desde aquí ya es todo subir hasta llegar a La Alberca, unos 17 km, aunque sin duda lo más complicado es el tramo de cemento que va bordeando esta alquería por la parte de arriba, subiendo bastante desnivel en pocos metros, haciendo que rápidamente quede ésta bajo nosotros, a nuestra derecha, y más abajo aún, el valle del río Ladrillar.

  Son unos primeros metros con rampas , sobre todo en la primera curva que lleva a la parte alta de la Rebollosa, de las de “agachar el lomo” para que la bici no haga el caballito, y más con el peso extra de las alforjas en la parte trasera.

  En este primer tramo de hormigón, de poco menos de un kilómetro y de rampas duras, donde pega más el sol, al estar en la vertiente sur, así que no tardamos en empezar a sudar de lo lindo, sobre todo teniendo en cuenta que aún no habíamos tenido tiempo de desprendernos de la ropa de abrigo con la que habíamos salido esta mañana.

  Terminado este primer tramo duro, el cemento-hormigón deja paso a una carreterilla local, estrecha y con firme descarnado, con perfil mucho más suave, y que picando siempre hacia arriba va bordeando la sierra, quedando enormes espacios abiertos a nuestra derecha, donde podemos ver claramente los profundos valles que van forjando con el pasar del tiempo, los cursos de los ríos, abriéndose paso entre los numerosos montes de no excesiva altura, pero sí muy abruptos, al igual que la orografía de Las Hurdes en general.


  Es en este punto, donde la subida se hace más suave, con zonas de falsos llanos, cuando aprovechamos para quitarnos algo de ropa de abrigo y hacer más cómodo lo que resta de etapa.

  A nuestra izquierda, siempre la falda de la sierra que vamos bordeando y por la que vamos subiendo, a nuestra derecha, y hasta donde alcanza la vista, sierras abruptas y valles encajonados.

  Salvando el repecho inicial, la subida en general es suave, se va haciendo bastante cómoda, al menos hasta llegar a Herguijuela de la Sierra, aunque 500 metros antes de entrar en este pequeño pueblo, justo antes de tomar una curva, y de la forma más tonta y absurda se produce un accidente que finalmente quedó en un susto pero que pudo ser mucho más grave.

Zona donde tuvo la caída Edu

  Íbamos los cuatro juntos, Alejando delante, tras él iba yo, detrás Edu y cerrando la fila, Ángel. Noto un ruido atrás, miro y veo, primero que Edu para en seco, sin saber muy bien por qué, y acto seguido cae “a plomo” hacia la derecha, hacia un barranco por el podía haber ido rodando hacía bajo sino fuera porque hay mucha maleza, mucha zarza y zona de árboles, que amortiguan la caída, quedando él sobre metro y medio por debajo de la carretera, y la bicicleta un poco más abajo, pero el problema es que el pie se le quedó trabado entre el cuadro de la bici y el manillar, tirando el peso de la bici hacia abajo mientras él intenta agarrarse a lo que pueda y no caer más. Pero lo peor de todo es la mala postura con que da el pie y sin posibilidad de destrabarlo.

  Entre los gritos de dolor de Edu, Ángel que venía detrás y vio también la secuencia completa de la caída, se lanza rápidamente hacia bajo para aguantar la bici y que no siga tirando del pie, pero es incapaz de poder sacarlo de donde se había quedado aprisionado, y cada vez que intentaba algo Edu gritaba de dolor y que no lo moviera que se lo iba a partir. La solución fue desabrocharle la zapatilla para que pudiera salir el pie, después le ayudamos a salir hasta la carretera donde pudo comprobar que al menos no había roto nada, sólo el golpe y quizás algún esguince, además de las magulladuras.

  Ángel que estaba abajo, me dio la bici, la sacamos a la carretera y vimos lo que había pasado. La chaqueta que llevaba Edu y que se había quitado y puesto encima del transportín, se había ido moviendo y al final acabó metiéndose entre la rueda trasera y los hierros del transportín, lo que hizo que la bicicleta frenara en seco y que Edu no tuviera tiempo de reacción para desenganchar las calas, y para colmo, la que desenganchó primero y de forma instintiva, fue la del pie contrario del lado donde tuvo la caída.

  En fin, que todo quedo en un susto pero pudo ser más grave de lo ocurrido, y de la forma más tonta y simple, aunque eso pasa por bajar la guardia y por ir siempre ”de aquella manera”, porque bien pudo entrar el chaquetón dentro de las alforjas, como hizo después.

  Pasado el susto, la pregunta ahora era si iba a poder continuar, ver si al menos en caliente no tenía dolor al pedalear, al hacer fuerza con el pie.

