Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

Aquí mis batallitas sobre cicloturismo, senderismo, montaña, viajes, naturaleza, música, teatro, ...

"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

martes, 18 de octubre de 2011

Senderismo por las Sierras de Benquerencia y de Castuera

  El sábado quedé con el amigo Satur para hacer una ruta por las Sierras de Benquerencia y la de Castuera. Quizás no fuera el mejor momento para hacer esta ruta porque está todo muy seco, hace tiempo que no llueve y las temperaturas son muy altas para esta época del año, pero por otro lado nos venía bien, porque nos coge cerca de casa, y si se hace entera es una ruta larga en tiempo, ya que aunque la distancia total puede ser de 17 km, la dificultad estriba es que en algunos tramos íbamos a ir por encima de la sierra, entre canchales, o bordeando ésta, bosque a través, sin sendero, abriéndonos paso entre jaras, encinas y maleza. Y además era una ruta con escapadas, ya que en caso de que no quisiéramos hacerla entera o surgiera algún inconveniente, podríamos utilizar una alternativa para hacer sólo la mitad del recorrido.


  ¿Por qué hacer esta ruta ahora?, pues básicamente para un par de cosas, primero para probar las botas nuevas tanto las mías como las de Satur, ya que la próxima semana tenemos pensado ir a la comarca de la Vera en Cáceres, y entre otras cosas, hacer la ruta de Carlos V, de unos 24 km de longitud, una ruta de “dificultad media”, aunque también dependerá del ritmo al que se haga. Mis botas las tenía compradas desde hace tiempo, aunque para rutas normales seguía utilizando las viejas, el problema es que éstas ya tienen la suela muy desgastada, y en pedregales agarran poco y las piedras ya se clavan en la planta del pie, así que este fin de semana ya me he decidido a probar las nuevas, y en caso de no tener problemas con ellas, me las llevaría el próximo fin de semana a la Vera y sino, pues tendré que seguir 'domándolas'. Por otro lado, había estado ocho días con problemas en la planta del pie derecho, cuando lo apoyaba es como si se abriera el pie de abajo hacia arriba, bastante doloroso los primeros días; no podía andar mucho y lo poco que lo hacía era apoyando mal el pie, así que durante prácticamente dos semanas he procurado andar lo menos posible, y el fin de semana pasado que es cuando quería haber empezado a probar y 'domar' las botas nuevas, descarté la idea con el fin de dar más reposo al pie, a parte de que seguía con bastantes molestias y lo que no quería es que fuera a peor.

Vista Parcial del recorrido de la ruta, con los nombres de paso en amarillo y azul, y parte del recorrido en rojo. Vistas de la Sierra de Benquerencia y de Castuera, desde el pico Buitrera.

  Así que esta ruta, que es dificultosa por el firme por el que se pisa durante gran parte de ella y porque como he dicho antes, es larga en cuanto al tiempo a emplear, sería una prueba de fuego.


  Había quedado con Satur en que se pasaría por mi casa a recogerme el sábado a las 8:30 de la mañana para irnos hasta Benquerencia en su coche, aparcar junto a la antigua panadería, hoy reconvertida en hostal-bar y allí tomar un buen desayuno antes de comenzar la ruta.

  Cuando llegamos soplaba el aire, la mañana estaba fresca, y aunque estos últimos días estamos teniendo temperaturas por encima de 33 grados, para hoy se preveía una bajada de 2 o 3 grados para esta zona, aunque seguir estando en torno a los 30 grados o por encima en esta época del año sigue siendo una locura, y esta temperatura es la que tendríamos hoy en las horas centrales del día, pero de momento empezaríamos bien la ruta.

Como hechos históricos, comentar según aparece en los paneles informativos, que "fue esta zona un importarte lugar de paso, dividido por las sierras de Benquerencia, Tiros y Almorchón, y crzuar este territorio sólo resultaba practicable a través de los puertos de la Nava y Mejoral, que hace siglos canalizaban las comunicaciones entre la Meseta y los pastos de la Serena, vía obligada para los ganados de la Mesta. Esto le otorgó una importancia estratégica y económica muy destacada lo que justificaba, también, la aparición de fortificaciones y de enclaves estratégicos para defender y controlar el paso de los rebaños y el mercado. Por ello, apoyado en un magnífico contrafuerte rocoso orientado en dirección noroeste-sudeste, aparece el Castillo Alcazaba Medieval de Benquerencia de la Serena, de origen almohade, cuyos inicios se remontan a los siglos XII-XIII.

