Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 14 de enero de 2012

Cicloturismo por Navidad (II)

RUTA CICLOTURISTA POR LA SIERRA DE FRANCIA, LAS BATUECAS Y LAS HURDES.
SEGUNDA ETAPA (circular): La Alberca – La Alberca.
Distancia: 65 km - Tiempo en bici: 4:15:37 - Media: 15,29 km/h.
Martes, 3 de Enero del 2012.

[Para ver una selección de las fotos de toda la ruta, pincha AQUÍ]
[Se puede ver la documentación de la ruta en la pestaña: Guía de Viajes Cicloturistas]

  A las ocho de la mañana suela el despertador del móvil, pero nos hacemos un poco el remolón, no hay excesivas prisas por salir tan temprano, entre otras cosas porque ha tenido que caer una buena helada.

  Al abrir de la ventana de la habitación, que da a la calle, se ven los tejados blancos de las casas, y a la izquierda, se divisa la Peña de Francia, ¡no está cubierta!, puede que tengamos suerte con las vistas desde arriba si la acabamos subiendo.

  Hacemos la visita a la habitación donde están Alejandro y Edu para ver cómo se encuentra éste último después de la caída de ayer, y nos cuenta que está noche le ha dolido bastante y que definitivamente hoy no va a poder continuar de ruta con nosotros; todo se ha ido al traste por una caída tonta, después de estar tanto tiempo esperando estos días, y más este año, en el que parece que la climatología nos acompaña.

  Bajamos todos a desayunar al bar del hostal y ya más tranquilos, con las cosas claras, hablamos de lo que tenemos que hacer. Por un lado, Alejandro tendría que llamar a Patri para pedirle que se acercara por la tarde, cuando saliera del trabajo, para recoger a Edu, su bici y sus alforjas, y por otro lado, habría que hablar con la gente del hostal para decirles que hay un cambio de planes, que hoy dejaríamos una de las dos habitaciones dobles y en la habitación nuestra que es de tres camas, se metería Alejandro,

  Con los del hostal no hubo problemas, porque ya eran conscientes de la situación y sabían lo de la caída de Edu, así que después del desayuno, trasladamos las cosas de Alejandro y Edu a nuestra habitación, para dejar libre la suya.

  A las 10:30 más o menos, estábamos en la calle, junto a la fuente, rellenando los botes de agua y con las burras preparadas, con la gran diferencia de que hoy iban a ir ligeritas de peso, puesto que la etapa prevista iba a a ser circular, con inicio y fin en La Alberca, recorriendo parte del P.N. de la Sierra de Francia, algunos de sus pueblos, e incluiríamos la subida a la Peña de Francia. Por tanto, hoy no íbamos a llevar alforjas, y tan sólo cogeríamos algo de material de repuesto y algo para comer.

Inicio de la segunda etapa en la plaza de La Alberca.


  Edu aprovecharía la mañana para ir al médico e intentar dormir algo, puesto que esta noche apenas pegó ojo.

  Nos ponemos en marcha tras la foto de rigor en la plaza de La Alberca, y salimos del pueblo en dirección a la Peña de Francia, al principio con temperatura fresca, pero el sol ya había hecho acto de presencia y durante el resto del día la temperatura fue bastante agradable para montar en bici, aunque en la zona que estaba a nuestra derecha, o sea, hacia el este, se veían algunos bancos de niebla, si bien es cierto que la subida a la de Peña, al menos hasta la zona del Paso de los Lobos, que es hasta lo que podíamos ver, estaba despejada.

La subida que nos esperaba, despejada de niebla a primera hora.

  El recorrido de hoy comienza con cerca de tres kilómetros de bajada, justo hasta el río, y pasado éste comienza una rampa de un kilómetro casi al 7% que me coge con las piernas en frío y me cuesta coger un ritmo de pedaleo. Después de este primer repecho, se sigue en suave subida hasta llegar al Casarito, pasado el cual cogemos el desvío a la izquierda, junto al camping, para subir al santuario de la Peña. Hasta aquí unos 5 o 6 kilómetros recorridos, pedaleando prácticamente desde que salimos, por un auténtico bosque de robles y castaños, aunque en esta época del año están completamente despojados de sus hojas, con un manto de color pardo que cubre todo el suelo; visto así, la verdad es que no impacta tanto visualmente, pero supongo que en pleno otoño, con la explosión de colorido de las hojas antes de caer, deber ser espectacular.