  Llegamos a Herguijuela, que como he dicho antes, estaba prácticamente a tiro de piedra de donde se produjo la caída. Pasamos un pequeño y estrecho puente y llegamos hasta su plaza en medio de la cual hay un haya con un tronco enorme, rodeado de edificios con la típica arquitectura serrana de esta zona, con mucho entramado de madera, y bien conservados unos y bien restaurados otros.


  Nos hacemos una foto junto al árbol emblemático de esta localidad, frente al cual está el consultorio médico, pero Edu se pone cabezón y no quiere entrar. Nosotros tampoco insistimos, él es fisioterapeuta y sabrá mejor que nosotros como se encuentra.

  Mientras descansa un poco junto al árbol, me voy a merodear por los alrededores de una iglesia cercana a la plaza, y después a a hacer una fotos a una vieja casa con pórtico, bajo el cual están unos abuelos charlando, y junto a ellos se encuentra una fuente y un viejo pilón de cantera, donde se pueden ver algunas carpas bajo un agua cristalina.



  Nos ponemos en marcha de nuevo, saliendo de este pequeño pueblo, que al igual que todos los de esta zona, y sus vecinos de Las Hurdes, están inmersos en un fuerte retroceso de población, de ahí el cartel que aparecía en la puerta del ayuntamiento, invitando a la gente a que se empadronara.


  La carretera se empina ahora un poco más, hasta llegar al cruce con la carretera que va desde La Alberca hacia Sotoserrano. Dejamos la carretera estrecha y de firme rugoso y cogemos ahora esta otra carretera, más ancha, con buen firme, a la izquierda, dirección a La Alberca, a unos 10 km.

  Alejandro y Edu han tirado hacia delante, mientras que Ángel y yo nos hemos retrasado un poco al parar a la salida de Herguijuela para hacer algunas fotos.

Vistas de Herguijuela de la Sierra desde la salida en dirección a La Alberca.

  A escasos dos kilómetros desde que cogemos la carretera hacia La Alberca, aparece el cruce a la derecha hacia Madroñal, donde teníamos previsto desviarnos para hacer una pequeña visita, aunque no tuviera ningún atractivo como pudieran tenerlo otros pueblos como: Mogarraz, Monforte o San Martín del Castañar, al margen de La Alberca, pero como hoy no íbamos a hacer muchos kilómetros y el desvío a Madroñal tan sólo implicaba dos kilómetros extras entre la ida y la vuelta, habíamos decidido colocar este desvío a la hora de diseñar el trazado de la ruta.

  En el cruce de Madroñal están Alejando y Edu esperándonos. Edu dice que le duele el pie y que va a seguir hacia delante con Alejandro, entre otras cosas porque si bien es cierto que a Madroñal sólo hay uno o dos kilómetros, también es cierto que hay una fuerte bajada, y a la hora de subirla significaría hacer bastante fuerza con el pie.

  Al final, ellos dos se irían hacia La Alberca, y como iban a llegar mucho antes que Ángel y yo, les comenté lo de los distintos hostales que había visto por internet para el tema del alojamiento, para que lo buscaran cuanto antes, se pegaran la duchita y Edu reposara su tobillo y pudiera aplicarse hielo.

  Si ellos se iban a encargar de buscar el alojamiento, nosotros podríamos disponer de más tranquilidad, así que no sólo hicimos el desvío hacia Madroñal, donde no había mucho que ver, sino que nos fuimos un par de kilómetros más en bajada, hasta Cepeda, que ya nos comentó Edu que era más curiosa de ver, como efectivamente resulto ser.

  Antes de llegar a Cépeda, paramos junto a unos viejos muros derruidos, de entre los que sólo cabe destacar un par de arcos que se levantan sobre las correspondientes entradas al recinto, en lo que en su día fue el Convento de San Marcos, con el pueblo “a tiro de piedra”, del que apenas lo separan unas cuantas huertas.

 Panorámica de Cepeda desde las ruinas del Convento de San Marcos.

Ruinas del Convento de San Marcos en las cercanías de Cepeda.

  Ya en Cépeda estuvimos recorriendo sus calles con las típicas construcciones, muchas de ellas casas ya deshabitadas, en completo abandono, pero la verdad es que bien merece una visita este lugar.

 Casa de la Inquisición en Cepeda

Una calles de Cepeda con sus típicas casas.

  Antes de realizar el recorrido inverso hasta el cruce donde nos separamos de los otros dos compañeros de viaje, estuvimos tomando una cerveza en un pequeño bar, en la misma plaza de Cepeda, en donde también hay un árbol en el centro de la misma, aunque no tan majestuoso como el haya de Herguijuela, y es que parece que esto es una costumbre, porque no es el último que nos encontraríamos en el recorrido por estos pueblo de la Sierra de Francia. Curioso, mientras unos pueblos se gastan un pico en una pequeña estatua o fuente decorativa para ponerla en el centro de una plaza, llevándose comisiones unos y otros, aquí simplemente utilizan un árbol emblemático, singular o simbólico para los vecinos de estos pueblos.