En el año 1236 fue conquistado por Fernando III con tropas de la Orden de Alcántara. En el recinto se llevaron a cabo reformas sucesivas, desde esos años hasta finales del siglo XVII, cuando fue abandonado por su ruinoso estado. De su imponente estructura sólo se conservan algunos de los lienzos donde finalizan los impresionantes farallones rocosos -que constituyen su mejor defensa-, parte de los viejos cubos y algunas dependencias. En su patio de armas, amplio y de fuerte desnivel, quedan también dos aljibes (uno de ellos circular). En la ladera sur, la única que permite la entrada al castillo alcazaba, quedan aún restos de la barbacana que protegía el sendero que conducía hasta la cima
".

  Después del desayuno, comenzamos la pre-ruta con la subida al castillo de Benquerencia. Como el compañero no había estada allí nunca, subimos para que viera no tanto el castillo en sí, o lo que queda de él, sino las vistas que se disfrutan desde él: hacia el sur, el valle de Benquerencia con las sierras entre Monterrubio y Puerto Hurraco al fondo; hacia el norte, la zona esteparia, llana, desértica, en la que a duras penas se ve un árbol, totalmente desoladora, vigilada desde allí, desde las alturas, por una casamata de observación de artillería colocada dentro del castillo durante la guerra civil debido a la importancia estratégica del lugar; hacia el oeste, la sierra de Castuera, y a sus pies, la zona que sirvió de campo de concentración durante la postguerra, rodeada por un mar de placas solares que se extienden hasta la vía del tren, formando una especie de media luna en cuyo interior se encuentra la zona protegida del campo de concentración; hacia el este, una sucesión de sierras que parece formar la columna vertebral de algún dinosaurio, como son las sierras de Benquerencia, la de la Buitrera, la de Tiros, la de Cabeza del Buey...

 Ruinas del castillo de Benquerencia.

Ruinas del castillo de Benquerencia, con una zona utilizada como mirador del valle.

Sierras de Castuera y de Benquerencia, con algunas casas del pueblo de Benquerencia, vistas desde el Castillo,  mirando hacia poniente.

Sierra de Benquerencia y pico de la Buitrera. Vistas desde las ruinas del Castillo, mirando hacia el noreste.

  Desde el castillo tenemos una buena panorámica, aunque parcial, de lo que va a ser la primera parte de la ruta, la que rodea toda la sierra de Benquerencia, dirigiéndonos primero por una vereda ("Sendero de Puerto Ancho, homologado como SL-BA-72") hacia el este, con la sierra a nuestra izquierda y el valle a la derecha, aunque nos saldremos de este itinerario en un par de ocasiones, primero para acceder a la cueva donde están algunos restos de pinturas rupestres (algo difíciles de ver), y después subir hasta la parte alta de la sierra, donde se encuentra lo que otrora dicen que fue un asentamiento de la edad del bronce... la otra ocasión en que saldremos de la vereda-sendero es para subir de nuevo a lo alto de la sierra y andar un corto trecho por encima de ella, entre grandes canchales y roca granítica, para acceder por la parte baja, a lo que creo que fue un puesto vigía en época romana, subiendo por una brecha con piedras dispuestas a modo de enormes escalones; desde aquí arriba se tiene una visión de la parte de la ruta que vamos a hacer a continuación, justo por la otra parte de la sierra, donde el camino desaparece y tendremos que abrirnos paso entre la maleza, la jara, las encinas salvajes, y las paredes de piedra que antiguamente delimitaban los terrenos. Es un recorrido más penoso a la hora de avanzar, pero que a mi particularmente me gusta, da la sensación de estar perdido en medio de un bosque, aislado, con las paredes rocosas que se levantan a nuestra izquierda, llena de oquedades donde anidan aves, de hecho durante esta parte del recorrido vimos a una pareja de buitres, primero a poca altura y más tarde mucho más alejada de nosotros.

 Abrigo con pinturas rupestres.

Algunas pinturas rupestres, en este caso se trata del dibujo de soles, uno rojo y otro blanco (el de la derecha).

Vista parcial de la sierra de Benquerencia desde el puesto de vigía romano. A la izquierda de la sierra, en su falda, se ve el pueblo de Benquerencia, y a la derecha, cara norte, el bosque o monte bajo (matorral, encinas, aulagas, jaras, y en las zonas más llanas, el olivo). Al fondo, a la derecha, la mancha gris-negra que aparece son las placas solares recientemente colocadas.


Panorámica del valle desde la Sierra de Benquerencia, por supuesto en otra época del año, porque ahora el color verde brilla por su ausencia.