  Desde el desvío seguimos por una carretera local más estrecha y con más curvas, prácticamente todo en bajada, y donde no pega tanto el sol, es una zona más de umbría, hasta llegar a un nuevo cruce: hacia la derecha en dirección a el Cabaco, y hacia la izquierda a la Peña de Francia.

  Es desde este cruce donde realmente comienza la subida a este puerto, de unos 11 km de ascensión, sin grandes rampas pero muy constante; en una primera parte en la que a nuestra derecha siempre tenemos la ladera de la Peña y a nuestra izquierda, y sobre todo conforme vamos subiendo, unas amplias vistas de todo el este Parque Natural de la Sierra de Francia, y de la ingente masa forestal de robledales y castaños, cuyo manto protector será de agradecer en la subida a este puerto en época estival, aportando sombra a la carretera, al menos en la primera parte de la subida, pero lo cierto es que la amplia panorámica que podemos tener ahora es un tanto triste, melancólica, apagada, fría, con sólo el color gris de los troncos y ramas que se levantan sobre una alfombra ocre-parduzca que cubre el suelo, y más si la niebla, más hacia al este, inunda parte de estas sierras.

  En la subida cada uno va 'a su bola', cada uno sube como puede, a su ritmo, aunque Alejandro es el que va más suelto y aprovecha los primeros 5 kilómetros para ir hacia delante y hacia atrás, grabando con su cámara de vídeo... ¡ya veremos a ver que es lo que graba este nuevo Spielber a lo extremeño!.

  Durante estos primeros kilómetros veo la fuente de Simón Vela a la derecha y también a derecha e izquierda de la carretera, veo senderos que suben hasta el mismo santuario de la Peña, son parte del GR-10 que atraviesa la zona y que también coincide con parte del Camino de Santiago, a juzgar por las indicaciones que se ven: flechas amarillas y azulejos azules con la típica concha, como se pueden ver en el viacrucis que sale a poco menos de un kilómetro de la cima, a la izquierda de una curva de herradura, aunque desconozco a qué Camino de Santiago corresponde este recorrido; viene del este, pero no sé donde nace, y por lo que vi después, se dirige hacia el oeste, hacia la zona de Ciudad Rodrigo, supongo que enlazará con la Ruta de la Plata, a la altura de Salamanca.

  Me gustaría recorrer algún día a pie todo este tramo de GR-10 que atraviesa este P.N. de la Sierra de Francia y las Batuecas, así que tomo nota mental de esto y si llegamos a buena hora a La Alberca, intentaré acercarme a la oficina de información y turismo para pedir información de toda la red de senderos de esta zona, porque a parte de este GR, en nuestro recorrido por toda esta zona y durante los tres días, hemos visto muchos senderos señalizados.

  Seguimos avanzado, Ángel se queda a unos metros por detrás, y Alejandro deja ya de filmar su película particular y tira pa'lante, justo en la parte que se me hizo más dura, entre el kilómetro 5 y el 6, con rampas de un 9 y un 11%, aunque el porcentaje medio de este kilómetro está en torno al 7%. Terminado este tramo me voy recuperando y el resto ya lo llevo mejor.

  Alcanzo el famoso Paso de los Lobos en donde se tienen unas vistas impresionantes a los lados de la sierra, hacia el este, que es el que hemos estado viendo durante todo este tramo de la subida, y hacia el oeste, hasta Ciudad Rodrigo, por donde viene otra carretera que en una buena, bonita y larga ascensión, como puedo ver, llega hasta este Paso de los Lobos, y desde aquí el resto de la subida es la misma, independientemente desde donde se venga.

  El valle que queda abajo, hacia el oeste, está prácticamente cubierto por las nubes y las cimas de las sierras sobre salen de éstas. Hay buenas vistas y buenas fotos, pero prefiero no parar para no romper mi ritmo de subida, además me encuentro cómodo, así que ya haré fotos de esta zona durante la bajada.

  Sigo hacia delante, y desde el Paso de los Lobos se nota un deterioro del firme de la carretera, más rugoso, con algunos baches y en general en peor estado que el tramo de subida que habíamos recorrido.

