Las andanzas de un lobo estepario extremeño.

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"Viajar en bici es hacer más grande el Mundo. Es aprender lo esencial de la vida. Es vivir el presente sobre todas las cosas. El placer del cicloturismo está mucho más en el camino que en el destino, son los medios los que justifican el fin. Durante días, semanas o meses, no necesitas más que lo que llevas a cuestas
" (del artículo: "Con la casa a cuestas", revista: Bike Rutas, Nº 4, 1999)

lunes, 25 de abril de 2011

Travesía LEPYNEY-TOUBKAL (I) - DIA 18: RABAT – IMLIL- TIZI OUSSENT

DATOS: IMLIL: 1.740 m. - COLLADO M'ZIK: 2.400 m. - TIZI OUSSENT: 1.850 m.

[Para ver todas las fotos de esta ruta, pincha Aquí]

  Hoy había que levantarse tempranito para desayunar, puesto que era mucha distancia la que teníamos que salvar entre Rabat e Imlil, nuestro punto de inicio para la travesía de montaña que íbamos a realizar.

  El desayuno no lo servían en el mismo edificio del hotel donde estábamos alojado, sino en otro que estaba al lado, había que cruzar una calle estrecha y subir unas escaleras, y allí me presenté yo, el rezagado del grupo, mientras el resto de la tropa ya estaba dando buena cuenta del desayuno.

  Esta noche había estado lloviendo; yo no me había enterado, pero al cruzar la calle para ir a desayunar, ésta estaba completamente mojada, y el cielo cubierto, aunque según las previsiones, para la zona del Toubkal no ponía agua, en cambio para la zona sur de España sí, así que la semana santa iba a estar pasada por agua...

  Montamos en la furgoneta y ¡ea!, a chupar kilómetros, con un par de paradas en áreas de servicio, donde en una de ellas aprovechamos para comer algo.

  Por supuesto que la primera parte del viaje la aprovechamos para dormir más, y recuperar las horas de sueño de las dos noches anteriores.

  Llegamos a Marrakech y allí acaban las carreteras en buen estado y las autopistas. Hacemos una parada, nos estaba esperando un representante de la empresa con la que Alventus tendrá concertado parte de este viaje, o sea, la parte de travesía del Atlas, más la estancia posterior en Marrakech, y tras las presentaciones, en la furgoneta cargaron lo que sería nuestra comida para los próximos cuatro días.

  Continuamos viaje, por carretera en mucho peor estado y más estrecha, aunque previamente había que atravesar Marrakech, y aquí el tráfico es un caos, aunque fuera de la ciudad, y fuera de las autopistas, la forma de conducir deja mucho que desear, así que hay veces que mejor cerrar los ojos...

  Hasta Imlil, son alrededor de hora y media o dos horas de coche desde Marrakech, y el último tramo, donde se coge la carretera de montaña que asciende hasta esta localidad, entre curva y curva, vamos divisando la arquitectura típica de los pueblos de esta zona. La carretera en algunos tramos se convierte en pista de tierra y a nuestra izquierda, en la subida a Imlil, siempre tenemos paralelo el río.

  Por fin llegamos a Imlil, sobre las 13 o 13:30, y allí nos espera el resto del equipo: guía de montaña marroquí, cocinero, muleros.. Toca bajar el equipaje y preparar las mochilas con lo que únicamente vamos a usar en la travesía, y el resto, se dejará en este pueblo. En principio, estaba previsto que las mulas subieran con las mochilas hasta donde fuera posible, en función de la nieve, y nosotros sólo tendríamos que llevar una pequeña mochila con lo que únicamente fuéramos a necesitar en la travesía diaria.


  Tomamos un almuerzo ligero, en una terraza de una cafetería, por llamarla de alguna manera, con unas vistas espectaculares de las montañas nevadas al fondo, con un río con un fuerte torrente de agua y con todo verde a su alrededor, contrastando con la aridez de las montañas que están más bajas y donde la nieve ya ha desaparecido, en fin, unas vistas que son un buen preludio de lo que nos deparará este viaje.

  A las 14:30 comenzamos la travesía, con un sendero que remonta entre cultivos en terrazas y a través de un bucólico paisaje donde predominan los cerezos y los nogales característicos del Alto Atlas. Dejamos atrás el pueblo de M ́ Zik e Imlil aparece cada vez más abajo. El camino, como todos en la cordillera atlante, sigue un sabio trazado y da grandes lazadas y zig-zags, en donde en más de una ocasión tenemos que salirnos de la senda, para dejar paso a algún que otro grupo de mulas que bajan desde alguno de los refugios, porteando material.

  Así, poco a poco vamos ganando el Tizi M'Zik, collado de 2.400 metros. Ante nosotros se levanta el macizo de Tazarhart con cimas con el Akioud y el propio “Plató de Tazarhart”, de casi cuatro mil metros. A la derecha aparece el amplio valle de Assamt, plagado de pueblecitos valle abajo.


  En este collado hay una especie de chozo de piedra, de apenas cuatro metros cuadrados y poco más de metro y medio de altura, que quizás hubiera servido de refugio de pastores, porque hasta ahora lo único que hemos visto han sido cabras y alguna que otra sabina en el último tramo de ascensión, pero lo cierto es que curioseando un poco, resulta que dentro, lo único que hay es un tío ofreciéndote botellas de agua mineral o latas de refresco, ¡joder!, ¡y eso que esto parece que está alejado, perdido!, pero da muestras de que debe haber bastante turismo montañero por aquí, y eso que no es ésta la ruta 'turística' por excelencia de subida al Toubkal (que es por donde nosotros bajaremos el último día), aunque no será el único chiringuito con el que nos encontraremos.