  Desde arriba, mirando hacia el norte, se ve como la mancha verde, que se extiende dese la falda de la sierra, formada primero por una especie de bosque cerrado, totalmente abandonado, donde tiene lugar alguna que otra montería, que deja pasa a otra zona más clara de encinas, y finalmente al cultivo del olivar que llega justo hasta la vía del tren, que parece hacer de frontera entre la vida y la muerte, entre el verde y el amarillo pajizo, entre lo transitable y lo inhóspito, entre la realidad y la ficción, entre el monte, la zona cultivable y habitable, y la amplia y extensa zona esteparia de la serena, en donde tan sólo aparecen diseminadas aquí y allá, algunas casas-cortijos, apenas unas pinceladas grises, blancas o marrones diluidas en un gran lienzo amarillo, zona dedicada al ganado ovino, y donde a pesar de que desde la lejanía pueda parecer una zona muerta, es donde tienen su hábitat especies esteparias como la avutarda da o el sisón, de hecho es una zona ZEPA.

El claro contraste entre el verde del monte, de los pinos y olivares, y la zona esteparia de la Serena,  con el típico color amarillo pajizo.

  Bajamos de nuevo a la vereda, bordeamos la sierra por el “Puerto Ancho”, pasando antes junto al famosos nieblo (un arbusto que no llega ni siquiera a la categoría de árbol, pero que aquí han crecido varios troncos juntándose entre ellos y dándole un porte de árbol, aunque no lo sea), que queda a nuestra derecha.

 Ejemplar de Nieblo.

 Foto tomada en el Puerto Ancho, antes de girar de rumbo, hacia el oeste.

Chozo de piedra en desuso, junto al "Sendero de Puerto Ancho".

Tramo del "Sendero de Puerto Ancho", en una foto realizada en otra época del año, como se puede adivinar por el verdor que aparece en la senda.

  Al bordear al sierra, tenemos que girar a la izquierda, hacia el oeste, el camino desaparece y en sus comienzos aparecen unas antiguas y pequeñas casas de campo abandonadas entre la maleza, de las que únicamente quedan en pie sus paredes, pero como Satur siempre tiene curiosidad por estas casas, acabamos acercándonos a ellas.

  Después llega el tramo chungo, donde para hacer poco más de 3 km tenemos que emplear cerca de hora y media, intentando seguir siempre hacia el oeste, intentando tener siempre como referencia una pared de piedra a nuestra derecha, aunque no es fácil, porque intentando buscar siempre la zona mejor de paso entre la espesa maleza, algunas veces se acaba más hacia el interior y si pierde la referencia, en otras ocasiones hay que volver hacia atrás porque lo que tenemos frente a nosotros es impenetrable y hay que buscar otra alternativa. Siempre la pared rocosa a nuestra izquierda, con cuevas, oquedades y grietas, que conforman un buen hábitat para rapaces y buitres, aunque no sé si será porque esta parte de monte está cerca de ella y aquí creo que se hacen monterías, pero lo cierto es que en esta zona se ven menos aves que en la zona de la sierra de la buitrera, aunque yo ya he visto por aquí buitres leonados, alimoches, águilas, etc... y aunque me habían dicho que por aquí en su día anidó una cigüeña negra y que incluso, creo que ahora también hay otra por aquí o quizás más hacia el oeste de Benquerecia, lo cierto es que yo nunca he visto por aquí ninguna...

 Una de las cuevas-oquedades que aparecen en la paredes rocosas de la sierra.

Una brecha en la pared rocosa que alberga un nido, aunque parece que lleva tiempo sin habitar.

  Por fin salimos de este tramo, creo que Satur estaba agobiándose ya un poco. Salimos a una zona más abierta, donde continuamos por una senda y posteriormente por un antiguo camino hasta llegar a las traseras del castillo de Benquerencia, para después subir hasta la zona del depósito de este pueblo, por unas escaleras, llegando a un mirador, donde decidimos parar, sacar los bocatas, la bota de vino, y el tape con el queso, chorizo, lomo y demás.... un buen banquete, aunque lo malo es que yo había perdido en el 'tramo penoso' mi bote de agua, que lo llevaba por la parte exterior de la mochila para echarle mano más fácilmente y Satur apenas llevaba una botella de las pequeñas de agua, no sé cómo había echado esa botellita tan chica. Yo no le di más importancia, habíamos hecho la parte más larga en tiempo, que no en distancia, porque aún quedaba más de la mitad de la ruta, aunque emplearíamos mucho menos tiempo en hacerla, y es que ya habíamos hablamos de seguir adelante, de hacerla entera, porque mi pie de momento iba aguantando y con las botas nuevas tampoco estábamos teniendo muchos problemas.

 Salimos del bosque cerrado, a una zona más abierta, donde se divisan en lo alto, las ruinas de la parte trasera del castillo. En la parte central, abajo, algunas de las casas del pueblo de Benquerencia.
 Vistas de la parte trasera del castillo, levantado sobre un enorme roquedal. En el círculo, una persona deambulando por la periferia del castillo, y  que nos sirve para tener una clara referencia de la altura en la que se encuentran enclavadas las ruinas de dicho castillo.