  Veo un cartel que indica 4 km para llegar al santuario de la Peña de Francia, aunque al final acaban pareciendo menos de los que se indican, o quizás sea que se hacen más rápido por que el porcentaje de la pendiente baja, lo que hace que incluso pueda subir desarrollo y avanzar más rápido, por este tramo que con muchas más curvas. Desde el Paso de los Lobos hasta la cima, la carretera da la impresión de ser una escalera de caracol en torno a un núcleo central que es la Peña, con lo que vamos a ir teniendo vistas parciales de toda la zona, que si la superpusiéramos, nos daría una vista panorámica completa.

  En este tramo como he dicho, voy más rápido, más cómodo, pero Alejandro también, y así, al kilómetro de dejar el Paso del Lobos, ya lo pierdo de vista, al igual que supongo le ocurre a Ángel con respecto a mí.

  Al girar en una curva de herradura, a mi izquierda dejo la Cueva de los Mosquitos, según el cartel indicativo, y con forme voy subiendo las vistas son más espectaculares, debido a las nubes bajas y las cimas de las sierras por encima de ellas, dentro de un día espléndido, con buena temperatura y sol, al menos durante toda esta subida.

  En el último kilómetro de subida es donde aparecen de nuevo algunas rampas duras, pero ya tengo frente a mi la hospedería y la iglesia, y un poco más abajo, en una especie de aparcamiento-mirador, está Alejandro grabando la subida de los dos que venimos por detrás.

  Llego a la altura de Alejandro, y mientras esperamos a que llegue Ángel, yo aprovecho para ir hacia la otra parte, más escarpada por el tema de rocas. Después de una pequeña trepada obtengo la recompensa de unas bonitas vistas.


  Cuando regreso, Ángel ya ha llegado, así que nos encaminamos hacia el mirador situado junto a una pequeña plaza circular en medio de la cual hay un enorme reloj de sol. Desde aquí sale un camino empedrado que en unos 50 metros, siempre hacia arriba, nos conduce por fin a la meta final, una plaza circular desde donde se accede a la hospedería, a la iglesia, a la gruta donde se encontró a la Virgen, o a la zona donde está el pozo verde. El resto del perímetro de esta plaza adoquinada o empedrada, esta formado por soportales, que serviría tanto para proteger a los fieles en caso de lluvia, como a su vez para protegerlos del viento frío que sopla aquí arriba, en la cima. Este perímetro porticado tiene una pequeña abertura en forma de balcón-mirador, un balcón que parece colgado en la propia peña y desde donde se tienen buenas panorámicas.

  En el centro de esta “plaza porticada”, una crucero de granito sobre una escalinata, donde nos hacemos una foto los tres jinetes que habíamos salido hoy, junto a nuestras burras.


  Ya arriba, cada uno a su aire, a unos les gusta una cosa y a otros otra. Alejandro ya estado aquí y prefiere descansar y cargar las pilas al sol, y de paso llamar al cuarto jinete, a Edu, para decirle que ya habíamos subido y para saber cómo se encontraba. Ángel y yo curioseamos por los alrededores, hacemos fotos, la visita a la gruta y a la iglesia, donde se encuentra la virgen, y la verdad es que se estaba mejor fuera que dentro de la iglesia, por el frío que hace en ella, ¡uf, aquí para venir a escuchar misa hay que venir con forro polar, abrigo y estufa incorporada para los pies!...


  Un rato al sol para calentarme, sobre todo después de la visita al interior de la iglesia, comer algo, y bajar de nuevo a la otra plaza, más pequeñita, donde está el reloj de sol, y donde también hay un espectacular mirador, desde donde hacemos unas fotos. Curioseando por los alrededores veo que hasta aquí, o sea, hasta este mirador, se llega también por camino, supongo que el mismo que hemos ido viendo en la subida, unas veces a la derecha y otras a la izquierda de carretera.


  Estuvimos más de una hora por allí arriba, y teníamos que ponernos de nuevo en marcha, porque nos quedaba mucho por recorrer, si bien es cierto que lo que nos esperaba era una buena y larga bajada, para la que nos habíamos preparado haciendo acopio de revistas y folletos tamaño folio que habíamos cogido de la iglesia, para colocárnoslos entre el pecho y la chaqueta térmica, y reducir el impacto del viento frío y cortante de la bajada.

Panorámica tomada en la bajada. Valle abierto hacia el oeste, hacia la zona de Ciudad Rodrigo.

