Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 16 de mayo de 2011

Travesía por el Macizo Central de la Sierra de Gredos (II): Sábado 14

  [Para ver las fotos de esta ruta, pincha Aquí]

  Sobre las 7 de la mañana empieza a levantarse el personal, y lo primero es ir a por agua para hacer el café. A las 8:30 ya estábamos zumbando, garganta arriba, en un día de sol, con cielo azul intenso y sin rastro de nubes, pero se preveían tormentas para la tarde.

  La senda que se toma está convertida prácticamente en un regato de agua, y al cabo de un cuarto de hora, pasamos por el segundo refugio, el de “La Redonda”, que dejamos a la izquierda.

  Seguimos camino, y llega un punto en que después de unos metros de subida, hay que cruzar una especie de canal o acequia, rebosante de agua, al igual que todos los caminos y laderas. El camino sigue o se intuye al menos, por una zona de "borreguiles", una especie de pradera completamente encharcada, donde 'perdemos' los hitos de piedra y fuimos por una zona más cercana a la garganta, acabando entre piornos, aunque al fina apenas perdimos 10 o 15 minutos, hasta que finalmente tiramos un poco más arriba y vimos el tercer refugio, el de “La Longuilla”, después de poco más de una hora de caminata. Desde aquí retomamos la senda de nuevo, si bien es cierto que no hay pérdidas, porque lo único que hay que hacer es tirar Garganta arriba, la diferencia está entre ir más cómodo por la senda o ir entre canchales, piornos, pozas, etc...

  Más adelante, al cabo de 2 horas y media o 3 horas de caminata, aprovechando que la senda y los hitos de piedra nos hacen pasar junto al agua fresca de la garganta, hacemos un descanso para refrescarnos y para tomar unos frutos secos, mientras al fondo, hacia arriba, se puede ver todo lo que aún nos queda por remontar de esta Garganta. En este punto, ya surgen algunas nubes, aunque por el momento luce el sol y hace buena temperatura.

  Seguimos remontando la garganta, y pronto pasamos junto al cuarto refugio, el del “Lanchón”, y como su nombre indica, la zona por la que hay que seguir, guiándonos por los hitos que jalonan el camino a seguir, es de enormes lanchones de piedra redondeados, así que en las zonas de agua hay que tener cuidado para no resbalar.

  Al poco de dejar el cuarto refugio, vemos unos indicadores que informan que el último refugio, el del “Belesar”, está a hora y media y la fuente de los Serranos a 2 horas, pero esta información está algo "inflada", porque nosotros fuimos tranquilamente y llegamos al refugio, en prácticamente un hora.
  Es un refugio pequeñito pero coqueto, con una pequeña cascada a su espalda y con el agua que correo junto a él, y desde donde ya comenzamos a verse la nieve y la portilla por la que tenemos que dejar esta vertiente de la garganta, para seguir camino de la portilla de las cinco lagunas. Hace sol, aunque cada vez menos, y la temperatura a esta altura, unos 2.100m es ya algo más fresca. Las nubes ya empiezan a cubrir el cielo.

  Media hora después, a la altura de la fuente de los Serranos, que al final no logré ver, giramos a la derecha, cruzamos la garganta y emprendemos la subida suave a la portilla, sobre la cual está la pared-valla que ya conocían algunos miembros del grupo de otras excursiones, pero en este tramo de subida, donde ya tenemos el contacto con la nieve, el cielo ya está completamente cubierto y bastante negro, incluso llegan a caer unas gotas de agua, pero de momento se mantiene...

  Pasamos la pared-valle, y las vistas al otro lado son espectaculares, el Almanzor y los alrededores aparecen y desaparecen entre la niebla y las nubes, y a nuestra derecha, las profundas y abruptas canales que en vertiginosa bajada descienden hasta las fértiles tierras de la comarca de la Vera, con el embalse del Rosarito al fondo.
  Avanzamos un poco más y comienza a caer una fina lluvia, así que toca ponerse los chubasqueros, y cubrir las mochilas.

  Llegamos, sobre la una del mediodía a la Portilla de las Cinco Lagunas, y las vistas son maravillosas, con las cinco lagunas enfiladas en un recuenco y con la primera de ellas, la de la Cimera, prácticamente congelada; a la derecha, arriba, la portilla del Rey y a la izquierda la Garganta del Pinar que llega prácticamente hasta los pueblos que se ven al fondo, medio difuminados, aunque antes de llegar a ellos, se acaba fusionando con la garganta de Gredos.
  Las vistas son para quedarse allí, admirando tanta belleza en medio de una quietud y silencio, un silencio que pronto comienza a romperse como consecuencia de los truenos de la tormenta que tenemos sobre nuestras cabezas, con un cielo completamenye cubierto por nubes negras que rápidamente empiezan a descargar granizos, aquí la temperatura ha bajado bastante y sopla algo de viento en este collado, con lo que la sensación térmica disminuye. No hay refugio donde poder resguardarnos, así que cuando amaina la granizada, seguimos hacia delante, ahora intentando buscar una senda que no encontramos, y nos dejamos llevar por algunos hitos de piedra, pero la marcha es dificultosa, más penosa, porque hay que ir entre pedregales y canchales, y por si fuera poco, la granizada anterior no había sido algo aislado, así que pronto comenzamos a encadenar un tormenta detrás de otra, una granizada tras otra, y cada vez los granizos más gordos. Relámpagos, truenos y granizos, las tormentas estaban sobre nuestras cabezas y unido al tiempo que ya llevamos de caminata, más él último esfuerzo para subir entre canchales, y que nos estábamos orientado más por la intuición que por la certeza de llevar una senda o un camino, hace que cunda un poco el desánimo entre algunos, así que lo mejor es aprovechar un descanso entre tormenta y tormenta, para ponernos a comer y reponer fuerzas, antes que vuelvan a machacarnos los granizos...