  Sobre las dos menos cuarto, después de comer, reanudamos la marcha, cogiendo un camino empedrado durante dos kilómetros, para continuar por otro camino que nos acabará llevando hasta la pista ancha del GR que viene desde Puerto Mejoral, también conocida como el “Camino de la Zarza”. Esta pista, más ancha, transita por espacios más abiertos, con la sierra de Castuera a la izquierda y el campo de concentración y las placas solares a la derecha.

  Junto al cartel informativo del campo de concentración nos detenemos un rato, pero pronto reanudamos la marcha, porque allí estaba pegando bien el sol y no hay una puñetera sombra, y a esa hora es cuando más aprieta el señor Lorenzo.

  Poco después de dejar el campo de concentración, cogemos un camino, abandonando el GR,  la pista ancha y cómoda, aunque a la vez monótona, que nos quedará ahora a nuestra derecha.

  Seguimos por este camino, y es cuando me entero que Satur no lleva nada de agua, que se la había bebido la poca que llevaba cuando estuvimos comiendo, y a estas alturas ya estaba muerto de sed. Yo no llevaba agua, pero sabía lo que faltaba y cómo era el perfil, y a menos que pasara algo raro podía acabarlo sin problemas, pero él ya estaba sin agua, tenía sed y aún faltaba el tramo peor, una buena subida de 500 metros por pedregrales.

  Hacemos una parada a la sombra cuando quedaba poco menos de la mitad de la subida, para recuperar el aliento, y a falta de agua bueno es el vino, así que aprovechamos para darle un tiento a la bota... ¡que una cosa es perder el agua y otra bien distinta perder el vino!...

  Llegamos a los últimos 20 metros de subida, estos ya entre sombra, pero aquí Satur ya estaba totalmente cabreado conmigo: que por qué lo estaba metiendo por allí si a lo mejor había otra alternativa, que cómo se me ocurre hacer ese tramo sabiendo que no tiene agua, que está hasta los c*j*n*s de ir como las cabras... ¡uf! mejor me callo, que la cosa no es para tanto, pero entiendo que tiene la boca seca como un esparto y ha explotado.

  Arriba está el nido de ametralladoras con unas excelentes vistas de Castuera, pero él ya había visto esto hacía tiempo y lo que quería es llegar cuanto antes al bar “pa'jincarse” una jarra de cerveza.

Panorámica de Castuera y alrededores vista desde su sierra, con el nido de ametralladoras en la parte central (la estructura circular).

  Ahora toca una bajada por asfalto de 1,5 km, en la que los ánimos se serenan un poco, ya va el amigo un poco más relajado, aunque de la cerveza y el agua mejor ni hablamos, que está feo eso de nombrar la soga en casa del ahorcado.

  Terminado este corto tramo de asfalto, toca un camino que se acaba convirtiendo en sendero, y que a lo largo de unos cuatro kilómetros nos llevará por la falda de la sierra y paralelos a la carretera, donde se alternan tramos en los que parece soplar una bocanada de aire fresco con tramos en los que da la impresión de estar dentro de una olla, donde no corre nada de aire.

  Así, andando ligeritos por esta zona de llaneo, con la mente puesta en una cruzcampo fresquita, llegamos en apenas 45 minutos a la entrada de Benquerencia, por la parte alta, por una calle larga que sólo tiene casas a la izquierda, porque la parte de la derecha es toda un mirador, una especie de balcón al valle, que bien parece una prolongación de las casas.

  Entramos en el pueblo, pero el primer bar por el que pasamos está cerrado, así que seguimos hasta donde teníamos el coche, a menos de cinco minutos, y allí, en la antigua panadería, donde desayunamos esta mañana, por fin apagamos la sed...

  Así terminamos la ruta, después de 17 km, en la que lo positivo ha sido que en el pie no he tenido excesivas molestias, algo con lo que no contaba mucho, no tenía muchas esperanzas de que fuera bien, ahora habrá que esperar a mañana o a esta noche, cuando esté en frío, para ver si hay efectos secundarios. Y en cuanto a las botas, pues bastante bien, aunque con alguna rozadura en la parte del talón, pero por lo demás, bien, para el tute de pedregal por las que han andado hoy; y con respecto a Satur, después de la jarra de cerveza inicial y de un par de vasos de agua, ya veía las cosas de otra manera, y tampoco se ha quejado de las botas, así que supongo que va bien con ellas y estará contento con la compra que hizo ayer tarde.

2 comentarios:

  1. Una ruta muy bien ilustrada, parece que la he hecho con vosotros, y ¿os sobro vino?

    ResponderEliminar
  2. Pues de agua nada, pero de vino.... ya te digo yo que tampoco sobro nada, aunque acabamos bien,que quede claro, nada de entrar en el pueblo dando tumbos....

    ResponderEliminar