  Ángel y Alejandro bajan rápidamente hasta el Paso de los Lobos, en donde Ángel quería hacer unas fotos. Yo bajo más tranquilo, haciendo paradas para hacer algunas panorámicas, ver la colonia de buitres que estaban sobrevolando por la zona (¡ummmm!, ¿vendrán a por alguno de nosotros?), y curiosear por los alrededores del viacrucis que vi en la subida, a un lado de la carretera, y por donde está marcado el Camino de Santiago.


  Cuando llego al Paso de los Lobos, me están esperando los compañeros de viaje, y como nos hemos entretenido bastante en la cima, no nos entretendremos más a partir de ahora y seguiremos con el descenso, sin hacer más paradas. Ángel comienza bajando a toda leche, mientras Alejandro y yo vamos más tranquilos.

  En el cruce del Cabaco, nos espera Ángel. Reagrupamiento y giramos a la derecha, de nuevo en dirección al Casarito, aunque ahora la carretera pica un poco hacia arriba, y después del parón en la cima y de la bajada, las piernas se resienten un poco y Ángel se queda unos metros rezagado.

  Desde el Casarito, giramos a la izquierda, en dirección a San Martín del Castañar, por una larga recta, por la que pedaleamos llaneando, aunque después de cuatro o cinco kilómetros, hacemos un breve desvío a la izquierda, para hacer una visita a la Nava de Francia, y al principio de este desvío sorprende ver una zona de pinares rodeados de todo un bosque de robles, que es lo que acostumbra a ver uno por esta zona.

  Ya en esta pequeña localidad, poco que ver, así que callejeamos por sus calles y después de una mínima parada en su pequeña plaza, donde se encuentra la iglesia y el ayuntamiento, realizamos el recorrido inverso para retomar de nuevo la carretera que llevábamos, entre el Casarito y San Martín del Castañar.

  Un pequeño tramo de llaneo al que sigue una bonita bajada hasta San Martín del Castañar, en la que Ángel como siempre, se lanza a toda leche, mientras yo me voy rezagando, como siempre, al parar para tomar unas fotos desde arriba, de este pequeño y bonito pueblo, como pronto descubriríamos.


  Entramos en el pueblo, callejeamos con las bicis por sus calles, siguiendo el itinerario que nos propuso un lugareño que vimos al salir de uno de los bares-restaurantes de la plaza, quien también, al escucharnos hablar de si parar a comer algo rápido para no perder más tiempo, tapeando o comiendo unas raciones, nos aconseja el bar del que acaba de salir, que calidad-precio es el mejor, y que nos vamos a gastar más comiendo de raciones o de tapeo y vamos a comer peor, que si comemos de menú.



  Decidimos dar la vuelta por el pueblo y después comer. Callejeamos por dentro y por fuera del pueblo, subimos hasta su castillo, junto al cual también se levanta una plaza de toros ovalada, dicen que la segunda más antigua de España. En esta zona veo una estampa que me gustó bastante, y es que con el fondo de las fachadas de unas vetustas casas con balcones y entramados de madera, semiderruidas, con un tramo de balcón de madera inclinado que bien parece que va a caer de un momento a otro, son el sol reflejado en estas fachadas, mientras los alrededores permanecen a la sombra, a la umbría, con una cuerda soportando la ropa tendida al sol, una mujer sentada está cosiendo, mientras la pareja de abuelos, también sentados junto a ella, con sus huesos calentándose al sol, mantienen una conversación.



  Dentro del castillo hay un cementerio y también una construcción de madera, más nueva, que está cerrada en ese momento, y no sé si es algún centro de interpretación o de información. Desde el castillo, buenas vistas del pueblo y de toda la zona por la que hemos venido, con la Peña de Francia al fondo, ahora con algunos jirones de niebla que aparecen en su cima.

  Volvemos a la plaza y entramos en el bar que nos recomendaron, donde había bastante gente comiendo. Pedimos el menú siempre que nos lo sirvieran rápido. Los tres pedimos lo mismo, porque a esta hora, sobre las 15:10, ya no disponen de algunos platos, así que de primero una ensalada mixta y de segundo carne de carrillada con patatas, más unas cervezas y el café o postre, y como teníamos prisa, habíamos estado preguntando por el tema de las raciones y tampoco queríamos comer en exceso porque después había que seguir pedaleando y aún nos quedaban algo más de 20 km por recorrer, nos hicieron otra propuesta, una fuente grande común para los tres, con la ensalada mixta, y otra fuente grande con la carne y las patatas, y al final optamos por esto último, además de que nos salía más barato.