  En el collado sopla el viento, parece que de pronto han abierto puertas y ventanas y hay corriente, así que nos refugiamos tras un pequeño montículo de piedras, mientras Pilar, nuestra guía, hace unas gestiones por teléfono, ya que parece que Mar ha olvidado unas pastillas en el hotel de Rabat, y quizás sea ésta la última zona donde el móvil podría tener cobertura, antes de adentrarnos en el valle donde ahora nos toca descender.


  En el descenso vamos viendo sabinas de troncos retorcidos y centenarios, en algunas zonas incluso se puede decir que forman un bosque, lo que contrasta con la otra vertiente del valle, más desarbolada, más árida, sobre todo una vez que se deja el fértil valle, junto a los pueblos que dejamos al inicio.

  Continuamos con el descenso, muy relajados, por un idílico sendero entre sabinas centenarias, viendo al fondo, abajo, el frondoso y verde valle donde se asienta, en una de las laderas de la montaña, el poblado de Tizi Oussent, nuestro punto y final de la etapa de hoy, una etapa corta, de aclimatación. Las laderas de los cerros que rodean el poblado y el valle, tienen un color verde intenso, con cultivos en bancales, pequeñas terrazas explotadas por las familias, donde podemos ver cómo aran la tierra, ayudados de un burro y un trozo de palo a modo de arado.


  Llegamos al poblado, sobre las 17:30, o poco más, de la tarde, o sea, unas 3 horas en total desde la salida de Imlil. Nos alojamos en un Gite de Etapa, situado prácticamente en el centro de la aldea, y tras meter dentro del equipaje que han porteado las mulas, lo primero que hacemos es salir a la terraza, donde podemos disfrutar de unas vistas espectaculares, que ya sólo por ellas, merece la pena este viaje. Frente a nosotros el valle encajonado por el que transcurre el río, rodeado de pequeñas huertas, que le dan un color verde intenso, contrastando claramente con las desérticas cimas de las montañas que las rodean, donde parece sólo haber piornos; a la derecha, está la mayor parte del poblado, asentado en la ladera de un cerro, en escalera, donde la terraza de una pequeña vivienda sirve de techo para la que está por debajo, una arquitectura similar a la de las Alpujarras, pero con casas de adobe sin encalar, más pobres y humildes, y donde extrañamente, aparecen muchas antenas parabólicas, y digo lo de extraño, porque en el poblado apenas hará una década que llegó la luz, y aquí no hay coches, ni motos, ni bicis, las calles estrechas están de tierra y piedras, sin asfaltar, por ellas no cabría un coche y a este lugar me da a mí que sólo se llega en mula o andando; a nuestra izquierda otra parte del poblado, pero con el fondo de las montañas nevadas del macizo de Tazarhart, un marco que aprovechamos para utilizarlo de fondo para las fotos de grupo que nos estuvimos haciendo.




  Disfrutamos relajadamente de este momento, ya cayendo la tarde, mientras tomamos un té a la yerbabuena, que a mí particularmente, me sabe a gloria, gozando de estas bonitas y privilegiadas vistas, y alegrándonos también porque afortunadamente, las pastillas que Mar creía haber olvidado en el hotel de Rabat, las tenía en la mochila, así que 'subidón' para ella y para el resto del grupo.

  Toca asearse, unas chicas van al haman (20 dirham), y el resto de la tropa a unas duchas comunes, un par de plantas por debajo (10 dirham). Después un paseito por el poblado, antes de cenar, para hacer unas fotos y comprobar cómo los niños tienen bien aprendida la cantinela: ¡no fotos!, y si quieres fotos ya les puedes ir soltando algún dirham, caramelos, bolígrafos o algo que llame su atención, a menos que los cojas en algún descuido.


  Termina este largo día con la cena, en el salón de este 'gite de etapa' donde nos alojamos, y igual que todos los días de la travesía de montaña, comenzaría con una especie de sopa espesa de legumbres, con muchas especias, y que a mi gustó mucho y acabaría siempre repitiendo, creo que la llaman 'jarilla', o algo por el estilo; de segundo plato teníamos pollo y como postre yogur, todo un lujo al que no están acostumbrado la mayor parte de la gente de este poblado, en el que el poco o mucho turismo montañero o de senderismo, es para algunos el único contacto con el mundo exterior, de fuera del poblado...


  Por supuesto, después de la cena no podía faltar de nuevo el té a la yerbabuena, del que casi me hago adicto en este viaje, y antes de irnos a dormir, en el mismo salón donde estuvimos cenando, utilizando unas colchonetas y el saco de dormir, salimos de nuevo a la terraza para ver una vista nocturna de los alrededores, con la luna intentando salir tras las montañas, y con apenas una pocas y tímidas luces, que más bien parecían luciérnagas, alumbrando el poblado. Todo completamente en calma, en completo silencio, todos están en sus casas, donde tan sólo en unas pocas, se vislumbra alguna luz. Se respira paz, relax, sosiego, tranquilidad.... ¡hay que disfrutar el momento!.

  Todo es muy bucólico, pero hay que intentar dormir algo, mañana nos tendremos que levantar sobre las siete para intentar estar en marcha sobre las 9 o antes.

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