Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

sábado, 27 de agosto de 2011

Festival de Teatro de Mérida. Obra: Antígona, de Sófocles

  Este año tenía todas las papeletas, por desgracia, para romper con la sana rutina de ver alguna de las representaciones en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. La razón de ello es que se habían reducido el número de obras a representar a cuatro, si no es toy muy equivocado, y de ellas, tres eran diferentes versiones del drama de "Antígona" y la otra era la "Asamblea de las Mujeres", y por problemas de fechas con mi viaje cicloturista de este año, tan sólo tenía opción o bien de ir a la primera representación o a la última y en ambos casos era para ver "Antígona", y como viendo el cartel, a la que más me hubiera gustado ir era a la "Asamblea de las Muejeres", en la que además podíamos coincidir los amigos, y a ésta no iba a poder asistir, pues la verdad es que no me quedaban muchas opciones.
  Para la primera representación, en la que no tenía mucho interés, andaba muy justo de tiempo porque estaba terminando con los preparativos del viaje que comenzaba dentro de unos días, y para la última, podía asistir con los amigos el último fin de semana de represtanción, como ya me propusieron cuando estaba de viaje, pero también había la posibilidad de que me coinciderafuera con la Vuelta a España, y en concreto, con la etapa que acababa en la Covatilla.

  Al final lo de ir a ver la "Vuelta a España" no salió para delante, así que el sábado por la tarde fuimos a Mérida a ver la última de las "Antígonas" propuestas para este año, y en su penúltima representación, y la verdad es que acertamos, porque la obra en sí estuvo bastante bien, que aunque ya conocida, sigue  impresionando verla en este entorno tan espectacular como es el Teatro Romano de Mérida, y más aún cuando la obra es fiel al texto original y al entorno es que se produce.

  La escenografía y coreografía (coro masculino y femenino a partes iguales) me gustaron mucho, con un escenario lleno de tumbas (como punto de inicio de la obra situándola después de la batalla que enfrenta a los dos hermanos para tener el control de Tebas y donde acaban muriendo ambos),  rodeadas de arena y cenizas, con la zona de la orchestra o parte de ella, llena de agua donde se realizan algunas coreografías por parte del coro femenino, con efectos de luz y sonido muy conseguidos, impecables, o con el detalle de la recreación, en vivo y en directo, de la cueva de roca donde Creonte encierra a Antígona, con una especie de tela fina, y cómo la van retirando poco a poco por detrás del escenario, casi sin que el espectador se de cuenta mientras sigue contemplando la obra que pasa a otra escena.

  Para mi modesto entender, hay dos puntos fuertes o culminantes en esta representación a la que asistimos el sábado:

  Uno coincide con el duelo dialéctico entre Creonte y su hijo Hemón, cuando el primero le comenta los planes de encerrar a Antígona en la cueva de roca por honrar con los ritos fúnebres la muerte de uno de sus hermanos, actuando en contra del edicto de Creonte, mientras su hijo Hemón, que se ve obligado contra su voluntad a acatar la decisión se su padre y rey, le intenta hacer ver por todos los medios la cruel de su decisión y lo equivocado que está, pero Creonte no da su brazo a torcer, y se muestra si acaso más intolerante, en un arrebato de locura propio de los tiranos, y todo ello, como digo, en un duelo dialéctico entre ambos, vibrante, que atrae la atención del espectador, colosales, haciendo uso de las diferentes tonalidades y matices de sus voces para expresar uno su grado de arrebato y tiranía y otro su indignación y frustación.

  El otro punto fuerte, coincide con la entrada en escena de Tiresias, el adivino, interpretado nada más y nada menos que por una inconmesurable y muy caracterizada, casi irreconocible, Blanca Portillo, una pedazo de actriz. Este otro duelo, entre Creonte y Tiresias, es el que también hace atraer la atención del espectador. La expresividad y el portentoso registro de voz de Blanca Portillo, cómo controla y sabe modular ese chorro de voz, inunda el teatro y produce el efecto de temor ante lo que puede deparar el futuro si Creonte no depone su actitud.
  Por otra parte, lo que quizás a mi modo de ver o entender, he visto un poquito más flojo, sin menospreciar para nada su trabajo, es el papel de Antígona y de su hermana, sobre todo en la parte inicial, donde creo que falta un poco más de garra para poder transmitir la tragedia en la que se verán envueltas, más expresividad en la voz que no en los gestos, es como si diera la sensación de que arrancaran en frío y poco a poco fueran metiéndose más en el papel, a pesar de que la obra ya lleva rodaje ya que hoy era la penúltima representación.

  En fin que en general la representación me gustó bastante y la hora y media que duró se me pasó en un suspiro, para nada se hizo larga, eso a pesar de ser una tragedia, que bastante tenemos ya con los tiempos de crisis que corren, así que quizás hubiera sido mejor ver una comedia para reirnos un rato.

  Esperemos que el próximo verano podamos volver a repetir y ver al menos una representación, darnos la vueltecita previa de rigor por Mérida, tomar una cerveza, comernos nuestra 'pulguita' de turno, y disfrutar de vistas como la de esta foto, el templo de Diana al atardecer.

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