  Nos sirvieron muy rápido, y en media hora habíamos terminado. Se juntaron las prisas, el hambre y un servicio rápido, así que a las 15:45 ya estábamos fuera y dispuesto a enlazar de nuevo con la carretera que llevábamos, ahora en dirección a Casas del Conde.

  Lo peor de todo fue volver a montar en bici después de comer, y sobre todo si hay que empezar subiendo, porque es lo que tocaba, una subida suave de un par de kilómetros entre castaños, robles y más robles, a derecha e izquierda de la carretera, que rara vez dejaban entrever el paisaje más allá de ellos.

  Al llegar a un cruce, nos reagrupamos, porque ahora deberíamos girar a la derecha, en dirección a Casas del Conde. Desde este punto iniciamos una larga y vertiginosa bajada, y desde la altura en la que nos encontrábamos se podía disfrutar, ahora que no nos lo impedía el bosque, de unas muy buenas panorámicas de los alrededores y hasta donde alcanza la vista; valles escarpados surcados por ríos que atraviesan este parque natural, como es el caso del río Francia, una enrome masa forestal de robledales, en su mayor parte, que cubre toda el terreno, constituyendo un verdadero pulmón que hace que uno se sienta en plena naturaleza, partícipe de ella, disfrutando del momento. Voy tirando de frenos, disfrutando de la bajada, me he negado a seguir el ritmo de Alejandro cada vez que hay una subida y el de Ángel cada vez que hay una bajada, cómo ésta.

  No tengo prisas, creo que se puede hacer todo el recorrido previsto, aunque muy justo de tiempo y siempre que no haya averías, pero mejor así que estar toda la tarde sin hacer nada.

  Poco antes de llegar a Casas del Conde, se tiene una panorámica de algunas de sus casas encaramadas en un lado de la sierra, como un balcón al aire, bajo el cual está el valle surcado por el río Francia y todo el bosque que lo rodea, así que paro a tomar unas fotos.


  Cuando llego a las primeras casas de este pequeño pueblo de menos de 70 habitantes, están Alejandro y Ángel, esperándome, aunque no se para qué, porque en cuanto empecemos a pedalear ellos van a tirar sin muchos miramientos y yo voy a seguir regodeándome en la bajada, tirando de frenos y disfrutando.

  En las cercanías de este pueblo se ven algunos olivos, aunque pronto aparecen de nuevo los robles. A medida que voy bajando, la amplia perspectiva de la sierra que tenía antes, desde lo alto, al comienzo de la bajada, va desapareciendo, y poco a poco el sol va dejando lugar a la sombra y a la umbría, que se hace más intensa en el fondo del valle, al cruzar por un estrecho puente el río Francia. Aquí hago una nueva parada, para tomar unas fotos, y ver los alrededores, que prometen ser un lugar idílico, aunque quizás en otra estación del año, porque ahora todo parece demasiado triste, demasiado gris, demasiado frío...

  Aquí, en las entrañas del valle, ni un ruido, y tan sólo el murmullo del agua rompe el completo silencio de esta zona. Creo que desde que salimos de San Martín del Castañar, apenas nos hemos topado con un par de coches y fue en el tramo inicial, porque durante la bajada no me encontrado con nada ni con nadie, a excepción de este grupo de casas que forman este pequeño pueblo de Casas del Conde.

  Pensaba que a lo mejor los compañeros esperarían también en el puente, al igual que en la entrada del pueblo anterior, pero han seguido sin parar, así que mejor, menos presión y ya iré más tranquilo pedaleando “a mi manera”, aunque ya dejé caer en Casas del Conde, cuando nos reagrupamos, que a partir de Mogarraz, cada uno fuera “a su bola”, porque veía a Alejandro con prisas por no llegar en penumbras, al anochecer, por el tema de los coches, así que desde allí había una alternativa a la ruta prevista, y ésta era pedalear por una carretera que va directa a La Alberca, en lugar de hacer el recorrido planificado por Monforte de la Sierra, y además, el tráfico en esta carretera iba a ser prácticamente nulo, mientras que por el recorrido previsto, los últimos 4 km coinciden con los últimos kilómetros recorridos ayer, por la carretera entre Sotoserrano y La Alberca, que puede tener algo más de tráfico. Por otro lado, a Ángel supongo que le daba igual, pero como me daba la impresión de que iba a piñón fijo, dependería de como viera el tema y dependiendo de cómo se encontrara.