  Llegamos a las traseras de la Galana, entre piornales, y vemos nuestro objetivo, el "venteadero", aparentemente parece que está ahí al lado, que se puede tocar, pero aún queda un rato, sobre todo porque es en esta zona cuando de nuevo cae otra granizada, quizás la más larga en tiempo. Unos deciden subir por un nevero mientras otros lo rodeamos para subir por piedras, como mi tocayo Manolo y yo, al tiempo que vemos una cueva-refugio en la que no dudamos en meternos para protegernos de la graniza que de nuevo empieza a caer. Desde el interior de la cueva, y por espacio casi de 40 minutos, vemos como cae la tormenta en los alrededores. A los otros les ha pillado prácticamente en mitad del nevero.
  Cuando amaina un poco la tormenta nos ponemos en marcha de nuevo, aunque con el cuerpo completamente cortado, frío, húmedo, y retomamos el último tramo de subida, por un lateral de la cueva, viendo al resto de compañeros que están un poco más arriba.

  Alcanzamos a los compañeros y juntos llegamos a la zona del venteadero, ahora todos agrupados, porque la niebla aparece e invade toda esta zona, quedándonos sin referencia para emprender la bajada.

  Avanzamos por el “Venteadero de la Galana”, en dirección al Almanzor, y en un momento de clara, vemos el “Ameal de Pablo” y ya comenzamos a orientarnos para la bajada, y por suerte, la nieve estaba blanda, así que no tenemos que hacer uso de crampones, porque no todos los llevaban.

  Una vez que llegamos a la zona en la que el Ameal de Pablo queda a nuestra izquierda, bajamos directos, por la que creo que es la “canal de los Geógrafos”, la misma por la que bajamos el año pasado, hacia el refugio Eola. Hay un par de pasos estrechos y que pueden ser complicados por el tema del deshielo, y es que en los laterales hay agujeros en los que se ve, un metro abajo, el agua que corre hacia abajo como alma que lleva el diablo, por lo que mejor es pasar por aquí en fila india y por el centro, y aún a pesar de esto, cuando le toca pasar a Encarni, la nieve y el hielo ceden y ella se queda hundida hasta la cintura, pero los compañeros estaban cerca y la sacaron sin problemas, aunque eso sí, con el susto en el cuerpo.

  Mi tocayo Manolo, Ángel Boceta y yo, nos adelantamos un poco al resto del grupo, para intentar llegar al refugio lo antes posible y poder reservar la cena para esta noche, ya que en ese momento eran cerca de las cinco de la tarde.

En el último tramo, y por efecto del deshielo, el camino a seguir es impracticable por el agua que lleva la torrentera, así que tenemos que dar un rodeo por una zona de lanchales, redondeados y mojados, lo que hizo que más de uno de los del grupo tuviera alguna que otra caída, aunque por suerte no hubo más complicaciones.

  Sobre las 17:30 llegamos al refugio, y es cuando comienzan a salir algunos rayos de sol, y la gente que estaba dentro, que llevaban allí toda la tarde al resguardo de las tormentas sin poder hacer nada, comienzan a salir... toca cambiarse, mucha gente, poco espacio, todo empapado.... algunos aprovechan la estufa que hay en una esquina del refugio para colocar botas y ropas y esperar a que mañana estuvieran algo más seca.

  Ya cambiados, con ropa seca, al calor del refugio, entre cerveza y cerveza, con la bota de vino corriendo de mano en mano, empezamos a entrar en calor y a relajarnos; después la cena, y más vino y para terminar un café o té, en medio de una tertulia agradable, después de un día muy duro por culpa de la meteorología que nos ha hecho retrasarnos cerca de dos horas.

  Por suerte, para mañana las previsiones son mejores, buen tiempo y sin amenaza de tormentas, aunque será un día muy largo, porque el recorrido también lo es.

  A las 10 ya estamos haciendo los preparativos para ir a la cama, unos porque lo estaban necesitando y a otros porque no nos queda más remedio, porque no tardarían mucho en apagar la luz del refugio.

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