Panorámica de la plaza de Cepeda.

  Emprendemos el recorrido inverso, sabiendo que ahora nos toca la subida por la carretera que atraviesa Madroñal y que después conduce hasta la carretera de La Alberca. La temperatura ha cambiado, el sol ha desaparecido, aparece una ligera niebla que inunda el valle, y el sol que tuvimos cuando emprendimos la subida desde la Rebollosa se ha esfumado, la temperatura ha descendido ahora en esta vertiente norte de la sierra.

  Con el “lomo agachado”, jurando y perjurando en hebreo y arameo, y entre soplidos y resoplidos, subimos el fuerte repecho de un kilómetro entre Madroñal y el cruce de la carretera de La Alberca, y seguimos por ésta los 7 km que aún nos restaban, de los cuales, los dos o tres primeros son en constante subida, y no sé si por el añadido de la subida de Madroñal, por los múltiples parones, por seguir sin parar a recuperar o porque sencillamente uno no está para tirar muchos cohetes en estas fechas, pero lo cierto es que me costó encontrar un ritmo de pedaleo.

  Antes de llegar a La Alberca, a unos cuatro o cinto kilómetros, paramos en un mirador donde hay un par de paneles indicativos en los que se explica todo lo que se puede ver desde allí, viendo los pueblos en los que acabábamos de estar: Madroñal y Cépeda, allá a bajo, en el fondo del valle.


  La subida se suaviza al llegar al cruce de Monforte de la Sierra, que queda a nuestra derecha, y por donde vendremos en el recorrido previsto para mañana. Desde aquí el terreno es un sube y baja hasta el merendero próximo a La Alberca, desde donde se inicia un descenso de apenas un kilómetro hasta la entrada en las calles de esta población, después de pasar un pequeño puente de piedra para salvar las aguas del río.

  Siguiendo la calle llegamos a su famosa plaza, para después perder cerca de un cuarto de hora buscando el hostal. Previamente había llamado Alejandro para decirnos que finalmente habían cogido habitación en el hostal “La Balsa”, que era el más económico de los cuatro que tenía apuntados, pero es que uno de ellos, el hostal “La Alberca”, situado al inicio de la calle principal, estaba cerrado, y el otro en el que nos quedamos hace un par de años, estaba algo más retirado, y no era cuestión de dar paseitos largos tal y como se encontraba Edu después de la caída.

Vista parcial de la plaza porticada de La Alberca.

  No se por qué, pero tenía metido en la cabeza que el hostal “La Balsa” estaba por encima de la plaza, y al final resulta que estaba a escasos 10 metros de la fuente que hay en la calle principal que conduce hasta la plaza, así que cuando llegamos allí rápidamente sale Alejandro del bar del hostal, porque nos había visto.

  Subimos la bicis a un primer piso, a un pequeño salón comunitario, y después de ducharnos, bajaríamos de nuevo a este pequeño salón para dar cuenta de los bocatas que traíamos para el primer día, acompañado de unas cervezas. Los bocatas entraron bien, pero lo malo es que ya era más bien tarde, cerca de las seis y media, así que no creo que hubiera mucha hambre para la hora de la cena.

  Salimos a dar una vuelta, mejor dicho, acompaño a Ángel durante un breve recorrido por el pueblo, aunque buscando el hostal ya estuvimos haciendo un poco de turismo con las bicis, y mientras, Alejandro y Edu, que estaba para pocos paseos, porque apenas podía apoyar el pie, entraban en un bar de la plaza para tomar algo y hacer tiempo mientras nosotros callejeábamos.



  A las ocho de la tarde-noche, ya se notaba el frío, nada que ver con la temperatura con la que llegamos ayer a Caminomorisco, así que aprovechamos el paso por la tetería para tomarnos un té en este sitio en el que ya he estado en otras ocasiones y que me resulta bastante acogedor y confortable.

  Nos vamos después en busca de los otros dos compañeros, tomamos una cervezas y buscamos un bar allí cerca donde pudiéramos cenar algo, nada especial, porque la verdad es que no había mucha hambre después de comer hoy tan tarde, así que picoteamos algo en uno de los bares que están bajo los soportales de la plaza.

  Sobre las diez o poco más, nos vamos derechos para las habitaciones del hostal, y mañana a primera hora ya veríamos como planificar la jornada, en función de como estuviera Edu, y la verdad es que no pintaban nada bien las cosas.

  Ángel cae redondo en cuanto se echa en la cama, y en cuanto a mí, como no hay nada en la tele que me guste, me pongo los cascos y escucho un poco de música, y mañana será otro día ¡ya veremos qué tal se levanta el amigo Edu!.

  Dejo aquí un pequeño vídeo de esta etapa, aunque se recomienda tomarse previamente una pastilla contra el mareo, porque el cámara, a pesar de su juventud, "anda ya con el Parkinson"...

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