  Lo que estaba claro es que si yo hacía las paradas que tenía programadas íbamos a andar muy justitos de tiempo, como ya he dicho antes, así que cuando llegara a Mogarraz, como suponía que ellos iban a estar esperando en la entrada, les comentaría lo de esta carretera, y en función de la hora, yo también me decantaría por hacer esta alternativa o seguir con el recorrido previsto.

En los inicio de la subida ente el río Francia y Mogarraz

  Comienzo la subida, toda en umbría hasta llegar a un bonito y amplio mirador que hay a la izquierda de la carrera, con fuente, merenderos con mesas y bancos de piedra, con cercado de madera y con un mirador con escalinatas cubierto por un techo, con vistas a la zona de Miranda del Castañar, rodeado de enormes bosques de robles, ¡cómo no!; y es que en este espacio se encuentran las seis especies de robles (“Quercus”) más representativas de la península, como son: el carvallo (Quercus robur), el albar (Quercus petraea) , el melojo (Quercus pyrenaica), el alcornoque (Quercus suber), el quejigo (Quercus faginea) y la encina (Quercus ilex); compartiendo espacio con estos, están también los castaños, y en las zonas más sombrías y húmedas, como la del río por la que he pasado antes, también podemos encontrar alisos y fresnos, lo que hace que desde este mirador en la época del otoño se pueda contemplar una auténtica explosión de colorido que bien parecerá salir de la paleta de un pintor, ¡quién sabe!, igual algún día vengo por aquí en otoño y así puedo disfrutar de estas vistas...


  Desde este mismo mirador, mirando al fondo, más allá del pueblo que se ve (Miranda del Castañar), están las montañas de las Sierras de Béjar y Candelario cubiertas sus cimas por las nieve.

  Creo que los compañeros no han hecho parada en este mirador, o como mucho un pis-pas porque de lo contrario me los hubiera encontrado aquí.

  Sigo hacia delante, ahora la subida es más suave y ya estoy próximo a Mogarraz, el segundo de los tres pueblos que tenía previsto visitar y que están declarados como “conjunto histórico artístico”. Ahora, tras dejar la umbría, pedaleo con los últimos rayos de sol, antes de que éste se oculte tras las sierras.

  Llego a la entrada de Mogarraz, donde un viacrucis a la izquierda recibe al visitante. Hago unas fotos y leo los paneles indicativos.


  A la entrada del pueblo, la carretera se bifurca en dos, por la derecha lo rodea y continúa por el recorrido que tenemos previsto, y por la izquierda, se adentra en él por una larga y típica calle, con fachadas bien conservadas y restauradas, manteniendo la arquitectura tradicional.

  Justo al principio de esta calle, cuando estoy parado haciendo algunas fotos, veo pasar una familia haciendo también cicloturismo; el padre delante, los dos hijos pequeños en el medio y la madre cerrando filas, nos saludamos y poco más, porque me parece que llevaban prisas. Después me enteraría que iban en dirección a Miranda del Castañar (este pueblo ya lo conocíamos nosotros de la ruta que hicimos también por navidades hace tres años).


  Esta calle larga desemboca en la plaza del pueblo, con algunos tramos porticados, y allí también está la iglesia, aunque creo que fue justo antes de llegar allí, en el último tramo de la calle antes de llegar a la plaza, cuando aparecen algunas casas a mi izquierda, más deterioradas, deshabitadas, y en venta, cuando me encuentro con un cerdo suelto que está intentando hacerse su cama para pasar la noche, bajo uno de los soportales de estas casas. Puede parecer surrealista, pero supongo que se trata de una tradición, al igual que en La Alberca (salvo que aquí creo que al cerdo en esta época del año lo tienen encerrado), y es que el cerdo divaga por el pueblo y la gente de éste lo alimenta, y al final acaban haciendo una matanza para todos los vecinos. Creo que así es como va esta historia. Yo hago la foto de rigor, mientras el cerdo se pone cómodo para pasar la noche y ni se inmuta ante mi presencia.


  Desde la plaza continúo ahora en subida, por calles de cemento y piedras en su tramo inicial y que acaban prolongándose en un tramo final totalmente empedrado e irregular, con más pendiente, que conduce hasta la salida del pueblo, empalmando con la carretera que salía a la derecha en la bifurcación que estaba a la entrada del pueblo.


  En esta parte, ya se ven construcciones más viejas, arquitectura tradicional auténtica, sin restaurar, pero en peor estado, con calles estrechas, casas de entramado de madera con largas balconadas, con algunas casas abandonadas, con soportales de poca altura sostenidos por gruesas columnas de granito, y tramos que se van cayendo poco a poco... ¡es una lástima, pero es lo que hay!.


  Cuando llego a la salida del pueblo tampoco veo a los compañeros, aunque no me extraña, porque me he entretenido mucho haciendo fotos y ya es bastante tarde. ¡Quizás me hayan estado llamando por teléfono!, pienso, así que abro el bolso delantero que cuelga del manillar y lo enciendo, pero no tengo llamadas perdidas, así que los llamo para saber donde están.

  Me comentan que me han estado esperando, pero como no aparecía han tirado hacia delante, y ya llevan sobre kilómetro y medio o dos kilómetros recorridos, así que les digo que sigan rectos, dirección a La Alberca, que yo ya llegaría después.

  Ellos no han entrado en el pueblo, han tirado por la carretera que lo rodea y habrán esperado a la salida o poco antes, y como yo he estado por dentro, no hemos coincidido. De todas formas, ellos tirarán ya hacia el destino, que era lo que quería proponerles, mientras yo me debato entre si hacer lo mismo o seguir con el trazado previsto. La diferencia entre uno y otro recorrido es de unos cuatro kilómetros, pero el sol ya casi se ha ocultado.

  Finalmente me decanto por hacer el recorrido que tenía previsto. Se que voy a llegar casi de noche, pero si no tengo ninguna avería o pinchazo podré llegar y aún así todavía habrá tiempo para pasar parte de la tarde-noche en La Alberca.

  Poco después de dejar Mogarraz, llego a un cruce, a la derecha o más bien de frente, dirección hacia La Alberca, por donde han tirado los compañeros, y hacia la izquierda, dirección a Monforte de la Sierra, el tercero de los pueblos sobre el que había previsto hacer una visita, y hacia allí me dirijo.

  Desde el cruce hasta e pueblo, unos dos kilómetros muy llevaderos, pero poco antes de llegar, ya comienza la carretera a ascender, y la subida continuará hasta el cruce de la carretera que une Sotoserrano con La Alberca, donde tendría que extremar las precauciones por que en esa zona sí que puedo encontrarme con algo más de tráfico.

  En el pueblo no puedo entretenerme mucho, así que me limito a atravesarlo con la bici. Apenas hay luz para hacer fotos en las calles estrechas y la batería de la cámara está prácticamente agotada, salgo del pueblo y continuo en subida por la misma carretera estrecha y algo descarnada, lo que hace que el ritmo de pedaleo se ralentice. Al poco veo a la izquierda, en una especie de pradera yuna cruz de granito sobre unas escalinatas , así que paro para echar rápidamente un par de fotos, una con la cruz y las cimas nevadas de la Sierra de Béjar y Candelario al fondo, y la otra hacia el otro lado, con la cruz y un fondo de nubes anaranjadas y rojizas, sobre la sierra, producto de los últimos rayos de un sol del atardecer, de un sol que ya hace un buen rato que no veo. Justo cuando voy a hacer esta última foto me quedo sin batería.


  Monto de nuevo sobre Bucéfalo y ya si tengo que ir del tirón. La carretera sigue subiendo durante un par de kilómetros después de dejar Monforte, y después se suaviza dando un respiro, aunque tengo que meter plato en el último tramo, un falso llano, para avanzar lo más rápido posible, al menos hasta llegar al cruce de la carretera que va a La Alberca.

  Unos metros antes de llegar al cruce, me llaman por teléfono. Pienso que será Alejandro o Ángel, que habrán llegado y quieren saber cuánto me falta, pero no, es un compañero de los “Dientes de Perros”, del club de Castuera, que quiere ir con otro compañero a ver el belén de mi casa. Le digo que me pilla en mal momento, que se me está haciendo de noche, que estoy fuera de casa, de cicloturismo, y le doy unas indicaciones rápidas para llegar a mi casa del pueblo, y de paso, aprovecho la parada para encender la luz trasera de la bici y colocarme el frontal.

  Podía haber encendido las luz antes, pero hasta aquí he venido sin problemas, tan sólo me ha adelantado una furgoneta en el tramo desde que salí de Mogarraz y el cruce de la carretera de La Alberca, y ha sido justo antes de que me llamaran por teléfono.

  Intento hacer estos cuatro kilómetros lo más rápido que puedo, pero la piernas ya no están para muchas florituras, así que lo llevolo mejor que puedo, y por suerte, hay pocos coches, tan sólo me encuentro con cuatro o cinco.

  Ya con las luces de las calles encendidas, entro en La Alberca, cruzo el puente, atravieso una calle empedrada por donde también llegamos ayer, y accedo a la plaza, giro a la derecha y a unos 30 o 40 metros llego al hostal, donde en el bar están esperando Patricia, Alejandro y Edu, mientras Ángel ha subido arriba a ducharse, porque ahora tendremos que ir por turnos para ducharnos al disponer de sólo una habitación.

  Cuando baja Ángel, sale con Patricia para hacer unas compras, y Alejandro sube a ducharse, mientras yo espero con Edu y tomo una cerveza.

  Hasta este momento los planes seguían igual que esta mañana, o sea, seguíamos manteniendo una habitación de tres camas, y Edu se iría con Patricia esta tarde noche, aunque él dice que después de ir al médico esta mañana, de que le vendaran el pie o la zona del tobillo, de los antiinflamatorios y del reposo, se encuentra bastante mejor, y puede apoyar el pie, incluso se plantea el intentar salir con nosotros mañana, y en el peor de los casos, si le molesta al pedalear, puede parar en Las Mestas o seguir hasta Vegas de Coria, y después que vengan a recogerlo allí. Pero mejor prevenir, no vaya a ser que se ponga peor, y además es un poco lío todo, porque habría que hablar de nuevo con los del hostal para ver si tienen una habitación libre, llamar otra vez a casa para decir al final se queda, y hacer que Patricia que ha venido expresamente para recogerlo a él, se vaya de vuelta sóla.

  Llega mi turno, subo a ducharme y cambiarme. Cuando bajo me encuentro que en menos de 20 minutos, han cambiado de nuevo todos los planes. ¡No doy crédito!. Al final Edu decide que mañana intentaría salir con nosotros, lo que suponía que Patricia se iría de vuelta sola, aunque con el equipaje de Edu, que sólo se quedaría con lo imprescindible, incluso ya habían hablado con los del hostal y le habían dejando una habitación individual, aunque nos saldría todo por el mismo precio que si tuviéramos las dos habitaciones doble, y por último ya había vuelto a llamar a casa para decir que se quedaba y que mañana intentaría continuar con la última etapa de la ruta. Y todo en un abrir y cerrar de ojos, en lo que tardé en ducharme.....

  Con el nuevo cambio de planes, salimos a tomar unas cervezas y buscar un sitio para cenar, porque esta noche sí queríamos cenar bien, nada de tapeo o bocatas. Pero en esta época hay pocos bares con cocina abierta y eso que es un sitio turístico. Al final acabamos en el asador que está junto a la fuente y frente al hostal donde nos quedábamos. Parece que éste era el único sitio donde se podía cenar, y donde coincidimos con otra pareja con la que habíamos estado esta mañana en la Peña de Francia, y hacía un rato en otro bar mientras tomábamos unas cervezas.

  Terminada la cena nos fuimos al bar del hostal para ver el partido de copa del rey entre el Madrid y el Málaga, y así hacer tiempo para no irnos tan temprano a las habitaciones, aunque el amigo Ángel no aguantó mucho, y al finalizar la primera parte se fue directo al 'sobre'. Al terminar el partido nosotros hicimos lo mismo, esperando que después de tanta movida y cambio de planes, el pie de Edu ya esté más recuperado y aguante mejor para la etapa de mañana.

  Dejo aquí un pequeño vídeo, de unos 10 minutos, correspondiente a esta etapa, donde de nuevo, "el cámara parece que se ha tomado una copa de más antes de montar en bici y la película se mueve más que la bolsa en tiempos de incertidumbre"...

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